Todavía recuerdo
como si fuera ayer el día de finales de noviembre de 1996 cuando adquirí Dead Cities, mi primer disco del
dúo británico FSOL. Llevaba un mes largo escuchando un single
llamado "My
Kingdom" en el programa de radio Plásticos y Decibelios conducido
por Julián Ruiz,
al que seguía diariamente, no sin cierto esfuerzo por mi parte hasta la 1 de la
madrugada, con tal de volver a escuchar ese tema tan
apasionante noche tras noche.
La primera impresión cuando escuché "My Kingdom" fue la de que estaba
escuchando el futuro, una variedad de música electrónica que imaginaba
que tenía que existir en alguna parte pero que hasta entonces no había encontrado.
La audición continuada de piezas clásicas de la música electrónica me
era gratificante, pero hacían que me preguntara continuamente si no existía
savia nueva en el panorama musical internacional capaz de realizar obras del mismo
calado conceptual e intelectual de aquellos incunables de los años 70 que
marcaron toda una época. El hecho de encontrar a
FSOL me supuso una mayor
amplitud de miras, el descubrimiento de otras realidades musicales en unos
artistas que demostraban haber abierto un nuevo camino de
exploración sonora.
Aunque la mayoría de los críticos sitúan su gran álbum doble Lifeforms
(1994), junto a sus dos
CD-maxi con material inédito
Cascade (1993), y
Lifeforms Paths 1-7 (1994), como su obra capital, personalmente Dead Cities
es una obra más madura, más ecléctica pero al mismo tiempo más estructurada,
más coherente con su propósito inicial de crear una alegoría sobre el
deshumanizado mundo urbano.
Para entendernos, para el que firma estas líneas Dead Cities es a la música, lo que
Blade
Runner es al cine o Neuromante a la literatura de ciencia ficción, es
decir, la plasmación musical de un universo 'cyberpunk'. Un mundo futuro,
apocalíptico, cibernético, decadente, oscuro, violento, donde se funde la realidad
y la ficción a través de lo virtual, donde se mezclan diversas
iconografías del
pasado para conformar la estética de su presente. Un mundo regido por
códigos genéticos en donde se anula la individualidad con el fin de
controlar y someter a las masas. Un juego entre el realismo y el surrealismo,
entre los recuerdos de un pasado aún feliz y las profecías acerca de un
futuro de incertidumbre y desesperanza... Dead Cities
es todo eso y más, conformando una aterradora alegoría sobre el decadente
presente y el sombrío futuro de la urbe moderna, y por extensión de la
civilización del siglo XXI.
El álbum, cuyo impactante trabajo artístico corre a cargo del propio
dúo y de Buggy G. Riphead (alias del artista infográfico Mark MacLean), se abre con "Herd Killing", una
pieza reconstruida a partir de un tema del grupo de hip-hop Run DMC, en
donde se utiliza la guitarra 'wah wah' resampleada y 'loopeada' con un fondo
de percusión de drum'n'bass, y donde se trasluce la furia por medio de un
grito desgarrador entre los 'loops'. Una pieza impactante como comienzo
del álbum que retrae bastante a aquellos seguidores de la música
electrónica que todavía no se han atrevido a salir de su ancestral búnker.
Sin dar un respiro, el tema se fusiona con "Dead Cities", que nos introduce en un ambiente
y ritmo vertiginosos, propios
de un videojuego de realidad virtual. La pieza se abre con una voz que
pronuncia la explícita frase 'I've killed the man, a man who looked like me'.
Una secuencia y unos motivos melódicos lúgubres, casi terroríficos y a
su vez de tonos decadentes, conforman un tema calificable como techno, con
innumerables efectos, samples y otros ruidos muy típicos del engranaje
sonoro de FSOL. Es un tema que premoniza un futuro desolado o un presente
ya de por sí perdido. El tema finaliza con unos versos casi
ininteligibles en inglés que se asemejan a la llamada a la oración de un muecín,
seguido de un curioso 'loop' rítmico creado con voces sobre el que
cualquier otro músico habría basado un tema completo, pero que en este
caso es un pequeño apéndice que se diluye a los pocos segundos de
su inicio.
