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VIDA Y COSTUMBRES |
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en las TIERRAS ALTAS DE GALICIA |
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OFICIOS PARA EL RECUERDO |
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EL AFILADOR |
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(O Afiador) |

¿Te atreves a descifrar un texto en barallete?.
Los hombres de las Tierras Altas de Galicia, de forma similar a otras zonas de Orense, también se lanzaron al mundo detrás de la rueda de afilar, pues aunque dura es esta actividad, no lo es menos ganar el sustento en estas tierras tan bravías.
Hay constancia de la presencia de afiladores de estos parajes en lugares tan alejados como Nueva York o la Patagonia en Argentina.
Hoy es un oficio que todavía se mantiene vivo en algunos puntos de España.
Tenían los afiladores lenguaje propio, ya perdido pues la mengua de efectivos no permite su supervivencia. Este idioma particular o germanía se llama BARALLETE y está basado en el gallego hablado en Orense que se encripta con la sustitución de palabras habituales por otras inventadas y sin ninguna conexión lingüística con ella. Era imposible para un profano entender esta conversación.
El siguiente texto es un ejemplo.
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Cando os garipos deixaban a rañola ñas lirias, e o desfoscar o dia agañaban a tarazana, xempre algen da familurria oreteaba polos mireos, as veces a bata, outras a belena.
Cuando los gallegos que andan por el mundo dejaban la azada y las vacas y al despertar el día cogían la rueda de afilar, siempre alguien de la familia lloraba, unas veces la madre, otras la mujer.
A quilma alombada con ruxas, maragotas, algo de bérrea, longaños ñon pouco de dulzórreo ñe de requicha.
La mochila llena con nueces, castañas, algo de pan, chorizos y un poco de azúcar y de aguardiente.
Na caixumela algunhas tricantas que iba tratar de feirear, alambruxo pra manchar ñe xuiñas para facer sua.
En la caja de herramientas algunas tijeras que intentaría vender, alambre para arreglar paraguas y cerillas para hacer fuego.
Maquinaba un dia ñautro. Pola gaurra xoulaba onde podia, si nunha ameixúa millor ca nunha parrián, o fin ño cabo ca parrela faise boa almadurria pra chantar a cachamea.
Andaba con la rueda uno y otro día. Por la noche dormía donde podía, si podía en una posada mejor que en un pajar, al fin y al cabo con la paja se hace buena almohada para sentar la cabeza.
Cando nalgun vilón atopaba autro garipo, podia xirgar mentras botaba un mecaio quinda estaba pallifado na xabeca.
Cuando en algún pueblo grande encontraba a otro gallego del oficio, podia hablar en barallete mientras fumaba un cigarro que aun estaba escondido en la chaqueta.
Habia que chusar anque oretee ou axa barruxo, porque facía falta zurro, que Sanqueico nono da de balde.
Habia que trabajar aunque lloviera o hubiera barro, porque hacia falta dinero que Dios no lo da gratis.
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Si has conseguido entenderlo a la primera, es que tienes alma de afilador y no lo sabías. Si no es así, no te desesperes, la verdad es que tampoco te iba a sacar de ningún apuro.
Hoy en día es un lenguaje para el recuerdo.
Historia de un afilador que fue condecorado por el presidente de los Estados Unidos.