Monsacro

Homenaje a Rafael Alarcón
Al que nunca agradeceremos lo suficiente el haber sido artífice de nuestra búsqueda personal, iniciada entre las páginas de su obra A la Sombra de los Templarios.



  • Lugar: Monsacro.
  • Provincia o C. Autónoma.: Principado de Asturias
  • Edificaciones atribuidas al Temple:: Capilla de la Magdalena y Capilla de Nuestra Señora del Monsacro.
  • Reliquias: Arca Santa de las Reliquias e imagen románica (Virgen Negra) de Ntra. Sra. de Monsagro.
  • Observaciones: Sin documentación que avale la pertenencia al Temple pero con existencia de indicios inequívocamente templarios. Tradición dolménica en la zona.
  • Bibliografía: ATIENZA, JUAN G., Los enclaves templarios, ed. Martínez Roca, Barcelona, 1995; ALARCÓN, RAFAEL, A la sombra de los Templarios, ed. Martínez Roca, Barcelona, 1998.
  • Hemerografía: DE LUIS, CARLOS Mª, Tras las huellas de los templarios, diario La Voz de Asturias, 17-2-1985, y serie de artículos en el mismo diario de fechas 27/1/85, 3/2/85, 10/2/85, 24/2/85, 3/3/85, 10/3/85, 17/3/85 y 24/3/85.


  • Textos: Fernando Arroyo
  • Fotografías: Jorge L. Fernández Palacios
  • Dibujos: Rafael Alarcón
  • Diseño: Fernando Arroyo



Mapa de situación

Saliendo de Oviedo en dirección sur, en el concejo de Santa Eulalia de Morcín nos encontramos con la mole rocosa del Monsacro, montaña sagrada ancestral. El itinerario para alcanzar el lugar se encuentra en Rutas de Asturias, de Magín Berenguer, una de las mejores guías existente del Principado. Se puede subir en vehículo por la pequeña carretera de San Sebastián de Morcín y luego a pie, de los 150 a los 800 metros de altura, se alcanza la Silla del Obispo, y, a unos trescientos metros, una pequeña meseta cercana a la cumbre llamada la Majada de las Capillas, por las dos capillas medievales que allí se encuentran, denominadas capilla de abajo y capilla de arriba por su situación geográfica relativa a los extremos que ocupan, las cuales se hallan separadas por el Prau del Ermitaño.

Carlos María de Luis, en una serie de artículos publicados en 1985 en el diario La Voz de Asturias, y más concretamente en el que lleva por título Tras la huella de los Templarios, describe los templos del Monsacro y explica la tradición dolménica, basada en el pozo de la ermita octogonal, que es un pozo dolménico. También basa esta tradición en el nombre que recibe dicho pozo: el pozo de Santo Toribio. La convergencia fonetica con una lengua indígena prerromana, Taurus, cuyo equivalente medieval es Turo, significa montículo, y de estas raíces saldría el nombre de Toribio.

En los otros artículos de dicha serie se habla de las leyendas del Monsacro, basadas en el Arca de la catedral de Oviedo, que estuvo en la cima del monte, y de los extraños monjes del Monsacro.

Vista panorámica del Monsacro

La capilla de abajo, datada en el siglo XIII, es de nave rectangular y ábside en cabecera semicircular, orientada al este y cuyo estilo denota un románico tardío. Esta dedicada a la Magdalena y probablemente es lo único que queda de una posible encomienda.

Capilla de abajo o de La Magadalena

Pero nuestro mayor interés se centra en la capilla de arriba o de Nuestra Señora del Monsacro, que confiere al enclave su mayor misterio.

Capilla de arriba o de Nustra Señora del Monsacro Aproximación a la capilla octogonal de arriba o de Nuestra Señora del Monsacro

Es una capilla de planta octogonal que por su estructura corresponde al románico, pero la ausencia de elementos arquitectónicos secundarios hacen imposible saber a que período concreto. Si perteneció al románico primitivo o al románico tardío es cuestión que suscita polémicas actualmente sin solución.

A lo largo del tiempo a sufrido varias reestructuraciones habiéndole sido añadidas cada una de las cuatro partes de las que consta, siendo la nave octogonal de lados desiguales y mampostería irregular la más antigua.

