ANDANZAS
"El Klan"
Crónicas
de Caminantes (14)Retazos de algunos relatos
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Miércoles, 15 de octubre de 2008.
Excursión al pico “ABEDULAR” (1813 m.a.) situado en la cordillera Cantábrica, en los concejos de Caso y Ponga, al NE. del paso de la carretera de Puerto de Tarna. Excelente atalaya sobre los encrespados y bellos montes de la citada zona y de los retadores y abruptos Mampodres leoneses.







Clara mañana que -a medida que pasan las horas- se va transformando en un diáfano y luminoso día, perfecto para disfrutar a lo grande de la maravillosa caminata de montaña que ANDANZAS programó para esta jornada, en las inmediaciones del pico “ABEDULAR”.
Una vez en el puerto de Tarna (1490 m.a.) nos preparamos para iniciar el “paseo” a las 9,50 horas, con 9 grados de temperatura, cielo azul y plena visibilidad, excepto en la zona leonesa de La Uña, Acevedo, etc. … cubierta por espesa niebla baja y estática con su llamativa y característica visión. Empezamos con manga larga, pero a los pocos minutos ya estábamos todos con manga corta como en pleno verano. Abandonamos la carretera e remontamos la subida cómoda, siempre constante y a veces con interesantes desniveles, por terreno seco en piedra y tierra pero rebosando el agua en los tramos de abundante pasto o matorral bajo ejerciendo de esponja con el rocío de la noche. Hacemos frecuentes altos para poder disfrutar con tranquilidad del espectacular paisaje y también para descansar (a cierta edad esto último resulta muy importante). En esta ocasión no cruzamos grandes bosques de especies autóctonas; la casi totalidad del suelo es de pastos, monte bajo y algún que otro molesto escobar.
Si vistoso es el círculo montañoso que nos rodea no lo es menos la extensa gama de ocres que nos ofrece el exuberante matorral de monte bajo, donde destacan las abundantes plantas de arándanos con sus tallos y pequeñas hojas de color rojo-chillón que dan al extenso manto que cubre las laderas bajas de los montes un toque especial, llamativo y sorprendente. Visiones distintas, ambas maravillosas, cada una en su género. La subida no resulta larga pero, como todas, al final está lo más empinado. Prácticamente vamos por la línea o alambrada (en buen estado) que separa Asturias y León. Del “Abedular” podría decirse “que entrega mucho a cambio de poco esfuerzo”.
Una vez cumplido el objetivo marcado para esta jornada, nos quedaba disfrutar del trabajo realizado. Recuperados líquidos, tomando los frutos secos y manzanas de rigor e inmortalizado el momento para la posteridad, pasamos a contemplar con detenimiento todo (y era mucho) lo que teníamos alrededor. En la cima, entre otros muchos, se pueden ver con total nitidez el Remelende, la zona alta del Valle del Nalón, la sierra de Peña Mayor y en primer plano el pueblo de Tarna. Seguimos con el Tiatordos y el Maciédome que parecen formar un solo bloque y varias emblemáticas montañas asturianas. Otra maravillosa vista son los bosques y majadas de (Ponga) Ventaniella, Pileñes, Ten y los “Picos” al fondo, espectaculares al coincidir el cielo azul, sol y temperatura ideal. En resumen, que la climatología nos ha deparado uno de esos días que dejan huella.
Puesto el punto final en el Abedular, fuimos cresteando hasta el pico Montovio (1751 m.a.) desde donde los entendidos continuaron con la identificación de montañas, majadas, valles, etc. En general cómodo descenso salvo un par de tramos (para alguno más inclinados de la cuenta) pero que pusieron la aventurera en el regreso hacia el puerto de Tarna.
Llegamos a la carretera casi frente a la Fuente la Nalona, donde tiene su nacimiento el mayor río de Asturias, el Nalón. Nunca habíamos pasado andando por este lugar y nos desviamos para visitarlo. Bueno, nada llama especialmente la atención; el agua brota de continuo muy enterrada en el suelo y eso sí la temperatura es fría, fría. Seguimos nuestro camino hasta los coches aparcados, donde llegamos poco antes de las 14 horas. Una vez con ropa seca ni tan siquiera nos planteamos el lugar donde comer; estando en esta zona no podía ser otro que “Casa de Hugo y Ana” (La Casona) en Rioseco y hacia ese lugar nos encaminamos.
Una vez en Rioseco nos reciben Hugo y Ana con su encanto habitual. Tomamos las consabidas claras, pasamos al comedor y con la amabilidad de siempre nos atienden Hugo y Ana. Tomamos para compartir, ensalada mixta, fabes con arroz, pitu y cabritu, Rioja, postres y cafés, todo en la calidad que esta casa acostumbra.
Nos despedimos con la algarabía de costumbre para iniciar el tranquilo viaje de regreso llegando a casa sobre las 18 horas.
¡Hasta la próxima Amigos!
¡¡PUXA ANDANZAS!!
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Miércoles, 13 de agosto
2008 
Excursión al “PICO LA TRAPA” también conocido por “Muezca” (1135 m.a.) la cumbre más elevada del Cordal de la Trapa que se extiende 5 km. NO./SE. por el concejo de Caso, limitando al SO. con Sobrescobio. Está situado entre la sierra de Gamonal O. y la peña Buslar NE., elevándose entre el río Nalón S. en el sector del pueblo de Tanes y la cabecera del río llamado La Marea. La salida la hacemos desde el pintoresco pueblo de Prieres (707 m.a.). Todos los lugares descritos están dentro del Parque Natural de Redes.




