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Incidentes en los funerales por José-Antonio -Sigfredo Hillers de Luque- ( sigfredoh@hotmail.com ) |
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El
descontento de los
falangistas hacia la situación política propiciada por Franco no databa
de entonces, sino de mucho atrás. Pero no cabe duda de que lo acontecido
supuso un punto de inflexión. A partir de entonces quedaría ya claro que
Falange y Movimiento eran distintas cosas. Podría haber falangistas en el
Movimiento, pero serían cada vez más los que llegaran a la doctrina de
José-Antonio, no por el Movimiento, sino a pesar del Movimiento. Se abriría
el cauce para los que reivindicarían la ortodoxia joseantoniana al grito
de "Falange sí, Movimiento no". Estas
páginas se escribieron en 1995 para matizar algunos aspectos del libro
"Don Juan", de Luis-María Ansón, respondiendo a la amable
invitación que éste hizo a Sigfredo Hillers. Ansón,
en su libro (página
306) hizo un relato de los hechos, fundado en lo escrito por Franco
Salgado-Araújo, Luis Suárez, José-Antonio Girón, etc., que resultaba
bastante inexacto, como también otros capítulos de su obra. Acusadas
esas inexactitudes por Hillers, Ansón le brindó las páginas de ABC, que
entonces dirigía, publicando en días sucesivos, a página entera, en
apretado texto, las rectificaciones y matizaciones que aquél hizo sobre
los tratados de Yalta y Postdam, pero sin publicar este texto que ahora se
divulga. |
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Militantes de las Falanges Juveniles
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I.-
"20 DE NOVIEMBRE", 19 DE NOVIEMBRE. EL ESCORIAL. INCIDENTES. a)
Primera matización: el orden cronológico. Franco Salgado y Luis
Suárez hablan de "19 de noviembre" en tanto que Girón habla
del "20 de Noviembre". Para salir de dudas, bastaría consultar
un "calendario perpetuo". Sólo se celebran los funerales por
José-Antonio en la víspera -en sábado- cuando la fecha del 20 de
noviembre coincidía en domingo. Por la sencilla razón de que, según
el ritual de la Iglesia Católica, los funerales no pueden
celebrarse en domingo. Sin embargo, para los falangistas, siempre
se habla -a efectos de referencia histórica- del "20 de
Noviembre" del año que sea, dando por sobreentendido que cada 7 años
es el 19 de Noviembre. |
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b)
"Incidentes".- Más que de incidentes, se trata de un "clima"
de hostilidad; de rebeldía; de ruptura con la línea de mando
oficial; de "indisciplina", desde el punto de vista militar,
hacia las jerarquías de la Secretaría General del Movimiento,
encabezadas por el propio Franco (pero no hacia los mandos directos, i.e.
jefes de centuria, etc. que eran nombrados desde arriba, pero no cobraban
sueldo). Desde el punto de vista externo se habla de "incidentes
graves" porque es, en efecto, la primera vez que los falangistas
manifiestan en público a Franco, de forma disciplinada, una
actitud de disconformidad o de "rebeldía". c)
Gritos; canciones... y silencio.- Tiene razón Luis Suárez (p.242,
Vol. V) el clima se venia preparando desde meses atrás. Una o dos semanas
antes del "20 de Noviembre", se difunde por los distritos más
abiertamente "radicales" de Madrid, de forma oral, pero en público,
en las reuniones semanales de centuria, la consigna de no aclamar
ni vitorear a Franco, para mostrarle así, disciplinadamente, nuestra
disconformidad. En esos actos públicos era normal recibir y despedir a
Franco, vitoreándole y aclamándole; agitando las boinas, etc. Para
demostrar que no se trataba de una consigna de "ruptura ideológica",
sino todo lo contrario, de fidelidad a los principios falangistas, se
recuerda a los militantes juveniles en dichas reuniones de centuria el
casi olvidado manifiesto de José Antonio -el último que escribió, ya en
la cárcel, el 24 de junio de 1936, advirtiendo a los falangistas del
peligro de ser utilizados como milicia juvenil, destinada el día de mañana
a "desfilar ante los
fantasmones encaramados en el poder..."; ...una mediocridad
