a) Presentación.
En 1928 el cine se encontraba en una encrucijada, el cine sonoro había surgido hace poco y brillaba por su novedad, pero artísticamente el cine mudo aún se mostraba muy superior.
King Vidor, como todos los cineastas de prestigio, aún no se había decidido a probar el sonoro, aunque no tardaría en hacerlo. Hacía pocos años había realizado “El gran desfile”, film que había tenido un gran éxito comercial y critico, lo que le facilitaba las cosas para llevar a termino proyectos a priori arriesgados.
En este caso narra la historia de un hombre corriente que quiere triunfar y destacar sobre los demás, la esencia del espíritu americano, pero que se ve atrapado por su mediocridad, logrando cierta felicidad cuando la acepta, lo que le permite disfrutar del amor de los suyos.
b) Tratamiento visual.
El tratamiento visual de la película es sencillamente impresionante, Vidor tiene un dominio del espacio impresionante, acompañado con extraordinarios movimientos de cámara, algunos muy espectaculares; como el que nos acerca al protagonista, John, la primera vez que lo vemos en el trabajo, la cámara se pasea fuera de un inmenso rascacielos, hasta entrar por una de las ventanas, dentro de ellas vemos un plano general muy amplio en picado en el que se ve el inmenso tamaño de las oficinas y como un gran numero de impersonales trabajadores desarrollan su labor en perfecto orden, con unas forma diagonales de gran y terrorífica belleza, la cámara se acerca a los trabajadores con calma, como si le diera igual donde pararse, hasta encontrarse, como de casualidad, con el protagonista, al que reconocemos solo porque la cámara se ha quedado parada delante de él, nada nos hubiera llamado la atención. De esta manera en unos segundos, y de una forma espectacular, nos presenta al personaje adulto y de paso nos resume en una imagen toda la película, como si fuera tan sencillo. La expresividad del cine elevada a su máximo exponente. Esta presentación ha sido homenajeada, o directamente copiada, en numerosas películas, como por ejemplo el inicio de “El apartamento” de Billy Wilder, en este caso una buena copia que no alcanza el poderío visual de la original.
Otras muchas escenas demuestran una utilización del espacio magnificas, bellas, espectaculares y mismamente espeluznantes, como cuando John descubre la muerte de su padre, la cámara se queda encima de la escalera donde se supone que esta el padre, creando una imagen diagonal hasta el fondo de las escaleras, abajo hay una multitud, de ella surge John (multitud/individuo, ya hablaremos de las repeticiones y del enorme potencial psicológico de estas imágenes), que sube las escaleras lentamente, asustado, pero sobretodo las sube SOLO, la sensación de soledad en el plano es enorme mientras vemos cada vez a John más grande (hasta primerísimo primer plano) y al fondo a una multitud inmóvil y lejana, comparado con el plano anteriormente comentado este no es muy espectacular, pues no tiene movimiento y es de larga duración, pero este contraste de escalas: primer plano-protagonista/plano general-multitud, con ese tempo tan alargado por los lentos movimientos del niño, dramáticamente es muy, muy, muy expresivo… y como decía Samuel Fuller: MOTION IS EMOTION (el cine es emoción), y algo de razón tiene.
Hay más escenas de gran expresividad en la utilización del espacio, haciendo siempre referencia a la dicotomía individuo/multitud o a la soledad (magnifica utilización de espacios vacíos, las paredes que son poco más que sombras,…), como por ejemplo en el plano final, donde los personajes se zambullen en la multitud; o durante el nacimiento de su primer hijo, donde un nervioso y algo perdido John busca a Mary, su mujer, todo un portento de cómo mezclar una excelente utilización del espacio con los movimientos de cámara (larguisimo travelling).
c) Montaje y ritmo.
El film tiene un montaje lineal, aparentemente muy influenciado por el montaje invisible norteamericano post-Griffith, pero resulta muy fresco y dinámico, a ello contribuye un continuo uso de las elipsis (saltos en el tiempo), muy creativas y juguetonas (en muchas ocasiones, tras la elipsis vemos una situación que en cierto modo contradice la secuencia anterior), que ignora lo superfluo y lo innecesario, lo que permite contar en poco más de hora y media la complejidad de un personaje que resulta creíble, sin necesitar monólogos, ni metrajes interminables.