Con favorable climatología, la mañana nos ofrece unas excelentes condiciones para disfrutar en la media montaña, recreándonos con espléndidos paisajes. En la confianza de contar con unas horas de sol y buena visibilidad, iniciamos el viaje hacia la zona programada por para el día de hoy. Vamos por el conocido corredor de Langreo y con rapidez llegamos al pequeño pero interesante pueblo de Prieres (707 m.a.) que junto con los pequeños núcleos de población Abantro, Arquera, Bustiello, Eros, Linares, Magdalena, Mingüin, Misiegues, Ricastañera, Solán, Tanes y Valdelasa, componen la parroquia de Santa María la Real de Tanes. En una amplia explanada a la entrada de Prieres y junto a una fuente (importante detalle para la vuelta) aparcamos el coche, disponiendo lo necesario para nuestro paseo matinal que damos comienzo a las 9 horas con cielo despejado y temperatura un poco baja, 11º, por lugar sombrío inicialmente debiendo abrigarnos para al poco tiempo cambiar a una prenda para cubrir la cabeza y preservarla del sol que nos acompañó durante toda la jornada dándose el valor añadido que se necesita para que la caminata reúna las condiciones óptimas de aprovechamiento. En la desviación de carretera que indica a “Prieres” cuelga también un artístico rótulo en madera que dice: “La Aldea Perdida”. Algunos dicen que se trata de la aldea a la que se alude en la famosa obra de igual nombre de nuestro insigne escritor Armando Palacio Valdés. Como en esta famosa novela se mencionan gran cantidad de aldeas de la zona, cualquiera de ellas podría ser la “perdida” pues por situación, número de habitantes y viviendas algunas estarían más perdidas que Prieres. Puede también atribuirse el artístico anuncio a publicidad e indicación del hotel rural “La Aldea Perdida”, en cuyo parking, dicho sea de paso, estaban aparcados un buen número de vehículos, algunos de gama alta.
Atravesamos el pequeño pueblo y quedamos gratamente sorprendidos de lo acicalado de sus calles y el cuidado exterior de sus edificios, todos de piedra en color homogéneo (crema) poco habitual en otros lugares; los destinados a viviendas, casi todos reformados respetando los trazos antiguos. Las cuadras o cobertizos mantienen inalterables sus ancestrales y sólidas paredes, animando a posibles compradores para transformarlas en cómodas mansiones unifamiliares, destinadas a personas atraídas por la naturaleza y la tranquilidad.



Salimos de Prieres -digamos por su calle principal- dejando a mano derecha el Hotel y a la izquierda la Ermita de Santa Ana y, solo con remontar unos pocos metros de altitud, comenzamos a deleitarnos con placenteros panoramas que no solo nos acompañarían durante toda la caminata sino que a medida que ganábamos altura el paisaje a disfrutar era más vistoso e incomparable. El camino a seguir es una amplia senda, siempre hacia arriba, pero con cómodos desniveles a salvar por un terreno seco que, poco a poco, nos va situando en el centro de un espectacular entorno, estando los terrenos adyacentes tapizados por una amplia gama de colores verdes pasando a ser, en los círculos más alejados, de aguzadas peñas sin vegetación donde predomina la piedra caliza que caracteriza la alta montaña.
A medida que avanzamos y ganamos altura nos vamos percatando de que el terreno está perfectamente comunicado entre los núcleos de población de los diferentes concejos a través de marcadas pistas, sendas y estrechos senderos, siendo frecuentes las cabañas de piedra, algunas de considerables dimensiones que llaman la atención tanto por el característico color crema como por su consistente construcción. Con este placentero y vistoso paseo llegamos a la Collada La Trapa (1026 m.a.) disfrutando de la caminata hasta coronar y rebasar con creces la cima del Pico La Trapa (1135 m.a.), que cuenta con vértice geodésico y amplias vistas a los cercanos concejos de Sobrescobio y Piloña.
La posición de “La Trapa” se puede considerar central en un idílico circo montañoso, resultando lo más llamativo los últimos cordones de montañas que muestran sus cimas de roca viva sin vegetación; desde donde nos encontramos, con visión circular, las vistas son excepcionales. A nuestro alrededor divisamos cimas conocidas, como el Picu La Mua, Peña Mayor, La Chamoca, Sierra del Aramo, Cordal de Rioseco, Peña Mea, Picu Cucho, Retriñón, Tiatordos, Canto del Oso, Ten, Pileñes etc. que forman un sin fin de agujas creando un conjunto de enorme belleza. Una vez saciados con la grandiosidad del entorno, repuesto líquidos e inmortalizado en fotos y película, iniciamos el retorno variando un poco el recorrido para conocer otras vistas y rincones. Pasadas las 13 horas llegamos al coche y nos preparamos para reponer fuerzas en el conocido bar de Arenas de Beloncio, esperándonos hasta dicho lugar, una travesía épica y vistosa por caminos angostos, escasamente conocidos, donde son habituales las curvas con ángulo inferior a los 90º, las ramas de los árboles se tocan en las zonas mas bajas, se transita en una semipenumbra y durante largos trechos el camino está cubierto de hierba en la parte central. Hubiese sido un problema tropezarnos con otro vehículo en sentido contrario … pero, todo salió perfecto y resultó una experiencia nueva y enriquecedora. Después de más de una veintena de kilómetros, gran parte por los intrincados bosques y caminos comentados, llegamos a Arenas de Beloncio.