burguesa, conservadora... orlada para mayor escarnio con el acompañamiento
coreográfico de nuestras camisas azules". Ni
que decir tiene que ese "clima" no está preparado por Secretaría
General del Movimiento. Todo lo contrario. Ellos se jugaban los cargos,
pues Franco lo iba a interpretar -como así fue- desde su óptica militar:
los mandos oficiales habían perdido su "auctoritas"; los jóvenes
falangistas ya no obedecían sus consignas de "disciplina y fe en el
Mando". Sólo obedecían a sus mandos directos; no a los cargos
oficiales. En
los "incidentes" del "20 de Noviembre" de 1955
(aunque La fecha real fuese el 19 de novbre.) hay que distinguir 4
"fases" diferentes: 1) Antes de la llegada de Franco; 2) El trayecto que Franco recorre a pie desde su llegada en automóvil, en la Lonja o explanada del Monasterio hasta su entrada en el templo, pasando por el Patio de los Reyes; 3) Misa-funeral en el Monasterio 4)
Salida del templo; cantar el "Cara al sol" en la misma puerta,
antes de descender la escalinata del Patio de los Reyes; salida a la Lonja
del Monasterio; pasar revista al Batallón -con bandera y banda de música-
del Ministerio del Ejercito (con escuadra de gastadores) y subirse al vehículo
camino del Valle de los Caídos, a revisar
el estado de las obras. Es
importante dividir estas cuatro fases o "momentos históricos" y
el "lugar geográfico" que cada uno ocupaba,
porque aunque haya habido muchos testigos presenciales de ese "20
de Noviembre" de 1955, lo
cierto es que no todos los presentes han podido "ver y oir"
todo. Cada uno ocupaba su puesto y,
salvo la comitiva que acompañaba a Franco y su Guardia personal, nadie se
movía de su sitio ni deambulaba (salvo también los fotógrafos y cámaras
del No-Do, y a cierta distancia). Formando
parte de la Centuria XVI de Montañeros de la Guardia de Franco, yo estuve
en el funeral de 1995. Ocupábamos un "sitio de honor", arriba,
en la escalinata del Patio de los Reyes, junto a la puerta del templo.
Pero yo no pude "ver ni oír" todo, sólo parte. 1)
Antes de la llegada de Franco al Monasterio. Canciones.- Las
Centurias del Frente de Juventudes y de la Guardia de Franco -en su mayoría
de Madrid- estaban ya formadas en el Patio de los Reyes con más de hora y
media de antelación. Ahí es cuando se "caldea" el ambiente. La
canción mas profusamente cantada, antes de la Llegada de Franco,
fue la siguiente: "Que
no queremos... NO / Reyes idiotas... NO / que no sepan gobernar. /
Implantaremos... Sí, / Porque queremos... SÍ / el Estado
Sindical. / ¡ Abajo el Rey!" (lo
de intercalar el "No" y el "Si" fue una especie de
"amejoramiento tardío" o "floritura" de algunos
distritos de Madrid). Otra
de las canciones, menos coreada, por ser bastante menos conocida, fue la
siguiente: "El
día en que tu te mueras... / y te vayas al infierno... / no olvides de
llevarte... / a tu Consejo del Reino... / Francisco Franco; Francisco
Franco, / ¿cuándo
te vas a enterar.? / la Monarquía; la Monarquía... / no la podemos
tragar..." Ni
que decir tiene que durante esa "etapa" -antes de la llegada de
Franco- en el Patio de los Reyes, las centurias ya en formación,"
campábamos por nuestros respetos". Allí nadie ajeno se hubiera
podido atrever a decir o hacer nada. Los policías de turno -que los habría-
como mínimo iban "disfrazados" de camisa azul y ni a ellos ni a
nadie que fuese vestido de paisano se les ocurría mezclarse entre las
Centurias. Hubieran resultado inmediatamente sospechosos. Tampoco en el
Patio de los Reyes había ninguna jerarquía oficial. Normalmente todos
ellos esperaban fuera, en la Lonja, la llegada de Franco. Los invitados
oficialmente al funeral llegaban con bastante antelación y ocupaban su
puesto, dentro del templo, sin moverse ya 2)
Vítores y aclamaciones.- No puede decirse que la consigna de
silencio y poner "cara de perro", tanto a la llegada de Franco
como a su salida del templo, fuese cumplida al 100 %. Hay que tener en
cuenta que las "despistadillas" de la Sección Femenina se
destacaban siempre por su fervor personal a Franco (algunas se llevaron
