En esta sociedad, airear gases íntimos no está considerado como una práctica de buen gusto. Nosotros no estamos ni en contra ni a favor de este hecho. Sin embargo, en nuestra vida diaria esta actitud no es equivalente a nuestros actos, esto es, actuamos en contra de nuestras propias convicciones. Aguantarse las ventosidades no puede ser en ningún caso bueno para la salud, tanto física como mental. A pesar de ello, se nos impone pensar de una cierta manera. Pudiendo, en este caso, quebrantar incluso los principios morales que los miembros de esta comunidad intentan cumplir sin intermitencias. Es por ello que la naturaleza de nuestro cometido sea, sin lugar a ningún tipo de dudas, recordar que debemos ser tolerantes, y si la situación lo requiere, saber perdonar. Que lo expuesto arriba sirva para que la población urbana se despoje de parte del lastre que supone el estrés diario, y los habitantes no tan urbanos sigan viviendo en armonía con el aire que les envuelve.
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