En “Casa Balbín” de Arenas de Beloncio recibimos el agradable trato que nos sorprendió gratamente la vez anterior. Después de las claras de rigor, nos acomodamos a la mesa y degustamos para compartir lo que la señora nos preparó en poco tiempo: Tortilla a la sidra, escalopes al cabrales y picadillo -los dos últimos platos con patatas fritas-, Rioja, postres y cafés. Todo en la línea de calidad y atención ya conocida.
¡Caminantes hasta la próxima!
¡¡PUXA ANDANZAS!!
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Miércoles, 18 de junio de 2008.
Excursión a “PEÑA SALON (1244 m.a.) situada en el concejo de Ponga, al O. de Los
Beyos. Desde su cima se tiene, al fondo, la angostura que encajona el río Sella
y se divisan unas grandiosas panorámicas. Colgadas sobre los cantiles de la peña
se engarzan las aldeas de Casielles, Biamón (en
la actualidad abandonado), Caviella y Cándamo.
A tres días de la entrada oficial del verano, y prácticamente sin haber disfrutado de jornadas primaverales propiamente dichas, hoy podemos recrearnos con un cielo azul sin apenas nubes y plena visibilidad. Todo aporta buenas sensaciones en esta mañana fresquita, y agradable para desarrollar, si la climatología nos lo permite, nuestra proyectada actividad montañera.
Para llegar al lugar donde tenemos fijado el comienzo de la caminata tenemos que desplazarnos a Cangas de Onís y tomar la carretera al puerto del Pontón contemplando el intenso verdor que ofrecen los bosques circundantes y la bajada de las caudalosas aguas del río Sella que corren en paralelo a esta sinuosa y especial carretera de montaña. A la altura del Puente de los Grazos nos desviamos por la carretera AS-261 que nos lleva hasta San Juan de Beleño, y a la salida de este pueblo tomamos a la izquierda una estrecha, pendiente y larga pista hasta llegar a la “Collada de Les Bedules” (1070 m.a.), paraje desde donde podemos gozar de panorámicas de gran belleza. Este lugar encumbra la pista que enlaza San Juan de Beleño con Viego y Puente Vidosa (Beyos).
Pues nada menos que en esta maravilla de lugar (Les Bedules) dejamos aparcado el coche y nos disponemos ¡por fin, después de muchas semanas, a gozar de una jornada de ensueño, con pleno sol, total visibilidad, ideal temperatura y excelentes paisajes que nos reportó la caminata de hoy, que comenzamos a las 10,15 horas iniciando por una amplia pista con aceptable piso y moderado desnivel, que fue cambiando -a peor- en algunos momentos de nuestro “paseo”. Los primeros minutos son por terreno abierto, despejado y con total visibilidad del bello hábitat para, después de pasar por las cercanías de las zonas llamadas “Prau del Toru” y “Pierva”, comenzar a transitar por magníficos hayedos con pasos un tanto húmedos que aumentaron considerablemente desde “El Curezu” hasta salir a la despejada “Collada El Baseñu”. En este último trayecto fuimos perdiendo altura hasta llegar a poco más de 1000 metros, a través de sombríos parajes cerrados por boscaje donde no penetraba la luz solar; el suelo inclinado estaba barroso, deslizable y cubierto por una espesa capa de hojarasca del último otoño perfectamente conservada. Dentro de este especial y poco visto reducto el paisaje era realmente fantasmagórico, al que se sumaban, para dar mas realce, enormes figuras de deformes hayas con grandes brazos ensortijados cubiertos en parte por chorreante musgo. Todo esto compensó con creces el trabajo empleado en la travesía de este idílico paraje.



Una vez que salimos a la “Collada El Baseñu” es como emerger al exterior después de estar en una mina, a pleno sol, rodeados de un matorral bajo y caminando hacia zona de verdes pastos. Tenemos que salvar un desnivel de unos 200 metros en una distancia relativamente corta y comenzamos el acercamiento hacia nuestro destino de hoy “ Peña Salón de 1244 m.a.”. Después de múltiples zigzagueos llegamos al final de la majada encontrándonos con una bien trabajada (casi artística) muralla de piedra como contención que permite iniciar propiamente el ascenso en pequeños círculos, algunos con importante desnivel y piso de roca y barrillo debiendo prestar máxima atención.



Lentamente fuimos ganando altura, salvando pequeñas dificultades hasta coronar la cima y llegar a la cruz y buzón de cumbres que coronan “Peña Salón”, considerada una de las 100 montañas mas bonitas de Asturias. En esta jornada conseguimos reunir requisitos fundamentales para que un paseo por la montaña sea recordado con agrado: Climatología ideal, lugar y entorno especial, si a esto se añade el buen “rollo” existente entre el cuarteto excursionista se consigue un cóctel de primera calidad.
Una vez repuestos líquidos, tomados los frutos secos de rigor y la sesión fotos y película habituales, pasamos unos minutos disfrutando de panorámicas de difícil descripción. Son magníficas las vistas que rodean este espléndido balcón nombrando, claro está, lo más conocido, se pueden citar al cercano coloso Tiatordos, Pierzu, Carriá. Sobre todo destaca la extraordinaria visión del Macizo Occidental de Picos o “Cornión”, el más extenso y pintoresco, destacando Peña Santa de Castilla y otros muchos aún con extensas marcas de nieve.. En otra dirección están el Cotalva, Requexón, Cebolleda.