casi un susto, cuando -a diferencia de otros años- contemplaban atónitas
como los jóvenes camaradas en formación permanecían mudos como
estatuas). A esto hay que añadir las centurias venidas de provincias. Al
no estar en el "secreto", no salían de su asombro. El pánico
entre las jerarquías del Movimiento fue general, al percatarse del
"recibimiento" -si no gélido, sí "entusiásticamente débil",
comparado con otros años-... Ya veían sus ceses en el B.O.E. La seriedad
en el rostro de Franco al ir pasando revista a las Centurias juveniles,
era patente (frente a la amplia sonrisa de complacencia de otros años). Los
historiadores que estudian los hechos del "20 de Noviembre" de
1955 por los documentos, jamás podrán enterarse de esta "fase"
ni de su trascendencia histórica, pues la Policía en su informe no podía
-ni se atrevía- a recoger el "clima" que precedió y acompañó
el "incidente" (el "grito" al que luego nos
referiremos). A
través de un joven camarada
integrado en una de las Centurias formadas en la parte baja de la
escalinata del Patio de los Reyes, junto al portalón de la Lonja,
conocimos posteriormente la siguiente conversación que él oyó entre
Carrero Blanco y Alvarez de Rementería (Gobernador Civil y Jefe
Provincial del Movimiento de Madrid) Carrero Blanco -en tono indignado-:
"Esto es intolerable... No les ha faltado nada más que
escupirnos...". Alvarez de Rementería -en tono apesadumbrado:
"Pues quizás es lo que tenían que haber hecho... En buena parte nos
lo merecemos..." (N.B. Téngase en cuenta que la contestación/comentario
de Alvarez de Rementería a Carrero Blanco no es una "insubordinación",
pues aunque Carrero era superior en jerarquía oficial, Alvarez de
Rementería era superior en rango militar (General de División en 1955,
creo recordar). |
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Una centuria, desfilando El traslado de los restos de José-Antonio hasta el Valle de los Caídos, a hombros de sus camaradas
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3) El grito de "No
queremos reyes idiotas".- Tal como lo cuenta Franco Salgado Araujo
fue un grito anónimo (y no la canción entera) por parte de un militante
del Frente de Juventudes, en formación desde una de las Centurias
alineadas en el Patio de los Reyes. Según todos los datos, se gritó
momentos después de pasar Franco. no en el momento de pasar Franco por
delante de la centuria donde estuviese integrado el "gritador".
De otro modo, no hubiera sido "anónimo", pues todas las miradas
se hubieran fijado en él (en quien lanzó el grito). Es evidente también
que el joven camarada no fue detenido; no fue separado de su formación.
También está demostrado que fue un "grito mediatizado". No fue
un grito en un ambiente de silencio (como en el caso de Urdiales en 1979
que luego comentaremos). Fue dentro de un "ligero clamor" de
"Franco; Franco" (los componentes de la comitiva tampoco acompañaban
a Franco en respetuoso y religioso silencio, sino charlando y comentando
entre ellos) Confirma también lo antedicho de ambiente
"hostil", i.e. los vítores y aclamaciones no eran ni la cuarta
parte de otros años. De otro modo, tal grito ni se hubiera podido oir
dentro del clamor estruendoso que se organizaba espontáneamente. Franco
Salgado tampoco especifica a cuantos metros de distancia iba él
acampanando a Franco; si el mismo lo oyó a sus espaldas; ni de que fila
partió... Téngase en cuenta que a derecha e izquierda del pasillo que se
formaba a Franco en la escalinata del Patio de los Reyes, los bloques de
las Centurias eran de 10 a 15 filas. No es lo mismo lanzar un grito a la
cara de Franco en el momento de pasar, desde la primera fila, que lanzarlo
desde la fila 7 o 9, y después de haber pasado Franco (aunque toda su
comitiva oficial no hubiese terminado de pasar). |
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Lo que si puedo asegurar es que muy pocos de los que estábamos allí presentes ese "20 de noviembre" oímos el grito "anónimo" y que tal grito no fue la clave de los "incidentes", sino el "clima hostil" ya descrito.
