EL PRESIDENTE Y LA NACIÓN
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 6 Diciembre 2004
La
Constitución y los socios independentistas de ZP
Editorial Libertad Digital 6 Diciembre 2004
Parte del PSOE quiere
negociar con ETA
Carlos DÁVILA La Razón 6 Diciembre 2004
Zapatero ha de parar a Carod
Iñaki ZARAGÜETA La Razón 6 Diciembre 2004
Vigencia de la Constitución
Editorial La Razón 6 Diciembre 2004
HISTORIA DE UN ÉXITO
Editorial ABC 6 Diciembre 2004
Voluntarismo
Nota del Editor 6 Diciembre 2004
ETA ofrece paz con bombas leves
Lorenzo Contreras Estrella Digital 6 Diciembre 2004
Será que les asiste el derecho
Joaquín Juan DALAC La Razón 6 Diciembre 2004
La táctica del aullador
Pío Moa Libertad Digital 6 Diciembre 2004
La ciudad confiada
Joaquín MARCO La Razón 6 Diciembre 2004
Poli bueno, poli malo
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 6 Diciembre 2004
Problema de Estado
PABLO MOSQUERA La Voz 6 Diciembre 2004
SEVILLA, COLOR DE PATRIA
Jaime CAMPMANY ABC 6 Diciembre 2004
ESQUERRA REPUBLICANA Y LOS
EJÉRCITOS
Valentí PUIG ABC 6 Diciembre 2004
Emboscada
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 6 Diciembre 2004
BATASUNA ES ETA
GERMÁN YANKE ABC 6 Diciembre 2004
Oposición sin zalemas
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 6 Diciembre 2004
Los presos y Batasuna
EL SUBMARINO La Razón 6 Diciembre 2004
Superando la ficción
Cartas al Director ABC 6 Diciembre 2004
Eta hace estallar siete bombas propagandísticas, sin provocar víctimas, en
el Día de la Constitución
Efe/Ep-Madrid La Razón 6 Diciembre 2004
La UPV coloca a una ex etarra como futuro enlace con los presos de la
banda
Marcos S. González La Razón 6 Diciembre 2004
Totorika cree que «el mundo violento de ETA debe seguir ilegalizado»
EFE/BILBAO El Correo 6 Diciembre 2004
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EL PRESIDENTE Y LA NACIÓN
por JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS ABC 6 Diciembre 2004
EL Presidente del Gobierno, en una de esas afirmaciones aparentemente
inocuas e insolventes con las que acostumbra a pronunciarse, ha sostenido
en el Senado que el concepto nacional de España es una cuestión
«discutida» y «discutible». Semejante fragilidad de convicción en la
realidad jurídico-política que sostiene y vertebra la Constitución
española de 1978, cuyo vigésimo sexto aniversario celebramos hoy -algunos
sí lo hacemos- alerta del carácter improvisado de la denominada «agenda
territorial» de este Ejecutivo y explica la agresividad de los
nacionalismos catalán y vasco para tratar de imponer sus tesis en la
anunciada reforma de los Estatutos autonómicos.
Los socialistas están incurriendo en comportamientos, actitudes y
pronunciamientos radicalmente contradictorios. El de José Luis Rodríguez
Zapatero sobre el carácter «discutido» y «discutible» de la nación
española es, desde luego, la más grave de todas porque inocula la duda
sobre la supuesta certeza de los socialistas en la consistencia social,
cultural y política en la que se asienta el Estado, es decir, el ser
nacional. La Nación precede al Estado y determina su naturaleza. El Estado
unitario, aunque autonómico como el nuestro, se basa en una realidad
preconstitucional de naturaleza histórica, cultural, económica y política
que la Carta Magna recoge pero no crea. La Nación, por eso, determina las
características del Estado, de ahí que «la indisoluble unidad de la Nación
española» en la que se «fundamenta» la Constitución establezca una
estructura jurídica -la estatal- también unitaria, aunque autonómica, no
compatible con la plurinacionalidad, ni con la coexistencia de
«comunidades nacionales». De tal manera que si alguna autonomía de las
diecisiete estatutarias en España propugnase en su nuevo Estatuto su
carácter nacional entraría en colisión con la Constitución de manera
técnicamente indefectible. Alternativamente, la Constitución debería ser
cambiada e iniciarse un proceso constituyente para debatir -discutir,
precisamente- si España es una «nación de naciones» o un conjunto de
«comunidades nacionales» o una yuxtaposición de naciones y regiones, esto
es, si es asimétrica y se reinventa con el ayuntamiento voluntario de las
soberanías nacionales de lo que ahora son partes de un todo.
Esta y no otra es la denominada «cuestión territorial» que resolvieron los
constituyentes de 1978. Sin embargo, la buena voluntad de los que idearon
la diferenciación entre «regiones» y «nacionalidades» para dar
satisfacción a precedentes históricos de la época republicana y rasgos
culturales propios como el lingüístico, es el asidero actual de algunos
para reivindicar que aquella solución -se dice ahora que «transaccional»
con el posfranquismo y «enorme disposición transitoria», según hallazgo
semántico y jurídico del presidente de la Generalidad de Cataluña- sea
sólo un pórtico para que la «discutible» Nación española se transforme en
una «indiscutible» amalgama de regiones y naciones, en las que aquellas,
todas juntas, y, éstas, por separado, pondrían en común sus respectivas
soberanías para alcanzar una suerte de Estado federal asimétrico o
confederal, sustituto del unitario y autonómico vigente.
El Gobierno y su partido niegan que ese sea el propósito de su «agenda
territorial». Pero lo sea o no, por esa vereda revisionista circula la
energía reformadora -más estrictamente, rupturista- que sopla con vientos
de fronda desde Cataluña y nadie puede ya dudar que es exactamente lo que
pretende el denominado «plan» del PNV. En esa agitación de profundo
desafecto constitucional, las palabras dubitativas del presidente del
Gobierno -el carácter discutido y discutible de la nación española- y las
baladronadas insolidarias que llaman a boicotear los intereses comunes sin
réplica proporcional desde el Gobierno, o la docilidad de éste en avenirse
a la humillación de unas regiones frente a otras -es el caso de la
denominada «unidad lingüística» del catalán ante la singularidad, técnica
o emocional o jurídica del valenciano, que tanto da a estos efectos-, o la
falta de implicación del Ejecutivo en la intentada ruptura de la presencia
deportiva unitaria en competiciones internacionales, son todos síntomas de
una preocupante abdicación de principios.
La nación es un concepto dinámico, que se redefine en sus contenidos
adjetivos, incluso en su énfasis militante. Pero es la piedra filosofal de
cualquier sistema constitucional. No hace falta ser patriota para defender
en el caso español la unidad nacional; basta con disponer del mínimo
conocimiento de los ingredientes que aglutinan a los españoles; adherirse
al sentido común y a la sensatez política. Y tener conciencia cierta de
que los hechos fundacionales de la Nación -desde el reinado de Isabel de
Castilla y Fernando de Aragón, pasando por el Quijote de Cervantes, hasta
llegar, si preciso fuera, a las asonadas secesionistas que ni la II
República consintió- no han pasado sin dejar muesca ni dejaran tampoco de
tener proyección en el futuro. La unidad nacional de España, además,
concatena la vigencia de otras realidades -la Corona, que está en su
origen- y su afectación desencadenaría una suerte de reacciones y
consecuencias de distinto orden que ningún Gobierno se puede permitir.
Poner negro sobre el blanco del papel prensa estas reflexiones no es, como
acaso vuelva a suponer el presidente del Gobierno, una expresión de
«fundamentalismo», sino un deber de lealtad para con las firmes
convicciones e intereses de la mayoría que son a los que el Ejecutivo de
España tiene que proveer.
Se ha aducido que la reforma constitucional -que si afecta a su núcleo
esencial implicaría un proceso constituyente- requeriría para prosperar el
mismo consenso que el obtenido por la Constitución de 1978. Pues bien: en
ningún caso lo tendría cualquier proyecto que alterase la formulación
actual de la unidad nacional de España porque, a diferencia de lo que
ocurrió en épocas pretéritas, el pronunciamiento unitario se complementa
con la declaración del derecho a la autonomía de las regiones y
nacionalidades, de tal manera que se suman, sin colmar ninguno pero sin
despreciar a nadie, los intereses de todos, promediándolos. En ese juego
de equilibrios es donde se sitúa el interés colectivo, el punto en el que
el proyecto moral que toda nación constituye se hace visible, el eslabón
que vincula y singulariza a un tiempo. Esa urdimbre de valores comunes, de
conveniencias recíprocas y de pragmatismos mutuos es la que sustenta una
Nación que, como la española, no ha dejado de serlo desde hace cinco
siglos durante los cuales nunca faltó quien persistiese en afirmar su
carácter «discutido» y «discutible» con las negativas consecuencias que la
historia nos enseña. Intentemos que no se repitan.
La Constitución y los socios independentistas de
ZP
Editorial Libertad Digital 6 Diciembre 2004
Lo vimos con la celebración del Día de la Fiesta Nacional y lo vamos a
volver a padecer con la celebración del Día de la Constitución: El
principal obstáculo para que los ciudadanos podamos conmemorar con
normalidad efemérides que deberían ser ocasión de satisfacción y unión de
todos los españoles, lo constituye precisamente la formación que ZP ha
escogido como socio de Gobierno. Los independentistas catalanes ya se han
movilizado para reventar la conmemoración de nuestra Carta Magna, y hasta
el presidente socialista de la Generalitat ha decidido, por su parte,
dedicar tan señalado día a la reforma del Estatuto catalán que de forma
frontal trata de derribar los pilares en los que se sustenta la Ley de
Leyes de nuestra Democracia.
Parecería que a los españoles sólo les estuviera permitido dar rienda
suelta a un sentimiento nacional en las conmemoraciones deportivas, tal y
como la que, por cierto, nos ha proporcionado, la magnifica victoria de la
selección española en la Copa Davis. Pero incluso hasta en el terreno
deportivo, los socios de ZP y de Maragall tratan de aguarnos la fiesta con
su pretensión de tener selecciones propias o con su anunciado boicot a la
celebración de los Juegos Olímpicos en Madrid.