La portada situada al Noroeste con signos de haber sido restaurada en diferentes épocas, es sencilla y sin decoración. Al Oeste tiene una pequeña ventana y unos curiosos huecos, dos por cada lado del octógono, en la parte superior de los muros a unos dos tercios del suelo.

Portada de Nuestra Señora del Monsacro

En el lado Este del octógono tiene un ábside de dos tramos: uno rectangular y otro semicircular con sillares tallados, aunque en su casi totalidad esté levantado con mampostería irregular. Es también de estilo románico y de no mucho tiempo después a la construcción principal. Interiormente estuvo cubierto de pinturas, algunas de las cuales alcanzó a ver y fotografiar J.M. González en 1958 pero que hoy han desaparecido, representando escenas de la Virgen con el Niño y una curiosa vista de la ermita de abajo por su cara sur.

Vista lateral de Nuestra Señora del Monsacro

Junto al ábside, en el lado Sureste, se encuentra un recinto trapezoidal irregular excavado en la propia caliza de la ladera que se denomina la "Cueva del Ermitaño". Su cubierta y arcos son de medio punto, por lo que se deduce su origen igualmente románico.

En el interior de la capilla el empedrado del suelo parece haber sido retocado recientemente, perdiendo su disposición primitiva, mientras que en el lado Sur conserva un curioso altar hueco que cubre un pozo de un metro de profundidad, el "Pozo de Santo Toribio"; donde se cree estuvo el Arca de las Reliquias de la Cámara Santa de Oviedo, después de su desembarco en Luarca procedente de Tierra Santa, tal como recoge Jesús Evaristo Casariego en su obra El arca de las reliquias... Este pozo actualmente no tiene agua, pero la gente extraía tierra milagrosa. Cerca de las dos capillas se descubrió una necrópolis precristiana de tipo tumular, lo que le confiere al lugar su carácter sagrado más ancestral. En Los enclaves templarios, Juan G. Atienza nos dice que “casi sin lugar a dudas, la religiosidad inspirada por aquel espacio fue asimilada también por anacoretas de los primeros tiempos del Cristianismo”.

Altar hueco situado sobre el Pozo de Santo Toribio

Finalmente, la cuarta parte de la construcción son las bóvedas, realizadas en piedra porosa ligera traida de otro sitio, mientras que los muros están elevados utilizando la caliza tan abundante en el Monsacro. Además, la bóveda del octógono se sustenta internamente mediante arcos ojivales cuyos nervios se unen en el centro, solución típicamente gótica y por tanto posterior al resto de la capilla.

Tal como señala Rafael Alarcón, en A la sombra de los templarios, "esto podría carecer de importancia si no fuera por las consecuencias que de ello se derivan para la estructura general del edificio. Efectivamente, M.A. Cadrecha apunta la hipótesis de que primitivamente la cubierta del octógono fuera de madera con un apoyo central en forma de columna, bien de madera o de piedra, que encajaría en el extraño hueco del suelo en el centro del octógono. Volvemos a encontrar pues -dice Alarcón- el esquema de la columna central, el "Axis Mundi" o "Arbor Vitae", en un edificio poligonal. Pero hay algo más: es muy posible que junto con la existencia de un soporte central ligado a él debamos suponer la presencia de un segundo piso interior en la capilla, realizado en madera, que se sustentaría tanto en la supuesta columna central como en los muros laterales, en éstos mediante los curiosos huecos, ya señalados, que cual mechinales aparecen emparejados en cada lado del octógono.

Planta del templo de Nuestra Señora del Monsacro

Con todos los elementos citados obtenemos una composición de conjunto en la que la distribución espacial del edificio en su forma original nos remite al esquema general tantas veces citado en relación con las capillas poligonales del Temple: la cueva, el altar inferior, el árbol central, la estancia superior. Esquema que hemos visto repetido en San Baudelio de Berlanga, la Vera Cruz de Segovia y la Rotonda de Tomar...

Pero los enigmas de la capilla octogonal del Monsacro no terminan en su peculiar estructura y en sus posibles variantes sobre el modelo original, antes bien, comienzan con dicha estructura y su posible funcionalidad sincrética perpetuando cultos "paganos" ancestrales.

