DEL LEGAMO PRIMORDIAL (AÑOS 50 / PRIMEROS 60) Carmen Santonja y Gloria Van Aerssen se conocen a los
quince años en el campo de deportes de la Ciudad Universitaria. Carmen
estudia Conservatorio y Gloria, Bellas Artes. Amén de los estudios, en esos
primeros tiempos realizan diversas actividades, todas entre bohemias y
pintorescas (Carmen, teatro con el TEU -Teatro Español Universitario, del
que surgirían buena parte de los actores y actrices que han dado mayor
solidez a nuestro cine y dramáticos de tv, como Agustín González, Chus
Lampreave o Amparo Baró- y pinitos en cine, amén de tocar el piano en una
academia de baile; Gloria, ballet -no en vano es hermana del gran bailarín
Alberto Lorca-, escritos humorísticos -en la revista tangerina «Don José»,
que dirigía Mingote en los 50-, diseños de moda...). Pero lo que une
especialmente a las dos amigas es su común afición por la Música (cuenta
Gloria: «...mi hobby ha sido siempre la
Música, lo que pasa es que sólo como melómana... total, porque era una
especie de fiera: me acuerdo, a poco de conocer a Mari Carmen, que éramos
capaces de cantarnos “Tannhauser” entero, con todos los fondos...»). Es, tras la racha de maternidades de Gloria y con una
cierta estabilidad laboral de Carmen, que se recupera la relación con un
ingrediente novedoso: el descubrimiento por la primera del pop/rock (Fats
Domino, Bill Haley, Rolling Stones, Beatles... -tras una infancia mamando
cante jondo, música clásica y clásicos orquestales USA como Benny Goodman o
Glenn Miller, influencias éstas que, en sugerente background, se
mantendrían en el futuro sincretismo vainiqueño-), descubrimiento que hace
partícipe a Carmen. Según ésta, su rechazo de la música pop hasta el
descubrimiento de lo que le mostró Gloria, era un rechazo a la mediocridad
(«Mis cabreos, en general, serán siempre
los mismos. Siempre me cabreará un tipo de Música, de Pintura, de gente...
mediocre. Musicalmente, siempre he EXECRADO: por eso oía tan poca música,
porque abrir la radio y tenerla que cerrar inmediatamente era... era lo
corriente» -declaraciones incomprensibles y del todo anacrónicas
en unos años como los presentes cuando, hasta para algun@s autocalificad@s
fans de las Vainicas, la máxima opción existencial parece ser pronunciarse
entre Tamara o Loli Alvarez-).
Su relación se distancia un poco en la
transición 50/60, al casarse Gloria (con el pintor Ignacio Cárdenas) y
ponerse a parir niños como una descosida, en tanto que Carmen se va a París
con una beca de Pintura, para continuar, a su vuelta, con el gusanillo
plástico (impulso previsible en una biznieta del pintor Rosales, hija y
nieta de pintores) y colaborando como actriz en los primeros programas para
tv de su cuñado Jaime de Armiñán y en espacios infantiles (de los primeros,
hechos en directo en Paseo de la Habana), así como en dos films míticos del
cine español de los primeros 60, «El cochecito» (de Marco Ferreri) y «La
niña de luto» (de Manuel Summers).
FABULAS (1968) Acordes
con lo arriba señalado por Carmen, deciden a mediados de los 60 entrar en
el mundo de la música pop como creadoras (según Gloria, «allá por el 66, viendo
el Festival de Benidorm, me escandalicé tanto de lo malo que era aquello,
que llamé a Mari Carmen y le dije que porqué no lanzarnos a hacer canciones
nosotras. A mí, tras ver aquel espanto, me parecía de lo más fácil...»).
Sus primeros pinitos consisten en sintonías para la serie televisiva de
Jaime de Armiñán «Fábulas» (primera tanda de episodios, 1968). Tenemos los
recuerdos de las Vainicas («Jaime nos
llamó, lo primero de todo, para hacer la cabecera de "Tiempo y
Hora" [1966], una versión de un tema de jazz, donde yo tocaba el
xilofón sin haberlo tocado antes en mi vida... Inmediatamente, en la
siguiente serie, que fue "Fábulas", nos encargó una cabecera a
nuestro aire y una canción para cada programa. Los primeros cinco capítulos
los hicimos solas completamente, echando mano ocasionalmente de Ramiro
Tapia, un pintor amigo nuestro, así como de la hermana de Carmen
[Elena Santonja, mujer de Armiñán]. Después
se incorporaron un chico hijo de guardia civil, que tenía la guitarra más
moderna de España, con toda clase de sonidos, de órgano, de no sé qué, y
otro guitarrista, Angel, que había tocado con Massiel... Ah, y Santi
Villaseñor, también guitarra, que es hermano de Mari Carmen la ventrílocua.
Las "Fábulas" fueron un gran aprendizaje, puesto que no nos
obligaban a hacer "música ligera", sino que podíamos jugar con
cantidad de posibilidades, experimentar con el piano, tocar los estilos más
diversos...») así como del propio Armiñán («"Fábulas" tiene para mí un doble,
también, y entrañable recuerdo: la venida al mundo de ese dúo tan rarísimo
en nuestra geografía musical, y mi colaboración, que entonces se inició con
Fernando Fernán Gómez. Es curioso lo inconscientes que eran entonces en
Televisión Española porque aceptaron la participación de Vainica Doble, dos
chicas desconocidas que jamás habían intentado nada igual, sin un solo
pestañeo. Yo creo que, en el fondo, les daba lo mismo que pusiéramos una
música u otra. Y -milagrosamente- todos acertamos, empezando por ellas;
tanto es así que la cabecera de "Fábulas", cuando Gloria y Mari
Carmen cantaban las andanzas de la tortuga, del señor cuervo o de la señora
raposa, se convirtió en uno de los pilares de la serie, y yo sé de más de
uno -aunque nunca lo haya dicho- que cerraba el televisor tras escuchar la correspondiente
fábula cantada»).
NUEVOS HORIZONTES (1968/69) Tras su exitoso debut musical
a través de la tv, en el carismático 68 se inicia su paso a la industria del
disco. Van a la productora musical Areta, para intentar encajar sus
primeras creaciones en la voz de algún artista, sin la menor intención de
lanzarse ellas mismas como intérpretes (aunque ya toda España se había
quedado con sus voces gracias a la serie de Armiñán). Se produce entonces
un hecho paradójico («El arreglista Pepe
Nieto oyó uno de los temas, "Las cuatro estaciones" y dijo algo
muy bonito "No he oído nunca afinar tan bien en este país"... Se
privó con nosotras, nos propuso lanzarnos como intérpretes, le dijimos que
sólo nos interesaba ofrecernos como compositoras y, entonces, nos presentó
a un grupo que estaba preparando, Nuevos Horizontes... Les pasamos dos
canciones, la ya mencionada y "El afinador de cítaras", y sacaron
el primer disco... Se oyó bastante»). Es interesante, como muestra
de la tupida malla de referencias culturales que empapan las canciones de
las Vainicas, el proceso de elaboración de su primer éxito discográfico,
«El afinador de cítaras»: «Santi Villaseñor
estaba haciendo un bajo, en una carbonera de Aravaca, que era donde
ensayábamos, y yo [es Gloria la que habla], dándole vueltas con el
"pichinglis", tenía medio sacada la melodía, cuando, de pronto,
apareció Elena, la hermana de Mari Carmen, y, parafraseando un poema
sinfónico de Hindemith, nos saludó diciendo "¿Sois acaso el afinador
de cítaras?" y de ahí salió»; a lo que añade Carmen «El poema decía
"¿Sois acaso el retorcedor de cisnes?"... Me estoy acordando de
una anécdota con respecto a la letra (la mía, no la de Hindemith), que
resulta que el actor que menciono sale de una cosa que me contó Luis Gª
Berlanga: por lo visto, había recibido cartas de un señor que se ofrecía
como actor diciendo que podía hacer de espía, de capitán, de no sé qué...Unas
cartas alucinantes. Así se me ocurrió esa parte». Con Nuevos Horizontes
colaboran en dos discos más, haciendo esta vez sólo las caras a («Mi mosca
favorita» y «Mi churumbel», respectivamente: esta última, en concreto, fue
una de sus primeras ideas musicales, previa a la colaboración con Armiñán,
y se había planteado, según la pauta dada por los Rolling Stones con «Paint
it black», como un arreglo oriental con sitar, adaptando la fiebre por lo
hindú al entorno andalusí que Gloria había mamado por parte materna y
trasmutando la solemnidad tirando a tediosa de gentes como George Harrison
en luminosa chispa sureña -no mucho después Los Pasos, en una pauta
similar, alumbrarían uno de los mejores temas del pop español de finales de
los 60, «Habibi»-; cuando lo interpretaron Nuevos Horizontes, la
radicalidad de los arreglos originales se perdió por una opción más
convencional, para recuperarse más adelante -año 76- por las Vainicas y
Gualberto al sitar, en su versión del tema popular andaluz «Eso no lo manda
nadie» -incluido en el lp «ContraCorriente»-).
