Círculo Independiente Ñ de Escritores

 

 

 

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                        Ya tenemos nuestro propio domino web

puedes visitarlo en

www.circuloindependiente.net

 

 

 

Asociación cultural nº 26 668 de la C.A.M.

Círculo Ñ somos una asociación legalmente establecida compuesta por un grupo de artistas y escritores que busca la calidad e independencia en el ámbito de la creatividad y el desarrollo de la cultura.

Para lograr nuestros propósitos, nos hemos asociado con la editorial Mandala y el Estudio de Arte digital y autoedición LápizCero, creando de este modo el Proyecto Ñ que tiene por objetivos hacer realidad la publicación y difusión de las obras de sus miembros e influir positivamente en el desarrollo cultural y social de nuestro país.

CiÑe está abierto a todos aquellos creadores que, como nosotros, apuestan firmemente por sí mismos.

 

 

Decía Marcel Bénabou: «Sobre todo no vaya usted a creer, lector,  que los libros que no he escrito son pura nada. Por el contrario —que quede claro de una vez—, están como en suspensión en la literatura universal».

 

Muchos de nosotros sí hemos escrito libros y algunos de ellos han estado escondidos en un cajón durante años, ¿por qué? Tal vez no había llegado el momento apropiado; quizá escribíamos para nosotros mismos o nuestra intención no era la de publicar.

Yo me dije un día: «Voy a publicar».

Casi todo, en  nuestra ingenuidad, nos parece posible hasta que llega el día en que lo intentas de verdad. Se nos olvida el establishment; que en este país se editan unos 65 000 títulos al año de los que muchos no llegan siquiera a las librerías; que hay joyas ocultas que los lectores no llegan a conocer nunca porque nadie las promociona; que hay mucha basura muy bien promocionada a la que llaman literatura (hay un premio muy conocido a nivel planetario…) que quizá no merezca tanto barullo; que la famosa carta como respuesta al envío de nuestro querido manuscrito: “Lo sentimos pero no encaja en nuestras colecciones”, “No hay presupuesto”, “No deje de intentarlo en otra editorial”…

¿Le suena a alguien todo esto?

Sólo hay tres maneras de llegar hasta los lectores. La primera consiste en enviar manuscritos a todas las editoriales que conocemos rezando todo el rato, haciendo sacrificios a los dioses benefactores e, incluso, ayunando para que tengamos suficiente dinero como para abarcar el mayor número posible de editoriales. La respuesta… Paciencia, vuelva usted mañana… ¿El manuscrito? Bueno, que se queden con él y, hay que ser positivos, supongo que lo reciclarán. Esperas que algún desalmado no utilice una  de tus ideas para llevar a cabo uno de sus proyectos.

Hay que tener fe.

         La segunda tiene mucha industria. Hay que enviar compulsivamente todos nuestros escritos —cuentos, novelas y poemas— a todos los concursos, literarios o no (algunos son más bien una piscifactoría sin fondo) y, de nuevo, confiándonos a los dioses ortodoxos y a los paganos, esperar una respuesta positiva. ¿Qué suele ocurrir? Pues después de haber enviado cinco copias del manuscrito para nada, solemos darnos graciosamente al olvido en los brazos de Dionisos, alias Baco, con el dolor de cabeza que, al día siguiente, eso conlleva.

Hasta la próxima vez, pero eso, oh guerreros armados de paciencia, ya cansa…

A la tercera, básicamente, dices: «Estoy hasta…» (escritores y escritoras deben saber ya a estas alturas hasta dónde están). Y miras a tu alrededor o, en mi caso: me fui a dar una vuelta por ahí que duró muchos años, luego volví y leí aquello que dijo Oscar Wilde, siempre tan acerado: «Un escritor es aquel que tiene algo que decir y lo dice».

«Bien», dije yo, «vamos a ello.»

Eché un vistazo alrededor, rastreé toda la Red mundial relacionada con la honorable República de las Letras; empecé a publicar en Internet y a hacerme preguntas. Di con las editoriales de autoedición, investigué el asunto, supe que muchos escritores —algunos de ellos muy conocidos, sobre todo poetas— habían empezado así, financiándose sus obras o buscando mecenas (eso era antes, ahora es una especie en extinción o, más bien, ya extinguida; hoy están los banqueros, que prosperan miserablemente y no están en riesgo de extinción).

No me pareció mal, al fin y al cabo, quien algo quiere algo le cuesta, muy americano, bien… Pero ¿cuál es el problema que vi aquí? Bueno, di con un sinvergüenza —hay muchos y los conocemos a todos— que me editó dos libros pero incumplió casi todo lo que me prometió con la boca llena… Ellos no son escritores, no son editores; sólo tienen un negocio y me parece muy bien si no fuera porque mienten sistemáticamente; no saldan cuentas contigo, no te distribuyen, no llegas a las librerías, no hay promoción, no hay entusiasmo, no sabes dónde estás.