C. Cabal, en su obra Alfonso II el Casto, opina que la ermita octogonal del Monsacro debe su traza poligonal al hecho de haber sido construida sobre la planta de un dolmen o túmulo dolménico, cuya cámara funeraria se correspondería con el Pozo de Santo Toribio, antes citado. Y P. Luis Alfonso de Carvallo, en Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias, nos informa que el recuerdo de Santo Toribio estaba tan enraizado en los dólmenes que la tradición popular asturiana lo consideraba a efectos devocionales, como patrón de tales monumentos prehistóricos.

En realidad -continúa refiriéndonos Alarcón- no se trata más que de la cristianización sincrética de antiguas piedras sagradas, tras el "anatema sobre los adoradores de piedras" lanzado en los primeros tiempos del cristianismo. Así, sobre los sagrados dólmenes surgen las sagradas iglesias, como es el caso de las asturianas emplazadas en Abamia, Mian y Cangas de Onís, de cuya cripta dolménica los devotos extraían tierra milagrosa y curandera, tal como nos recuerda Atienza en sus obras Guía de la España Mágica y Los supervivientes de la Atlántida.

Sobre la historia de este singular enclave, señala el propio Atienza que “el rey Fernando II de León entregó el Monsacro a un fraile, Rodericus Sebastiánez, sin más especificaciones, pero que pudo ser, seguramente, un frater templario, si recordamos los favores que este rey leonés concedió a la Orden.

Por su parte, Alarcón, nos explica que no existe documentación que atribuya estas capillas a una congregación o comunidad especifica, salvo un documento del Rey Fernando II de León, fechado a 1 de Julio de 1.158, por el cual otorga el territorio comprendido entre la meseta y la cumbre del Monsacro a unos fratres de Monte Sacro, por lo que parecería lógico atribuir a estos fratres la construcción de estas capillas. Pero, ¿quiénes son estos fratres misteriosos? El documento real hace referencia a fratres: hermanos, y no ermitaños o monjes. También dicho documento se refiere a una comunidad ya establecida y no a una que se crea como consecuencia de la donación. ¿Se trata de "fratres milites" o "freyres milites", denominación habitual de los hermanos del Temple durante el medievo?

Otros indicios que afianzan más la teoría de que estas capillas son de origen templario y que nos encontramos ante una encomienda templaria son:

1.- El enclave geográfico de origen mágico-sagrado: el hecho de haber descubierto en el asentamiento de la capilla circular un conjunto tumular de origen megalítico, con elementos considerados talismanes y dólmenes de la misma época, uno de los cuales yace debajo de esta capilla, hace pensar en la convergencia sobre este enclave concreto de fuerzas telúricas, aspecto muy valorado por los Templarios a la hora de situar sus capillas octogonales con fines iniciáticos.

2.- La adoración en esta capilla de una Virgen Negra, Ntra. Sra. del Monsagro, de origen atribuido a varias leyendas y hoy perdida por los avatares de la Guerra Civil, otra característica de los Templarios.




Apuntes históricos y tradicionales

La Virgen del Monsacro: la Dama Negra del dolmen

A la sombra de los templarios, Rafael Alarcón


Cultos precristianos del Monsacro

Existían en el medievo dos ramales del Camino de Santiago que desde las Asturias de Oviedo pasaban al Reino de León, y viceversa, claro. Uno cruzaba el puerto de Pajares hacia León capital, otro se aventuraba por el puerto de Ventana hacia Ponferrada. Ambos partían de Oviedo hacia el sur y, tras cruzar el río Nalón, se bifurcaban camino de sus respectivos puertos de montaña bordenado la maciza mole rocosa del Monsacro.

Tanto los peregrinos que arribaban a Oviedo por los caminos de la costa, haciendo etapas hacia Compostela, como aquellos que subían expresamente desde León para visitar la Cámara Santa y el Arca de las Reliquias, antes de continuar hacia Galicia, observaban con un temor reverente y supersticioso la silueta del Monsacro, elevando su cumbre a 1.057 metros como queriendo escapar al abrazo de los riachuelos Morcín y Riosa, que socavan su base lenta pero inexorablemente.