Con el fin de librarnos al regreso de la zona oscura y húmeda, el amigo Agustín que tenía empeño en anular ese paso como hombre experimentado en montaña, desde la cima estuvo ojeando otros posibles caminos y, efectivamente, acertó al evitarnos el paso oscuro ganando también en cuanto a duración del regreso. Iniciamos el descenso con cuidado en unos pasos húmedos e inclinados al principio para después, sin problemas, llegar con buen ritmo a la collada. Donde seguimos la intuición y buen ojo del amigo Agustín. El nuevo camino, aún discurriendo a través de lugares boscosos, era más abierto y claro y menos abrupto que la mítica zona fantasmagórica, enlazando con la pista por donde habíamos venido en su zona ancha y despejada. Llegamos al coche pasadas las 14,30 horas.
Una vez refrescados, -en esta ocasión disponíamos de agua corriente-, y con ropa seca, nos dirigimos a San Juan de Beleño, concretamente al bar-restaurante Casa CHICHO ya conocido y valorado por ANDANZAS. En esta ocasión está abierto: tomamos las clásicas claras y después subimos al comedor ocupando una mesa desde la que tenemos vistas al Tiatordos. Salón amplio con agradable ambiente. Nos atiende una amable joven y pedimos de primero, unos ensalada caliente y otros mixta. De segundo, unos “cabritu” y otros huevos con jamón, todo con patatas fritas de verdad. Rioja, postres y cafés, del agrado de los comensales que equivale a que todos quedamos satisfechos. Dilatada y agradable, como siempre, sobremesa. Después llega la despedida y al coche, que a pleno sol marcaba una alta temperatura, pero el aire acondicionado todo lo puede y en pocos minutos el interior ya resultaba agradable. Viaje de regreso tranquilo y sin problemas. En casa sobre las 18,30 de la tarde.
¡Bueno amigos! Hoy sí que hemos disfrutado con el “paseo”. Hicimos moderado ejercicio, tuvimos excelente visibilidad y panorámicas con climatología perfecta. Resumiendo que puede ser una de esas jornadas para catalogar -sin temor a equivocarnos- como de “ideal” y “completa”.
¡Hasta la próxima Caminantes!
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Miércoles, 4 de junio de 2008.
Excursión por el concejo de Aller para coronar el pico “LA FRAGUA” (1433 m.a.), interesante subida desde “Collado Chera” 1336 m.a.) con vistas al cercano pico “Cueto” (1551 m.a.) cuya cima estaba cubierta de espesa niebla, lugares ubicados en las estribaciones de la Sierra de las Fuentes de Invierno que se extiende en la divisoria de la cordillera Cantábrica, entre los puertos de San Isidro y Vegarada. La salida se inicia en el pequeño pueblo de Villar con una altitud de 721 metros.




Iniciamos el viaje por la autovía minera y a los pocos minutos el cielo se oscurece y nos envuelve una niebla que impide contemplar el paisaje limitando a “solo la carretera”.. Un poco antes de llegar a Mieres vuelve a lucir el sol que nos acompañaría durante toda la caminata. Con rapidez vamos cruzando el concejo de Aller y casi sin darnos cuenta nos encontramos aparcando en la pequeña y casi abandonada localidad de Villar, que junto con El Bao, Casomera, Goxal, Collado de las Piedras, Llananzares, La Paraya, Río Aller y Río Mañón constituyen la parroquia allerana de San Román de Casomera.
Una vez realizada la difícil tarea de aparcar el coche en las estrechas y pendientes callejuelas de este pueblo, iniciamos la caminata a las 9,25 horas dando un pequeño paseo por el mismo, no apreciándose movimiento de ningún tipo; solo encontramos a un nativo muy amable que conocía los alrededores del pueblo y con el que hablamos unos minutos. Pocas son las casas rehabilitadas y escasas también las habitadas en la actualidad. Vemos, por el exterior, la bien conservada ermita de Santa Lucía y comenzamos el itinerario montañero del día. Como es natural y lógico el tema va de subida, por terreno fangoso desde el principio hasta el final, unas veces encharcado y otras cenagoso, dificultando la marcha teniendo que estar mas atentos a los posibles resbalones. Bien podríamos denominar la de hoy como “la ruta del barro”.
Una buena parte de los caminos que hoy recorremos están ocultos bajo un espeso entrelazado de ramajes, en ocasiones de hayas, otros momentos de robles o castaños -abundando en esta última especie ejemplares de gran tamaño-, también vemos cerezos con frutos pequeños totalmente verdes pero decorativos. Metidos dentro del bosque, o bien contemplando las extensas laderas de los montes colindantes cuando salimos a terreno descubierto, se puede apreciar una exuberante vegetación en pleno verdor y desarrollo. Estas extraordinarias vistas hacen olvidar el leve padecimiento producido por el abundante légamo de la jornada.
Vamos prácticamente en constante subida; en ocasiones con desniveles notables pero siempre atentos al enfangado piso por donde obligatoriamente tenemos que discurrir. Disfrutamos de sorprendentes vistas, unas veces contemplando extraños paisajes -encerrados en oscuros bosques con escasa visibilidad a pesar de lucir en el exterior un espléndido sol-. y otras por zonas descubiertas admirando el panorama exterior, principalmente los montes circundantes en el horizonte con sus afiladas cumbres adornadas con los últimos vestigios de nieve, ofreciéndonos excelentes contraluces recortados en un cielo azul.