Ese año, amén de sus trabajos para Nuevos Horizontes, supone una
nueva colaboración con Armiñán en la primera película de éste, «Carola de
día, Carola de noche» (donde, aparte, de la música, el espíritu de las
Vainicas se colará oblicuo por la localización de escenario, al rodarse
buena parte en el conjunto de hotelitos donde Carmen tenía su estudio).
1,2,3, AL ESCONDITE INGLES (1969) Su siguiente
tarea, antes de dar el salto al primer disco como Vainica Doble, consiste
en su participación en el debut cinematográfico de Iván Zulueta, «1, 2, 3,
al escondite inglés». Dejemos que lo cuenten Gloria («...debo decir que el conocimiento de Iván me
fascinó. Nos lo había presentado José Luis Borau, productor de la película,
que estaba dándole la tabarra con que tenía que escuchar nuestras cosas
para la banda sonora... Estaba escribiendo, mientras oía una cinta, cuando,
de pronto, me miró fijamente, se levantó, tiró la mesa, todo, se me
abalanzó, empezó a darme besos, alucinado con lo que acababa de oír...»)
y Carmen («Aquella cinta contenía,
justos, los tres temas que irían en la película. El primer tema, un número
hawaiano [años después recuperado en el lp «Heliotropo» con el
título «A la sombra de un banano»], lo
montamos cantando Ramiro Tapia y yo... El segundo, una especie de java
francesa, lo cantaban Gloria y Jaime Chávarri, ayudante de dirección
además, y lo escenificaban José María Iñigo y Mercedes Juste... El tercero,
un número americano a lo Gene Kelly, también lo cantaban Gloria y Jaime y
lo escenificaban Antonio Drove y Judy Stephen»).
NACEN LAS
VAINICA DOBLE (1970) Pero pasemos al nacimiento del primer disco de Vainica
Doble. Gloria tiene la palabra: «Lo
primero es nuestro contacto con Mercedes Juste. A Mercedes la habíamos
conocido en el rodaje de “1, 2, 3...” y nos había pedido que le
arreglásemos unas canciones, porque ella, aparte de salir en cortos
rarísimos y en las primeras cosas de Chávarri, era cantautora, musicalmente
en una línea francesa, clásica, pero con unos textos de lo más extraño...
Vamos, nos fascinó. Ella era además en aquel momento una especie de musa de
los progres... Con ella, con Jaime y con Iván conocimos a nuevos músicos,
como Rafa Gálvez, que luego trabajaría mucho con nosotras, o el pato Lucas,
un Luca de Tena muy progre, muy sombrío, siempre de negro... Con las
canciones de Mercedes fuimos a ver hasta a Tony Ronald, buscando gente para
montarlas en plan rockero. La cosa no salió, pero justo en ese momento, el
arreglista Pepe Nieto nos ofrece, tras la experiencia de Nuevos Horizontes,
el grabar nosotras un disco». Y continúa Carmen: «Entonces aparece La Monja Musical. Nos lo trajo
Rafa, ya puestos a grabar, porque el pato Lucas estaba muy loco y no se
podía contar con él. Le llamaban La Monja Musical porque llevaba el pelo
corto, tenía novia formal e iba mucho a Misa, pero, tocando la guitarra,
era una cosa... Bueno, todos los punteos de la cara a, "La
bruja", son suyos. Y es que, desde que conocimos a Iván, nos habíamos
convertido en unas progres de lo más progre: descubríamos a Zappa, a la
Incredible String Band... Todo esto después dejaría su poso». Y, en cuanto al nombre Vainica Doble: «Cuando nos decidimos a grabar el single éste,
nos íbamos todas las tardes a casa de Iván a pensar qué nombre nos íbamos a
poner: que si Las Alegres Comadres de Aravaca, que si Pastel de Fresa, Pastel
de Manzana, Helado de... Hasta que llegamos a las labores... Y, zas, sale
Vainica Doble, que nos pareció idóneo... A Juan Carlos Eguillor, que
dibujaba entonces en "Mundo Joven", le debió de hacer mucha
gracia el nombre porque, sin conocernos de nada, nos metía constantemente
en sus historietas... Y lo más curioso es que nos dibujaba exactas a como
éramos... Y no nos había visto jamás... Llegó a hacer un primer plano de
Gloria y era Gloria: una cosa de lo más... Y, ya, en uno de los cómics,
sacó una viñeta aparte, que decía: "Vainica Doble, ¿dónde
estáis?". Entonces, le hicimos un collage precioso, que lo tiene él
enmarcado, con revistas antiguas y con muchísimas fotos de los Rolling
chiquititas y con fumetti y esas cosas. Tras recibirlo, nos buscó por todas
partes, se enteró de que estábamos grabando el single y se presentró en el
estudio. Y ya nos invitó a sus fiestas. Porque tenía mucho dinero y se
pasaba la vida dando fiestas. Y, por conducto suyo, conocimos también a
mucha gente, porque, te repito, que nosotras todavía no teníamos ningún
ambiente. Gente, casi todos periodistas, Manuel Leguineche, Mercedes
Arancibia... Y nos hizo un encarte para el single, con la letra de "La
bruja"». De la cara b, «Un metro cuadrado», Carmen y Gloria nos
hablan con especial fervor: «Un tema muy
gregoriano... La letra es muy anterior a "La bruja". La hice sin
música... Por ser de las primeras, quizá es donde he salido más yo como
soy... Pero, al tiempo, es la única que hemos entendido las dos a la
vez...» (Carmen). «Bueno, fue
una letra que me dio tal impacto cuando la leí que nos paralizamos al hacer
la música. Fue terrible... Estuvimos meses... Y no podíamos hacer la
música. La letra la encontrábamos demasiado bonita y deshechábamos y
deshechábamos...».
En contra de sus expectativas, el single
fue bastante vapuleado, tanto desde la derecha («ABC») como desde la
progresía («En la Radio, los progres
acusaron a "Un metro cuadrado" de reaccionaria»).
