Emiliano Zapata Salazar, descendiente de una
familia de antiguos comuneros, nació el 8 de agosto de 1879 en
Anenecuilco, Morelos, pueblo tlahuiaca que desde la época
prehispánica se caracterizó por la defensa irreductible de sus
tierras y derechos comunales; Zapata heredó ese espíritu.
Durante la dictadura porfirista, los hacendados cañeros del
estado de Morelos se adueñaron de las tierras que pertenecían a
los pobladores de la región, cuyas reclamaciones legales no eran
atendidas por las autoridades correspondientes. Asimismo, los
habitantes de Anenecuilco afrontaban el despojo de terrenos por
parte de los propietarios de la hacienda del Hospital y, en 1909,
sus habitantes nombraron a Emiliano Zapata, famoso por su valor e
inteligencia, jefe de la Junta de Defensa de las Tierras de
Anenecuilco, para coordinar la lucha del pueblo contra la
hacienda.
Al estallar la Revolución de 1910, Emiliano Zapata se lanzó al
combate bajo las órdenes de Pablo Burgos, y en marzo de 1911 ya
era el jefe reconocido por todos los maderistas de Morelos.
Después del ascenso de Francisco I. Madero a la Presidencia,
Zapata se negó a desarmar a sus hombres hasta que el gobierno
devolviera a los pueblos las tierras usurpadas por las haciendas.
Madero y Zapata no llegaron a ningún acuerdo, lo que provocó
que los zapatistas fueran atacados por las tropas federales y se
dirigieran hacia las montañas. El 29 de noviembre de 1911 el
jefe sureño proclamó el Plan de Ayala, en el que desconocía al
gobierno de Madero y exigía la devolución de las tierras a los
pueblos y la dotación de los ejidos a las poblaciones que no los
tuvieran. Este plan se convirtió en la bandera del agrarismo
mexicano.
El Ejército Libertador del Sur, con Zapata a la cabeza,
combatió sucesivamente a los gobiernos de Madero y Victoriano
Huerta, y logró apoderarse, para mediados de 1914, de todo el
estado de Morelos, así como de zonas aledañas, pertenecientes a
los estados vecinos, coadyuvando así al derrocamiento del
gobierno ilegítimo de Huerta, sin aceptar la jefatura ofrecida
por Venustiano Carranza y sin coordinarse con los
constitucionalistas.
Una vez dominada la región, los zapatistas aplicaron en 1914 y
1915 las ideas expuestas en el Plan de Ayala; se restablecieron a
los pueblos y comunidades las tierras de las haciendas,
respetando la autonomía de los poblados y dirigiendo la
producción de las haciendas restantes.
Durante la Convención de Aguascalientes, reunida en octubre de
1914, luego de la caída de Huerta, los representantes zapatistas
se aliaron a los enviados de la División del Norte, comandada
por Francisco Villa, discrepando en las discusiones con los
carrancistas.
A las diferencias políticas e ideológicas siguió el
enfrentamiento armado y la etapa conocida como Lucha de
Facciones. Sin embargo, al no establecerse una alianza unificada
entre zapatistas y villistas, ambos fueron vencidos por las
fuerzas comandadas por Venustiano Carranza.
Las tropas de Zapata fueron derrotadas en las batalles de Apizaco
y Puebla y desalojadas de la Ciudad de México, por lo que se
dirigieron al estado de Morelos, donde, después de ser atacadas
por los carrancistas al mando del general Pablo González, se
refugiaron en las montañas.
Los zapatistas combatieron incansablemente a Carranza, en una
guerra sin cuartel en la que en ocasiones eran reducidos a
pequeñas partidas guerrilleras que operaban en la zona
montañosa, para recuperar posteriormente el control de todo el
estado de Morelos y amagar incluso la capital de la República.
Esta guerra incesante se prolongó por varios años, sin mostrar
indicios de solución. Los jefes militares carrancistas
comprendieron finalmente que era imposible vencer por la vía de
las armas la resistencia de los campesinos de Morelos, por lo que
el general Pablo González decidió eliminar a Zapata
tendiéndole una celada.
El plan de González consistía en que el coronel Jesús
Guajardo, uno de sus subordinados, fingiera enemistarse con él y
simulara querer unirse al zapatismo. Guajardo le escribió a
Zapata solicitándole una entrevista; antes de aceptarla, el
caudillo suriano le ordenó que tomase Jonacatepec, población
que se encontraba en manos de un grupo de antiguos zapatistas que
habían desertado para unirse al carrancismo, y que los fusilara.
Guajardo simuló cumplir con la encomienda, y con ello logró que
se le concediera la entrevista.
Tras una reunión previa, el 9 de abril, Zapata ofreció visitar
a Guajardo al día siguiente en su cartel, la hacienda de
Chinameca, con objeto de establecer las condiciones par que éste
se incorporara a sus fuerzas. El 10 de abril de 1919, Emiliano
Zapata, acompañado por una escolta de diez hombres, marchó
hacia la hacienda ocupada por Guajardo.
En ese lugar se había formado una guardia para rendirle honores
al jefe del Ejército Libertador del Sur y, cuando éste se
aproximó, el clarín tocó tres veces llamada de honor, al
apagarse la última nota, en forma sorpresiva, los soldados
dispararon sus fusiles a quemarropa sobre Zapata.
El cuerpo del caudillo agrarista fue exhibido en Cuautla, donde
tenía su cuartel general Pablo González, y Guajardo, como
premio a su traición, recibió una recompensa en metálico y fue
ascendido a general.