Avanzando por esta zona allerana pasamos, entre otros, por los siguientes lugares: El Conforcio, Braniecha, Collado Chera apreciándose en todos abundantes ruinas de cabañas y siendo pocas las que todavía son utilizadas. Antes de llegar al Collado Chera el bosque se va extinguiendo dando paso a las molestas “escobas” y al resto de la vegetación clásica del monte bajo, con terreno seco y rocoso rebasado Chera y hasta llegar a la cima del “Pico La Fragua”. Desde esta atalaya disfrutamos de las panorámicas que nos ofrece y, a pesar de que el cercano “Pico Cueto” tenía su cumbre totalmente cubierta de niebla, hubiésemos seguido hasta coronarlo, pero el reloj jugaba ya en nuestra contra y decidimos, acertadamente, iniciar el regreso puesto que ya habíamos cumplido con creces nuestro semanal compromiso.
En
el descenso hasta Collado Chera vamos recordando lo dicho por el nativo en el
pueblo y decidimos buscar el camino que, no nos recomendaba porque podría estar
cegado por la maleza por la falta de uso. De todas formas, mas embarrado que por
el que habíamos venido seguro que no íbamos a encontrar otro, así que se acordó
ir un poco a la aventura que da un punto de emoción y resulta interesante. Al
principio, en la zona alta, el estrecho sendero está abierto y bien marcado. con
un piso soleado y seco. A medida que vamos perdiendo altura y nos adentramos en
el intrincado bosque, donde el agua fluye por los resquicios mas inverosímiles,
empantanándose en zonas extremadamente barrosas con poca inclinación que ponen
la chispeante nota de humor e intriga hasta conseguir cruzarlas, el serpenteante
y estrecho sendero se pierde a veces cegado por matorrales en muchos tramos o
discurre por él un pequeño y sonoro arroyo. El paisaje en esta zona cerrada y
húmeda es rudo y montaraz, lleno de fuerza y con un especial atractivo y
belleza. Por estos toscos lugares -aparentemente abandonados de la mano de
Dios-, vamos avanzando y poco a poco nos acercamos a una ancha senda que
figura en el mapa y tenemos que tener cerca pero … 
Sin lograr aún dar con la senda ancha, en un intrincado punto del recorrido con una derruida cabaña de por medio, el amigo Agustín se fue solo de exploración y continuó en plan asceta por una vía directísima aunque no exenta de dificultades, hasta el coche. El resto de la cordada a los pocos minutos ¡por fin! conseguimos llegar a la famosa senda que incluso en muchos tramos -embarrada y con fuerte desnivel- nos parecía una cómoda autovía. Llegamos al coche sobre las 14 horas después de cuatro y media de interesante y vistoso paseo. El amigo Agustín llegó diez minutos después, cubierto de hojarasca como vestido de camuflaje. Nos contó que venía agotado, había vadeado un río, resbalado repetidas veces por lo accidentado del terreno, pasado casi arrastrándose por enmarañados bosques … al igual que los dichos de pescadores y cazadores … Nada, que no conocíamos esta faceta narrativa aventurera del amigo Agustín. Una vez todos reunidos y con risa constante nos ponemos ropa seca y nos dirigimos a Collanzo donde hacemos una parada técnica para tomar las clásicas claras o Ruedas y luego dirigirnos a Cuérigo. al ya conocido “Ca´l Xabú” (“Casa del saúco” en honor a unos arbustos de esta especie que crecían en el interior de las ruinas donde hoy se levanta el hotel y restaurante), somos recibidos con la amabilidad acostumbrada. Una vez en el comedor tomamos según gustos, de primero: Pasta a la boloñesa, garbanzos con pisto. De segundo, todos huevos fritos y lomo adobado. Rioja, postre y café. Todos contentos con la calidad de las viandas y en cuanto al precio, muy asequible. La dueña nos visita en la mesa y comenta los lugares que hoy visitamos y hace referencia que son zonas para ver de cerca de los cérvidos y escuchar los sonidos del ritual de la “berrea” en los meses de septiembre/octubre Después de la clásica sobremesa nos despedimos e iniciamos el regreso con un cielo gris plomizo y algún aguacero de corta duración.
¡Bueno Caminantes! Una historia más para nuestra colección. Lo importante es seguir cumpliendo con el compromiso de los MIERCOLES.
¡Hasta la próxima amigos!
¡¡PUXA ANDANZAS!!
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Circuito por los lagos ERCINA y BRICIAL
Miércoles, 2 de abril de 2008.
Además de los conocidos y famosos Enol y Ercina, cuando el agua en la zona -por lluvia o deshielo- es abundante, puede llegar a formarse un tercer lago, EL BRICIAL, al pié del pico de igual nombre de 1238 m.a. y del monte Mosquital con 1286 m.a.. Hace años sus aguas eran permanentes, y en la actualidad solo se deja ver en esporádicas ocasiones. Todos estos lagos están ubicados en el concejo de Cangas de Onís.




Para esta jornada hemos preparado la visita al lago BRICIAL, cuya contemplación es infrecuente pero, en la actualidad, se dan las condiciones adecuadas para poder deleitarnos con su visión. La primera impresión es positiva; este lugar, independientemente del inestable y casi desconocido lago “Bricial”, tiene que ofrecer a causa del temporal de nieve de los últimos días, unas panorámicas impresionantes.
