3) El debate por sus efectos.
En este caso, las posturas de los especialistas pueden sintetizarse en dos grandes líneas: la de los optimistas y la de los críticos y escépticos y lo que se discute no es, simplemente, sus alcances y consecuencias, sino también su incidencia específica para los Estados y el resto de los actores del sistema internacional. En este sentido, se desprenden de este debate una serie de cuestiones tangenciales tales como el debilitamiento del modelo del Estado-Nación, el incremento de la pobreza y la marginalidad, la problemática ambiental; en fin los temas fundamentales de la agenda internacional para las próximas décadas.
a) Los optimistas
Entre los optimistas se encuentra una nutrida gama de autores que creen que la globalización significa la existencia real y definitiva de inmensas posibilidades para todos los habitantes del planeta en todos los campos del saber y del hacer humanos; sostienen que se trata de una nueva oportunidad y de un nuevo recurso de la humanidad para proveer al progreso, al desarrollo y al crecimiento social. Sólo la globalización - enfatizan - ha podido barrer las distancias físicas, integrar al mundo y proyectarlo incluso, fuera de sí mismo, materializando mucho de lo que hasta ahora se creía imposible.
Esta posición se afirma en la convicción de que la ampliación de los mercados para las empresas se ha dado simultáneamente al aumento de la competencia. Una yuxtaposición ha creado enormes oportunidades, tanto para el desarrollo empresarial como para el crecimiento de una serie de países que han incrementado los retos de ajuste y transformación para hacer frente a un mercado mucho más competitivo. Desde este punto de vista, la profundización de la internacionalización de las empresas, ayudará a los Estados donde estas están ubicadas y también a otros a los que éstas se desplacen aportando inversión, conocimiento y tecnología.1
Desde su punto de vista, la globalización es una herramienta eficaz y una oportunidad única para operar los cambios necesarios que nos conducirán a generalizar la producción y el consumo; a potenciar sistemáticamente a la ciencia, la tecnología y la información; a articular al mundo entero y a conducirlo a una nueva etapa histórica que acabará con el hambre, la miseria y el sufrimiento humano. Según esta perspectiva, las distancias territoriales han dejado de ser un obstáculo para la realización de los proyectos y las fronteras ya no son muros de contención, sino puntos de contacto. Así, el mundo se integrará vertical y horizontalmente y esta operación favorecerá a los que hoy, tienen menos capacidades. Gracias a la globalización estamos avanzando hacia un universalismo que - dicen algunos - puede ser la llave del futuro de la humanidad.
Concretamente, para Joseph Stiglitz, la apertura del comercio internacional y el reforzamiento de los vínculos entre los actores globales, ayudó a numerosos países a crecer mucho más rápido de lo que podrían haberlo hecho en otras condiciones. Gracias a la globalización - dice el autor - sus poblaciones viven hoy mucho más tiempo y con una calidad de vida superior. En este sentido, las comunidades que menos han prosperado - muchas de ellas de Africa y algunas de América Latina - son precisamente las que menos se han abierto a los flujos del mercado: por lo tanto, deducción es sencilla: planeado en términos netos, el problema de la reducción de la pobreza está inexorablemente ligado a la efectiva inserción de los países en el mercado globalizado.2
Por su parte, tanto J. Dallar como M. Wolf y C. Rosemberg, consideran a la globalización como un desafío y sostienen que, si bien su desenvolvimiento entraña un cúmulo de dificultades, no hay que perder las esperanzas.
“La globalización ha potenciado el comercio internacional al igual que la libertad de movimiento del capital y de la tecnología. Es indudable que esto puede ayudar al progreso y a la diseminación de la tecnología y las ideas. Si los capitales se mueven en la dirección adecuada, es muy probable que la globalización termine impulsando el proceso de industrialización del Sur, la tercialización del Norte y, finalmente, la convergencia de la renta per cápita entre ambos.”3
b) Los críticos y los escépticos.