Formaciones radicales y antisistema, con mayor o menor respaldo popular,
siempre han existido en Europa. Sin embargo, hasta la llegada de ZP al
Gobierno tres días después del 11-M, a ningún Ejecutivo europeo se le
había ocurrido llegar a pactos de gobierno con formaciones
ultranacionalistas que, como Esquerra Republicana, y al margen de su
trasnochado socialismo, abogan abiertamente por la ruptura y escisión del
marco jurídico y nacional vigentes.
En lugar de unirse al resto de las instituciones en la conmemoración del
Día de la Constitución, Maragall ha hecho una declaración institucional en
la que trata de colar su proyecto rupturista con nuestra Carta Magna —no
otra cosa es negar la soberanía nacional al pueblo español o proclamar a
Cataluña como nación—, edulcorándolo, eso sí, con formas y expresiones que
no debería engañar a nadie: Su reivindicación a los “pueblos de España” no
es otra cosa que una forma amable de tratar de fragmentar la soberanía
nacional. Otro tanto podríamos decir de su invocación a España como
“nación de naciones”.
Si con esta invocación se trata de igualar las partes al todo, no menos
afrenta a la lógica, no ya jurídica, sino elemental, comete el presidente
catalán cuando dice que, “con el presidente Zapatero, compartimos la
convicción de que ha sido justamente el éxito de la Constitución el que ha
abierto la posibilidad de la reforma”. Ya ven. Apelar al “éxito” de algo
como razón para cambiarlo es lo último que nos faltaba por oír de quien,
por otra parte, se niega a celebrar el “éxito” constitucional junto al
resto de los españoles.
La distinción entre regiones y nacionalidades a la que también ha hecho
referencia Maragall, ciertamente, fue una concesión nominal a los
nacionalistas, pero que, junto al sistema electoral, se concedió a cambio
de su fidelidad a un proyecto común que proclamaba a la “nación española”
como su “fundamento” y como “patria común e indivisible de todos los
españoles”. El descarado incumplimiento de los nacionalistas a ese pacto
debería traducirse, en todo caso, en un cuestionamiento de esas
concesiones, no en llevar a cabo otras nuevas que ya abiertamente
derribarían todo el edificio constitucional.
Algo que no le vamos a negar a Maragall es su capacidad para usar fórmulas
conciliadoras que en realidad abogan por un proyecto de división y de
ruptura de nuestra convivencia jurídica y política. A eso, sin embargo, se
le llama desfachatez y voluntad de engaño, por mucho que Maragall nos diga
que "Cataluña no hace trampas”, que “España puede confiar en Cataluña,
porque Cataluña juega y jugará limpio. España saldrá ganando”.
Debería bastar esta referencia personal a “Cataluña” por parte de sus
gobernantes para saber que son ellos —y no Cataluña— los que pretenden
“hacer trampas”. Desde luego, que los principales socios de gobierno de ZP
y Maragall se refieran a la bandera de España como la “bandera del
enemigo”, que estén dispuestos a boicotear la candidatura de Madrid a los
juegos Olímpicos, o que pidan a ETA que cuando atente contra España lo
haga “mirando el mapa”, no son razones, precisamente, para esperar
beneficio alguno ni para Cataluña ni para el resto de España.
Parte del PSOE quiere negociar con ETA
Carlos DÁVILA La Razón 6 Diciembre 2004
De pronto, todo el mundo ha respirado tranquilo porque lo del viernes en
Madrid fue sólo terrorismo «de baja intensidad».Un análisis más torpe no
se puede hacer. Comparar las explosiones de la capital con un fin de
semana agitado de «kale borroka» es, por lo menos, una irresponsabilidad.
Si ETA, sus cuates y sus servidores, tienen capacidad para colocar cinco
pucherazos, también la tiene para asesinar por la espalda o para volar
cualquier centro cívico. Es cierto que el ministro del Interior,
felizmente colocado en el puesto, no ha ofrecido ni un síntoma de
optimismo en las declaraciones realizadas ayer a este periódico.
Alonso ya sabe que una cosa es la fanfarria pseudoprogresista que le
acompañaba cuando ejercía de juez o de miembro del Consejo del Poder
Judicial, y otra muy diferente ser el jefe de la Seguridad del país. Ahí
está el cambio. Ahora, desde el viernes, comprenderá muy bien a sus
antecesores, singularmente a Ángel Acebes, al que machacó con singular
impericia y muchísimo rencor, cuando le sucedió en la cartera más
complicada del Gobierno. Alonso ya se ha encontrado con ETA otra vez en
Madrid, y la escasa relevancia de los atentados –¿o son otra cosa?– de
estos días no le pueden cegar la dura realidad: que ETA quiere seguir
sembrando el pánico y que lo puede hacer deportivamente en Madrid.
Estamos avisados. ETA lo puede hacer y, además, cuenta ya con todo el
nacionalismo dispuesto a cubrir a la banda, a «comprenderla», Y en algunos
casos evidentes a apoyarla. No es cosa menuda que el mismo día en que la
banda reapareció en la capital, sus encubridores y secuaces de Egunkaria
montaran un número inadmisible a las puertas de la Audiencia Nacional.
Allí, como se conoce muy bien, no estaban únicamente los palmeros de
siempre, la Goricelaya y su coro sanguinario; no, estaba Arzalluz y
también, de una u otra forma, nada menos que un ex presidente del Gobierno
Vasco, Carlos Garaicoechea. Arzalluz pasó la mano por el lomo de los
proetarras de Egunkaria y se dedicó a fustigar la heroica tarea de los
jueces y fiscales de la Audiencia. O sea, una vergüenza literalmente
inhumana. Sin embargo, a estas alturas aún hay quien defiende al PNV en su
política con ETA, y hay quien sostiene, por tanto, que su tesis de
negociación con el terrorismo es la única valida para el definitivo
derrocamiento de la banda.
Las gentes de Egunkaria que precedieron únicamente a los etarras en su
visita a Madrid no desean, según portavoces de toda solvencia, que ahora
mismo se sepan las conversaciones –¿conversaciones?, ¿negociaciones?, da
lo mismo– que reputados militantes, con responsabilidad ejecutiva, del
PSOE vasco están manteniendo con la Batasuna que, entre otras
organizaciones, engloba a ETA y a Egunkaria. ¿Se compadece esto con la
fortaleza que Alonso quiere mantener contra ETA? De ningún modo: es una
contradicción clamorosa e infiable. El PNV puede poner en un aprieto
extraordinario al PSOE de Zapatero, si éste, por boca de Rodríguez Ibarra
o algún otro arriesgado, le afean la costumbre de criticar a ETA y sus
métodos.
Arzalluz continúa manteniendo buenos contactos en los alrededores de la
banda y no tiene duda de que en este momento la insistencia de siempre de
su partido, más negociación y menos persecución, cuenta con adeptos
importantes en el PSOE. ETA y su pandilla de indeseables probablemente no
fuerzan su máquina por eso mismo: porque está a punto, a pesar de su
extremada debilidad, de lograr, en su peor momento, que, como sugiere sin
ambages Otegui, las «partes en conflicto» se sienten a hablar. Los
petardazos del viernes son una advertencia: o negociación o bombas. La
pregunta es si este penosísimo Gobierno, que tiene estupefacta a media
España, se avendrá directamente a lo primero. Los signos son –y no es
extraño en Rodríguez Zapatero– antitéticos: por una parte, Alonso, y su
inmersión realista, por otra, los amigos de Zapatero que pregonan, y obran
en consecuencia, la «solución pacífica del conflicto». Como Arzalluz, como
Batasuna.
Zapatero ha de parar a Carod
Iñaki ZARAGÜETA La Razón 6 Diciembre 2004
Algo va a tener que hacer y pronto José Luis Rodríguez Zapatero para
neutralizar la dinámica emprendida por Josep Lluis Carod-Rovira, protegido
y animado por Pasqual Maragall, si no quiere que la crispación política
actual se convierta en confrontación social y económica entre regiones, ya
que el independentista ha traspasado el límite de la reivindicación y la
afrenta y está inmerso en un peligroso ataque a los intereses de los
demás. Lo demuestra la campaña desde la Generalitat de Cataluña al
promocionar el consumo de vinos catalanes mediante el rechazo de los
riojanos: «Vinos de Rioja, no gracias. Consuma vinos catalanes».
Vergonzoso.
Carod-Rovira no es el único culpable de su envalentonamiento. Quien se
pliega a sus chantajes se convierte en tan nocente o más que él. Me
refiero al inquilino de La Moncloa, que ha demostrado su debilidad y su
despreocupación por las consecuencias de los apremios de ERC a cambio de
salvar una gobernabilidad que conduce al enfrentamiento.
Y no hablo de imaginaciones calenturientas de mi aguerrido temperamento. A
modo de ejemplo, interpreten el llamamiento de los hosteleros de Benidorm
para no consumir cavas catalanes en esta Navidad como respuesta a la
derogación del trasvase del Ebro. No sé los efectos que producirá la
convocatoria, pero me sumo a ella. Es necesaria ya una conmoción, a modo
de catarsis, para evitar males mayores. Lo de La Rioja es grave, pero lo
es más el perjuicio que la insolidaridad de ERC, y del PSC insisto,
ocasiona a la Comunidad Valenciana. El PSOE se plegó a estos grupos para
no trasvasar el agua excedente del Ebro. Zapatero tragó con ello y con la
rufianería de abolir en Europa la denominación de la lengua valenciana.
Rovira no se anduvo con chiquitas y le amenazó con no aprobarle los
Presupuestos Generales.
¿Merece el cargo quien traga semejante arana? La mezquindad emerge como
«impuesto revolucionario» disfrazado y, en mi opinión, delictivo si existe
sentido estricto de la justicia. A falta de una reflexión por parte de los
miserables, los representantes de los damnificados han de analizar el
escenario. Si no pueden con él, dénle razones de peso a quienes tienen esa
capacidad. Díganle cómo se les van a poner los asuntos en la Comunidad
Valenciana y en La Rioja a la Caixa, a los productores de cava, a Font
Vella, a Mango... Hasta Iberdrola, que parece dispuesta a financiar el
barco del Náutico de Barcelona para la Copa América de Vela obviando al de
Valencia, cuando es en esta Comunidad donde tiene la mayor base de su
negocio. Pues que le vayan dando y se largue a Cataluña, con central
nuclear de Cofrentes incluida. Salvando las diferencias, la situación me
recuerda a la invitación que, hace unos días, nos formulaba Alfonso Ussía
a no hospedarse en los hoteles que pagan a ETA, una idea que además
comparto.