Salimos de Gijón y a temprana hora llegamos a Covadonga y Los Lagos dejando el coche aparcado frente al lago Ercina. A lo largo del viaje dudábamos sobre la bondad de la climatología e incluso nos cayeron algunas gotas, pero a la altura de Covadonga ¡por fin! dejamos atrás la niebla, dando paso a un nítido sol que brilla en medio de un despejado cielo azul, sin nube alguna que turbe ese límpido firmamento. Esperábamos encontrar nieve de camino, y más llegando a Los Lagos, pero todo estaba limpio; para pisar nieve en abundancia tuvimos que transitar un poco por los cercanos montes. Llegamos al lago Enol que nos ofrece una excelente vista con su basta extensión repleta de abundante agua, que resplandece y deslumbra por la acción del sol madrugador en estas alturas, después de una noche de helada que se deja notar intensamente en lugares sombríos. Nos preparamos para la caminata sin ponernos “polainas” ni ropa de mucho abrigo pues no hay nieve a esta altura, la temperatura es de 6º y con un sol que ya se deja notar activamente. Con estas excelentes perspectivas comenzamos nuestro paseo a las 9,50 horas, siguiendo la orilla del saturado lago Ercina que deja reflejar en sus quietas aguas, al igual que si de una fotografía de cuidado estudio se tratara, las altas montañas existentes en su terminación.
Al
final del Ercina nos desviamos a la derecha para iniciar una fácil pero húmeda
y pedregosa subida, llegando a las inmediaciones del lugar llamado La Fuentona
para continuar hasta la majada El Bricial -que podía servir de excelente balcón
sobre la vega del Bricial-, hoy cubierta de abundante agua formando el voluble y
poco duradero lago BRICIAL, que en esta ocasión tenemos la dicha
de contemplar, si bien un poco mermado de su máxima capacidad registrada hace
pocos días.
Una vez contemplado desde distintos ángulos este caso anómalo del lago BRICIAL (debido fundamentalmente a la escasa estanqueidad del suelo a causa de las abundantes y profundas grietas existentes), nos queda pendiente (para otra ocasión que seamos más madrugadores) poder contemplar la cascada llamada “La Meana”, que con aguas provenientes de las cercanas montañas nutren al BRICIAL mediante una pequeña pero ruidosa y llamativa catarata que desciende por la pétrea pared. Para disfrutar de esta espectacular visión no hemos llegado a tiempo y la encontramos extinguida. Desde este privilegiado lugar se decide, dada la temprana hora, alargar la excursión para que tenga una duración “adecuada”. Confiando en el fino olfato del amigo Alfredo, en cuanto a orientación se refiere.
Iniciamos pues nuestra aventura para crear un recorrido nuevo por este fragoso terreno, unas veces acometiendo pedregosas subidas a las que seguían acentuados descensos que complicaban un tanto el tránsito por la humedad y verdín de las planas y pulidas piedras en las que había que pisar; en otros momentos la dificultad estribaba en cruzar neveros (nunca planos, siempre con subida o bajada) donde -debido a las aberturas del rocoso piso- al pisar se hundía el pié en la fría y blanca nieve, casi siempre alcanzando una profundidad … mayor de la deseada. Vigilar todo este entramado nos hacía estar pendientes del duro suelo y solo en los momentos de descanso podíamos disfrutar del blanco y maravilloso espectáculo que nos rodeaba; a veces sobre una pequeña colina, otras desde lo profundo de un estrecho camino o cañada, pero siempre el espectáculo “grandioso”.
En la primera parte del recorrido, aunque había que ir expectantes, se podía conjuntar un poco la marcha con la visión paisajística; en la segunda, estando en movimiento había que prestar la máxima atención al sitio donde se debería pisar acertadamente. Por las inmediaciones del Monte Palomero tuvimos que cruzar un rocoso arroyo que posiblemente en pleno verano lleve solo un imperceptible hilo de agua pero hoy resulta sugestivo; a la alegría que proporcionan sus cristalinas y chispeantes aguas se deben de añadir los espectaculares saltos de agua que de tanto en tanto se remansan con diversas profundidades y colores, unos amarillentos cual brillantes topacios y otros de un refulgente verde como si su fondo estuviese cubierto por miles de esmeraldas. Esta fue una de las vistas mas impactantes de la jornada, que compensa con creces otros momentos -no voy a decir negativos- pero sí menos atrayentes de la caminata.
Seguimos haciendo “camino al andar”, pasando cerca del “Porru Cubiellu” antes de llegar al “Jou La Gocha”, donde aprovechamos para un descanso y tentempié. Aquí comienza lo que podríamos denominar la segunda parte del paseo y también la más sombría, húmeda, accidentado terreno y en general la parte menos vistosa del recorrido pero necesaria para disfrutar de lo anteriormente descrito. Después del descanso se vislumbran unas manchas de niebla cercanas que nos hacen aligerar, en lo que cabe, nuestro regreso. La niebla cambió de dirección y finalizamos el delicado camino de regreso una vez llegados de nuevo a la zona de “Las Reblagas” y La Fuentona, para ya con rapidez descender hasta el lago Ercina y caminar por su encharcada orilla, llegando al coche a las 13,40 después de casi cuatro horas de marcha por terrenos nevados, quebrados y resbaladizos que nos recordaron paisajes algo olvidados.