MAS FABULAS PERO
ESTA VEZ CON TICKETS (1970) La segunda tanda de
entregas de la serie «Fábulas» llevará a las Vainicas a montar sus
sintonías con un acompañamiento más sofisticado: el grupo Tickets (futuros
Asfalto), influenciado por Led Zeppelin y Chicago. La colaboración se
extiende más allá de la tv, al interpretar los Tickets en su único disco un
tema de Carmen y Gloria, «El rigor de las desdichas» («También tuvo muy malas críticas. Decía
"Está empezando a llover, tengo un roto en el zapato, asoma mi dedo
gordo como un gusano morado..." Y, a partir de ahí, las críticas se
cebaban con el gusano morado. En las últimas actuaciones [estas
declaraciones se hicieron sobre el 82] la
hemos hecho en público y ha tenido bastante éxito. La letra es muy mía,
sobre esos días que todo te sale mal: se te estropea el coche, se te ha
roto una biela, tienes que coger el tranvía pero no tienes dinero, llegas a
casa y has perdido las llaves, por fin, entras, pero no hay cerillas ni luz
ni... Toda una serie de espantos... »).
PRIMER ALBUM
(1971) Por entonces deciden cortar con la casa Columbia, donde
habían grabado tanto su primer single como los de Nuevos Horizontes y el de
Tickets. Fue una salida traumática, según atestigua Gloria: «Había un tipo horrible, Garea, el director, que,
tras el single de "La bruja", no quería sacar más discos nuestros
pero tampoco darnos carta de libertad. Por su culpa perdimos una ocasión de
entrar en CBS, por medio de Pérez Botija [Rafael Pérez Botija,
el Jim Webb español, vinculado como autor, arreglista o productor a
diversas formaciones que, cada una a su modo, guardan su punto de relación
con las Vainicas, caso de Los Pasos, La Compañía o Los Lobos], y no cuajó un primer contacto con Manolo Díaz...
Yo quería ir con una pistola y matar al señor Garea. Acabé cogiendo una
úlcera... Al fin, ya grabadas las "Fábulas" y el disco de
Tickets, nos dan la carta de libertad. Entonces, gracias a Pepe Nieto,
tomamos ya contacto serio con Manolo Díaz, que estaba preparando dos nuevos
sellos, Acción y Opalo. Hicimos un contrato para un lp. El repertorio de
éste lo teníamos ya sacado de antemano porque estábamos ensayando mucho en
aquel momento.». En el lp, aparte del material original, se incluyen
títulos procedentes de las series de tv, caso de «La cotorra» o «La cigarra
y la hormiga». Esta práctica de echar mano a algunas de las sintonías
hechas para Armiñán se extendería, durante su etapa con la compañía de
Manolo Díaz, a varias caras a de singles (así, «Refranes» o «Las doce caras
de Eva»). Pero volvamos al álbum en sí: «El arreglador, el promotor y la madre del cordero es Pepe Nieto,
pero aunque él arregla bastantes temas hay otros, de las
"Fábulas", que hicimos con Tickets, y también con Rafa
Gálvez y Santi Villaseñor, como "Caramelo de limón" o
"¿Quién le pone el cascabel al gato?". Hay temas donde
intervienen los músicos de Pepe y los nuestros, como el "Roberto
querido", donde el slide guitar lo mete Rafa. Ah, y en el "Guru
Zakun Kin Kon", la guitarra punteo la hace de nuevo la Monja
Musical... Aparte, en los coros intervienen hijos de Gloria, sobrinos míos
y demás parientes. Fue un disco muy... Pepe, con nuestros guitarristas, se
desesperaba, porque se tiraban horas para un punteo, o se les rompía una
cuerda y no tenían de repuesto... Un desastre... Pero, claro, gracias a
ellos el disco está tan fresco y divertido». Veamos las canciones: «"Guru
Zakun Kin Kon", que es un arreglo totalmente nuestro, a mí me parece
-habla Gloria- cuando la hice que era la canción más maravillosa del mundo
y a nadie le gustó. Yo creía que iba a ser el éxito de ese disco y no... A
mí me entusiasma. Como "La bruja", es una canción de poner los
dedos a lo loco en la guitarra y empezar a cantar». Carmen, la
letrista, puntualiza: «En cuanto a la
letra, para mí es un cómic». Sigamos, ahora, con «Caramelo de limón»: «Esa
canción empezó como una canción medieval. El ritmo es tan medieval, tan
medieval, que, a la hora de meterle el ritmo de verdad, el grupo no
conseguía entenderlo... Para arreglarla, nos peleamos hasta Mari Carmen y
yo por cuestión de medida, porque cada una mide de una manera... Por fin,
el batería de Tickets, Pancho, lo vio claro, metió el ritmo que sale en el
disco y así conseguimos sacarla... Es una dedicatoria, la letra, al mar
gris, al mar del norte, porque a nosotras los soles mediterráneos y todo
eso nos espanta, por eso nuestro sol está envuelto, es como un caramelo, no
quema... Aparece detrás de la bruma un momentito». Y, cómo no,
se topó con la censura: «"¿Quién le
pone el cascabel al gato?" tuvo problemas por la letra y se retuvo el
disco en Censura unos meses... En aquella época todo era Franco y, aunque
la letra no tuviese nada que ver, la interpretaban como "¿quién le
pone el cascabel a Franco?". Y, con gran asombro nuestro, pues se
perdieron unos meses con el disco parado. Lo más gracioso es que el tema
venía de las "Fábulas" y ahí se había escuchado sin ningún
problema... Y hay más: "La cigarra y la hormiga" la ponían en los
colegios como ejemplo de canción "destructiva" que los niños no
debían oír. Evidentemente, tras eso, los niños que oían la canción se
cagaban en la profesora y decían "Estas tías son mis madres". De
ahí viene el éxito ante unos niños que hoy tienen veinticinco años».
Uno de los títulos más carismáticos del lp (incluso por la relación entre
el nombre del dúo y las labores de la protagonista de la canción) fue «Mari
Luz»: «Este tema, al hacerlo, por la
forma de tocar la guitarra, me recordaba al "Dear Prudence", lo
cual me alegró mucho porque me parece una genialidad de canción. Y, sobre
la letra, puedo decirte que ahí empezaron las primeras discusiones entre
las dos sobre el Feminismo... Yo quería una canción de amor, nunca he sido
feminista como Mari Carmen, sino de otra forma, y sigo pensando que a
ninguna niña se la obliga a casarse ya con nadie, que la letra estaba
desfasada de época, como si estuviera escrita a principios de siglo... ».