En el otro extremo del planteo se sitúan quienes entienden que este fenómeno no sólo es poco beneficioso para la gran mayoría de los hombres y los Estados, sino que su expansión sostenida implica severos riesgos e inconvenientes de diversa consideración. En general, se adscriben a esta línea los pensadores de izquierda, quienes identifican a la globalización como una nueva ideología que pretende mantener el poder político y económico de un reducido sector de la sociedad internacional. Desde su perspectiva, la globalización ha gestado nuevas situaciones de interdependencia e interpenetración que están desgastando las relaciones internacionales y profundizando los contrastes económicos y sociales a lo largo y a lo ancho del planeta. De hecho - sostienen - los condicionamientos inherentes al proceso han debilitado no sólo a las estructuras socio-políticas, sino también a los sistemas culturales e identitarios colectivos. En este sentido, cabe aclarar que el ejercicio de la soberanía nacional ha sido notablemente devaluado y los derechos y las prerrogativas de los Estados tienen cada vez menos posibilidades de efectivizarse. Así, pueblos y gobiernos se encuentran cada vez más presionados para integrarse a este esquema de relacionamiento planetario, pero sus limitaciones intrínsecas les impiden seguir las pautas y las metodologías que se les imponen.
En otro términos, lo que estos expertos plantean es: ¿hasta qué punto integrarse a la globalización es beneficioso? ¿Es válido tratar de alcanzar el desarrollo si ello implica mantener posiciones de subordinación en cuestiones fundamentales? ¿Son compatibles con las necesidades reales de los pueblos las propuestas del mercado, de las estructuras supra-nacionales o de los organismos internacionales? ¿Es efectivamente la globalización el último tren de la historia para quienes aspiran a modificar positivamente la realidad?4
Ignacio Ramonet es uno de los referentes de esta posición; un autor que ha criticado dura y sistemáticamente a la globalización.
La globalización conlleva una serie de riesgos y de daños políticos, económicos, sociales y culturales que no podrán ser revertidos, porque lo impide la propia naturaleza de su composición. En otras palabras, este fenómeno tan ponderado, no ha contribuido - y no contribuirá - a mejorar la calidad de vida de los seres humanos de este planeta; es más, es muy probable que profundice su deterioro.5
Conclusión:
Sin duda, la globalización existe y su existencia está determinada por su propia lógica; una lógica que crea, destruye y sustituye poco a poco, generando una metamorfosis planetaria que ha afectado definitivamente a los individuos, a las sociedades y a sus capacidades, pues - una vez más - ha confrontado a la Humanidad con su destino. Se trata de un proceso sumamente complejo, cuya sinergia afecta a todos y a casi todo; un proceso histórico que, indudablemente deberemos enfrentar.
“La globalización debe ser concebida como una inmensa dinámica en la que diferentes fuerzas - centrífugas y centrípetas, globalizadoras y fragmentadoras - funcionan de manera interactiva. En este complejo escenario, los actores sociales buscan reaccionar de la manera más adecuada, pero muchas veces sus respuestas profundizan las crisis en las que se encuentran inmersos. La globalización parece irreversible y encontrar los modos de afrontarla será una tarea ineludible.”6
Como siempre, a lo largo de la historia, las nuevas generaciones parecen estar mejor predispuestas y más preparadas para lograrlo. Sin embargo, nada hace pensar que la tarea sea sencilla. Como todo fenómeno específico, debe ser adecuadamente manejado pues sus desequilibrios pueden acarrear costos demasiado elevados. La agenda de los problemas del siglo XXI es abultada: la súper-población planetaria, la violencia en todas sus formas, delincuencia, la crisis medioambiental, la pobreza y la marginación, son algunos de sus puntos más distintintivos y todos y cada uno de ellos está troncalmente vinculado al fenómeno que hemos analizado.
Si evaluamos la cuestión de sus orígenes, podría decirse que indudablemente es un proceso que - en la actualidad - se manifiesta de una forma específica; una forma que le ha impreso nuevos rasgos y caracteres y que la hace profundamente distinta de sus antecedentes históricos. En cuanto a su naturaleza, es probable que sea una combinación de todo: un fenómeno y un proceso, una utopía y una ideología.
¿Qué podemos esperar de ella? Probablemente nada pues no se trata de un ser inteligente que determine sus metas y procedimientos; simplemente la globalización supone la existencia de un conjunto de condiciones que componen un contexto en el que nos ha tocado vivir. Un contexto histórico como el de la época imperial, el del feudalismo o el de las emancipaciones americanas. Eso sí: un contexto mucho más complejo, más interdependiente y probablemente más vulnerable. Un contexto en el que las oportunidades - pero también las amenazas - se han multiplicado sistemáticamente.7
Agosto de 2008
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Patricia Eugenia Kreibohm
Magister en Relaciones Internacionales; profesora de Política Internacional del Magister en RRII- (IDELA- Universidad Nacional de Tucumán); profesora titular (catedrática) de Historia Contemporánea y de Introducción a las Relaciones Internacionales (Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, Tucumán, Argentina). |
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