Otra de las características del film es el excelente sentido del ritmo que tiene, el tiempo se tensa en los malos momentos, dejando espacio para la emoción, y en los buenos momentos el ritmo se acelera, como durante la primera cita con Mary, donde la cámara se mueve y acompaña a los personajes, contagiando al espectador su alegría, alegría que ayudará a dos cosas: a) potenciar la empatía con los personajes (algo muy importante teniendo un protagonista con tantos defectos como John), b) aumentar la tristeza de los malos momentos, por su tremendo contraste.
En este sentido es importante remarcar que siempre, durante todo el metraje, ocurren cosas, es un goteo constante de pequeñas acciones que obliga al espectador, de forma muy sutil, a mantener una absoluta y total atención a las acciones que se van desarrollando. ¿El resultado? La película se acaba sin que te des cuenta, el estupendo uso de las elipsis facilita que en la pantalla veamos estrictamente lo esencial para entender la historia y a los personajes, eliminada toda la paja de relleno, nos queda una magnifica lección de narración.
d) Dirección actores.
King Vidor contrató a actores, si bien profesionales, no muy conocidos, ya que utilizar estrellas hubiera podido restar credibilidad a una película que narraba la vida de gente corriente, lo que supone el primer triunfo del film. Las actuaciones, si bien mantienen algunos de los tics típicos del mudo, son muy contenidas y tremendamente creíbles.
El personaje de John consigue transmitir un interesante conjunto de sensaciones contradictorias, por un lado es engreído y cabezota, hay una pequeña sensación de antipatía hacía él, que se ve compensado por su increíble humanidad, que provoca irremediablemente empatía. No es un simple arquetipo, caso del 90% de los personajes cinematográficos, ya sean mudos o sonoros, él es algo más… un ser humano filmado.
Mary esta más cercana al arquetipo, es la mujer luchadora, la que aguanta lo inaguantable, la que carga con el peso de todos los problemas: guapa, trabajadora y dulce… la mujer perfecta. La utilización de un arquetipo, que le da una simpleza psicológica que no tiene el personaje de John, que se compensa de sobras con las emociones que provoca, sobretodo al final, cuando pretende dejar definitivamente a John, que si bien es un poco gilipollas no es un mal tipo, por lo que el espectador desea que se quedé con él, pero por otro lado comprende que tiene razones sobradas para querer irse, y que ese comportamiento responde a unas causas razonables, no a un arrebato egoísta. Sí bien la psicología del personaje es sencilla, los dilemas y emociones que provoca en el espectador no lo son tanto.
Esta bipolaridad es aún más patente en el personaje del hijo, trazado muy superficialmente, aunque su sola presencia es capaz de transmitir emociones y desarrollar conceptos muy complejos con gran sutilidad… por ejemplo su nacimiento une a la pareja tras las primeras discusiones, pero poco después, tras una estupenda elipsis, son los incansables hijos los que provocan las discusiones de la pareja. Y yendo más lejos, al principio del film el padre de John deposita unas esperanzas en él que siendo un adulto lo convertirán en un ser frustrado; solo recuperará la autoestima al final del film, cuando su hijo le muestra su profunda e incondicional admiración por él, no por lo que ha logrado en su vida, sino por lo que es,… su padre. El padre y el hijo de John realizan funciones bipolares de carácter compensatorio, una especie de ying-yang que impregna toda la película, más allá de las interpretaciones de los actores.
Esta bipolaridad, ying-yang, efecto bumerang, o como lo queráis llamar se repite durante toda la película de numerosas maneras, por ejemplo cuando recién casados llegan al cochambroso piso donde vivirán, todos los problemas de la casa: el ruido de los trenes que pasan al lado del piso, la cisterna que se rompe, el poco espacio, etc… son motivo de broma y poco más que una excusa para besuquearse; cuando empiecen los problemas conyugales, esas mismas situaciones provocarán la ira y el menosprecio de John, que pagará con Mary. Más claro aún se ve en el cambio producido en John, al principio del film arrogantemente se reirá de aquellos de la “multitud” que él considera inferiores (personificado en un payaso malabarista que hace publicidad por las calles), al final solo recuperará la autoestima aceptando formar parte de esa misma multitud que despreciaba (luchando y consiguiendo el trabajo como payaso malabarista publicitario). Una y otra vez se suceden repeticiones que cambian de significado, vaivenes que muestran la complejidad psicológica y dramática de la situación sin necesidad de largos monólogos, ni explicaciones “para tontos”.