Carmen se defiende: «Yo no soy del siglo
pasado ni me han puesto trajecito de organdí ni lacitos, pero sí se los han
puesto a contemporáneas mías... Niñas de seis años que querían leer a Peter
Pan o a Tarzán y las hacían bordar... A mí me han intentado hacer bordar y
no lo han conseguido». Y de la controvertida denuncia sobre la
condición de la mujer, saltemos a la dimensión paralela que nos regala «El
duende»: «En esta canción, al contrario
que en la otra, las dos estamos completamente de acuerdo... Es una canción
mágica... También se compuso muy mágicamente: la hicimos en La Mata del
Fraile, un convento del Císter, en ruinas, que yo tenía alquilado por
Segovia, donde luego Jaime ha rodado también bastantes escenas para el
cine. Estábamos las dos solas, de noche, con la chimenea, el cementerio al
lado... "El duende" -añade Carmen- es el personaje soñado,
añorado, que no existe... El disparate... Debe ser el producto de tantos
cuentos que he leído». Otro título carismático es «La ballena azul»: «La
letra salió en una noche loca. Llegué yo al estudio de Mari Carmen y me
dijo: "Mira lo que he hecho. No te va a gustar"... Bueno, la sacó
casi entera, letra y música, faltaba algún toque... Entonces la oí y dije:
"Pero... si convivo con un genio"... Estaba de rodillas ante Mari
Carmen... Mari Carmen es pariente de ballenas, no me cabe duda». El disco ya está listo, en espera de la decisión de
Censura. Si en letra, música y arreglos supone una profunda innovación,
también la carpeta, con el fresco barrocamente pop de Iván Zulueta y las
fotos del propio Iván, Jaime Chávarri, Mario Pacheco, en las que se mezclan
en armonioso guirigay la bohemia, la infancia, la madurez a contrapelo,
decenas de puntos de fuga chorreando creatividad. No es casual que Iván
Zulueta y Jaime Chávarri hiciesen, tras tratar a Carmen y Gloria, films
como «Arrebato» o «Los viajes escolares» (en éste, por cierto, habría
presencia musical vainiqueña), con esas familias atípicas en las que a unos
cuantos (cada vez menos, supongo, imperando esa otra familia digna de una
pesadilla de Bradbury que es «Gran Hermano») nos hubiera gustado vivir.
Por fin, en la primavera del 71, aparece.
En las FMs se logra un apoyo decidido. No así en la por entonces
mayoritaria Onda Media. Pero, mientras tanto, la tv vuelve a reclamarlas
con nuevas series de Armiñán, «Refranes» y «Las doce caras de Eva»,
sintonías que el receptivo Manolo Díaz recogería rápidamente en sendos
singles. La etapa con el sello Opalo se cierra en 1972 con un single
navideño («Oh, Jesús» y «El Evangelio según San Lucas»).
HELIOTROPO
(1973) En el 73 Opalo
desaparece por problemas económicos y las Vainicas se ven de nuevo buscando
casa de discos. Recordando la antigua oferta de Pérez Botija, intentan retomar
contacto con la CBS pero ésta se halla por entonces volcada con la
cantautora Cecilia, no pocos de cuyos motivos guardan una sugerente
relación con el estilo vainiqueño: lógico en quien fue superfan de Carmen y
Gloria (así, el bestiario de «Fauna» enlaza perfectamente con las
«Fábulas», sus retratos de la clase acomodada -«Dama, dama», «Al son del
clarín»- nos evocan -tal vez con un trazo más infantilmente grueso- otros
retratos más sibilinos -«Roberto querido», «El pabú»-, el trino de
inconformismo generacional que supone la «Equilibrista» no podemos por
menos que asociarlo con momentos de «Mari Luz» y, en una tesitura más
románticamente fou, hay un clima común -en este caso, homenaje de Carmen a
su desaparecida admiradora, dada la cronología de ambos temas- entre «Un
ramito de violetas» y las vainiqueñas «Cartas de amor»). Finalmente, el
poeta José Manuel Caballero Bonald, encargado por aquella época de fichar
cantautores para el sello Ariola, es quien las acaba captando. Se mantiene
la colaboración con Pepe Nieto como arreglista, aunque esta vez mucho más
estructurada, con músicos profesionales elegidos por él, desapareciendo la
pandilla de amigos de Gloria y Carmen (más rockera pero también más
informal y problemática a la hora de grabar). Repasemos las
canciones: «La "Habanera del primer
amor" es un tema antiguo... Que, por cierto, no lo queríamos grabar
porque no nos gustaba pero nos lo oyó Caballero Bonald y dijo que sin ese
tema no salía el lp. Luego ya habéis visto cómo ha pegado y, en directo, la
hemos tenido que cantar hasta la saciedad. No nos gustaba , quizá, porque
nunca veíamos la forma de atacarla bien, en ritmo, en música... Es habanera
pero no queda del todo como tal habanera... En público aún la seguimos
cambiando... Es una canción que, musicalmente, no nos ha satisfecho».
Pasamos a las «Coplas del iconoclasta enamorado»: «Esta canción es otra de las contradicciones
entre Gloria y yo. La letra se me ocurrió saliendo de mi casa, yendo por la
plaza de Colón, al ver que estaban tirando el palacio de Medinaceli... Está
hecha en contra del iconoclasta: una canción absolutamente reaccionaria por
mi parte». A lo que Gloria añade: «Pero como ese personaje soy yo, porque yo soy totalmente
iconoclasta, por eso la canto con tanto gusto y da la impresión contraria,
que el texto está a favor del iconoclasta... A mí el que un señor destroce
todo en nombre del amor me parece una canción de amor tan absolutamente
maravillosa, que me emociono siempre que la canto». ¿Y «Agáchate
que te pierdes?»?: «La letra va contra
una sociedad gris... Estoy harta de ver caer árboles delante de mis
narices: los de Serrano, los de Velázquez... Era mi protesta ante la
posible caída de ese arbolito que queda y que se ha salvado no sé cómo».
«El pabú»: «Empieza como una canción
infantil, como un sistema de esos que empiezan a añadirse cosas... Pero, a
medida que la hacía, fue apareciendo la cosa personal: un mal amigo, la
madre absorbente...». «Elegía al jardín de mi abuela»: «Está dedicada al jardín de la abuela de Mari
Carmen... A la abuela, en sí... Cuando nos conocimos Mari Carmen y yo, hubo
algunas cosas curiosamente comunes... Por ejemplo, yo he tenido una tía, mi
tía Luci, que, por lo visto, debió ser muy parecida a su abuela en
gustos... Cuando dos personas se conocen y resulta que las dos se saben el
"Minute chretien", que es algo que no se sabe nadie... Bueno, y
la "Dedicatoria" de Schumann, que es una de las canciones que a
mí más me gustan del mundo y que la canto en la "Elegía..." como
si fuese una cantante de ópera, pues también es otra de las canciones
favoritas de Mari Carmen... Y todo eso nos lo enseñaron a ella, su abuela,
y a mí, mi tía Luci... Y estas cosas se juntan en el tema: son nuestros
jardines, nuestras niñeces, nuestras canciones preferidas y la abuela,
claro, esa abuela tan lista, porque era una maravilla... Yo no puedo cantar
la "Elegía..." en público porque, al llegar al lieder de
Schumann, me emociono de tal forma que acabo echándome a llorar». Pese a grabarse
sin los problemas del anterior, el lp falla a la hora de la promoción,
resolviéndose la cosa con nueva ruptura con la compañía. No obstante el
disco se vende («El disco se vendió
relativamente bien pero es que hay un momento en que Vainica Doble empieza
a vender pese a la casa»).
Como ya ocurrió en otras ocasiones, las
frustraciones discográficas se enjugan en parte con actividades
complementarias. Esta vez, otra serie de Armiñán, «Tres eran tres», y un
proyecto que retrotrae a Carmen a sus pinitos televisivos en Paseo de la
Habana como actriz para niños: en colaboración con Juan Carlos Eguillor,
diseñador de los decorados y los disfraces, aparecen en el matinal «Hoy
también es fiesta» disfrazadas de brujas interpretando temas de su etapa en Opalo.
FURTIVOS
(1975) «Fue José Luis Borau quien nos llamó...
