[ De Lectores - Novel - Jacinta Escudos ]  
Época I.     Número 1.     Mayo de 2000.
 


El Placer
por Jacinta Escudos


     Jacinta Escudos es la colaboradora de mayor peso de este primer número de De Lectores  .Cuentista, poeta y novelista, ha colaborado -además- en periódicos y revistas nicaragüenses y salvadoreños (Barricada, Nuevo Diario,  Artefacto, El Ángel Pobre, Revista Cultura, Primera Plana, Tendencias,... ). Cuenta  con una extensa bibliografía que más de uno ya quisiéramos tener algún día.

Saca un pájaro de tu plato,
saca un conejo de la manga de tu camisa.
Inventa para mí,
desde el fondo de tu boca,
otro truco de magia.
("Lo que me dijo un gato").






     El gato se sienta a observar comer a la mujer.

     Ella está sentada en el jardín, sobre un taburete. Extiende sobre su regazo una servilleta de tela para no manchar su blanca falda y allí equilibra un plato hondo.

     La mujer saca del plato un muslo de pollo. Lo roe. Come con las manos. Entre mordida y mordida mira al gato, que espera con impaciencia a que ella le tire algo de comida. 

     El gato tiene una actitud demasiado canina. Está sentado erguidísimo, muy seguro de sí mismo, frente a su ama. A la mujer hasta le parece más grande que de costumbre.

     Intercambia miradas con el gato. Ella reta al felino a uno de sus juegos favoritos: busca el fondo de la pupila del animal y le sostiene la mirada. Casi siempre es ella la que tiene que bajarla primero. La mirada del gato es tan fuerte que le causa escalofríos. Siente que el felino puede comunicarse con ella mentalmente, con solo observarle las pupilas.

     La mujer tira el hueso y el gato corre tras él. Lo husmea pero ni siquiera lo prueba, y regresa a su posición original, frente a su ama.

     Ella le habla, le dice que debe comerse el hueso. El gato no hace caso.

     Ella ríe:

     -No te lo comes porque son huesos de pájaro muerto, ¿verdad? 

     El gato se impacienta. Ella sigue comiendo y viendo al gato.

     Entonces la mujer mete la mano en el plato y un par de pájaros salen volando desde su fondo.

     El gato se agita, los sigue con la vista un momento y mira de nuevo a su ama. Ella tiene un pájaro vivo, apretado entre sus dedos. Lo mira agitar las patas y el cuerpo. 

     El gato maúlla con ansiedad, le tiemblan los bigotes de sólo pensar que esa presa puede ser suya.
La mujer muerde el pecho del pájaro vivo.

     El gato mira la boca, masticante y sonriente, llena de sangre y plumas, de su ama. 

     Un par de gotas rojas caen manchando su blanca falda.


 




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