La “madurez” psicológica ya había empezado a hacerse patente en las películas de Erich Von Stroheim, que escarbaban en el lado más oscuro del ser humano, pero la crueldad, sadismo y antipatía que transmiten sus personajes los acerca a las caricaturas y le impide proyectar los matices que hacen de John Sims un personaje tan cercano al americano medio de principios de siglo, que casi puedes sentir su respiración.
A modo de anecdotario comentaros que el personaje de Mary lo interpreta Eleanor Boardman, mujer de King Vidor. John lo interpreta James Murray, prometedor actor que no acabó de triunfar y cuya vida fue tan dura y dramática como la del propio John Sims.
e) Conclusiones.
“The Crowd” podría traducirse como “La Multitud”, palabra que he repetido numerosas veces en este texto sin intentar buscar sinónimos, pues si bien el titulo en castellano “Y el mundo marcha” (con unos puntos suspensivos que algunos colocan al principio, otros al final y otros después de la “Y” del titulo) es coherente con lo que explica la película, el titulo original es mucho más especifico con lo que trata el tema, la multitud es omnipresente… la muerte del sueño americano en las grandes e inhumanizadas ciudades.
“The Crowd” es, junto a “La pasión de Juana de Arco” de Dreyer, el reflejo de que el cine mudo había alcanzado unas cotas de madurez impropias de un arte tan joven y sitúa a Vidor a una altura comparable a las de Griffith, Von Stroheim o Murnau, si bien nunca ha tenido el reconocimiento de estos.
King Vidor es un director respetado por los cinéfilos, pero siempre postergado a una segunda fila, como si se tratará de un simple pero correcto artesano. Es cierto de “Y el mundo marcha (The Crowd)", no inventa nada nuevo, pero la excelente y creativa combinación de unos elementos narrativos que quizás hayan utilizados antes otros, es tan fresca y original que nos encontramos ante un gran autor, uno de los mejores. Y la historia lo confirma… poco después de realizar esta cumbre del cine mudo, dirigirá “Aleluya”, primera obra maestra del cine sonoro, la película que convencerá a todos los cineastas que el cine sonoro aporta nuevas posibilidades que pueden enriquecer el lenguaje cinematográfico. Pero no contento con ello se adelanta una década al neorrealismo con “El pan nuestro de cada día”, realiza una de las películas con un uso del color más interesantes “Duelo al sol”, entre otras muchas hazañas. La más sorprendente de ellas: si “Y el mundo marcha” es una epopeya a la falsedad del sueño americano y a sus sueños de gloria individualista, años más tarde realizará “El manantial”, protagonizada por Gary Cooper, y la más apasionada defensa de la historia del cine a favor del insobornable individualismo a ultranza, una película ultraliberal, ambigua y sugerente, la otra cara de la moneda de la MULTITUD. Otra cima más de un grandísimo cineasta.
Pero King Vidor no se limitó a ser un gran cineasta, también resultó ser un gran escritor, su autobiografía “Un Árbol Es Un Árbol” es uno de los mejores libros de cine que se hayan escrito jamás.
“Y el mundo marcha (The Crowd)” fue un fracaso comercial, funciono mal en taquilla, pero se convirtió en un referente para críticos y, sobretodo, para cineastas (por ejemplo Billy Wilder la puso en una lista con sus 10 películas favoritas)… pero al publico no le gustó, quizás demasiado realista, aquello no era una película, era un reflejo de un momento, de un lugar, de unas personas… en ella encontramos intertitulos tan brutales como: “Cuando ríes, la multitud siempre ríe contigo; cuando lloras, solo llora un día” Tan cierto, tan doloroso…
“Y la vida marcha (The Crowd)” es una obra maestra a reivindicar, King Vidor simplemente es el Rey.
Larga vida al Rey. |