
El descubrimiento de
lo que parece ser agua helada respondería a una pregunta que los investigadores
se han planteado durante décadas: ¿dónde ha ido a parar todo esta agua?. La sonda Mars Odyssey, enviada por la NASA en el año 2001, y aún operativa,
ha detectado indicios de que Marte posee grandes cantidades de agua helada bajo
su superficie. Las mediciones confirman la existencia de cristales de hielo a
menos de un metro bajo el suelo marciano, que se cree que podrían fromar un
océano a 500 metros de profundidad. Las proporciones en que el hidrógeno está
presente en el subsuelo permiten calcular, según los investigadores, que la
mitad del hielo rico en hidrógeno que se encuentra en las capas más bajas podría
convertirse en agua si aumentará la temperatura. Marte "una estación de servicio" Además hay otros problemas como perdida de peso, descalcificación de los
huesos debida a la falta de actividad muscular, piedras de riñón, etc, sobre los
que se sigue investigando. Además hay otros problemas como perdida de peso, descalcificación de los
huesos debida a la falta de actividad muscular, piedras de riñón, etc, sobre los
que se sigue investigando. MISIONES A MARTE. Domingo, 3 de
Enero
de 1999.
La sonda que parte hoy a Marte grabará el sonido del
planeta La «Mars Polar
Lander» estudiará las razones de la falta de agua Si el tráfico espacial
lo permite, la Mars Polar Lander se posará en el planeta rojo el próximo 3 de
diciembre, tras despegar hoy desde Cabo Cañaveral.
[A última hora de ayer, las previsiones
meteorológicas ponían en peligro el lanzamiento del cohete Delta que transporta
este ingenio, informa Reuters]. Esta nueva sonda enviada por Estados
Unidos a Marte forma parte del programa lanzado en agosto de 1996 por el
presidente estadounidense, Bill Clinton, para conquistar el planeta más
enigmático del sistema solar. Si la misión se ha montado para
averiguar cuál fue la historia del agua en Marte -si la hubo alguna vez, cosa de
la que están convencidos los científicos, en qué zonas y por qué desapareció-,
lo más impresionante, quizá, es el montaje técnico con el que está equipada la
sonda. La agencia espacial estadounidense
NASA lanzó el domingo el segundo de tres módulos espaciales con destino a Marte,
cuya misión será buscar signos de agua en el planeta rojo. El módulo Mars Polar
Lander partió del centro espacial Cabo Cañaveral, colocado en la parte superior
de un cohete Boeing Delta 2. El aparato ha emprendido un viaje de 757 millones
de kilómetros. Miércoles, 8 de
diciembre de 1999. Tras realizar ayer
un nuevo intento, considera «remotas» las posibilidades de éxito de la «Mars
Polar Lander» - Lluvia de críticas a la agencia por sus naves «más baratas, más
rápidas y mejores» La NASA admite su segundo fracaso en dos meses en la
investigación del «planeta rojo» El
fracaso de la Mars Polar Lander el segundo en dos meses, tras el fiascos de la
Mars Climate Orbiter ha puesto a la NASA a la defensiva y ha provocado un sinfín
de críticas sobre sus planes de construir naves y sondas más rápidas, mejores y
más baratas. «A veces, es
necesario gastar porque, si se realizan misiones mirando lo que cuestan, el
resultado puede ser el fracaso. Y esta ha sido una misión rácana desde el
principio», asegura Keith Cowing, antiguo ingeniero de la NASA y director de la
revista NASA Watch. La agencia tiene en estos momentos
pocos defensores. «Aterrizar en otro planeta es muy complicado», asegura John
Logsdon, el director del Instituto de Política Espacial de la Universidad George
Washington, en Washington, «y la NASA ha querido realizar la misión de la Mars
Polar Lander a lo barato».
Domingo, 21 de octubre de 2001.
La llegada de la «Mars Odyssey» pone en juego el
futuro de la NASA Tras los sonados fracasos de 1999,
cuando la Mars Climate Orbiter se estrelló contra la superficie del planeta por
un fallo en el cambio de unidades del sistema internacional al anglosajón los
técnicos confundieron millas y kilómetros y el Mars Polar Lander, destinado a
recorrer la superficie, se cree que se precipitó por un barranco no
cartografiado, los científicos estadounidenses intuyen que, por el bien de la
carrera espacial, esta misión no permite fallos. Después de 200 días de viaje
interplanetario recorriendo más de 460 millones de kilómetros, el módulo de unos
10 metros cúbicos, que alberga sofisticados aparatos de investigación, deberá
insertarse en la órbita marciana. La cuenta atrás de esta operación
comenzó el pasado lunes, pero la fase más compleja comenzará este miércoles. En
ella, la Mars Odyssey, mientras se va acercando al polo norte del planeta,
deberá poner en marcha su motor principal. Los tanques de fuel se presurizarán y
262,8 kilogramos de propelente se quemarán en 20 minutos. Esto permitirá
disminuir la velocidad de la nave para dejarse atrapar por la órbita marciana.