Sin embargo, tras visitar Oviedo y conocer allí la piadosa leyenda sobre Santo Toribio y el Arca Santa, muchos peregrinos emprendían la sinuosa ascensión de la Cumbre Sagrada para poder recoger los cardos milagrosos que crecen en su cima, tomar un puñado de tierra curativa extraída del pozo interior de la capilla octogonal, que corona la montaña mágica, y orar piadosamente ante Nuestra Señora del Monsacro: la Dama Negra del dolmen, custodiada en aquel entonces por unos "fratres" misteriosos.

A la hora de estudiar esta iglesia poligonal, la más enigmática de todas, a la ya tradicional ausencia de documentación se une en este caso la ausencia de investigaciones y estudios contemporáneos, producto en gran medida de la agreste situación del edificio -las nieves del invierno y los barrizales del deshielo primaveral, unidos a las lluvias otoñales, impiden durante la mayor parte del año el acceso a la capilla, que no ha permitido siquiera el conocimiento de su existencia, fuera del Principado, hasta fechas muy recientes y ello en forma parcial y con escasa difusión (J.M. González, Monsacro y sus tradiciones, en rev. Archivum del Departamento de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo, núm. VIII págs. 48 a 81, Oviedo, 1958; M.A. Cadrecha, M.R. Piquero y J. Santiago, La Capilla de Santo Toribio en el Monsacro, una tradición asturiana hecha piedra, en rev. Magister de la Escuela Universitaria de Magisterio de Oviedo, núm. 2 págs. 25 a 66, Oviedo, 1984)

En el Monsacro podemos rastrear, en cuatro fases esquemáticas, la continuidad de los cultos religiosos que desembocaron en la construcción de la capilla de Nuestra Señora de Monsagro.

1.- En la cima del monte y más concretamente en los alrededores de la capilla octogonal se ha descubierto un importante conjunto tumular, de origen megalítico, cuyos ajuares funerarios contenían hachas de piedra pulimentada, es decir exvotos rituales conocidos en el medievo como "piedras del rayo" y considerados talismanes. A esta fase cultural pertenecerían también los dólmenes, uno de los cuales yace bajo la capilla, mientras que otro situado en sus cercanías -explanada del Pico de Granda- ha desaparecido sin dejar rastro, como exponen en sus Apuntes el padre Ramón Martínez, que fuera párroco de Santa Eulalia de Morcín desde 1912 a 1936, y también C. Cabal en su obra Alfonso II el Casto. Se trataría de un culto a la Gran Madre efectuado en los santuarios dolménicos, emplazados allí porque el monte era un lugar de poder, y en cuyo contorno eran inhumados los cuerpos porque se esperaba obtener así el poder regenerador de la tierra sagrada.

2.- En un monumento protohistórico o primhistórico, los habitantes preromanos añadirían al culto de la Gran Madre un culto heliolátrico, cuyo rastro ha llegado hasta nosotros en la costumbre de recoger los cardos "mágicos" o "sagrados", símbolo solar por excelencia entre los pueblos norteños. Esta asmilación, símbolo solar-Gran Madre, se detectará posteriormente en la Virgen Madre del medievo.

3.- Con la llegada de los romanos, los astures semirromanizados y los propios latinos asimilaron los cultos precedentes con el culto a Júpiter, al que estaban dedicados casi todos los montes sagrados, datando de esta época el nombre de Montem Sacrum, Monte Sagrado, Monsacro, no como una inauguración de la sacralidad del monte, sino como una confirmación de su antigüedad.

4.- La cristianización, inicialmente tan superficial como la romanización, pone fin a los cultos precedentes. Los concilios toledanos del 681 y 682 lanzan su anatema sit veneratoribus lapidum; el concilio de Rouen, el 698, condena a los que ponen velas votivas en los dólmenes y menhires o hacen promesas y oraciones ante ellos; y el concilio Cesaraugustano XII establece en su canon IV que "a nadie se permitirá ir en romería a los montes...". Pero los astures, que a duras penas soportaban una leve capa de barniz cristiano, persisten obstinadamente en subir al Monsacro con sus ofrendas y ritos para festejar a la Gran Madre en los templos de los Antiguos, los dólmenes, porque allí y sólo allí, en aquel enclave preciso y en razón de la naturaleza geológica, podía darse la experiencia mágica trascendente, el fenómeno místico-mistérico, el milagro. Por tanto, ante la inconveniencia "política" de suprimir totalmente el culto a la Gran Madre en el Monsacro, se optó por su "legalización", es decir, la iglesia dominante oficializó el culto allí implantado asumiéndolo como propio, por el simple y sencillo método de levantar en la cima una capilla -o dos si viene al caso- que sacraliza legalmente el enclave, sustituyendo el culto a los dólmenes por el del Pozo de Santo Toribio y el culto a la Gran madre Tierra por el de la imagen negra de Nuestra Señora del Monsagro.