Vigencia de la Constitución
Editorial La Razón 6 Diciembre 2004
Celebramos hoy el XXVI aniversario de la Constitución española. Y en esta
efeméride, cuando el nuevo gobierno socialista ha expresado su intención
de reformarla, conviene preguntarse por la vigencia de un texto que ha
amparado la mayor transformación de España en los últimos doscientos años.
La Carta Magna nació, tal y como se contiene en su preámbulo, con la
voluntad de ser garante de la convivencia democrática en un Estado de
derecho, en el que el imperio de la ley fuera la expresión de la voluntad
popular. También para proteger a todos los españoles y pueblos de España
en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones,
lenguas e instituciones; y, por fin, para promover el progreso de la
cultura y la economía, que asegurará a todos los ciudadanos una digna
calidad de vida.
Veintiséis años después, y pese a todos los problemas y dificultades que
han jalonado el recorrido, hay que concluir que el texto constitucional es
la expresión de un éxito. España, conformada a través del Estado
autonómico, se ha convertido en la octava potencia del mundo y en una de
las naciones que gozan de los mayores índices de libertad. Y ello se ha
conseguido pese a la lacra del terrorismo, que nos ha acompañado con sus
miserias a lo largo de todo el camino.
La vigencia de la Constitución es, pues, evidente. Sin embargo, no se
trata de un texto sagrado o revelado y, por lo tanto, intocable. Si la
evolución de la sociedad española o el proceso de integración en la Unión
Europea aconsejan su reforma en un futuro, es claro que se debe afrontar.
Ya se hizo con toda normalidad en 1992, a raíz del Tratado de Maastrich,
para conceder el derecho de voto en las elecciones municipales a los
residentes extranjeros.
No se trata, de ninguna manera, de cerrarse a la reforma, pero con las
cautelas que el sentido común y la percepción de la realidad nos dicten en
cada momento. Porque la Constitución es, fundamentalmente, un ejercicio de
solidaridad y lealtad. La solidaridad y lealtad para con la nación, en la
que se encarna, no lo olvidemos, toda la ciudadanía, algo que demostraron
sobradamente las fuerzas políticas que afrontaron en el ya lejano 1977 la
más hermosa tarea de nuestra democracia.
En estos últimos años, sin embargo, asistimos al desafío incesante,
pertinaz, de una parte de los nacionalismos catalán y vasco al concepto de
España, tal y como lo establece la Carta Magna. Una situación agravada,
sin duda, por la minoría parlamentaria del partido en el Gobierno,
obligado a pactos continuos con unas fuerzas políticas que no se recatan
en declarar unos objetivos de máximos, totalmente incompatibles con
nuestro ordenamiento constitucional.
En estas circunstancias, es absolutamente imprescindible que los dos
partidos mayoritarios, que reúnen los votos del 80 por ciento de los
españoles, actúen de consuno y con serenidad. Sean bienvenidas las
reformas si se consideran precisas, pero recordando que se trata del texto
concebido con el más generoso consenso del que tenemos memoria.
HISTORIA DE UN ÉXITO
Editorial ABC 6 Diciembre 2004
DESDE hace veintiséis años, los ciudadanos españoles están conviviendo
sobre bases legitimadas por su plena soberanía individual y colectiva, con
el terrorismo nacionalista, al que se ha sumado el integrista islámico,
como única amenaza real y directa. La Constitución es la responsable de
este éxito histórico, porque así debe ser calificado aquel gran acuerdo
entre españoles alcanzado en 1978, con el que se fue más allá incluso del
sobreseimiento definitivo de la Guerra Civil, para llegar a la
demostración de que, tras dos siglos de enfrentamiento, España es capaz de
encauzar su presente y su futuro entre la democracia y la libertad, y no
entre la convulsión y el fratricidio. Su valor se acrecienta con el tiempo
como guión insustituible del desarrollo político y social de España,
porque la Constitución, ahora que se la está poniendo a prueba, se ha
revelado como algo más que una ley fundacional del nuevo sistema
institucional. Es el reflejo más fiel de los valores y principios que los
españoles querían que estuvieran presentes en tiempos de crisis e
incertidumbres.
El acceso del PSOE al Gobierno ha dado inicio a un debate sin programa
claro ni objetivos definidos, en el que, sin embargo, se da por hecho que
hay que reformar la Constitución y sus principales derivaciones
institucionales, que son los Estatutos de Autonomía. Han pasado nueve
meses desde que Rodríguez Zapatero anunció lo que otros, tomando la
abstracción de sus palabras al vuelo, han calificado como «segunda
transición». Nadie sabe bien ni el por qué ni el para qué, pero la
Constitución está hoy inmersa en un proceso de relativización
injustificado y peligroso, que se mueve a impulsos de planteamientos
nacionalistas y confederalistas. En cualquier caso, muy lejos y a la
contra de aquella convicción general de que la Constitución de 1978 tenía
que ser la que habilitara a España definitivamente para el progreso y la
modernidad. Resulta penoso comprobar que el discurso de los revisionistas
se basa en retrotraer el diagnóstico de la España actual a los tiempos de
la discordia civil, como si, entre medias, la sociedad no hubiera
acreditado que su voluntad se identifica con los principios preliminares
del texto del 78. Así es como Maragall afirma que la Constitución es una
norma transitoria; que, según Carod-Rovira, España está inventada, o que
Ibarretxe nos hace el favor de proponernos una relación amable con el País
Vasco a través de su propuesta soberanista. Todos ellos representan
propuestas de fragmentación de un consenso que se basó en la implantación
de un equilibrio de integración de la sociedad española.
NI una sola de las fuerzas políticas que defienden la «segunda transición»
está pensando en el interés general de España, sino en prioridades
locales, visiones mutiladas de la realidad y percepciones asimétricas de
territorios y ciudadanos. Si algo ya está claro a estas alturas, y a pesar
de la pobreza argumental del Gobierno, es que los cambios propuestos no
son a mejor para el conjunto de los españoles. La Constitución no es
invariable, pero tampoco maleable a gusto de unas minorías egoístas. En
todo caso, un proceso de revisión ha de ser la manifestación espontánea de
una voluntad general de evolución. Y ésta no existe ahora. Los argumentos
falsarios sobre la necesidad de actualizar la Constitución no deben
sobreponerse al equilibrio actual de la situación en la que vive la
sociedad. Un equilibrio amenazado por los mismos que reclaman la «segunda
transición», quienes se encargan así de autocumplir su diagnóstico: la
Constitución debe cambiar para satisfacer a los nacionalismos, luego los
nacionalismos deben mostrarse siempre incómodos para perpetuar la
inestabilidad.
ALGO podría haberse aclarado desde el primer momento si el Gobierno
hubiera expuesto en qué consiste su empeño en que los nacionalistas se
sientan «cómodos» en España. Nada se ha avanzado en el descifrado de esta
fórmula, salvo la acumulación de confusiones sobre conceptos y vocablos,
que, como la Nación, han sido calificados como «discutidos y discutibles»,
lo que ha puesto un rumbo muy inconveniente a la actitud del Ejecutivo
frente a las reformas estatutarias. Y nada impediría, abierto el turno de
revisiones, que se hiciera balance del principio de solidaridad entre los
territorios y del ejercicio de determinadas competencias por determinadas
comunidades autónomas, porque la reforma de la Constitución no está
condenada por el destino a atender sólo exigencias nacionalistas.
El desarrollo constitucional ha llegado a sus máximos, especialmente en el
Estado autonómico, alcanzando un nivel superior, en algunos espacios
competenciales, a un modelo federal. Por eso es comprensible que desde los
nacionalismos y sus aliados socialistas sólo salgan propuestas que
desbordan la Constitución, porque una vez alcanzada la plenitud
autonómica, sólo queda superarla. No se trata de reformar los Estatutos,
sino de variar el modelo de Estado y, por tanto, el sistema político
constitucional. Si no fuera así, habría que preguntarse por qué hoy, más
que antes, está extendida la «tensión territorial», el sentimiento de
agravio, la subasta de hechos diferenciales, la discordia entre lenguas.
Será porque el Gobierno socialista ha puesto la Constitución a la
intemperie, sin depósito de reserva frente a nacionalismos que, bien
nutridos durante veintiséis años de generosidad competencial, ya han
descartado conjugar sus reclamaciones con un deber de lealtad que el
Ejecutivo no le exige como condición previa. Lo que ahora se propone como
«segunda transición» no es un desarrollo interno de la Constitución, sino
una sutil demolición de sus fundamentos, para lo que sus promotores no
deben contar con inesperados caballos de Troya en las instituciones del
Estado.
Voluntarismo
Nota del Editor 6 Diciembre 2004
Y aquí seguimos llorando la constitución española, certificando su
incumplimiento.
Si además vemos y sabemos que fue un aborto (con perdón) transaccional
entre unos cuantos trileros de varios colores, que su interpretación por el
"Tribunal Constitucional" es otro permanente aborto transaccional, pues
nada, estamos
peor que en la Edad Media, al menos entonces la presión fiscal no era tan
fuerte como ahora, no había tantos políticos viviendo del cuento.
ETA ofrece paz con bombas leves
Lorenzo Contreras Estrella Digital 6 Diciembre 2004
Tras los atentados perpetrados por ETA en cinco gasolineras de Madrid,
aprovechando las complicaciones que surgirían en la “operación salida” del
“puente” de la Constitución, las condenas del hecho eran más que
presumibles y, por supuesto, del tenor acostumbrado. Las voces oficiales
que se han escuchado desde los partidos se han orientado a poner en solfa
la voluntad de paz expresada días antes por la banda terrorista a través
de su brazo político ilegalizado Batasuna. Solamente el Gobierno de
Ibarretxe matizó un poco su escepticismo cuando en una nota inmediata
comentó que los batasunos “deberán reaccionar políticamente ante la
sociedad si no quieren que los pronunciamientos políticos que hicieron en
Anoeta queden en papel mojado”. O sea, que para el Gobierno de Vitoria,
emanado del PNV, con la colaboración de EA y EB, la oferta puede
recomponerse ante la sociedad (vasca, se supone), que no ante el Gobierno
central de manera explícita (no mencionado en la nota), si se “reacciona
políticamente”. ¿Cómo? En esa nota lo que se transpiraba era el deseo de
que Batasuna, por fin, condene un atentado etarra. Pero no lo hizo. Lejos
de ello, su portavoz máximo, Arnaldo Otegi, manifestó que lo acontecido
expresa la continuidad de un conflicto político frente al cual los
abertzales se lavan las manos porque se han considerado desoídos por el
poder central, que ellos llaman “el Estado” o “el Gobierno del Estado”.