Era una película de muy poco presupuesto... No sabía lo que iba a pasar con
lo ella, no lo sospechaba en absoluto... Y entonces fue la oportunidad que
nos dio para poder colaborar con él: absolutamente maravilloso... Y, claro,
con lo que más dinero hemos ganado en la vida. »De documentales ya habíamos hecho
algunas cosas pero, como banda sonora de película grande, sí, fue la
primera... Hicimos una maravilla de cinta que, desgraciadamente, no
se ha oído nunca debido al posterior montaje de la película: ni la cabecera
va donde se había pensado, ni nada va en las escenas para las que se
pensó... Pasó una cosa: hubo un desfase en la moviola y todo lo que
habíamos montado se quedaba largo de tiempo para las escenas
correspondientes. Entonces, se aprovechó la banda sonora como se pudo...
Aunque José Luis tenía la idea de sacarla, no se lanzó la b.s.o. en
disco... Pese a todo, es lo que más hemos cobrado... La primera vez que
fuimos a liquidar de la película, casi nos caemos al suelo: cerca de medio
millón...».
CONTRACORRIENTE
(1976) Tras su segunda experiencia
cinematográfica, hacen una nueva sintonía para Armiñán («Suspiros de
España») y, a través de Moncho Alpuente, conocen a Gonzalo Garcíapelayo,
factótum de un nuevo sello, Gong. Firman un contrato por cinco años. En
consonancia con la línea enrrollada de la nueva casa, recuperan a su
pandilla de músicos amigos (Rafa Gálvez, Santi Villaseñor, Pancho
Company...), bautizada para la ocasión con el nombre de Limón Express (el
trenecito de Benidorm -localidad vecina al nuevo cuartel general para
ensayos, el chalet de Gloria en Altea-), más algunas colaboraciones
(Gualberto y su sitar, Hilario Camacho a los coros...). El disco, hecho sin
director musical, trabajado directamente con la banda, logra el sonido más
rockero de toda la carrera de las Vainicas (que motivaría al fan de los
Ramones Nacho Canut un excelente piropo: «Cuanto
más viejas, más duras»). Grabado en verano, con bastantes
prisas, con el eterno problema de los músicos a su particular ritmo de
trabajo, problema solventado por Garcíapelayo de un modo bastante
discutible, mezclando el disco en una jornada, con las lógicas y graves
deficiencias. Por vez primera,
existe un hilo conceptual («Se sigue una
temática en cuanto a textos en todo el disco, que yo le sugerí a Carmen,
contra las dictaduras. Fue un empeño que tuve. Porque me cogió ese cuerpo.
Y como a ésta se le contagió... Estábamos, entre las madres, los padres,
los maridos y la madre que los parió a todos... con unas ganas de soltarlo
que nos salió el disco de lo más...»). A través de títulos como
«Respeto y obediencia», «Que no» o «La rabieta» (pataleta del conejito
Tambor frente a su autoritaria madre usando como fondo un fragmento de lo
hecho para «Furtivos» -dado el argumento del film, elección idónea, más
allá de lo meramente musical- y que sirve como motivo a Iván Zulueta para
la lujuriosamente colorista portada del álbum) se reivindica una educación
no castrante; en la versión del himno religioso «Magnificat» se evoca la
Teología de la Liberación al conjugar impulso revolucionario con
recuperación de determinados aspectos culturales de la tradición cristiana
(«Una de las letras más rojas que se
pueden echar a la cara: "Echó a los poderosos de su asiento y exaltó a
los humildes..."»); la afición de Gloria por el cante grande
se plasma en otra versión, el clásico popular «Eso no lo manda nadie»
(donde Gualberto, al sitar, rememorará otra experiencia de fusión -la
llevada a cabo en el 70 con Enrique Morente para el tema de los Smash
«Behind the stars»-); el título más promocionado del álbum, «Déjame vivir
con alegría», posee un singular encanto en su calidad de reggae andalusí,
donde parece hermanarse la plácida idiosincrasia sureña con la no menos
tranquila actitud de los rastas jamaicanos, en irónico contraste con el tráfago
compulsivo de los altos y rubios turistas/colonizadores; en una nueva
recuperación de las fábulas, «El oso poderoso», se lanza un guiño irónico
sobre el todavía caliente cadáver de las dictaduras lusa e hispana y el
consabido fenómeno del transfuguismo y las reformas «para que todo siga igual»; como
contrapunto, la épica «Alas» plantea una singular glosa de los
conquistadores españoles en el Nuevo Mundo, a caballo entre los delirios de
Werner Herzog («Lope de Aguirre», «Fitzcarraldo») y los documentales de
Miguel de la Quadra, donde se expresa el amor de las Vainicas por la
aventura, más allá de cualquier corsé ideológico, amén de la influencia del
grupo Yes en la elaboración musical, según confesión de la propia Gloria. El disco,
inicialmente, tiene problemas con la Censura: esta vez por el tema «Que no»
(uf, aquello de «Carne y hueso, eso es:
seso y sexo como usted»; lo más irónico es que, dada la obsesión
antipedófila de los últimos tiempos y la aplastante presión de lo
«politically correct», no es imposible que este título de las Vainica, de
estrenarse ahora, sufriese idénticas tarascadas de guardianes de la moral
con la mente -hoy como ayer- llena de mierda). Cuando por fin aparece, hay
reacciones opuestas: los fans veteranos, progres y tal, se escandalizan
ante tamaña explosión rockera; precisamente, lo que abre la ruta del
conocimiento vainiqueño a nuevas generaciones que, por aquellas fechas,
andaban más pendientes de Lou Reed, Patti Smith o David Bowie que de Paco
Ibáñez, Elisa Serna o Luis Eduardo Aute (ya he citado antes el piropo, tan
gráfico, de Nacho Canut).
GUADIANA
(1977/79) Una vez más acaban a matar con el director del sello, lo que
en esta ocasión se traduce en un conato de disolución que las mantendrá sin
grabar por casi un lustro. Juntas, sólo hacen en este tiempo un trabajo
alimenticio: la banda sonora para «Clímax», película de Paco Lara Polop,
especializado en cine de destape, y a quien Carmen conocía de su
participación en «La niña de luto», donde Lara había sido ayudante de
producción. Gloria, radicada en Altea, se dedica a la Artesanía, a la
vida campestre y a regentar una tienda ad lib de bolsos. En tanto, la
hormiguita Carmen se encarga de la banda sonora de una película de Armiñán,
«Al servicio de la mujer española». («Cogí
a Pancho, el batería de "ContraCorriente", y a José Manuel Yanes
como arreglista, y entre los tres estructuramos todo. Luego se trabajó con
músicos profesionales y coros. La propia Marilina Ross cantaba la cabecera»). Cabe señalar también, como curiosa excepción (aunque no
musical) a este período guadianesco, su breve aparición en calidad de
fámulas de los Leguineche en la película de Berlanga «Patrimonio nacional».