La imagen románica de esta Virgen ha desparecido, en la época infortunada de la Guerra Civil, junto con las de Santa Catalina, Santa María Magdalena y Santiago Apóstol que la acompañaban en el retablo de su ermita octogonal y dolménica. Entre 1900 y 1936 la imagen que presidía el retablo de la capilla de arriba era la de Santa Catalina, por ello los últimos párrocos de Santa Eulalia de Morcín, parroquia de la que depende la capilla del Monsacro, tenían a Santa Catalina por titular de la ermita de arriba, aunque esta creencia no está avalada por testimonios antiguos, antes bien éstos apuntan hacia la titularidad de Nuestra Señora del Monsagro. Es igualmente erróneo y moderno el apelativo de La Magdalena, dado a la capilla de arriba, pues parece pertenecer desde antiguo a la capilla de abajo: este error puede provenir del cambio propiciado antiguamente por la cristianización, que intentó cambiar el topónimo Monsacro, de claro origen pagano, por el de Pico de la Magdalena.

Pero volviendo a la imagen románica desaparecida, subsisten datos suficientes, dentro de su escasez, como para sospechar fundadamente que se trataba de una Virgen Negra, sustituta de una divinidad anterior que representara a la Madre Tierra o al menos aglutinadora de los cultos que se le tributaran a aquella.

Tales datos podemos agruparlos en dos bloques: la leyenda sobre la aparición de la Virgen del Monsagro, uno, y los ritos ancestrales que persisten en el culto actual, otro.



La leyenda de la Virgen del Monsacro

A continuación exponemos una reconstrucción en base a las diversas variantes de la leyenda, que incluyen elementos distintos, debido a las deformaciones y omisiones lógicas que se han podido producir al trasmitirse oralmente y desarrollarse en pueblos distantes, pero conservando lo esencial en un fondo común. La versión que narra Alarcón, y que será la que nosotros reproduciremos, está elaborada sobre las variantes recogidas en Buedia, Trubaniello, Teverga y Tuñón, teniendo en cuenta que excepto Trubaniello todos ellos tienen tradición de haber pertenecido al Temple.

Cuando, pasado el peligro de invasión islámica, el rey Alfonso II trasladó el Arca Santa de las Reliquias desde el Monsacro a la ciudad de Oviedo, la capilla de arriba quedó abandonada y sin culto. No podía consentir el cielo que el Monte Sagrado cayese en el olvido, por lo cual "obró Dios un milagro singular en tiempos de moros" (sic.).

Encontrándose en la cima apacentando sus reses, vio un vaqueiro -de Llanera o de Siero, que eso bien no se sabe- cómo se le entraba el buey rubio por la abierta capilla octogonal; pasando en su busca lo halló arrodillado ante el altar de Santo Toribio, sin cesar de escarbar y mugir. No pudo el vaqueiro retirar al animal, que persistió en su actitud todo el día, y al caer la tarde corrió el pastor hasta el pueblo para dar noticia del caso. Tanto porfió el buen hombre que, a pesar de la desconfianza que su raza vaqueira suscitaba (ver la Guía de los Pueblos Malditos Españoles, de Juan G. Atienza, y Los Pueblos Malditos, de J.M. Miner Otamendi), sin esperar al otro día emprendieron algunos aldeanos la ascensión del Monsacro precedidos por el cura del lugar, llegando a la cumbre de noche cerrada.