Ahora bien, los abertzales tienen también su fórmula de arreglo. Y la han
expresado así en el diario Gara: “Necesidad de poner en marcha cuanto
antes un proceso serio y comprometido que lleve a la definitiva resolución
del conflicto”, porque, según dicen, “no basta con quedarse mirando a la
izquierda abertzale y exigiéndole condenas”, pues tal actitud —insisten—
significaría “no querer entender la potencialidad de la propuesta
realizada por Batasuna en Anoeta”. ¿Qué se requeriría en consecuencia?
“Esfuerzos de todas partes”. O sea, negociación con ETA para empezar, con
pago de precio político. Se comprende que al PNV y a los nacionalistas no
violentos les alarme ese pretendido protagonismo etarra en la conducción o
determinación del proceso pacificador.
Queda a la vista lo que la actual dirección de la banda responde con
hechos —cinco bombas cerca de gasolineras— no sólo a la acción policial y
judicial del Gobierno, sino también a la llamada de rendición condicional
lanzada desde la cárcel por sus presos de élite, con “Pakito” a la cabeza.
ETA, que no sólo ha aprovechado una “operación salida” del tráfico desde
Madrid, sino también el escrito de calificación del fiscal de la Audiencia
Nacional contra de los procesados en el sumario 18/98, relacionado con las
actividades del extinto diario Egin, para quienes la Fiscalía solicita un
total de 1.102 años de cárcel, ha cuidado mucho la literatura expresada
por su órgano periodístico afín, concretamente Gara, desde donde se ha
intentado hacer ver, por si no se entendía del todo el lenguaje de los
hechos, que las cinco bombas de las gasolineras son un aviso de lo que
puede ocurrir en el futuro y un testimonio de lo “generosa” que la banda
ha sido al situar los artefactos explosivos “en diferentes puntos alejados
de los depósitos de combustible” y además “de pequeño tamaño” o “de
pequeña importancia”, de tal modo que “no se registraron más que dos
heridos leves”. En el editorial del periódico abertzale se indica que “la
organización armada optó deliberadamente por no acasionar ni grandes daños
materiales ni ningún tipo de desgracia personal”, sino que “más bien cabe
pensar que trató de dejar constancia de su capacidad de acción y de su
voluntad de no causar desgracias mayores”.
Será que les asiste el derecho
Joaquín Juan DALAC La Razón 6 Diciembre 2004
Los aspavientos que han producido las declaraciones del independentista
catalán por lo que él considera un abuso del centralismo nacional al haber
conseguido que le tumbaran las aspiraciones de una selección catalana de
hockey no tienen otra explicación que la ignorancia (imposible por otro
lado) de lo que pasa en este país desde hace ya muchos años («volem bisbes
catalans»), que lo ha ido calando, conformando y relajando. Una vez medio
retiradas las posiciones y las manifestaciones más gruesas pronunciadas
por los separatistas, dejan una huella sobre la que se asienta la
siguiente carga ideológica que, a su vez, soportará otra nueva. Y así se
va ascendiendo en la escalada del independentismo. El pueblo, ese que no
se equivoca nunca, va siendo vacunado con adecuadas dosis.
Hasta tal punto se ha llegado en ese juego y tal grado de desorientación
han causado las absurdas manifestaciones que los argumentos en su contra
(ética, política, historia, correspondencia) caen en los mismos errores de
voluntarismo. ¿Cómo se les puede decir a los catalanes que existen razones
políticas para no segregarse? Si realmente ese discurso existe, debe ser
llevado a los lugares donde se debata reglamentariamente.
Lo que sucede es que tenemos una partitocracia de chalaneo («do ut des»;
te ayudo en los presupuestos, si me sumas una lengua; te concederé
transferencias, si me apoyas en la reforma de la judicatura) y como
estamos en medio de una nube de trileros salimos siempre trasquilados.
¿Cómo dicen algunos que la política partidista no conduce a nada? Que se
lo pregunten al tripartito, que tiene la llave maestra.
Por lo que se ve, no interesa (no lo hace ya ningún comentarista) reclamar
el cumplimiento constitucional, con el correspondiente artículo: el 167,
si se entiende que la separación es un asunto de reforma constitucional o
el 152, si se enfoca como una modificación del estatuto de autonomía.
Únicamente a esos matices podrían extenderse las divergencias. Claro, si
se fuese a una aplicación legal, se había acabado el compadreo. Hasta la
misma judicatura abandona la constitución y se va a razones prácticas (tan
subjetivas), defendiendo que no sea obligatorio el catalán para los que,
desde otras regiones, llegan a los tribunales (se ve que son unos
privilegiados), pues se limitaría el acceso de muchos candidatos. Sabe
sobradamente que el artículo 3.1 ampara el derecho de todos los españoles
a usar el castellano
Por eso el interés en el forcejeo sin arbitraje no es sólo de los que
quieren la independencia, sino también de los que gobiernan, que,
negándosela, disponen de cromos que intercambiarán en ese u otros asuntos.
No les conviene hablar levantando acta. No quieren luz ni taquígrafos
Se ha perdido el norte de las argumentaciones. ¿Cómo, si no, censurar que
acudieron al evento separatista en la remota China con gastos a cargo del
erario público? Eso no es descalificador, pues se está reconociendo que,
de haber tenido el acierto de pagarlo de su bolsillo (disponen, además, de
miles de espónsores), el acto sería válido. O cuando se congratulan de que
la votación fue completamente adversa, con lo que se admite que, de ser
favorable, habría que acatarla. Al aguardar pacientemente (con un
infantilismo agudo), el resultado de la votación de las federaciones
internacionales de patinaje, les hemos concedido la facultad de definir si
nuestra nación es una (grande ya vemos que no), o muchas, así que habremos
de estar año tras año esperando tan importante veredicto para conocer qué
somos. Nuestra Constitución no sirve.
Al haber abandonado la ley, se han quedado no sólo sin los
correspondientes argumentos de advertencia o de preaviso, sino también sin
las medidas que permiten (no; que obligan a) corregir el desmán. Van de
ridículo en ridículo, inundando la opinión pública con declaraciones, que
encubran la incompetencia y que pongan tiempo por medio para que se olvide
todo.
¿Es que en un estado de derecho no existían medidas contra los que pactan
con terroristas? ¿Es que una nación soberana no tenía medios para castigar
a la cámara autonómica que desobedeció al Gobierno? Es que no se pudo
procesar a los que prohibieron el himno real en un acto con presencia
regia? ¿No es condenable la ocultación que se hace de la bandera,
incumpliendo el artículo 4.2? Los que han de perseguir el delito dicen que
no hay pruebas. Asunto concluido. Claro, si se aplicara la ley (proceso;
condena; y pena), habría que sonrojarse por las acusaciones de
comportamientos totalitarios y creación de mártires. ¿Cómo vamos a tachar
de insolidario el boicot a la candidatura madrileña, al fin y al cabo de
unos juegos, si el propio Gobierno incumple el artículo 2 y hace
insolidarios a aragoneses y catalanes con los valencianos y murcianos
negándoles el agua?
Todo es mucho más sencillo. Como no tenemos leyes ni guardianes, somos un
país en que los estafadores y bravucones de clase campan a sus anchas.
Joaquín Juan Dalac es ingeniero de Caminos, Canales y Puertos
Cebrián y la comparecencia de Aznar
La táctica del aullador
Pío Moa Libertad Digital 6 Diciembre 2004
En su comparecencia ante las Cortes, Aznar ha logrado que sus acusadores
salieran acusados, y sus inquisidores cuestionados, y ello sin perder en
ningún momento las formas ni la serenidad, durante once horas de
interrogatorio que un delincuente etarra detenido habría denunciado
probablemente como tortura. No creo preciso argumentar la buena actuación
del ex presidente, porque todo el mundo ha podido verlo por sí mismo.
Lógica, por tanto, la preocupación de quienes le vienen asaeteando sin
piedad con la calumnia, el insulto y la burla personal. Alguno de éstos le
ha acusado de haberse portado como un "matón", cuando era el acusador
quien empleaba un estilo matonesco. En la misma línea ha escrito Juan Luis
Cebrián. Afirma el antiguo director de El País que Aznar ha protagonizado
una "bronca descomunal", y que él y el PP están sumidos en la histeria y
la chulería, al estilo "del español que embiste cuando piensa". Una
histeria, una bronca y unas embestidas por nadie observadas, como no sea
por él y otros "informadores" de su jaez, pero que él aspira a hacer creer
a otros –y es verdad que lo logra con algunos– desde su privilegiada
tribuna.
Por el contrario, la histeria, la bronca y las embestidas no son difíciles
de distinguir en el mismo Cebrián, testimonio de un odio visceral hacia un
ex presidente que, para su propio mal, benefició a PRISA con privilegios
inadmisibles, por ceder a las ambiciones personales de Rato y de
Gallardón, ansiosos de ganarse el favor o al menos la neutralidad del
imperio de Polanco.
En su estilo faltón, Cebrián afirma: "El amigo Ánsar (que debería
solicitar al presidente Bush no le llame más así, pues tal vocablo
significa ganso en español) olvidó, por lo demás, en su lunar alocución
ante el Congreso, que la comisión del 11-M no se creó para que él pidiera
explicaciones a nadie, sino para que las diera. Es –o debería haber sido–
una comisión de investigación sobre el Gobierno que tenía España antes y
después de los atentados: sobre las carencias de la prevención policial,
las mentiras oficiales, y la manipulación del dolor ajeno por parte del
poder".