Controles de seguridad
«Todo está
preparado para la inserción en la órbita», confirmó ayer Matthew Landano,
director del proyecto en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.
En
principio, la operación no resulta muy difícil, pero los responsables de la
agencia estadounidense saben que si esta vez vuelve a salir algo mal, el
programa de investigación de Marte tiene muchas posibilidades de bloquearse.
«Esta vez
no nos hemos conformado con los controles de seguridad habituales. Hemos tratado
de preveer cualquier nimia vicisitud que pueda poner en riesgo el éxito de esta
misión», explicaba el pasado abril, justo antes
del lanzamiento, George Pace, gerente del proyecto. No obstante, la situación en Marte ha
cambiado desde abril, porque en julio se desató una tormenta de polvo y viento
que aún no ha finalizado y que los científicos han calificado como la más
intensa jamás observada. Pero como la nave no tiene por objetivo la superficie,
sino que orbitará a 400 kilómetros, se supone que la tormenta no le afectará.
Nueva situación Al menos es lo que todos esperan,
porque en la Tierra el panorama también ha cambiado bastante desde abril, sobre
todo en Estados Unidos. Los responsables de la NASA saben que con la situación
de incertidumbre económica, la guerra en la que está implicado el país y con un
presidente, George W. Bush, poco interesado en saber dónde se esconde el agua y
la vida en el Planeta Rojo, el proyecto de investigación de Marte no soportaría
la perdida de una sonda como la Mars Odyssey, que ha costado unos 331 millones
de euros (55.200 millones de pesetas). Esta nave de investigación es la más
sofisticada de cuantas se han enviado. Entre sus instrumentos destaca un
espectrómetro de rayos gamma capaz de detectar la presencia de hidrógeno.
«Por primera vez tenemos en Marte una
nave capaz de encontrar pruebas de la presencia de agua cerca de la superficie
del planeta y de cartografiar depósitos que hubiesen contenido agua en el
pasado», ha señalado Steve Saunders, científico del proyecto. Otra novedad es la cámara de
infrarrojos THEMIS, que analizará qué elementos y minerales componen la
superficie marciana y, sobre todo, si existen zonas calientes, lo que
demostraría una actividad volcánica reciente.
El planeta rojo es en la actualidad un lugar inhóspito, árido
y barrido por fuertes vientos, sin embargo, las imágenes y estudios sobre el
planeta indican que hubo grandes cantidades de agua en cuencas fluviales incluso
en océanos.
Con este hallazgo las probabilidades de
encontrar alguna forma de vida en nuestro planeta vecino aumentan
considerablemente.
La búsqueda de vida más allá de nuestro planeta trata de
responder a la pregunta del origen de la vida en nuestro planeta: ¿es la vida un
fenómeno excepcional que surgió en la Tierra o se originó en el espacio exterior
y fue traída a nuestro planeta en un meteorito?.
Esta búsqueda de respuestas no cesará en tanto que la ancestral pregunta quede
sin resolver: de dónde venimos, a dónde vamos y por qué.
Un viaje a Marte sería la aventura espacial más peligrosa acometida hasta la
fecha, porque el planeta, que no posee atmósfera, no está protegido contra las
radiaciones cósmicas, que pueden atravesar fácilmente el traje espacial de un
astronauta y causarle daños irreversibles en la salud. Por eso la una de las
misiones de sonda Mars Odyssey, en órbita alrededor del planeta desde 2001 es
descubrir, entre otros, qué intensidad y periodicidad tienen esas radiaciones,
con el fin de ayudar a preparar mejor una misión tripulada, que no será posible
antes de 2030.
Desde la década de los 60 el hombre ha enviado 34 misiones al planeta vecino,
sin embargo, más de la mitad han fracasado en su intento. Aún así la ciencia
avanza a pasos agigantados: en menos de 50 años, desde las primeras misiones, el
hombre ha conseguido posar sobre la superficie de Marte un vehículo, el Sojouner,
capaz de desplazarse mediante control remoto desde la Tierra, situada a unos 230
millones de kilómetros, una hazaña que ya tiene relevo en las actuales misiones
de la NASA y la ESA (Agencia Espacial Europea).
Un nuevo fracaso puede
paralizar indefinidamente la exploración de Marte
Nervios,
nervios y más nervios. Esa es la situación que define estos días a la NASA. En
la madrugada del próximo martes al miércoles la Mars Odyssey, la nave destinada
a descubrir si Marte es un inhóspito desierto o si, por el contrario, alberga
agua en su superficie y algún rastro de vida, entrará en la órbita del Planeta
Rojo.
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