Ante el asombro general, encontraron al animal en la misma postura y aureolado por dorado resplandor, por lo cual, entendiendo el sacerdote ser aquello cosa divina, ordena que remuevan el altar y caven en el pozo del Santo. El resultado es que a los pocos golpes aparece una caja cerrada, la cual una vez abierta mostró contener una preciosa imagen de la Virgen Madre, toda morena "cual moza que baja de la braña" (sic.), con un niño en su regazo. Deciden colocar tan milagroso hallazgo en la capilla de abajo, que se encontraba en buen estado y capaz de albergar con dignidad la divina imagen; después regresan todos al pueblo, tras dejar de guardia al vaqueiro junto con otros voluntarios.

Pero cuando al día siguiente llegan las autoridades y el tropel de curiosos, tras abrir las puertas contemplan consternados el vacío altar. La imagen ha desaparecido. Todo son recriminaciones a los guardianes, que acaban acusando del robo al infeliz vaqueiro, sospechoso de pagano entre otras mil atrocidades, el cual es prestamente condenado a la horca, que se improvisa en el árbol más cercano. Mas cuando la injusta sentencia está a punto de cumplirse, desde la puerta de la ermita de arriba llegan los mugidos del buey, nuevamente aureolado de luz; corren todos a la capilla octogonal, van al pozo y en su fondo encuentran caja e imagen. Los rudos labradores no ven el asunto nada claro, hay quien habla de milagro y quien persiste en creer culpable al vaqueiro, por tanto deciden doblar la guardia esa noche al tiempo que ponen al infeliz pastor en un cepo "con duros fierros".

A la mañana siguiente la imagen ha desaparecido otra vez, a pesar de que el vaqueiro está completamente inmovilizado en su cepo de la ermita de abajo. Tornan a trotar hacia la ermita de arriba y ya estaba el buey esperando a la puerta; una ojeada al pozo y en su fondo caja y Virgen, que son de nuevo llevadas a la capilla de la Magdalena. Redoble de la guardia nocturna y miradas de soslayo al vaqueiro, a quien comienzan a calificar de brujo.

Ante la desesperación general, los vigilantes amanecen dormidos y ausentes imagen y vaqueiro. Y ya está otra vez el buey pregonando su reclamo desde la capilla octogonal; pero esta vez la sorpresa es doble, pues allí está el vaqueiro aherrojado en su cepo y la Virgen en el fondo del pozo. Comprenden por fin que el vaqueiro es inocente y que todo aquello ha sido la forma en que Nuestra Señora del Monsacro ha querido manifestar su deseo de que reconstruyan la capilla de arriba y la dejen en ella. Como era de esperar, el vaqueiro quedó allí como ermitaño de Nuestra Señora (ver En busca de la Historia perdida, de Juan G. Atienza), muriendo de avanzada edad con fama de hombre santo, lo que, dicho sea de paso, es más de lo que podía esperar un vaqueiro del medievo.

Una variante deformada de la leyenda -pero que curiosamente es la que se ofrece como "versión oficial"- hace aparecer una imagen de La Magdalena en la capilla de abajo, la que al ser trasladada a otro lugar vuelve a la citada capilla, y ello por siete veces, hasta que deciden dejarla allí (Ramón Martínez, Apuntes; L. Giner Arivau, "Folklore de Proaza", en Biblioteca de las Tradiciones Populares Españolas, tomo VIII).



Ritos y simbolismo tradicional

En cuanto a los ritos se refiere, tenemos en primer lugar las cinco romerías principales que se celebran hasta la cumbre del Monsacro:

  • 2 de julio: Visitación de Nuestra Señora
  • 22 de julio: Santa María Magdalena
  • 25 de julio: Santiago Apóstol
  • 15 de agosto: Asunción de Nuestra Señora
  • 8 de septiembre: Natividad de la Virgen María

La costumbre de estas fechas es muy antigua; documentalmente podemos retroceder hasta el verano de 1521, y en el siglo XVIII era todavía tan general y popular la concurrencia que verse privado de ellas resultaba una gran contrariedad, a pesar de lo fatigoso del ascenso.