Tras un comienzo de álbum tan desasosegante aparece el primer momento de
relativa calma con "Her Face Forms In Summertime", un delicioso momento
para los recuerdos mediante una guitarra acústica procesada con diversos
tratamientos, que recuerda a la sonoridad misteriosa que imprimía Angelo
Badalamenti a la
música de la serie Twin Peaks junto a unos densos fondos industriales. ¿Se
trata realmente de nuestros recuerdos o nos los ha implantado alguien? El
tema se desarrolla en un ambiente onírico, casi lisérgico, como si la
guitarra fuera el único contacto con la realidad entre 'beats', 'loops' y todo tipo
de efectos ensoñadores, que conducen a un final psicodélico.
A continuación "We Have Explosive" es un tema como su propio nombre indica
totalmente explosivo, anárquico, salvaje, un cartucho de dinamita de la
marca Acme que apareció como segundo
single. Este tema comparte origen con el primero respecto al origen de los
samples originales utilizados (las partes de guitarra de Run DMC, el
grito, y unos mismos 'beats' aquí más potenciados). El tema destila
violencia por todos los poros. Una voz vocoderizada repite insistentemente
el título del tema durante su desarrollo, otorgándole un marcado
carácter cibernético, mientras las guitarras y la batería dibujan un
ritmo entrecortado. Por su naturaleza, la pieza parece aludir a la
anarquía, a la lucha, a la rebelión de las masas frente a un poder que
oprime y controla al individuo. Este tema parece claramente una
advertencia a los gobernantes sobre el poder real del individuo.
El álbum, concebido como una suite, con todos sus temas fusionados sin
ninguna clase de tópicos artificios, nos conduce a la pieza "Everyone In The World Is Doing Something Without Me"
que es el tema
de la soledad, el pesimismo, el desgarro interior por no saber y/o no
poder transformar nuestra propia realidad personal. La pieza se inicia con
una voz procesada que repite el título del tema, mientras desde el fondo
va creciendo una preciosa melodía vocal -sin letra-, acompañada de uno
de los colchones de sintetizador más envolventes y emocionantes que he
escuchado jamás, y que recuerda sobremanera a algunos de los mejores
fondos sonoros creados por el griego Vangelis
(me retrotrae especialmente al tema "Albedo 0.39" del álbum
homónimo), y que nos sitúa en la
misma dirección sonora de "My Kingdom". Esta pieza, aparecida
como primer single del álbum, fusiona elementos de flauta de la banda sonora de
Once Upon A
Time In America (Érase Una Vez En America, 1984), compuesta por Ennio Morricone,
samples de guitarra del grupo británico Ozric Tentacles -en concreto de
su álbum Pungent Effulgent (1989)-, junto con algunos fragmentos de la parte vocal
de "Rachel's Song" una de las más evocadoras melodías de la banda sonora de Blade Runner
(1994), obra de Vangelis, e interpretada por Mary
Hopkin. Al mismo tiempo, se
utiliza un 'groove' de batería interpretado en vivo dentro de una
estructura con elementos claramente orientalizantes -tal es el caso de la
flauta 'morriconiana'-. Obsta decir que la utilización del sampler en
este tema es magistral, logrando conjugar elementos sonoros de tres piezas
musicales casi antitéticas haciéndolos convivir en armonía dentro de un
retrato musical de "mi reino", mi ciudad, mi territorio, mi
mundo. Este tema fue desarrollado más extensamente en el CD-maxi
homónimo, donde se incluyeron además fragmentos nuevos, así como de
otros de los temas incluidos en el presente álbum.
Con "Max" se regresa a la calma, a los recuerdos de la infancia,
introducidos a través de una dulce melodía de piano y un saxo
resampleado y los sonidos de felicidad de los niños jugando en el parque,
conformando un tema de belleza onírica, atemporal, en una tesitura
similar a lo que un par de años más tarde desarrollaría el dúo
escocés Boards Of Canada en
su impactante debut Music Has The Right To Children.
"Antique Toy" es una pieza de techno de fuertes contrastes,
donde por una parte vuelven a estar presentes los potentes 'beats', un
'loop' de percusión, y por otro lado, los ambientes son acuosos, como los
recuerdos, en una pieza que me sugiere imágenes de un plácido viaje
dentro de un programa de realidad virtual, y que concluye con una voz y un
sample del choque de un cuerpo contra el agua, zambulléndose de cabeza en
"Quagmire", que es tal vez la pieza más frenética y
'ciberdélica' del trabajo. El comienzo de un viaje a los infiernos.