Buena parrafada, si no fuera porque las explicaciones de Aznar revelaron,
con abundancia de datos y no simplemente con adjetivos como hacían y hacen
sus oponentes, que quienes habían boicoteado la prevención contra el
terrorismo islámico, quienes se habían reído de ese peligro o lo habían
justificado presentándolo como una respuesta a la "agresión" de las
democracias, habían sido precisamente aquellos a quienes representa
Cebrián: el PSOE y los nacionalistas, hoy ya separatistas sin apenas
disimulos. Que quien había mentido y manipulado a la opinión, y vulnerado
las normas electorales, había sido de modo muy especial el imperio de
Polanco, donde tanto destaca Cebrián. Y que quienes habían explotado
cínicamente el dolor ajeno habían sido los que culpaban al gobierno en
lugar de culpar a los terroristas, comportándose como auténticos comparsas
morales –por lo menos– de los autores de la matanza. A estos hechos sólo
pueden oponer los Cebrián y compañía una insistencia a gritos en sus
viejas patrañas y acusaciones, esperando que esa algarabía acalle, gracias
a su enorme poder mediático, las voces más sensatas y argumentadas.
Algunos optimistas creen que esa táctica no puede triunfar. Se ve que
conocen poco la historia.
Asegura Cebrián: "Con fieso mi perplejidad y mi desencanto cuando veo por
los suelos las esperanzas de renovación democrática de la derecha, que
cabalgaba inestablemente a lomos de la ambigüedad galaica de un Rajoy y la
astucia mediterránea de un Zaplana. Las imágenes de ambos han quedado
hechas añicos tras sus últimos verbalismos, considerablemente más
calumniosos, violentos y cínicos que las torpísimas declaraciones de un
par de ministros del Gobierno. Mientras, la soberanía del Partido Popular
ha sido reconquistada al mejor estilo de don Pelayo por un autosuficiente
con cara de petit-maître que, quizás iluminado por el cuarto centenario de
la edición del Quijote, sigue pensando que todos los molinos son iguales a
todos los gigantes. En su comparecencia ante la comisión de investigación
sobre los luctuosos sucesos del 11-M, el improvisado quijotillo
protagonizó una memorable representación con visos cervantinos, ante la
arrobada mirada de su escudero de Ávila y la aceptación -no sé si
resignada- de sirvientes y allegados, incapaces todavía de explicarle la
conveniencia de poner punto final a su relato. Pero una de las muchas
cosas que diferencia a este improbable caballero andante de la figura de
don Alonso Quijano es que el último, al fin y al cabo, recuperó la cordura
y pudo redimir su destino. En el caso que nos ocupa, los síntomas indican
que la disnea política que padece empeora por momentos y no existe ya
esperanza alguna de sanación".
Quede constancia de la aversión del articulista a la figura de Don Pelayo,
bien significativa, y de su vacuidad argumentativa bajo una verborrea con
pretensiones literarias. Pero lo fundamental es que el hijo del falangista
que, gracias al apoyo paterno, tan fácilmente trepó en el aparato
informativo del franquismo, niega a Aznar el derecho a defenderse, le
niega el derecho a recordar acciones y conductas de sus oponentes y a
establecer la verdad en lo posible. Aznar tenía que haberse dejado
alancear mansamente por los separatistas, los comunistas y los semejantes
al propio trepador. De otra manera, amenaza éste, el PP no será un partido
democrático, y él, antiguo dirigente en el aparato de propaganda
franquista, le negará el diploma. ¿No es esto alucinante? Y esto lo dice
el representante político de un aparato mediático que trató de disimular
la marea negra de la corrupción socialista, el GAL, los intentos de
enterrar a Montesquieu para implantar en España un régimen similar al del
PRI mejicano, que acusó de formar un "sindicato del crimen" a quienes
salvaban la democracia denunciando aquellas tropelías, que defendió la
negociación con los asesinos etarras, despreciando a las víctimas y
socavando el estado de derecho…
Lo que quedará para la historia, guste o no a todos los Cebrián y sus
imperios mediáticos, es que con Aznar la corrupción bajó a niveles
muchísimo más tolerables que en la etapa socialista, que el terrorismo
etarra fue perseguido y acorralado conforme a la ley, sin claudicaciones
ni crimen de estado, que el Parlamento cumplió su misión muchísimo mejor
que antes, cuando el jefe del gobierno se permitía despreciarlo de palabra
y de hecho. Por no hablar de los éxitos económicos, manifiestos en el
descenso del paro, el saneamiento de las cuentas del estado, etc. Etc. No
todo ha sido brillante, pero estos hechos no se borrarán con simples
adjetivos ni rasgados de vestiduras ni repulsivas poses de indignación.
Y también quedará para la historia que, gracias en cierta medida a la
manipulación de personajes como Cebrián, el terrorismo islámico logró
cambiar, con un solo golpe, la política interna de España. Y que el
gobierno salido de ese golpe premió a los autores de la matanza dejando a
los iraquíes a merced de asesinos como los que actuaron en Madrid.
La táctica de los Cebrián recuerda una descripción del antropólogo
Levi.Strauss sobre los monos aulladores de Suramérica: cuando se sienten
amenazados son capaces de expeler cantidades prodigiosas de excrementos,
que amasan en sus manos y arrojan a sus adversarios.
La ciudad confiada
Joaquín MARCO La Razón 6 Diciembre 2004
El pasado viernes el terrorismo etarra quiso demostrar en Madrid que posee
los medios y la imaginación necesaria para causar daño, que sigue siendo
un peligro social; aunque ahora nos desgañitemos y llenemos las cárceles
de islamistas presuntamente organizados también para matar. Cualquier
ciudad está a merced de unos pocos, cuya única razón es la violencia
ejercida arbitrariamente. Pero son las ciudades, antes que los pequeños
pueblos, quienes manifiestan su debilidad. Cinco artefactos situados en
las vías de salida de los madrileños colapsaron la circulación incluso
interior. Es como aquel tiro en la nuca que antes se utilizó contra un
individuo.
Siempre existe una oportunidad, un descuido personal o de los
guardaespaldas, que lo hacen vulnerable. La nuca de las ciudades son sus
vías de escape. Una ciudad se encuentra, desde dentro, casi inerme. ETA
quiso demostrar (en verdad, que no era necesario, por sabido) su capacidad
logística y lo logró. El fin de la banda terrorista se producirá cuando
entreguen las armas y declaren el cese de hostilidades contra un enemigo,
cuyo mayor pecado es desear la paz. Hay que entender, sin embargo,
positivamente el anuncio previo y la escasa potencia de los artefactos
utilizados. Su terrorismo ha sido, en esta oportunidad, de salón; tal vez
para diferenciarse del sangriento islamista. Existen otras múltiples
razones que podrían justificar esta actitud.
La optimista, desde las fuerzas de seguridad, es considerar que su
capacidad operativa se encuentra muy mermada. Pero de haber deseado hacer
daño hubiera podido hacerlo sin duda. Otra razón verosímil podría ser la
intención de incitar a determinadas fuerzas políticas a unas
conversaciones que condujeran al alto el fuego en un determinado plazo o
al abandono de las armas. La acción habría sido una demostración de su
existencia y de su capacidad de hacer daño si les conviniera. El que las
fuerzas de seguridad esperaran una acción para tales fechas no haría sino
acentuar la efectividad de la banda. Tal vez este atentado fuera dirigido,
como brindis al sol, a los militantes, simpatizantes y encarcelados
miembros de ETA. Sería, en tal caso, simple fe de vida que podría dar
ánimos a quienes ven que ya no disponen de santuario seguro. Pero la
reaparicion de ETA, fuera cual fuese la intencionalidad de sus dirigentes
actuales, tiene también como objetivo mostrar la fragilidad de una gran
ciudad, ese organismo vivo que crece y se desarrolla en forma de barrios
periféricos, que absorbe las poblaciones de los alrededores, cuyas vías de
comunicación se colapsan cada día al entrar y salir del trabajo, los fines
de semana, en los inicios y finales, de las vacaciones, porque el
ciudadano necesita evadirse de cemento y asfalto y airearse en el campo,
los bosques, la nieve o el mar. Este fácil flanco, entre muchos, fue
aprovechado por el terror.
Poli bueno, poli malo
FLORENCIO DOMÍNGUEZ El Correo 6 Diciembre 2004
Bastó un juego equívoco de palabras en Anoeta para que nos lanzáramos
todos a una carrera de análisis, interpretaciones y especulaciones. Ha
bastado la vuelta al juego inequívoco de la presión terrorista para
constatar que el paisaje de la izquierda abertzale es el que era y no el
que los voluntarismos de oficio querían ver.
El optimismo, sin embargo, no se deja vencer con tanta facilidad, ni
siquiera enfrentado a la crudeza de los hechos, y salta de una trinchera
argumental a otra buscando explicaciones en las que quede a salvo la
esperanza. ETA está dinamitando el proyecto de Batasuna, se dice dando por
supuesto que hay un fondo de buena voluntad en Batasuna, una voluntad
diferente a la de la banda. Pero nadie ha demostrado esas diferencias
hasta el momento. No hay hechos que prueben la existencia del conflicto,
ni siquiera hay palabras. Sospechamos que hay intereses encontrados, pero
si éstos no se respaldan con actuaciones, no se traducen en conflicto
interno.
Ocurre más bien al contrario: lo que hay es un proceso de realimentación
mutua. ETA avala la propuesta de Batasuna con bombas y la existencia de
los artefactos demuestra la oportunidad y la necesidad de aceptar lo que
se dijo en Anoeta. No hay incoherencia alguna en el planteamiento.
Entre ETA y Batasuna existe el mismo antagonismo que entre el policía
bueno y el policía malo de los interrogatorios de las películas. Los dos
son amigos, trabajan para la misma empresa con el mismo objetivo y con una
táctica acordada y ensayada muchas veces. Cuando alcanzan el éxito, se van
a celebrarlo juntos al bar de la esquina y brindan a la salud del incauto
que se ha derrotado en brazos del amable policía que le acaba de enviar a
la cárcel.
En esta ocasión, el poli malo, ETA, y Batasuna, el poli bueno, por no ser
no han sido ni originales, no se han molestado en inventar nada nuevo. En
1995, la 'Alternativa Democrática' de ETA, que contenía la idea del frente
nacionalista para caminar hacia la independencia, requería,
fundamentalmente, el entendimiento con el PNV. Para persuadir a este
partido de que aceptara pactar con ellos, la izquierda abertzale se dedicó
a quemar batzokis y acosar ertzainas. La lógica totalitaria de la
violencia es bien sencilla y, sobre todo, conocida, pero a veces funciona.
