Batalla de Kursk, importante combate que se libró en Kursk (en el oeste de Rusia) entre tropas alemanas y soviéticas desde el 5 de julio hasta el 6 de agosto de 1943, durante la II Guerra Mundial. Se la considera como la mayor batalla terrestre de la historia dado que en ella intervinieron 2 millones de soldados y 3.000 tanques.
Tras la derrota sufrida por la Wehrmacht (fuerzas armadas alemanas) en Stalingrado a comienzos de 1943, el mariscal de campo Günther von Kluge, comandante alemán del ejército del frente de Rusia central, planeó atacar desde Kursk, situado 320 km al sureste de Smolensk. El saliente de Kursk se adentraba en las líneas alemanas. Durante más de una semana, la concentración de fuerzas de Von Kluge —900.000 hombres, 2.700 tanques y armas de asalto, 10.000 piezas de artillería y 2.000 aviones— bombardeó de norte a sur las defensas soviéticas para aislarlas del resto de las líneas. La lucha fue encarnizada; las nuevas y eficaces armas antitanque de los generales soviéticos, Konstantín Rokossovski (al mando del ejército del extremo norte del saliente) y Nikolái Vatutin (al frente del margen meridional) destruyeron aproximadamente un 40% de las fuerzas acorazadas alemanas. El general soviético Markian Popov lanzó un contraataque en Orel, 160 km al norte de Kursk, el 12 de julio; Von Kluge se vio obligado a desistir de su ofensiva con tanques el 13 de julio; su derrota quedó confirmada el 5 de agosto tras la captura de Orel por las tropas soviéticas.
La batalla de Kursk supuso la última gran ofensiva nazi en el frente oriental: el coste humano en las filas de Hitler fue de más de 100.000 hombres y los daños sufridos por sus divisiones de tanques, que hasta entonces eran invencibles, fueron irreparables.
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