EL ESLABON
PERDIDO (1980) Manuel Domínguez, creador del sello Guimbarda, las llama
en 1979, aunque pasará un año hasta grabar el nuevo disco. Con miembros de Suburbano
(como Luis Mendo o Gaspar Payá), colaboradores de Armiñán y Berlanga (como
Alejandro Masó), José Mª Guzmán al bajo, el productor del disco (José
Manuel Yanes) a los teclados, y varios hijos de Gloria (Alvaro, Diego y
Laura) a los coros y cuerdas, desarrollan el ensamblaje musical. Hay
títulos de diversas etapas: «La niña precoz» procede de la serie «Suspiros
de España», «Alas de algodón» también es un tema con sus años a cuestas y
vinculado a las ficciones armiñanescas, luego vienen una serie de temas más
recientes y con un motivo común («En el
lapsus éste de los cinco años se nos ocurrió pues trabajar sobre un disco
doble dedicado a la Ecología: iría el “Doñana”, que habría dado título al
álbum, la de “El eslabón perdido”, “Escrito con sal y brea”... pero cuando
vino el boom ecologista se nos quitaron las ganas»), «La
cocinita mágica» («En cuanto al mensaje
de la canción, a mí es que los trabajos de cocina me parecen una
barbaridad, pese a que a Gloria le encanten, y entonces se trata de, ya
puesta en esa tarea, sacar el jugo a cualquier situación, no pasarlo peor
de lo que se pasa»), o «Amigo mío del alma», a modo de cantiga
medieval escrito en colaboración con Alvaro, hijo de Gloria. Por vez primera en su trayectoria hacen una serie de
actuaciones tanto en Madrid (caso de la sala Olimpia de Lavapiés) como en
provincias (País Vasco, Mallorca, Tenerife...) jugando con diversas
formaciones (en ocasiones, ellas solas más un guitarrista; otras,
acompañadas de grupo). Las hacen más por cuestión económica que por cuidar
su proyección pública y, según sus comentarios, la que menos disfrutó fue
Gloria («tuve stress y he estado muy
mala, muy mala, muy mala...»). Ya en esta racha de crisis de
salud, no llegan a hacer tv, por un desmayo de Gloria («Nos llamaron para “Cosas” [magazine
de sobremesa]. Entonces, mientras
esperábamos para hacer un pequeño ensayo y qué nos íbamos a poner, pues
Gloria se caía, completamente desmadejada y pálida, pálida... Y dijimos que
no lo hacíamos... No pasó nada: al contrario, se quedaron encantados
porque era una cosa menos»).
EL TIGRE DEL GUADARRAMA (1981) Por vez primera graban un segundo lp en la misma casa y
bastante seguido respecto del anterior. Casi todo el material (salvo «El duelo»
-realizado para alguna serie de Armiñán- y «Madre no hay más que una»
-adaptado de la música hecha en su momento para «Furtivos»-) es de factura
reciente: así, «El tigre del Guadarrama», que da título al álbum, se
compuso una semana antes de la grabación, y adelanta una faceta depresiva
que se desarrollará con mayor regodeo tres años después en el «Taquicardia»
(personalmente, siempre he asociado «El tigre...» con el final del film
«Arrebato» -aunque sustituyendo la cámara por la Madre Natura como huida
gnóstica -); hay (como ya comenté en otro momento) un homenaje (ignoro si
premeditado) al popular «Un ramito de violetas» de Cecilia en «Cartas de
amor» (coincidencia que se mantiene en el curioso hecho de que ambos
títulos tengan sus correspondientes versiones flamencas -el de Cecilia a
cargo de Manzanita y el de las Vainicas por Pepe de Lucía-); con «El rey de
la casa» reaparece el motivo de la libertad del niño (tratado ya con
exhaustividad en el «Contra corriente»); y el tarro de mermelada se derrama
generoso sobre nuestros paladares con «Chaparrón del mes de abril» (gozosa
incursión por «el Palacio de la Memoria» -que diría el buen doctor
Lecter-). En el tiempo que va desde este disco al siguiente hay dos
pequeños hitos para el mejor conocimiento de nuestras heroínas: el libro
publicado por Ed. Júcar y coordinado por un servidor, donde se recogen
varias conversaciones con ellas (retomadas en buena medida para este
trabajo), y la única actuación larga en directo hecha para televisión
(concretamente, para el espacio «Musical Express»).
TAQUICARDIA (1984) En el año de Orwell, las Vainicas, en la casa Nuevos Medios,
preparan un trabajo (como lo definió su productor Mario Pacheco) «sin red»: un álbum doble con la más
críptica selección de canciones (tanto en letras como en música como en
arreglos) de toda su carrera. Recogiendo algunos ecos («El niño inseminado»,
«La mona coqueta», «Darío el gigante»...) de su por entonces reciente serie
para tv «Cuentos imposibles» (Armiñán again, of course), el tórrido juego
de «Mi alumno» (cantada originalmente a dúo con Wyoming), un canto de
empatía cósmica que enlaza con lo mejor de sus primeros tiempos («Nana a
una estrella recién nacida») y nuevos temas («Sígueme», «Pasos en falso»,
«Cero a la izquierda», «Yo le imagino»...) más el tema que da título
(acompañadas vocalmente por Luis Pastor, Pablo Guerrero, Javier Bergia, Juan
Alberto Arteche y Antonio Resines), que inciden en la llaga entre acibarada
e intimista ya mostrada en su anterior lp, Carmen y Gloria, arropadas por
los barrocos arreglos del Reverendo y por buena parte de su clan familiar,
se sumergen por primera vez y sin reparos en un buceo introspectivo nada
complaciente y algo desasosegador, y transgreden todas las normas del pop
en un trabajo musicalmente inactual (de los guiños rockeros de otros discos
aquí se pasa a un apoyo quasi conventual basado en música clásica y jazz).
Si las portadas coloristas de Iván Zulueta definían muy bien anteriores
trabajos, la abstracción de Ignacio (el hijo pictórico de Gloria) plasmada
en la carpeta de rústico y gris cartón no puede ser más adecuada para este
trago largo de orujo vainiqueño de altísima graduación. Aparte de este importante trabajo discográfico, también
hacen por entonces la sintonía para la que será una de sus series de tv más
populares, «Con las manos en la masa», así como intervienen en la banda
sonora del film taurómaco «Tú solo» de Teo Escamilla (primera aproximación
creativa al cosmos de lo que sería una década más tarde su culmen de
popularidad, «Juncal»). Y participan en el disco de La Mode «1984»,
cantando en el tema «Sueño '84» (compuesto por el bajista del grupo, Alvaro
de Cárdenas, hijo de Gloria). Tras el 84, entran en un largo impasse. Gloria se retira
a Cuenca a pintar y Carmen comienza a hacer letras (hasta un total de
veinte) para Luz Casal, colaboración que llegará a su culmen con el
superhit «Lo eres todo» (escrito por las dos Vainicas), que ya ha sido grabado,
aparte de por Luz, por Emmanuel, Manolo Escobar y las propias autoras en su
álbum «Carbono 14». Otra actividad de Carmen en estos años es la expresión
de su mundo mágico en un soporte que, en buena parte, se presumía latente
en sus letras, el cuento infantil: primorosamente ilustrados (por Juan
Carlos Eguillor, entre otros) y editados (por Espasa Calpe, Anaya y
Alfaguara), aparecen entre el 84 y el 96 hasta cinco libritos con títulos
tan definitivos como «Mermelada de anchoas», «El planeta Analfabia», «La
sirena de la fábrica», «La malvada infantita» o «Diario de Arturo» (este
último escrito a pachas con Eloína Ruiz-Thiery). En 1989 el impasse se cuartea con dos canciones: una, la
sintonía de la serie «Juncal» (suceso de máxima repercusión popular en las
carreras tanto de Armiñán como de las Vainicas), y otra, «Ni más ni menos»,
tema escrito para la Dirección General de la Mujer.
Es curioso que de esta su obra más
solipsista sea de donde se acabarían haciendo varias versiones («Un Sí
Señor con las patas verdes» por Sergio y Estíbaliz y «La funcionaria» por
Carlos Berlanga).