Funciona sobre todo cuando aquellos cuyos comportamientos se quiere
cambiar por la fuerza se dejan enredar en los viejos debates de las
últimas tres décadas creyendo que son nuevos y sin haber aprendido nada de
los fracasos acumulados en este tiempo.
Problema de Estado
PABLO MOSQUERA La Voz 6 Diciembre 2004
CUALQUIER tiempo pasado fue mejor. Me refiero a la construcción
de acuerdos entre Gobierno y oposición en materia de problemas de Estado,
tanto para asuntos externos como internos del país. La situación actual en
España, tras las elecciones del 14-M, es de crispación generalizada y
conflicto permanente. No es bueno. No es conveniente para la confianza del
ciudadano en el sistema que administra el poder. No aporta fortaleza para
avanzar.
Quizá por mi trayectoria, lo que más me preocupa de la situación de las
cuestiones políticas que afectan al funcionamiento del Estado para
garantizar derechos fundamentales y sociales es el desacuerdo llevado al
enfrentamiento total en materia de terrorismo.
Los problemas de Estado requieren soluciones de Estado, entendiendo por
tal el espacio que se debe construir entre Gobierno y oposición para tener
un punto de encuentro que posibilite la fortaleza del sistema para
garantizar los derechos fundamentales frente al fenómeno del terrorismo.
Contra ETA nos pusimos de acuerdo y así hemos avanzado hacia el control
del problema. Pero, tras el 11-M la desconfianza en la utilización del
terrorismo se ha instalado en las relaciones entre partidos políticos,
incluso se traslada a la sociedad, a la que tantas veces hemos recurrido
para movilizaciones que dieran fe de la cultura popular frente a los que
justificaban la conducta violenta como instrumento al servicio de un
determinado credo político.
Contra el terrorismo islámico tenemos razones para sospechar que no
estamos preparados para prevenir sus ataques, y eso es responsabilidad de
todos, no sólo del Gobierno de turno. Se trata de un fenómeno nuevo, con
un terrorista cuyas convicciones lo llevan a matar y morir por la causa.
Son gentes que habitan entre nosotros, muchos son silentes y normales,
hasta que descubrimos sus creencias y disposiciones. ¡Quién nos lo iba a
decir, si sólo ETA era capaz de hacernos temer por nuestras vidas!
Es urgente volver a diferenciar problemas partidarios y problemas del
Estado. En los primeros es lícito que cada partido tenga su alternativa y
la presente en colisión con la de otros.
En materia de terrorismo resulta imprescindible estar todos en el mismo
bando, compartir, apoyar, facilitar el trabajo de los expertos, producir
los mismos mensajes a la sociedad que teme lo fácil que resulta matar
indiscriminadamente.
SEVILLA, COLOR DE PATRIA
Por Jaime CAMPMANY ABC 6 Diciembre 2004
GRAN día el de ayer para los nacionalistas radicales y más todavía para
los nacionalistas rabiosos. Y además de los dos grandes acontecimientos
nacionalistas del domingo, celebrábamos la Fiesta de la Constitución, toma
nísperos. En la fiesta de la Constitución española, los partidos
nacionalistas se visten de gala, izan la bandera bicolor, reparten
bandericas españolas entre los niños del barrio y cantan a coro aquello de
«banderita tú eres roja, banderita tú eres gualda».
Santo Dios, y cómo se lo habrán pasado por la parte de Cataluña el
Carod-Rovira, el Puigcercós, el Joan Tardá, el Fernando Benach y demás
esquerros republicanos, y por la parte del País Vasco, el Ibarreche, el
Atucha, el Anasagasti, el Imaz y sobre todo el Arzallus, ave María
Purísima y cómo se lo habrá pasado el Arzallus, estoy seguro que se habrá
divertido como un enano y habrá dado saltos y balotadas de alborozo como
las volteretas en el aire que daba Hugo Sánchez, el mejicanito, cada vez
que metía un gol en el Bernabéu.
La fiesta comenzó de mañana, recién levantado andaba yo, por la señal, un
ligero lavoteo como el que se hacen los gatos, pijama, bata, zapatillas,
sillón y televisor. La selección nacional de fútbol-sala, después de
vencer al Brasil en las semifinales del mundial, se enfrentaba a los
italianos en una final latina. Italia nos había dejado un año con la miel
en los labios, y aquello, además del interés intrínseco (qué bien escribo)
traía a la pasión el deseo de la venganza, tan mediterráneo, tan
siciliano. Los chicos españoles, cada cual de su nacionalidad, marcaron
dos goles, uno de cañonazo y el otro de garabatillo, y después aguantaron
tan ricamente, de modo que los itálicos sólo pudieron marcar uno, que es
ese gol que los deportistas llaman del honor. España, campeón mundial,
aplausos, vivas, abrazos, banderas españolas en las gradas, en la cancha y
hasta en las mejillas pintadas de las españolitas, cada cual de su
nacionalidad pero con la bandera en la cara, Dios las bendiga.
Terminó aquello y empezó el tenis. También España había comenzado con dos
partidos a cero en la final de la Copa Davis. Carlos Moyá empezaba muy
bien su partido con Andy Roddick, número 2 del mundo, al que ya había
vencido un muchacho de 18 años llamado Nadal. Un partido de apoteosis. Un
set, dos sets, tres sets, y ese mocetón impresionante que es Andy Roddick,
un tío más grande que la Giralda, que lanza la pelota en los saques a 230
kilómetros por hora, pero que pierde los tres sets seguidos, y la
ensaladera para España, la segunda de su historia.
Y encima, el partido se jugaba en Sevilla, el jugador número 12 en el
fútbol celtíbero, y ayer el número 5 en el tenis: Moyá, Nadal, Ferrero,
Robredo. Y Sevilla. Jo y qué nacionalidad, Sevilla y olé. Sevilla tiene un
color especial y ayer tenía color glorioso, color de alegría, color de
fiesta, color de España. Y además, los héroes de la eliminatoria eran dos
españoles de Mallorca, toma castaña, y los Príncipes de Asturias estaban
en el palco, y Carod y Arzallus gozando con un placer casi sexual y una
alegría casi patriótica. Amén.
ESQUERRA REPUBLICANA Y LOS EJÉRCITOS
Por Valentí PUIG ABC 6 Diciembre 2004
EN noviembre de 1915 habla en las Cortes el diputado Francesc Macià -luego
fundador de Esquerra Republicana- y defiende una enmienda según la cual
España no ha de construir otra cosa que torpederos y submarinos. La
enmienda no le es aceptada y Macià, llevado de una «excitación frenética»,
renuncia a su acta de diputado -cuenta Cambó en sus memorias- porque «no
quería ser diputado de un Parlamento que no se preocupaba de la defensa y
fortaleza militar de España». Anteriormente, Macià -el «Avi» para las
masas del republicanismo nacionalista catalán- había sido teniente-coronel
del Cuerpo de Ingenieros, protegido por el Rey Alfonso XIII, que le
facilitó el paso de las aguas del Canal de Aragón por sus tierras. Al
casarse, Macià se había convertido en uno de los grandes terratenientes de
Catalunya, con un feudo electoral a prueba de todo. Su pasión por la
guerra submarina y la defensa de España sería al final la peculiar senda
que le llevaría al independentismo y al proyecto de lucha armada contra la
dictadura de Primo de Rivera. Pintoresca justicia poética: quien sería su
sucesor, Lluís Companys, con la Segunda República llega a ministro de
Marina. Otra voz de Esquerra Republicana, el diputado Joan Tardà, ha
pedido la palabra recientemente proponiendo modificar la Constitución de
1978 para evitar la presencia del Ejército en Cataluña, en caso de que tal
Comunidad autónoma decidiera su independencia. El diputado Tardà toma esta
iniciativa al tiempo que se «preocupa» por «los militares españoles»,
concretamente por las víctimas de lo que se conoce como «síndrome de los
Balcanes». Tanto en el caso de Macià como del diputado Tardà, un bien
superior siempre ampara el deslice de otras minucias. Quizás por eso decía
Pla que el «Avi» era un ex militar antimilitarista.
CONSECUENTEMENTE, Macià tuvo la iniciativa poco aclamada de imitar la
estrategia del «Sinn Fein» que en Irlanda había llevado a la independencia
por la vía armada. Llega Primo de Rivera y Macià se va a conspirar al
exilio. Prepara un levantamiento revolucionario más bien decimonónico e
incluso viaja a Moscú a buscar dinero y apoyos. Su entrada garibaldina en
España por Prats de Motlló se desinfla grotescamente, pero el mito de
Macià ilustra los calendarios y los casinos del republicanismo. La
peripecia que lleva al joven estudiante de la Academia Militar del Cuerpo
de Ingenieros en Guadalajara a la presidencia de la Generalitat de
Cataluña es la leyenda del nuevo republicanismo injertado de
nacionalpopulismo y agitación anarcosindical.
SU sucesor en la presidencia de la Generalitat y al frente de Esquerra
Republicana es un Lluís Companys que en octubre de 1934 no duda en
enfrentarse al orden constitucional y declarar la independencia de
Cataluña. El ejército asedia el edificio de la Generalitat. Se ha
consumado una de las máximas irresponsabilidades de la historia moderna de
España. Los grupos paramilitares que garantizaban la revolución huyen por
las alcantarillas de Barcelona. Detenido, Companys -más tarde condenado
por un consejo de guerra y fusilado en Montjuic- ocupará en la modelo de
Madrid la celda de la galería de políticos que en 1931 fue para don Niceto
Alcalá Zamora. Pasan los años. Hombre fuerte de ERC, Tarradellas regresa
del exilio en 1977. A la mañana siguiente, visita al capitán general de
Cataluña, Coloma Gallegos, quien no había estado en la recepción. La
conversación tiene un principio más bien frío pero al final, el teniente
general y Tarradellas salen en el mismo coche, hacia el aeropuerto, adonde
llega Adolfo Suárez para el acta de posesión del presidente de la
Generalitat. Faltan cursos intensivos sobre el espíritu de la Transición. vpuig@abc.es
Emboscada
Luis GONZÁLEZ SEARA La Razón 6 Diciembre 2004
No se puede afirmar que el funcionamiento de la Comisión parlamentaria que
investiga el atentado terrorista del 11-M sea especialmente ejemplar. Es
cierto que ello no constituye una novedad. La gran mayoría de esas
comisiones no suele llegar a conclusiones nítidas y eficaces, lo cual
siembra la duda acerca de su utilidad. En el caso de la masacre cercana a
los fatídicos idus de marzo, el hecho fue tan espeluznante y produjo tal
giro en la política española que era de esperar un esfuerzo de los
comisionados para investigar a fondo lo ocurrido. Vana esperanza.