Nos ponemos ropa seca en el concurrido aparcamiento pero siempre respetando las prendas manchadas de barro que dan fe de los lugares transitados. Como estamos cercanos a Cangas de Onís tomamos la decisión de dirigirnos al ya conocido restaurante de “Casa Manuela”, del que tenemos favorable experiencia, donde nos reciben con el agrado y buen ambiente acostumbrado. Tomamos en la barra las clásicas claras para, posteriormente, pasar al acogedor comedor decorado en rústico al igual que el resto del establecimiento. Tomamos el menú del día según preferencias. De primero, unos patatas guisadas con lacón y otros ensalada de setas y verduras; todos con excelente preparación y artísticamente presentados. De segundo, unos merluza con almejas, revuelto de bonito … y pitu al ajillo, con la misma calidad y presentación que en el primer plato. Vino de Toro, postres y cafés. Todo en la alta línea a la que, en todos los órdenes, nos tiene acostumbrados “Casa Manuela”. Nos despedimos e iniciamos el viaje de regreso tranquilo para llegar a casa pasadas las 17 horas.
¡ Amigos ! La niebla ya cubre los montes colindantes y del cielo azul de la mañana pasamos a un nublado claro y con poca visibilidad. Por nuestra parte ya hemos cumplido, y conseguimos que la primavera nos deparase unas horas de sol para nuestra jornada del MIERCOLES que seguro irá repitiendo en semanas venideras.
¡ Hasta la próxima Caminantes !
¡¡ PUXA ANDANZAS !!
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Miércoles, 13 de febrero de 2008.
Excursión por el concejo de Amieva para conocer y disfrutar por LA SENDA DE LA JOCICA y el embalse o presa de igual nombre. La salida se hace desde AMIEVA (572 m.a.), pintoresca localidad y único núcleo de población que tiene la parroquia de San Juan de Amieva.
Con aceptables previsiones, temperatura de 3º y cielo limpio de nubes, estamos preparados para la salidaa esta zona: ARMANDO – GERARDO – ROGELIO Y ROGER.



Vamos
en dirección Cangas de Onís para después
tomar la carretera N-625 (que va al Puerto del Pontón pasando por el “Desfiladero
de Los Beyos”) hasta el pueblo de
AMIEVA
(San
Juan), donde dejaremos el coche. Esta
primera parte del recorrido coincide con el realizado el 26-09-07 y que
abandonamos debido a la meteorología adversa. Después de unos 16 km. de circular
por esta vistosa zona giramos a la izquierda por una estrecha carretera con
excelente firme, curvas reformadas dándoles mas amplitud y visibilidad que
conduce hasta Amieva.
El concejo de AMIEVA tiene por capital la localidad de Sames. Limita al norte con el concejo de Parres, al este con el de Cangas de Onís, al oeste con el de Ponga y al sur comparte frontera con la provincia de León. Atraviesan este territorio, entre otros, los ríos Sella, Ponga y Dobra. En este concejo se ubica el “Monumento Natural Red de Toneyo o “Toneyu”, declarado así por el Gobierno del Principado en octubre de 2003. Está situado en la majada de Toneyo, en la sierra de Beza-Cabronero. La Red de Toneyo tiene 614 metros de profundidad y 18.970 metros topografiados o de longitud de galerías, siendo actualmente la cavidad con mayor desarrollo de toda Asturias y de los Picos de Europa.
Desde la localidad de San Juan de AMIEVA -donde dejamos el coche en el nuevo aparcamiento existente a la entrada del pueblo, frente a la iglesia- nos preparamos para el paseo que iniciamos a las 9,40 horas, con un cielo de color azul intenso, carente de nubes y temperatura de 8 grados. En esta ocasión acertaron plenamente los meteorólogos con sus previsiones. El destino final es “LA PRESA DE LA JOCICA o del DOBRA” que aprovecha las aguas del Dobra, río del que se dice es uno de los mas verticales de la orografía asturiana, de aguas cristalinas, prácticamente exento de contaminación al no contar su cuenca hidrográfica con ningún asentamiento humano. Nace en el Abedular (1500 m.a.), en la sierra del Caballo, término de Posada de Valdeón (León), y la jornada de hoy nos permitirá recorrer su curso medio. La parte baja de este río es la que va desde la desembocadura en el Sella hasta la Hoya de San Vicente, vistoso tramo ya conocido de ANDANZAS. La parte alta es preferible dejarla para personal mas deportivo y experto, pues parece ser un poco complicada especialmente en las estribaciones de los puertos del monte “Carombo”, situados en uno de los declives del macizo occidental de los Picos de Europa (Amieva), en plena garganta del río Dobra, entre la Pica de Beza, al O., y las Garitas (Cimera y Bajera), al E. (antes de llegar a Soto de Sajambre). En estos lugares se situó, según la tradición, la batalla del Monte Vindio, donde astures y cántabros fueron derrotados y sojuzgados por los romanos.



Comenzamos nuestro caminar por hormigonada senda salvando siempre un aceptable desnivel hasta llegar al Collado de Angón (812 m.a.), abierto entre las estribaciones meridionales de la Sierra de Amieva y el pié de la Cabeza de la Teja, zona rica en pastos con numerosas majadas. La senda que sale de Amieva se bifurca en este paso, conduciendo un camino al Puente del Restaño, adonde nosotros nos dirigimos, y otro sigue la senda del “Arcediano” (también conocida de ANDANZAS); siendo en este lugar donde puede decirse que comienza la ruta o senda de LA JOCICA , con un cómodo descenso hasta el Valle de Angón, encontrándose al fondo del mismo la central hidroeléctrica del Restaño. Se atraviesan manchas de acebos, robles, hayas y avellanos; dejando con frecuencia al borde de la senda cabañas y otras construcciones de mayor entidad todas cerradas.