Al margen de que la suma cabalística de estas fechas resulte ser 9, el 8 del octógono más el 1 central invisible, son destacables las advocaciones a que corresponden, entre ellas la de Santa María Magdalena. Tanto por el hecho de ser ésta uno de los santos asociados al transporte e implantación de Vírgenes Negras, como por la circunstancia de que en su romería, el 22 de julio, tenían por costumbre reunirse los "vaqueiros" afincados en los concejos de Llanera y Siero, aquellos a los que se supone pertenecía el vaqueiro que en la leyenda encontró la imagen de la Virgen. Y puesto que hemos nombrado la Cábala, destaquemos el hecho de que, según la tradición, los romeros que suban a la cumbre del Monsacro duarnte siete años consecutivos obtendrán numerosas y especialísimas indulgencias; siete, un número mágico por excelencia cuya importancia esotérica salta a la vista por sí sola.

Por otro lado tenemos el ascenso zigzagueante por el monte, caminar ascendiendo lentamente en contacto con la naturaleza, lo cual constituye una verdadera accesis iniciática para los romeros, que se impregnan así de los efluvios telúricos del monte sagrado. Finalizado el ascenso, era preceptivo recoger tierra del pozo de Santo Toribio y algunos cardos de los que crecen en el entorno de la ermita; ambos elementos tenían una finalidad mágico-profiláctica, o lo que es igual milagroso-curativa, hasta el punto de que los que no podían asistir encarecían a sus parientes para que les trajeran tan preciadas reliquias. Ambos elementos no son sino símbolos del antiguo culto al Sol y a la Gran madre-Tierra, los cuales solían ir unidos en la antigüedad hasta el punto de que tal emparejamiento persistió en los cultos sincréticos cristianos, como es el caso de las Vírgenes Negras. Así, Nuestra Señora del Monsacro es encontrada por un buey, animal eminentemente solar; es más, se trata de un buey "aureolado de luz" y de un "buey rubio", cuyo dueño pertenece a una raza especial de hombres marginados desde tiempos antiguos, relacionados con la cría de ganado, la construcción y la metalurgia. Y no olvidemos que los templarios procuraron simepre asentarse en, o cerca de, los enclaves ocupados por esos pueblos malditos: los maragatos del Bierzo, los brañeros de Logrosán, los agotes de Navarra, los vaqueiros de Somiedo... Pero es pronto aún para que el Temple salga a escena.

Antes debemos detenernos un momento en ese santo tantas veces nombrado, Santo Toribio, y en lo que vino a hacer por estas tierras.



Santo Toribio y el Arca de las Reliquias

La tradición cristiana, anterior a la imagen de Nuestra Señora del Monsacro, coloca en la capilla octogonal, concretamente en el Pozo de Santo Toribio, el Arca Santa de las Reliquias, que estuvo allí guardada y recibiendo culto hasta que el rey Alfonso II el Casto (791-842) ordenó su traslado a la Sancta Ovetensis por él reedificada. ¿Cómo llegó el Arca Santa al Monsacro? ¿Quién la trajo? Son cuestiones difíciles de elucidar.

La versión clásica nos dice que en Jerusalén existía, desde tiempos apostólicos, un Arca Santa en la que se habían ido reuniendo una serie de reliquias del Nuevo y Viejo Testamento a los largo de los años. Cuando el rey de los persas, Cosroes, invadió Tierra Santa y conquistó Jerusalén, en el 604, el obispo de la ciudad ordenó esconder el Arca, pero como no le pareció seguro el lugar pasó a África con su cargamento. En este continente, quizá en Egipto, permaneció el Arca hasta que las invasiones árabes volvieron peligroso el lugar; entonces volvió a ponerse en camino el sagrado tesoro, que, transportado a mano de hombres devotos y fieles, llegó hasta Toledo, en el reino visigodo de Hispania. Cuando la marea sarracena inundó nuestro país, el Arca emprendió el camino de las montañas astures, para recalar en una cueva del Monsacro hasta que Alfonso II la colocó en la capilla de San Miguel, en su palacio, que sería conocida como Cámara Santa (ver Guía de la Catedral de Oviedo, de J. Cuesta Fernández).

Cámara Santa de la Catedral de Oviedo
Interior de la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo,
donde el rey Alfonso II (791-842) guardó el Arca de las Reliquias.

La versión tradicional, por su parte, nos cuenta como Santo Toribio de Astorga -erróneamente llamado de Liébana-, que vivió en el siglo V, se encontraba de peregrinación en