Desde el principio, por parte de los comisionados de la alianza
gubernamental, se orientó la investigación a culpabilizar al PP por su
falta de previsión y la gestión del 11-M, negando cualquier relación entre
el atentado y la victoria electoral del PSOE; y por parte del PP, los
comisionados trataron de probar que el Gobierno no mintió a la ciudadanía
en la información que fue facilitando después del atentado, a la vez que
insistían en la vinculación clara entre la masacre y la victoria
socialista. Los trabajos avanzaban cansinamente, con más consignas
partidistas que pruebas, negándose la comparecencia de personas que pueden
aportar informaciones útiles, y se llegó al verano pensando en dar
carpetazo al asunto.
Menos mal que la investigación de algunos medios informativos fue
desvelando una serie de agujeros negros y hechos espeluznantes, que
obligaron a que la Comisión continuara y llamara a declarar a personas con
información clave, incluyendo aquí al expresidente Aznar y al presidente
Zapatero.
La comparecencia maratoniana de Aznar ha sido muy relevante, que cada
cual enjuicia desde su particular negociado, pero resulta deplorable la
escasa ponderación en las críticas y el lenguaje insultante de algunos
individuos claramente paleozoicos y sectarios. Más preocupante aún es la
falta de lógica o los excesos sofísticos, de quienes quieren prescindir de
lo que ha dicho Aznar y de lo que pueda decir Zapatero cuando comparezca,
para echar el cierre de la Comisión, dado que no se han hallado más datos
de los ya conocidos.
La argumentación es fascinante y recuerda sofismas empleados por el
propio Sócrates, que se complacía a veces en tender emboscadas dialécticas
a sus interlocutores. Según cuenta Platón, Menón le dice a Sócrates que,
cuando se ignora una cosa, hay que procurar buscarla para salir de la
ignorancia en que se está. Sócrates niega esa búsqueda, «pues el hombre no
podría buscar lo que sabe, puesto que ya lo sabe y entonces no hay
necesidad alguna de búsqueda, ni tampoco puede buscar lo que no sabe,
puesto que, en tal caso, ni sabe lo que ha de buscar». El sofisma de
Sócrates cuenta con buenos discípulos en la Comisión del 11-M: puesto que
lo que sabemos, ya lo sabemos, y lo que no sabemos –quién está detrás de
una masacre tan bien programada– no lo podemos investigar dado que lo
ignoramos, lo que procede es cerrar los trabajos de la Comisión y
sacrificarle un gallo al maquiavelismo emboscado, que va a lograr cerrar
el paso a la investigación de lo que más importa.
BATASUNA ES ETA
GERMÁN YANKE ABC 6 Diciembre 2004
Parte del problema de la lucha contra ETA a lo largo de toda su lamentable
existencia ha sido no querer ver las cosas como realmente son.
La evidencia de que la banda terrorista no es solamente un grupo de
pistoleros, sino que estos están al servicio de una trama totalitaria que
pretende subvertir el orden constitucional y terminar con la libertad en
todos los campos de la vida cotidiana, ha tardado lustros en imponerse.
Hasta hace muy poco tiempo, incluso en la calificación judicial, no se ha
querido aceptar, como realmente ocurre, que toda esa trama, y no solamente
los pistoleros, tiene en su entraña intelectual y práctica la violencia
terrorista.
La sociedad española ha constatado con la ilegalización de Batasuna y sus
secuelas —que es la confirmación de aquella evidencia— la eficacia de una
batalla contra el terrorismo que acepta la realidad y se defiende, en
consecuencia, con los adecuados recursos del Estado de Derecho. Sin
embargo, da la impresión de que la realidad es demasiado costosa, de que
el compromiso ciudadano que implica lleva consigo exigencias que resulta
más cómodo evitar que aceptar. La tentación de ceder ante cualquier
malabarismo de la banda sigue presente y termina siendo patética la
fascinación con que se contempla la mano tramposa del prestidigitador
mientras con la otra lleva a cabo su truco.
Antes y después del sorprendente acto convocado por Batasuna en San
Sebastián (sorprendente sin duda al tratarse de una organización
ilegalizada por ser lo mismo que ETA), se ha venido elucubrando sobre la
posición que pudiera tomar ante la banda, el significado de su posible
distanciamiento, el cambio de estrategia, aunque fuera «paralelo» a la
violencia terrorista. Y tras las bombas colocadas en distintas gasolineras
de Madrid el pasado fin de semana y la ausencia de condena se observa,
cómo decirlo, una cierta desilusión que, en muchos casos no llega más allá
de constatar que Batasuna no tiene la valentía de alejarse de ETA, algo de
lo que todavía no se pierde la esperanza. No es sólo el PNV el que, a
estas alturas, sigue haciendo llamamientos para que, antes de las
autonómicas o después de la Navidad, se visualice que, por fin, son cosas
distintas.
Pero Batasuna es ETA y en San Sebastián no se constató nada distinto. Lo
único que Arnaldo Otegi dijo en Anoeta es que, para que ETA deje de matar,
hay que rendirse a ella en un doble sentido: aceptando su dictado
terrorista (representado por los pistoleros) en una mesa y su dictado
político, igualmente violento y representado por Batasuna, en otra.
Volvamos, pues, a la realidad. Constatemos lo que significa dialogar con
Batasuna, buscar fórmulas para convivir con ella, proponer su vuelta a la
«legalidad», esperar que retorne la prestidigitación, mantenerla en el
Parlamento vasco como un grupo político más. Y pensemos en lo que
significa que, al reafirmar el Pacto por las Libertades y contra el
Terrorismo, la unidad de los demócratas contra el terror, el ministro del
Interior no pueda sino referirse, desde el Gobierno del PSOE, al apoyo del
Partido Popular. Sólo del Partido Popular.
Oposición sin zalemas
Antonio PÉREZ HENARES La Razón 6 Diciembre 2004
Rubalcaba proclama su contento. Todos los grupos se unen al suyo contra el
PP. Pero es que ahora resulta que el PSOE es quien está en el Gobierno y
el PP, en la oposición. Zaplana se está ganando a pulso el liderazgo de la
derecha parlamentaria. Ni zalemas ni galanterías, y el talante para los
que tienen carne de membrillo. El filo de su navaja, que le cuadra bien
con el perfil agitanado, reluce cada vez más en las tardes de cuchillos de
la Carrera de San Jerónimo. Dice el contrario que aísla el PP. ¿O le están
dejando y cogiendo el sitio de la oposición entera? Porque ni CiU, en
trance espectral, ni el PNV, petrificado, ni las comparsas labordetianas
del grupo mixto y no digamos IU, en peligro de extinción, tras su
conversión, por obra y desgracia de Llamazares, en un gozquecillo faldero
del Gobierno, aparecen como otra cosa que comparsas en una coral donde
sólo tienen texto los ZP y a ellos les queda hacer la ola y los ¡Ooooooh!
y ¡Aaaaaah! Únicamente ERC se saca, de vez en cuando, una ¡Iiiiiii! de
independencia y suelta un gallo. Pero la oposición no se ejerce haciéndole
los coros. Y eso aún se nota más cuando sacan de tenor a Moratinos, su campeón internacional de descorches televisivos, balbuceos y
atragantes, y De Arístegui, con todo el escenario para él, se puede lucir
con un «solo» de «bajo».
Los presos y Batasuna
EL SUBMARINO La Razón 6 Diciembre 2004
Dos socialistas guipuzcoanos charlan sobre la situación política en el
País Vasco:
–Los presos son el grupo que más influye en ETA y tal como están sería
bueno que los compañeros de Madrid piensen en mezclar a los «verdes» con
los «maduros», los que todavía creen que las pistolas les van a sacar de
la cárcel y los que dicen eso de «mamá sácame de aquí» que quiero vivir
como una persona los años que me quedan.
–¿Reagrupamiento? No fastidies. Otra cosa sería tener información de quién
es quién y escoger muy bien para que los que quieren salir empujen a los
que dudan...Te reconozco que los presos mueven a más de 20.000 y que si
deciden pasar el mensaje a ETA de «basta, ya» podría ser definitivo.
–Y eso tiene que ver con lo de Aralar y Batasuna, o una parte de Batasuna,
que miran con envidia el tripartito de Cataluña. Pero mientras ETA mate,
no se puede legalizar a Batasuna, que se nos echarían todos encima. Que no
se le ocurra a Zapatero.
–¿El tripartito, aquí, y dejar solos de una vez a Ibarreche y al PNV? Eso
es un sueño que no veremos ni tú ni yo.
–Lo político tiene sus ritmos, llegará, y lo de ETA –si entrega las armas–
se podría hablar de cinco, seis años para los presos, y a la calle. Veo
que te falta información fresca, no se habla de otra cosa en San
Sebastián.
Superando la ficción
Cartas al Director ABC 6 Diciembre 2004
«Se investigaba la muerte de 192 personas en el mayor atentado terrorista
del país. El agente Campillo tenía una conversación grabada con el
confidente Lavandero, que sus superiores trataron de ocultar. Tres semanas
después, la mujer del confidente aparece muerta...». Por increíble que
parezca, no es el argumento de una película, aunque reconozco que a
cualquier director de cine le habría gustado disponer de un guión así. El
desgraciado hecho de que la mujer de un confidente haya aparecido muerta
en una playa tan sólo tres semanas después de que esta prueba saliera a la
luz y de que un teniente coronel de la Guardia Civil fuera destituido por
la ocultación de la misma es, según la versión oficial, tan sólo una
casualidad. Es posible. Pero es ya la enésima casualidad en la
investigación del mayor atentado terrorista de la historia de España: las
furgonetas de ETA y del chino que partieron el mismo día y en la misma
dirección, el mismo atentado que ETA intentó en Navidad, confidentes de
las Fuerzas de Seguridad del Estado implicados en la masacre, altos mandos
policiales que ocultan pruebas y, ahora, una mujer que decide suicidarse.