Has vuelto al principio.

Yo, que soy sagitario y apunto mis flechas hacia el cielo, me cogí un cabreo de cuidado, me consulté a mí mismo y me dije: «Tío, hazlo tú mismo».

«¡Claro! Tengo la creatividad, energía, la ilusión y la capacidad, y tiene que haber muchos más por ahí como yo» —dije entre mí.

Le di muchas vueltas a la idea, diseñé el logotipo, le di más vueltas y la cosa empezó a tomar cuerpo.

Y una tarde, en una presentación literaria, conocí a Chus Cuesta, realizadora de televisión, fotógrafa y excelente escritora que publicó El rostro de la bella Gabrielle y La casa del jardín de los cerezos.

 Estábamos en la misma onda, así que pusimos la maquinaria a trabajar.

Luego vinieron Rafael del Campo, dibujante gráfico que trabajó en La Codorniz, magnífico escritor y todavía guerrero a sus 60 años. Rosa Galán, tan personal, dicharachera y creativa que tiene grandes cosas entre manos; Sara Martínez (Sara Brassó) que ya ha publicado dos libros con nosotros, estupendos —Cuentos tristes para contar a la luz de la luna y Así en la tierra como en el cielo comprometidos con la realidad y muy especialmente con la deuda femenina, a la que la sociedad debe algo… todo ello con gran fantasía y colorismo; Diana Fernández Romero, nuestra amiga periodista que hace excelentes reportajes sobre nosotros y nos apoya en nuestras presentaciones y eventos; Francisco Jiménez “Glups”, lingüista en la Universidad de Toulouse, guitarrista de Swing y certero escritor del que esperamos un próximo libro de cuentos fuera de serie… y, en fin, muchos más; Patricia Retivoff, que publicó Donde duermen las mariposas; Alfonso Navarro Hurtado, Los cuentos que me cuento; Rafael Pañeda Reinlein, La suerte del otro; José Vicente Merino, El néctar del aliento.

         Todo esto en un año.

Finalmente, yo mismo he publicado hasta ahora dos obras: El álamo amarillo y Todos buscan desde siempre al rey.

 

¿Cuál es nuestra clave? No hay secretos, sólo tener las cosas claras y trabajar por ellas aprovechando el apoyo del Círculo independiente Ñ de escritores. ¡Hazlo tú mismo! Trabajamos con proyectos, nos reunimos e invitamos a otros escritores o interesados —hombres y mujeres—, estamos abiertos a todo, construyendo el proyecto CiÑe sobre la marcha, queriendo influir en el desmirriado panorama estético y sociocultural de este bendito país, poniendo una seriedad lúdica abierta a otras disciplinas artísticas (música, fotografía, cuentacuentos, arte digital…) promoviendo foros de discusión y opinión, pero desde una base firme que trabaja con proyectos serios, eso es lo que funciona, lo que nos interesa, no solamente un grupo de sobremesa para pasar los sábados de los que existen tantos… Nosotros somos un grupo activo y funcional.

Os cuento el caso de José Vicente Merino para que podáis ver como funciona. Él contactó conmigo a través de www.mandalaediciones.com —la editorial con la que publicamos y distribuimos nuestras obras a través del Estudio de Arte digital y autoedición LápizCero que regento— y me ofreció su manuscrito. Sabía que tendría que financiárselo, discutimos el proyecto, llegamos a un acuerdo y editamos el libro que ha quedado muy bien. Hicimos con Diana una entrevista que salió en el periódico de Vallecas; luego una presentación en El Bandido doblemente armado, el local que regenta Diego, hijo de la escritora Soledad Puértolas, aquí en Madrid; y, finalmente, enviamos el libro al programa de Dragó y, mira por donde, le gustó y lo lleva a la tele, cosa que nos va a dar un buen tirón tanto a él como autor como a nosotros como grupo. Mutuo beneficio que redunda en todos. 

Así que esta es la historia, parece que me he extendido un poco —joder parezco un escritor— pero ha merecido la pena. Si uno persigue algo de verdad, lo acaba consiguiendo pero, como es natural, todos tenemos que pagar el precio: perseguir a las editoriales convencionales, jugar con los concursos literarios, tratar de llegar al lector que es una de las razones —no la única— cómplices del escritor, digamos el destino del escritor y su obra, aunque la escritura sea un fin en sí mismo.

Xavier de Tusalle

Presidente de CiÑe