Sonidos crudos de sintetizador analógico con un trasfondo industrial,
donde se presenta un drum'n'bass enloquecido, sonidos que asemejan una
caída al vacío o un inexorable y dramático movimiento de descenso. Por momentos esta
pieza recuerda a algunos fragmentos de ISDN (1995), su anterior
trabajo. "In A State Of Permanent Abyss" es un breve tema
insertado dentro del anterior, que comienza hacia los 5'30" de
"Quagmire", y que nos vuelve a representar la calma, mediante un
'loop' construido a partir de sonidos percusivos suaves con una ligero
'pad' de fondo.
"Glass" es otro tema sobrecogedor, donde se vuelve a samplear un
saxofón, mediante secuencias paralelas realizadas con el mismo instrumento, desarrollando una pieza con un extraño enfoque naturalista
-quizá más propio de Lifeforms (1994)-, en el que afloran los efectos,
los fondos industriales, las voces
procesadas..., en una pista de marcado carácter techno.
"Yage" constituye otro de los grandes temas del álbum, que se
inicia como una ola de espumosos efectos que recorre todo el panorama
estéreo y va pasando progresivamente a un segundo plano, mientras en un
primer plano se va formando un ritmo marcial y una flauta marroquí
procesada dibuja una extraña melodía. Surgen unas voces, así como una
especie de arpa oriunda de Asia Menor, añadiendo pequeños acentos a la
pista y dotando a la misma de un nuevo aire orientalizante. Con diferentes
sonidos y fragmentos colaboran músicos afines a
FSOL como son Riz Maslen
(Neotropic), y Leon Mar, autor de varias remezclas de temas del dúo. La
pieza concluye volviendo al primer plano el ambiente espumoso del
principio, al que se añaden voces procesadas y rumores de conversaciones.
Éstas conducen a "Vit Drowning", otra pieza de ritmo
metronómico, con un suave 'loop' que se repite en el fondo y unos
interesantes colchones de reminiscencias vocales, y una melodía muy
simple de sintetizador, pero al mismo tiempo sumamente misteriosa en su
materialización y que se cierra de un modo violento, con unos golpes
percusivos cuasi-metalúrgicos. Este tema se encuentra igualmente
fusionado con "Through Your Gills I Breathe", una pieza que se
inicia con la inocente risa de un niño y el murmullo lejano de los
juegos y el griterío en el parque, mientras va apareciendo una evocadora melodía de
piano acompañada por una guitarra acústica. Un contrapunto de paz a todo
el universo de caos circundante. Se interrumpe el tema en un grito y
entramos en la última pieza del álbum "First Death In the Family",
una pista absolutamente industrial, que por su sonoridad por momentos
recuerda a ciertos temas de los denostados Depeche Mode, dado su ritmo
fúnebre, como un epitafio sonoro, como pretendiendo retratar
musicalmente la decadencia, la muerte de las grandes ciudades. Probablemente se trata de uno de los temas con una melodía
más clara dentro del complejo engranaje que conforma la obra.
A su conclusión y durante casi un minuto se hace el silencio. De repente,
de entre la nada resurge la violencia guitarrística del inicio del álbum
acompañada de sonidos de automóviles, en un extracto 're-ensamblado' por
FSOL de un tema de Headstone Lane, un 'punky' reciclado en músico techno de
habitación, y colaborador habitual del dúo. Termina definitivamente el
álbum con un sonido anunciatorio de campana en la lejanía sobre ese
marasmo de guitarras.
Durante un sesión continua de más de 70 minutos
FSOL nos apabullan con uno de los
mejores exponentes de obra conceptual dentro de la música electrónica de los
últimos años. Es a un tiempo un trabajo con grandes momentos de lirismo
y otros de sonidos aterradores y ruidistas. Nos transmite imágenes de caos post-apocalíptico y al mismo tiempo
de recuerdos agridulces, pero cada
vez más lejanos de un pasado que se revive con nostalgia. Dead Cities
nos presenta un mundo arrinconado en un callejón sin salida, sin esperanza,
sin futuro.
Pablo Freire (junio, 2002)
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