1970 (1991) Cuando ya habían decidido de manera
irreversible la ruptura, más de un lustro desde su último disco, la nueva
década de los 90 coge a las Vainicas y las soborna (previo millón y en la
persona de Victorino del Pozo -fan con solera, como demostró en aquel
artículo del 74 para «El Musiquero» donde las comparaba con la Incredible
String Band-, vinculado a la colección de discos que Radio Nacional llevaba
sacando desde hacía tiempo) para reunirse en plan arqueológico a
desempolvar canciones de sus inicios: el mítico single de la Columbia, cinco
del primer lp y otras tres del «Heliotropo». Una producción de Alvaro de
Cárdenas (hijo de Gloria, que llevaba colaborando en tareas corales en los
discos maternos casi desde la cuna, y para entonces convertido en un
excelente bajista, concienzudo reparador de órganos de iglesia e
imaginativo arreglista) que reúne a músicos de diversas formaciones
vainiqueñas y que alterna una fidelidad devocional a los arreglos
originales de Pepe Nieto con alguna incursión propia (ese magnífico ritmo a
lo Roxy Music para «Brujas»), todo ello empañado por el pésimo sonido de
los estudios de RNE y la marciana distribución de los discos expendidos con
el marchamo RTVE. Pese al millón, la experiencia les dejó mal sabor de boca
y confirmó una vez más que las Vainicas y las instituciones no casan de
manera armónica. A destacar, la portada: el tapiz ingenuista elaborado por
Gloria y Rosa Zumárraga (la mítica alcaldesa de «Un millón para el mejor»).
Sin embargo, la constante relación oblicua de las Vainicas con el
departamento de dramáticos de TVE, gracias a Jaime de Armiñán, persiste
inmarchitable con tres nuevas producciones: «Juncal» (su trabajo más
popular -tanto de ellas como de su mentor- para este medio), «Una gloria
nacional» (el envés de lo anterior, por culpa del horario criminal en que
se emitió y de la creciente orientación a la telebasura de la televisión
-también la pública- que, de pronto y por plegarse abyectamente a los
llamados «índices de audiencia», convertía a Armiñán de sólido valor
audiovisual con plena aceptación popular -como había ocurrido durante tres
décadas y acababa de remachar el tremendo boom de «Juncal»- en personaje de
arte y ensayo relegado a horario de «Cineclub» y «Metrópolis») y «Celia»
(de las tres, la única serie no realizada por Armiñán, basada en los
personajes infantiles creados en la II República y que gozó de buena
acogida, aunque sin llegar al techo del torero sevillano).
CARBONO 14 (1997) Es precisamente el hecho de que, a través de canciones en
boca de otros y de sintonías televisivas, las Vainicas lograsen sus
primeros megaéxitos en estos últimos años («Con las manos en la masa»,
«Siseñor», «Juncal», «Lo eres todo») lo que animará al productor Miguel
Angel Arenas a un proyecto comercialmente ambicioso pero de discutible
resultado (tanto artístico como, irónicamente, en cuanto a ventas) para la
multinacional Mercury. ¿Cómo se llega a un disco tan carente de sentido
(artísticamente hablando -dejo aparte, insisto, consideraciones meramente
industriales-)? ¿Qué tiene que ver Miguel Angel Arenas con el concepto de
Vainica Doble y qué pretende de ellas? (pregunta pertinente porque, si pensamos
en quienes durante tres décadas habían dado oportunidades al dúo -nombres
como Jaime de Armiñán, Pepe Nieto, Iván Zulueta, Manolo Díaz, José Manuel
Caballero Bonald, José Luis Borau, Gonzalo Garcíapelayo, Manuel Domínguez,
José Manuel Yanes, Mario Pacheco o Victorino del Pozo-, todos ellos, pese a
su diversidad, guardan más relación entre sí que con Arenas -y esa relación
tal vez sea el común sentimiento de admiración ante un talento enorme tanto
creador como ejecutante; en el «Carbono 14», por el contrario, el talento
parece relegarse frente al esperpento, a una morbidez circense, barnumesca,
bizarra, cuyo culmen sería, en cruel parodia del sutil souffle au coeur de
aquel «Mi alumno» cantado en el 84, el dúo de Gloria con Alejandro Sanz en
«Dame tu amor»-) ¿Por qué Carmen y Gloria se pliegan a esto, por qué
quienes se decidieron a hacer canciones por execrar de Benidorm y de la
mediocridad acaban, con este disco, precipitándose en el sórdido túnel de
quienes adoran tanto Benidorm como todo lo que suponga creatividad
biodegradable (pensemos, simplemente, en las promociones que deberían haber
realizado para sacar adelante un trabajo como «Carbono 14»: concursos de
famosos de los que comen lombrices sacadas de una urna, interrogatorios
entre oligofrénicos y malintencionados en «Tómbola» o en «Crónicas
marcianas» -donde no es improbable que Carmen hubiese acabado con un
berrinche de órdago y Gloria, soltándole un merecidísimo sopapo a alguien-,
jueces de nuevos Joselitos en espacios bajo la férula de Bertín Osborne,
play-backs entre pase y pase de lencería y calzoncillo de José Luis Moreno,
invitadas con Lina Morgan o Los Morancos, etc -si a Gloria le daban las
siete cosas en el 80 por salir en un magazine de Angeles Caso, ciento por
ciento más comedido ¿podemos imaginárnosla bregando en estos dantescos
escenarios del fin de siglo?-). Es perfectamente lícito querer ganar dinero
y aspirar a que nuestro trabajo obtenga la mayor proyección pública pero
cuidado dónde y con quién se mete uno a intentar esas aspiraciones: no sé,
quizás si Carmen y Gloria hubiesen tenido fresca en la mente, antes de
firmar con la Mercury, esa magnífica fábula titulada «El Fantasma del
Paraíso» se lo hubieran pensado mejor. Según me comentó un buen amigo de ambas, Carmen se dio
cuenta de la criatura deforme que (cual nuevo hijo de Rosemary) habían
alumbrado y se deprimió bastante sintiendo haber cometido el mayor error de
su carrera. En cuanto a Gloria, fiel a su filosofía digna de un personaje
de Gregory La Cava («Me gusta el dinero pero no sus responsabilidades»), se
negó a entrar en la rueda promocionalmente dantesca antes mencionada y,
claro, el disco, falto de la solidez conceptual de trabajos anteriores y
defendido solamente por los fans más adictos a las bizarreries, encalló.
Grabado en dos estudios españoles (Red Led
y Kyrios) y uno inglés (los míticos CTS), conjugando base de acompañamiento
poprockera (con nombres tan históricos como Joan Bibiloni o Pepe Robles)
con una gran orquesta (experiencia que no se repetía desde «Heliotropo»)
bajo la batuta de Miguel Angel Collado (y de Alvaro de Cárdenas, hijo de
Gloria, en la adaptación a disco de «Juncal»), prolijas colaboraciones
vocales (caso de Alejandro Sanz, Pepe de Lucía o Miguel Bosé -así como, en
plan más anecdótico, el coro de amiguetes en «Juncal» con Paco Clavel, Juan
Francia, Luis Pastor, Iñaki «Glutamato», Germán Coppini, José Mª Granados o
servidor-) y la producción (no precisamente dirigida a minorías) de Miguel
Angel Arenas.
En cuanto a las características de los
títulos, a la tónica habitual de selección (temas ex profeso para discos vainiqueños
-«El virus del ordenador», «Pobrecito Satanás»...- más material
originalmente concebido para series de tv -«Juncal»-) se añade en esta
ocasión (aparte la recuperación de un tema ya grabado hace años -«Oh,
Jesús»-, como un eco de la dinámica de «1970») la inclusión de temas
escritos originalmente para otros intérpretes (mayormente de temática
amorosa, incluyendo el megaéxito «Lo eres todo» -rebautizado para la
ocasión «Dame tu amor»-, que ha supuesto ya, en las voces de Luz Casal,
Emmanuel y Manolo Escobar, el primer y único gran hito de Gloria y Carmen
en el mercado de habla hispana-).