Para llegar a las construcciones de la central del Restaño, atravesamos exuberantes parajes de gran variedad paisajística. La senda de la Jocica, orográficamente, es sólo la angostura que abre el paso del río en un corto sector de la fragosa garganta del DOBRA orientada en el sentido SE-NO, en este concejo, cuyo levante fija los límites del Cornión y el poniente los de las sierras de Beza, Amieva y Vis. Profusa vegetación y elevados cantiles angostan la garganta por la “Senda de La Jocica” hasta la presa existente al pié del Canto Bellanzo (1082 m.a.). La garganta se espacia por el O. en la central del Restaño y las praderías de Angón, elevándose en la vertiente contraria las impresionantes murallas de Ordiales.
Desde lo profundo del valle de Angón (central del Restaño) se puede contemplar el impresionante murallón superior a mil metros que termina en el famoso mirador de Ordiales (1691 m.a.), rocoso y solitario lugar donde está la tumba del prócer asturiano Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós. Marqués de Villaviciosa. Dejada atrás la central eléctrica tenemos que salvar un importante desnivel hasta llegar a una altitud superior a los mil metros donde, en un paraje quebrado, de gran fuerza rodeado de elevados picos rocosos y a nuestros pies en la profundidad de un barranco podemos admirar las verdes y quietas aguas de la presa de la Jocica o Dobra. Existen cientos de escalones, casi colocados en forma vertical que permiten descender, extremando las precauciones, hasta la presa. La sensación de vértigo está garantizada. En esta ocasión no hemos acometido dicho descenso; si existe una próxima vez, se puede probar suerte. Después de contemplar todas las vistas que ofrece este apartado y maravilloso rincón, aprovechamos para reponer líquidos y tomar los frutos secos de rigor. Rogelio aún fue un poco más allá para inspeccionar la senda que continúa por la zona que se puede denominar como la parte superior del Dobra, de la que se dice cuenta con algunos pasos comprometidos en las proximidades del monte Carombo. A las 12,35 horas, iniciamos el camino de regreso. Como nota negativa comentar el aspecto deplorable que tienen los casetones levantados para las obras de la presa, abandonadas y actualmente en estado de ruina, que ensombrecen un poco la grandiosidad de la zona. Tiempo sí que hubo para hacer limpieza puesto que las obras se iniciaron a mediados del siglo XX, hacia el año 1954.
A partir de la central del Restaño la pista solo cuenta con tramos de hormigón en determinadas curvas siendo el resto camino normal pero bien cuidado para poder transitar vehículos bien preparados, a través de un solitario y montaraz paraje de asombrosa quietud y tranquilidad, con seguridad por personal de la central eléctrica para poder vigilar la situación de la presa. En la vuelta solo nos queda salvar el desnivel que separa el valle del collado de Angón. En el descenso nos llama la atención un desvío señalado como “Ceremal”. Se trata de una majada a la que se llega, apartándose de la vía principal, después de cruzar un puente de piedra, desde donde es visible una espectacular cascada que en invierno y primavera forma la riega “Ozania”. En esta ocasión, dada la notable sequía que se padece, la mayoría de los cauces de riegas y torrentes están secos o corre por ellos un ligero cordón de agua; incluso el Dobra, su cauce baja escaso dejando secos y relucientes grandes peñascos en su lecho cuando en otras ocasiones, bajaba estruendoso en esta época del año. Confiemos que recupere la normalidad con prontitud.
El cansancio va haciendo mella, pero una vez salvada la dificultad del collado de Angón todo es descenso cómodo hasta Amieva. Llegamos al coche sobre las 14,40 después de cinco horas de maravillosa marcha. Ponemos ropa seca y con rapidez, dada la avanzada hora, nos desplazamos hasta Cangas de Onís con el fin de reponer energías en el conocido restaurante “Casa Manuela”, llegando todavía a buena hora. Al principio las habituales claras para recuperar líquidos para después pasar al comedor y del menú del día escoger, a gusto del consumidor, de primero: Spaghetti al gamoneu, sopa de hígado y pote de berzas; de segundo: Xarda, carne asada, y revuelto. Vino de Toro, postre y cafés. Todo excelente, lo que unido a las cuidadas instalaciones, decoración, profesional y agradable servicio hace que mantengamos la nota alta de 4 Andanzios que tiene asignada este restaurante. Interesante sobremesa para después despedirnos e iniciar el viaje de regreso que, pese a la distancia, se hizo corto, tranquilo y agradable.
¡Bueno Amigos! Hoy hemos puesto una cruz a “La Jocica”, clásica en cartera desde hace mucho tiempo pero que por diversas causas fuimos aplazando. Por no prolongar mas esta ya larga historia digamos que la jornada ha sido, tanto en lo meteorológico, recorrido, dificultad, entorno, ejercicio físico, etc. etc. MARAVILLOSA. Lástima que el resto de CAMINANTES no hayan podido disfrutar de esta memorable ANDANZA.
¡Caminantes hasta la próxima !
¡¡PUXA ANDANZAS!!
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