Patron de Becilla de Valderaduey

San Isidro labrador

No se que color tienen los recuerdos, pero se me antoja que como las hojas en Otoño o las páginas de un libro, se difuminan con el tiempo, volviéndose algo desteñidos, a veces algo tristes y aunque nos tome un esfuerzo llegar hasta esos tiempos, algo de luz nos permite vislumbrarlos y se van adornando con los colores y voces que parecen tener aún su entidad y sentimiento. Algún día existió ese momento de alegría por sus calles y nos llegaban las voces de las casas en esas plácidas mañanas de Mayo, en el 15, de aquellos años ahora tan lejanos, que nos embriagaban de sabor a fiesta, con aromas distintos a los diarios. Me parece acercarme a esa caricia infantil que tenían para el corazón los días de San Isidro; las calles se llenaban de gente bien arreglada y despertaba a una tremenda realidad optimista de tener muchas cosas que hacer, cuando ahora se que nunca había mucho distinto sino que lo vestíamos así.

Tierra, agua y viento en forma de nubes, de campos y creencias que celebrábamos para nuestro consuelo… en estas Fiestas, tan arraigadas, de San Isidro y San Isidrín, con que poco nos hemos ido conformando. Pero confieso que no he asistido demasiado a estas fiestas; por coincidir con una mala época, época de internado en el colegio, en Valladolid; pero nunca me faltaban las ganas y una añoranza de familia y amigos. Luego los estudios en la Escuela Industrial. Pero no he dejado de ver en mis más claros sueños de juventud, los inagotables anhelos de verdes campos de cereales ondeados por el viento y secados al sol riguroso de Becilla de Valderaduey. Percibiéndote grande en tu fragilidad que se plasma en la belleza celeste de las realidades ambientales y sosegadas soledades de abuelos al sol. Si, nuestros padres y nuestros abuelos trabajadores, honrados a carta cabal, dignos e íntegros por los cuatro costados… que tantas veces hemos oído decir y mostrarse como tales, siempre consideraban la dignidad y su pobreza un valor secular. Muy a propósito del Santo que celebramos.

San Isidro Labrador, nació hacia el año 1070 y murió en 1130. Su cuerpo, conservado incorrupto a través de los siglos, estuvo sepultado durante cuarenta años en el cementerio de San Andrés, de Madrid, y más tarde trasladado a la iglesia del mismo nombre. Es venerado en muchos lugares como patrón de los labradores en Becilla de Valderaduey se celebra la fiesta: El 15 de Mayo. En la existencia de San Isidro hay todo una conducta de vida humilde, de honrada laboriosidad, de virtud sencilla. Es difícil precisar toda la realidad histórica y humana de sus días; llegan éstos a nosotros, como en tantos otros Santos, envueltos en una aureola de leyenda. Su vida modestísima y ordenada podría escribirse en muy pocas líneas, de no ser tantos los milagros que se le atribuyen. Isidro nace en Madrid cuando reina en Castilla Alfonso el Bravo. Probablemente fue bautizado en la parroquia de San Andrés, una de las pocas que los habitantes de la villa lograron salvar durante la dominación de los árabes. Bueno y piadoso, frecuenta desde su niñez el antiguo templo de Nuestra Señora de la Almudena, tan predilecta de los madrileños. Hijo de humildes labriegos, ayudaría a su padre en el cultivo de las tierras, cavando, arando, o conduciendo la carreta. Cuando mueren sus progenitores, siendo él muy joven, invitado por el caballero Vera, entra a su servicio, pasando al cultivo de sus campos. Nos narran una bellísima tradición, dándonos a entender su extraordinaria sensibilidad, que cuando Isidro siembra el trigo, nunca se olvida de lanzar algunos puñados de simiente fuera del surco para que sirvan de alimento a los pájaros y a las hormigas, que también son de Dios, como él decía: para todos da su Divina Majestad. Otro rasgo de su generosidad: cuando va al molino da a los pobres que se le cruzan por el camino casi todo el trigo que lleva en el costal, pero la tierra, siempre generosa por bendición del Creador, le devuelve con creces lo repartido. Tan es así, que durante sus servicios al caballero Vera, sus heredades se convierten en las más labradas, sus yuntas en las más robustas y lucidas, sus sementeras en las más abundantes y regaladas por la lluvia. Y es ésta la causa que excita la envidia de sus vecinos, los cuales le acusan ante el amo, a pesar de los frutos cosechados, de descuidado y negligente en el cuidado de las tierras. Pero el cielo toma de su cuenta la defensa; y dice la tradición que habiendo salido un día su amo para vigilarle y confirmar la acusación de que su criado es objeto, observa desde una altura la faena del labrador, viendo sorprendido que a las horas que Isidro dedica a la oración, arrodillado a distancia de la yunta, los bueyes siguen solos arando la tierra, abriendo en ella rectos y profundos surcos. Otro milagro semejante vendrá más tarde a iluminar su vida, cuando en parecidas circunstancias otro de sus patronos contemple la yunta guiada por dos ángeles, mientras Isidro está sumido en la plegaria. Cuando Alí, rey de los almorávides, se apodera de Madrid, Isidro, como otros muchos cristianos, abandona la villa. En este tiempo elige como compañera de su vida a una esposa digna de él. Contrae matrimonio en Torrelaguna con una joven de Uceda llamada María de la Piedad, la cual también más tarde ha de ser venerada en los altares con el nombre de Santa María de la Cabeza. La profunda vida de piedad que llevan los esposos, es bendecida por Dios con varios prodigios; entre ellos se cuenta la salvación milagrosa de su único hijo, que en un descuido de su madre había caído en un pozo; y el paso a pie de las aguas del Jarama, con que Dios premió la pureza de María de la Piedad, desvaneciendo de esta manera las sospechas que algunos hombres perversos habían logrado suscitar en el corazón del esposo. Isidro es el hombre del vivir sencillo, dividido pacíficamente en sus tres grandes horizontes: el hogar, el trabajo y la oración. A los casi cuatrocientos años de su muerte, el Papa Gregorio XV lo canonizó, al mismo tiempo que a Santa Teresa de Jesús y a otros Santos españoles. Los más altos poetas del Siglo de Oro español, López de Vega, Calderón de la Barca, Espinel y otros, lo han cantado en versos inmortales. ¡Cuánto recuerdo! ¿Verdad? Disfrutad de lo que os pertenece o lo que un día quedo atrás… pero que la emoción nos trae.

A instancia del rey Felipe se celebra su fiesta el 15 de Mayo.

San Isidro es por excelencia el patrón de los campesinos, se le ruega para que llueva, para que salga el sol, para que les propicie buenas cosechas y sin embargo nos olvidamos de su forma de vivir sencilla, llena de gratitud al Creador por lo que le ofrecía la vida, su corazón bailaba de alegría y con lo que sentía estaba satisfecho.

"Tantas ideas diferentes se asientan en la mente de los seres humanos." ¿Que es real? ¿Que es verdad? ¿Que no lo es?

¡Felices Fiestas!