Pues bien, este trabajo, la mayor inversión
efectuada nunca en torno a Vainica Doble, destinado a ser un auténtico
bombazo según las expectativas tanto de las artistas como del productor, no
sólo se estrella sino que además, para los fans de siempre, queda como un
chafarrinón, como un tremendo bache en la trayectoria vainiqueña, como ese
disco que se pone menos que los otros porque da como «mal rollo»,
«vergüenza ajena», «grima» (empezando por las espantosas fotos, con las
chicas vestidas de mamarrachas -como ideadas por un émulo mediocre de John
Waters-, y continuando con la presencia de Miguel Bosé y Alejandro Sanz
-siguiendo la política industrial de duets impuesta por las discográficas
en la década de los 90 y donde lo que menos importa es que los invitados
tengan algo que ver con aquellos a quienes acompañan: al menos, en los
shows y films del mafioso clan Sinatra, la cosa tenía su coherencia...-).
LA VUELTA AL ORIGEN: LOS DISCOS DE ELEFANT (1999 - 2000) Demos la palabra a la propia discográfica: «El contacto entre VAINICA DOBLE y Elefant vino
dado por el homenaje -organizado por Paco Clavel- que algunos renombrados
artistas (allí estaban desde Juan Genovés al Gran Wyoming; de Luis Eduardo
Aute a Pablo Pérez Mínguez, por sólo nombrar unos cuantos) les rindieron en
forma de exposición, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid durante
Febrero y Marzo de 1999. Elefant publicó el "catálogo/recuerdo"
de la exposición, que no era otro que un CD-Single/single de vinilo con
varios temas inéditos (procedentes de bandas sonoras para televisión nunca
publicadas en disco) y un tema nuevo (³Coplillas de la mitómana²) grabado
para la ocasión e inencontrable de cualquier otra forma.» Un año más tarde, en buena medida como desfacimiento del
entuerto que supuso «Carbono 14» y conscientes de que el futuro no iba a
dar chance para muchos discos (por la edad de ambas -no todo el mundo está
seguro de llegar a los Himalayas cronológicos de Jünger o de Rosa Chacel- y
por los problemas de salud de Carmen -que la obligarían al mutis definitivo
en julio del 2000-), Elefant y las Vainicas acuerdan un trabajo de fuerte
sabor testamentario (una especie de «My way» vainiqueño pero, en vez de en
una, encarnado en dieciséis canciones) realizado EN FAMILIA, bajo la
dirección musical de Alvaro de Cárdenas, con músicos de confianza
seleccionados por éste (Gerardo Cardozo, Basilio Martí, Javier Casado,
Ramón Arroyo, José Luis Pozuelo, Paco Beneyto, Mane Laregla), y la
presencia de otros parientes (Laura y Diego -también hijos de Gloria, quienes
participan en los coros, escriben algún que otro título y Laura vuelve a
darle al cello como ya había hecho en 1980 en «Amigo mío del alma»-, Carmen
Armiñán -sobrina de quien heredó el nombre, y que, con su voz, cubre en un
par de títulos los ambientes que su tía, ya gravemente enferma, no pudo
llenar-, más las nietecillas de Gloria y sobrinas de Carmen -nuevo coro
infantil, reviviendo aquel otro de treinta años antes en «La cigarra y la
hormiga»-). La producción (de las más redondas de toda la carrera
discográfica de Carmen y Gloria) y arreglos de Alvaro (autor, además, de
una de las mejores melodías del cd) y el talento demostrado por sus
hermanos en este disco significan también otro triunfo de las Vainicas
(triunfo superador de la muerte): el triunfo (Darwin y Lamarck unidos del
bracete) tanto de la buena sangre heredada como de la buena educación
recibida.
Hagamos un balance del repertorio: «La flor
de la canalla» (ejercicio de turismo -mejor de vía crucis- por el lumpen,
que nos recuerda algo a aquellas «Crónicas madrileñas» del 81 recogidas en
el lp «El tigre del Guadarrama» -aunque con una visión esta vez más
lúcidamente realista, sin la jocundidad demagógica del otro título-); «La
chinita de Shangai» y «Don Marcial» (cara y cruz, iluminación y esperpento
de una realidad ambidextra en la cual, tristemente, lo más hermoso y lo más
horrendo no han hallado todavía la suficiente compensación); «El rey de la
selva» (retorno, más melancólico y amargo, a aquella fábula de «El oso
poderoso» interpretada un cuarto de siglo antes); «Chiribitas de limón»,
«Dices que soy», «Quiero tu nombre olvidar» y «Caballero medieval» (nuevas
pinceladas amorosas continuando la clave de registro intimista -a veces más
agria, a veces más dulce- incorporada a partir del «Cartas de amor» y que,
desde entonces, salpicarían sus discos así como sus labores para Luz
Casal); «Nana en re» (espléndida condensación -usando como numen las
traviesas figurillas de las nietas de Gloria- de toda la atenta empatía
puesta desde sus inicios por las Vainicas -en el caso de Gloria, como madre
no estupidizada, y en el de Carmen, como niña nunca crecida del todo- en el
proceloso y fascinante mundo de los locos bajitos); «El ruido» (diatriba
contra la contaminación sónica en un mundo virtual, ostentóreo y chillón
donde cada vez hay más ruido y menos nueces); «El pintor» (arropada por una
sensible música de Alvaro de Cárdenas, la letra de Carmen nos narra las
angustias -entre armiñanescas y de tebeo de Bruguera de los 50- de un
pintor novato y pobretón esperando anhelante la llegada de su primera y
subyugadora cliente); «El museo» (letra y música de Laura de Cárdenas en la
que ésta se rebela contra la inflación de raids a la carrera por los museos
y reivindica el deseo de visitar un buen mesón con tinto y con jamón -uno
no puede por menos, ante esta explosión iconoclasta y casticista, de
recordar aquellas peculiares rutas turísticas del film «Los tramposos» en
las que, saliendo a escape del Prado, se acababa indefectiblemente en Casa
Mingo-); «La vegetariana» (en mi calidad de carnívoro militante, debo
reconocer que este cariñoso palo a determinados sarampiones de austeridad
dietética no puede por menos que resultarme simpático); «El chalé» (una
historia interminable -ayer, hoy, mañana- esta de la ominosa extensión del
ciberespíritu urbanita sobre las verdes praderas al grito de
«urbanizaciones», «zonas residenciales», «chalecitos junto al mar»);
«Página en blanco» (la telebasura puede resultar una excelente fuente de
inspiración en horas de baja creatividad, sólo sea por la vía de la
execración y el exabrupto -el espíritu de regeneración estética que llevó a
las Vainicas a nacer como reacción al festival de Benidorm, en esta canción
se recrea con minuciosa exactitud, demostrando que su desapego por lo mediocre
no ha mermado un ápice en más de tres décadas-); «El paisaje» (título que
cierra el disco, con música de Diego de Cárdenas, donde el lado más
plástico de Carmen y Gloria nos exprime, con concisión de haiku y serenidad
casi zen, todo el sentido último de aquello que maullaba Machín: «pintor
que pintas con amor» -broche perfecto para cerrar ese tarro de confitura de
mil sabores estrechamente entrelazados a través del lienzo y del taller de
cerámica, de la moviola de montaje y de la mesa de mezclas-).
|
para información sobre discografía y letras:
|