Para
desgracia de las jerarquías del Movimiento, Franco si capta el
"clima"; le ha llegado el "mensaje" hecho publico por
los jóvenes falangistas. El cese del Delegado Nacional del Frente de
Juventudes es casi fulminante –veinte días escasos; el 9 de diciembre
de 1955. Lo curioso es que, quizás por primera vez y única en la
historia del Régimen, figura en el BOE que el cese es "por motivos
de salud" (sic). Esto corrobora lo antedicho: Franco jamás hubiera
cesado a José-Antonio Elola Olaso, el Delegado Nacional fiel, fidelísimo
a Franco ("... hay que ser fiel a Franco, hasta en el error",
como en una ocasión confesó ante un falangista "dubitativo"),
por un simple grito anónimo. Es evidente que Franco había captado el
problema. A Elola le sucede en el cargo López-Cancio, que aprende bien la
lección y escarmentado en cabeza ajena, se encarga de desmantelar (más
bien desguazar) el Frente de Juventudes. Es el proceso de
"despolitización" y de "desmilitarizacion" de las
centurias y hogares juveniles falangistas. Desaparecen las "Falanges
Juveniles de Franco" (paradójicamente son las mas
"rebeldes" o "anti-franquistas"; las centurias
voluntariamente falangistas y, por lo tanto, "politizadas" o
joseantonianas. Es la misma paradoja que se produce con la denominada
"Guardia de Franco", compuesta en 1955 todavía en buena parte
por ex-combatientes de la División Azul. Son las centurias -al menos
buena parte de los distritos de Madrid- donde se cultiva un clima de
abierta disconformidad con la politica nacional de Franco). Bajo López
Cancio se crea la O.J.E. (Organizacion Juvenil Española). Se elimina la
camisa azul (reservándola para el grupo más adulto de jóvenes). También
se suprime el emblema del yugo y las flechas en el bolsillo izquierdo de
la camisa, etc. En ciudades como Madrid, hay que frenar el proceso de
"desmantelamiento" (la "nueva linea" la denominábamos)
porque se produce una desbandada general; los hogares se van quedando vacíos,
a pesar de que se han hecho costosas reformas; con casi lujoso mobiliario;
tresillos de piel, habilitándolos para reuniones de chicos y chicas;
bailes, etc. -antes, estaba rigurosamente prohibida la entrada de chicas,
etc... Existe el peligro de que tantos y tantos funcionarios -de modesto
sueldo- de la Organización oficial se queden en el paro... También el
peligro de no poder llevar a jóvenes de 16 años para arriba
(voluntariamente y sin ideales, es muy difícil) al correspondiente y
antes aludido "acompañamiento coreográfico de camisas azules"
en concentraciones y actos oficiales como el obligado funeral del "20
de Noviembre" de todos los años, donde Franco no sólo "pasaba
revista", sino que también hacía balance de la eficacia o
ineficacia de los Mandos del Movimiento.
Por primer vez -
y última - la Centuria XVI de Montañeros de la Guardia de Franco,
al mando de Manuel Cepeda, es encargada de rendir honores a Franco
-a la salida del funeral- situándola frente al Batallón - con bandera y
banda de música - del Ministerio del Ejército (no eran soldados de
reemplazo: eran voluntarios, exigiéndoseles cierta estatura mínima:
escuadra de gastadores, etc.) en la Lonja o explanada del Monasterio. No
se permitía el acceso al público a la explanada, se situaban detrás del
muro. Cuando Franco
termina su trayecto de descender la escalinata del Patio de los Reyes y
sale por el portalón de entrada al Monasterio, se interpretaba el himno
nacional y Franco pasaba revista al Batallón del Ministerio del Ejército,
y en este caso (1957) a la Centuria XVI de Montañeros. A unos 100 metros
le espera su vehículo (un Rolls-Royce en aquel año, creo recordar). En el momento de
ir a pasar revista a la centuria, toda la formación en bloque da
media vuelta y le da la espalda a Franco. Lo hace además mientras
ya se está interpretando el himno nacional y todo el bloque en formación
saludando brazo en alto (no solo el grupo de mandos de la centuria, como
era habitual, mientras el resto permanecía en posición de firmes). El
espectáculo fue tremendo. No solo lo contempló el público congregado
detrás del muro de la explanada, sino todos los invitados oficiales:
altas jerarquías de la Nación; cuerpo diplomático; jerarquías eclesiásticas,
etc. incluyendo periodistas, fotógrafos de prensa; cámaras de NO-DO,
etc. que permanecían - debían permanecer - ante la puerta del Monasterio
asistiendo a la parte final del acto, hasta que Franco hubiera subido a su
automóvil. (Es decir, nadie se iba antes de Franco, sino después; las
jerarquías oficiales, en posición de firme y saludando, pues durante
esta fase se interpretaba el himno nacional, como ya queda dicho. (N.B. A
partir de ese año ya no se volvió a invitar al Cuerpo Diplomático al
funeral del "20 de noviembre") Esto sí que fue
un "incidente" y grave (por ello para la "memoria
falangista" el grito "anónimo" de 1.955 no tuvo tal
categoría aunque lo recogiese un informe de la Policía). Veinte años mas
tarde supe, a través de un coronel amigo mío, que quien mandaba las
tropas del Ministerio del Ejército, al subir Franco a su automóvil, le
preguntó "¿Qué hacemos con ellos, mi General?".