A algunos les parecerán pocas coincidencias, pero a mí me parecen más que
suficientes para sospechar, demasiadas para que aún no se hayan tomado en
serio y hayan sido investigadas.
El Gobierno ha actuado correctamente destituyendo al teniente coronel
Bolinaga, pero eso no basta. Algunos, los mismos que en la noche del 13 al
14 de marzo querían saber, insisten en descalificar y desacreditar a todo
el que hace notar estas coincidencias, porque lo que realmente quieren es
pasar página y olvidar lo ocurrido. Pues bien, otros nunca olvidaremos que
192 personas fueron asesinadas para cambiar el rumbo político de una
nación, y queremos saber todo lo que pasó antes, durante y después del 11
de marzo. César Sainz Garrido-Falla. Madrid.
Eta hace estallar siete bombas propagandísticas,
sin provocar víctimas, en el Día de la Constitución
Efe/Ep-Madrid La Razón 6 Diciembre 2004
La banda terrorista ETA hizo estallar en el Día de la Constitución siete
bombas de escasa potencia en puntos céntricos de otras tantas ciudades
españolas después de avisar de su colocación, y aunque las explosiones
apenas provocaron daños materiales, sí causaron heridas de carácter leve a
trece personas.
Los atentados, ocurridos casi de forma simultánea, hacia las 13,30 horas,
se produjeron al día siguiente del hallazgo de una pequeña bomba en
Almería y a tres jornadas del estallido de cinco explosivos en varias
gasolineras de Madrid, también tras un aviso previo de ETA, colapsando las
salidas de la capital.
Dos comunicantes anónimos llamaron por teléfono a la redacción del diario
vasco Gara en dos ocasiones (a las 12,40 horas y a las 12,55 horas) para
alertar, en nombre de ETA, de que las bombas iban a hacer explosión al
mismo tiempo, a las 13,30 horas. Inmediatamente, el Ministerio del
Interior, que tenía a las Fuerzas de Seguridad del Estado en alerta,
acordonó las zonas referidas y desplazó a efectivos policiales para buscar
las bombas.
Con apenas unos minutos de diferencia, y en torno a la hora anunciada, los
artefactos fueron estallando en el Paseo de España de Málaga; en un
macetero de la Plaza de España de Alicante; ante la cafetería Las Lleras
de la Calle Burgo Nuevo de León; en los servicios de la cafetería La
Banque, de la Plaza Mayor de Valladolid, y en una papelera cercana a la
cafetería Hortaleza de la Avenida de los Reyes Católicos de Avila. En
Santillana del Mar, los etarras habían asegurado que la bomba iba a hacer
explosión en un aparcamiento junto al zoológico de la localidad, pero en
realidad el atentado se produjo en otro lugar que no había sido
acordonado: El Parque de la Robleda, situado en el centro de la villa y
lejos del estacionamiento. Una niña de siete años resultó herida leve en
una pierna al recibir el impacto de trozos de madera de la caseta donde
los terroristas habían escondido el explosivo. También sufrió lesiones
leves su abuela y otras ocho personas que fueron atendidas en un hospital
de Torrelavega. El séptimo artefacto estalló en la cafetería El Peral, de
la Plaza de España de Ciudad Real, en esta ocasión ocasionando heridas
leves a tres personas, dos de ellas policías que desalojaban el
establecimiento. A través de un comunicado, el Ministerio del Interior
explicó que mantenía reunido su Gabinete de coordinación para adoptar
todas las medidas necesarias en relación con estos atentados y reiteró la
máxima alerta para las Fuerzas de Seguridad. El ministro José Antonio
Alonso comparecerá en rueda de prensa a las 17:00 horas para informar de
lo ocurrido.
Los etarras repartieron las bombas, muy semejantes a las empleadas el
viernes en las gasolineras, en zonas céntricas de Avila, León, Málaga,
Alicante, Valladolid, Ciudad Real, donde tres personas sufrieron lesiones
menores y Santillana del Mar (Cantabria), donde resultaron heridas leves
diez personas, porque la deflagración se produjo en un lugar distinto del
anunciado por ETA.
El Ministerio del Interior ya preveía que pudiera producirse alguna acción
semejante después de los antecedentes del fin de semana y mantenía a las
Fuerzas de Seguridad en máxima alerta.
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que esta mañana
participaba en el Congreso en la recepción oficial con motivo del Día de
la Constitución, advirtió de que el único destino para ETA es «el fin de
la violencia y el abandono de las armas». Además, subrayó que la banda
«sabe que el Estado de Derecho, que la democracia, es, ha sido y será más
fuerte que cualquier intento de cambiar las reglas a través de la
violencia».
Por su parte, el presidente del PP, Mariano Rajoy, expresó en el mismo
lugar la necesidad de seguir dando la «batalla» contra ETA hasta su
desaparición, y para ello, abogó por mantener la estrategia del Pacto
Antiterrorista y permanecer unido al Gobierno en esta materia.
La UPV coloca a una ex etarra como futuro enlace
con los presos de la banda
La elegida, María Cruz Cadarso, cumplió 11 años de condena por formar
parte del «comando Vizcaya»
La ex miembro de ETA María Cruz Cadarso ha sido destinada al «campus
virtual» de la Universidad del País Vasco (UPV). Cadarso cumplió condena
por su pertenencia al «comando Vizcaya», con el que puso una bomba en la
vía férrea Bilbao-Santander. A ella podrán dirigirse sus «compañeros» de
la banda para multitud de gestiones. El «campus virtual» es en la
actualidad un pequeño departamento, pero fuentes de la Universidad señalan
que está en expansión y es un sitio «estratégico», ya que cuando se trata
de enseñanza no presencial, el 90 por ciento se realiza usando la red.
Marcos S. González La Razón 6 Diciembre 2004
Madrid- María Cruz Cadarso, una «veterana» de la banda terrorista ETA,
entró en la cárcel en el año 1990. Tenía 16 años de condena por delante
por su colaboración con el «comando Vizcaya», pero como todavía no había
entrado en vigor la revisión que se introdujo en el Código Penal para el
cumplimiento íntegro de penas por terrorismo, salió en el año 2001. A
partir de ahí, Cadarso ha pasado por numerosos departamentos como
administrativa. Estuvo en el rectorado, cuando Manuel Montero dirigía la
universidad, «en la sección de auditorías».
«Tenía acceso a todos los datos y más de una vez nos asustamos
bastante», aseguraron fuentes de la Universidad consultadas por este
periódico. Posteriormente, la etarra ha pasado por varias secciones hasta
recalar, a finales del curso pasado, en el «campus virtual», según las
citadas fuentes, «con la finalidad de reorientarla al contacto con los
presos», es decir, que «servirá de enlace para etarras que se matriculen
en la UPV», cuando el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero «logre lo
que pretende».
«No cabe duda de que se trata
de un sitio estratégico», continúan, ya que «los presos podrán enviar los
trabajos, consultar sus notas, exámenes... el 90 por ciento de la relación
alumno profesor a distancia se realiza por ordenador», aseguran, y afirman
que está claro que Cadarso hará «todo lo que sea para que se sientan
cómodos cuando regresen».
La etarra fue condenada por colocar artefactos
explosivos en la vía férrea Bilbao-Santander junto a su pareja
sentimental, Oscar Armentia, quien todavía cumple su condena por actos
terroristas que realizó junto a su compañera Cadarso. Entretanto, las
negociaciones para que los presos etarras se reintegren en la UPV
continúan.
Instituciones Penitenciarias ha enviado a la Conferencia de
Rectores de Universidades Españolas (CRUE) el borrador preliminar para el
acuerdo, sobre el que se trabaja actualmente. A pesar de que el hermetismo
sobre el estado de la negociación es absoluto desde el órgano de Gobierno
universitario, no parece muy probable que logren llegar a la fórmula
definitiva en un plazo que permita a los etarras matricularse a tiempo
para este curso. El hecho es que las matrículas para realizar el primer
curso ya están cerradas, la posibilidad de trasladar los expedientes que
no se encuentren en la UPV se acabó el 30 de septiembre y el 27 comenzaron
las clases.
Todo esto lleva a determinados docentes a preguntarse si los
etarras no «comenzarán el curso mediante el privilegio de poder hacerlo
fuera de plazo». Aún así, plataformas cívicas como el Foro Ermua y la
Fundación Papeles de Ermua han remitido una carta a cada uno de los
Rectores de la Conferencia de Rectores solicitando que informen
negativamente sobre la vuelta de los presos de ETA a la UPV. La plataforma
cívica considera que se trataría de un «paso atrás» en la lucha contra el
terrorismo y un «flaco servicio a la libertad en el País Vasco y en toda
España». Por otra parte, creen que esta medida sería «académicamente poco
justificable» porque ninguna universidad presencial está en condiciones de
ofrecer a reclusos lo que no puede ofrecer la Universidad Nacional de
Educación a Distancia (UNED), tal como viene argumentando la Plataforma de
Profesores por la Libertad de la UPV/EHU.
Totorika cree que «el mundo violento de ETA debe
seguir ilegalizado»
EFE/BILBAO El Correo 6 Diciembre 2004
El alcalde de Ermua, el socialista Carlos Totorika, afirmó ayer que sería
«un error brutal» la aceptación de listas electorales del entorno de ETA y
estimó que su «mundo violento debe seguir ilegalizado para lo que queda de
historia de la humanidad». «Que haya partidos que pretendan coger la
bandera de la independencia desde las claves democráticas es normal,
comprensible y legalizable, como ya lo está Aralar, pero pensar en bajar
la presión y aceptar como partido político a HB nos debilitaría
enormemente. No deberíamos ceder en lo más mínimo en ese campo», agregó.
Totorika, contendiente de Patxi López a la secretaría general del PSE en
2002, calificó de «error» que miembros de su partido aboguen por un
acercamiento al entorno de Batasuna, «porque lo pueden percibir como una
debilidad». «No creo que el fin de ETA se produzca cambiando nuestra
posición. La línea de trabajo que ha dado resultados hasta la fecha ha
sido la Ley de Partidos. No debemos pensar en absoluto que procede un
cambio porque no se ha modificado en absoluto la posición de los de
enfrente, la de HB y ETA», subrayó.
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