Franco se limitó a hacer un gesto -entre despectivo y conmiserativo- con
la mano derecha, sin pronunciar palabra, queriendo significar algo así
como "-Dejadlo. No haced nada". |
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Esa misma tarde
(20-11-1957) la policía - tres policías que se presentan como
falangistas - hacen una visita al jefe de centuria Manuel Cepeda,
en su domicilio (N.B. Aunque no era un cargo remunerado, la importancia de
un Jefe de Centuria de la Guardia de Franco, era en 1957 de gran
relevancia. De otro modo, no hubiera sido una "visita
domiciliaria"; le hubieran llevado detenido a la Dirección General
de Seguridad, para interrogarle y prestar declaración firmada. Téngase
en cuenta además que la Centuria XVI (el "20 de
Noviembre" citado, la mitad de la unidad iba con uniforme de escalada
y la otra mitad, entre ellos yo, con uniforme de esquiadores) no era una
centuria de "chavales" sino de "elite", con fama de
ser la mas politizada de Madrid. Muchos de nosotros ingresamos en esa
centuria no para hacer "montaña", sino para hacer "política".
Varios de sus componentes eran excombatientes de la División Azul y el
subjefe de centuria era excombatiente de la Guerra Civil -marinero
voluntario-. Legalmente no se podía ingresar hasta haber cumplido los 21
años, pero al ser de "montañeros", en ocasiones se "hacía
la vista gorda" con algunos militantes de centurias - tambien de élite-
del Frente de Juventudes. La explicación que Manuel Cepeda da a los policías-falangistas es tan original tan oportuna e inteligente, que los deja "desorientados", más bien "estupefactos". Al despedirse, se limitan a advertirle muy seriamente - por si acaso - que tenga mucho cuidado la próxima vez. (N.B. Prefiero que sea él - el autor, Manuel Cepeda - el que cuente su original versión...) |
José-Antonio Elola Olaso, con Franco, en presencia de José-Luis de Arrese. En el brazo izquierdo lleva Elola el brazalete de las Falanges Juveniles |
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III.-
SUCESOS EN EL VALLE DE LOS CAÍDOS. 20 DE NOVIEMBRE DE 1.959 Tuvieron lugar
en el primer funeral por José Antonio que se celebró en la Basílica del
Valle de los Caídos (la inauguración oficial había sido el 19 de
Abril 1959). Durante
la consagración, en la misa-funeral, se apagaron todas las luces del
templo (únicamente un foco, desde la cúpula, iluminaba el crucifijo del
altar). Urdiales, de paisano -no de uniforme- desde uno de los bancos
donde se sentaban los invitados
oficiales, gritó a pleno pulmón: "Franco, eres un traidor"'.
Las Centurias del Frente de Juventudes y le la Guardia de Franco formaban
mas atrás: desde los bancos hasta la puerta de entrada, así como en la
explanada v escalinata delante de la entrada al templo. Urdiales
fue detenido "in situ" y llevado por dos policías (de
"camisa azul" claro). De haber estado en formación: en filas,
dentro de una centuria no hubiera sido posible. La Jefatura Provincial del
Movimiento de Madrid -al igual que en el anterior informe de Mendoza
Guinea, de 1955- por quitarse "el muerto" de encima, ordenan
romper cualquier ficha que hubiese de Urdiales en los ficheros de su
distrito, y haciendo correr la especie de que no pertenecía a ninguna
unidad del Frente de Juventudes (pertenecía efectivamente al Distrito de
Latina. Era hijo de un Guardia Civil y, para mayor "inri",
estaba cumpliendo el servicio militar. Estudiaba -o ya había terminado-
la carrera de Magisterio. Estuvo encarcelado en Alcalá de Henares. Poco
después de su encarcelamiento, una centuria de la Escuela Provincial de
Mandos de Madrid, le rindió homenaje, desfilando delante de los muros de
la cárcel, etc. etc. Después de salir de la cárcel -no recuerdo
el número de años- se
le retuvo el pasaporte-tampoco sé por cuántos años. Desde
entonces, en años sucesivos, nunca volvieron a apagarse las luces. Se
iluminaba además con el foco "extra" el crucifijo
durante la consagración. |
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