| El
deportista total: de chico sencillo a 'killer' en
competición |
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| M.E.B.\SANTIAGO |
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Con 62
kilos de peso para 1,74 es obvio que debe cuidar
su dieta "aunque no tanto como otras personas''.
Reconoce que "la comida me vuelve loco y sobre
todo la cocina gallega. Llegar a casa y que me
tengan preparado pulpo á feira, cocido...
y me entanta el jamón. Los yogures también eran un
vicio para mí, me tomaba de ocho a diez al día,
pero tuve que cortarme un poco y sustituirlos por
fruta porque no afinaba'', relata entre risas. Eso
sí, a la hora de meterse a la cocina se queda "en
la pasta, que me sale al dente, también
sabía hacer algún sofrito... que conste que alguna
vez pasé unas semanas solo y sobreviví''.
Encantado
con 'O Bruxo'
Comparte su vida con su
novia Isabel y le encanta "la tranquilidad''. Es
consciente "de los sacrificios de las novias de
los deportistas. Es difícil porque yo me levanto,
desayuno, me voy a nadar, vuelvo, me voy en bici,
llego, como, me echo una siesta (sagrada), me voy
a correr, una hora de gimnasio, estiramientos,
masaje o lo que sea y a dormir. Abro un libro y me
quedo frito''. Hace año y medio que le trata José
Luis Torrado O Bruxo y está "encantado''.
Como amo de
casa no se atreve a ponerse buena nota, "llevo
broncas todos los días'', aunque "sí soy el que
hago el desayuno. ¿Fregar? A veces''. Adora la
familia —de deportistas, algo que les inculcó su
padre. Su hermana Natalia es triatleta y está en
la Blume y Lorena hace deporte como hobby— . Su
otro reto es "poder hacer más felices a mis padres
porque lo que hicieron por mí y mis hermanos es
bastante más duro que lo que hago yo''. Recuerda
cómo "de niño iba a nadar a Santa Isabel tres días
a la semana (de Ordes a Santiago) con mucho
esfuerzo de mis padres, pues éramos cinco hermanos
y no nos lo podíamos permitir demasiado''.
Sin comerse
el coco
No lleva amuletos compitiendo
y su mínima concesión a la superstición es que "no
suelo estrenar cosas en carrera, aunque
últimamente intento pasar de todo, que nada me
suponga una comedura de coco, aunque siempre hay
alguna manía''. Cuente, cuente... "Le llevo
siempre las zapatillas a mi madre para que me las
toque antes de la carrera. Ella igual no lo
sabía''. A Lina le lleva a casa las medallas. "A
mi madre le gustan mucho; a mí lo que me gusta es
el momento de ganarlas, la sensación que te dejan
dentro''.
"No le
puedo pedir más a la vida, que se mantenga como
está, con salud y tranquilidad'', desea Iván, que
es un tío cabal y cree que "mi peor decisión igual
fue dejar los estudios al acabar BUP y la mejor
haberle echado un par para adelante al
triatlón''. Sabe que "no es fácil tirarse así al
vacío, por un sueño, y nunca sabremos, porque
igual ahora estaba de carpintero, o en el
Telepizza... o tal vez en la
universidad''. Eso sí, INEF, no. Su sueño de
comprar casa en la costa gallega "está próximo''.
¿Alguien duda aún de que nuestro súper campeón es
un chico sencillo?
Frío... sólo en
carrera
Iván reconoce que "igual soy
frío en carrera'' pero eso no es óbice para que
"me guste dejarme llevar, no ser siempre
calculador. Tengo buenos resultados porque en las
carreras igual fui algo más frío que la gente de
mi edad pues me mentalicé para eso. Y no digo que
fuera sea muy maduro''. Su sentido del humor goza
de buena salud y llevaba bien que "algún
graciosillo'' en el mundillo le llamase
frog (rana, en inglés). Él se "parte''
con "Los Tonechos, que salen en Luar, son
acojonantes''.
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| Cómo ser una leyenda y el
'antidivo' |
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Iván Raña
es una leyenda con sólo 24 años y su trayectoria
al alza indica que el mito aún crecerá. Practica
un deporte —otrora desconocido para el gran
público y hoy famoso por él, capaz de abrir
telediarios con un deporte que no es de masas—
en el que hay que nadar 1,5 kilómetros, correr
10 y recorrer 30 en bicicleta en el menor tiempo
posible y para ello dedicarle el mayor tiempo
posible. No escatima esfuerzos, es inmaculado y
escrupuloso con los entrenos y les dedica casi 6
horas al día. Sin fallo.
No sólo
practica un deporte que suena a
supermán, sino que es el mejor del
mundo.
Por su
grandeza como deportista es fácil caer en la
tentación de preguntarle '¿es un chico normal?'.
Teniendo el privilegio de compartir charla con
él te das cuenta de que la pregunta sobra. Que
nadie piense encontrarse a un divo. Tiene el
instinto ganador más pronunciado que pueda
imaginarse. Compitiendo es letal. El tópico de
'ganador nato' con él se queda corto. Y aún así,
es el antidivo. Iván es un crack del triatlón,
pero igual de crack fuera del circuito. La
persona supera al personaje.
Es verdad
que "hace más de dos años y medio que no salgo
de fiesta, y eso a mi edad es un pecado. Pero
corté en seco después de Sydney para tomarme
esto en serio porque es así como se dan los
resultados''. Pero igual de cierto es que no es
"ningún bicho raro, porque a veces lo echo en
falta. Pero me compensa el sacrificio''. Es
consciente de que "dejé muchas cosas atrás por
el triatlón. Pero si algo tengo claro desde que
empecé en serio a los 15 años es que haría todo
lo necesario para llegar arriba''.
Ahora
está lo más arriba que se puede estar. Y es
agradable ver que no vive en una nube. Aparte de
hacer hora y media de natación, dos o tres de
bicicleta y más de una de gimnasio al día, tiene
sitio para otras pasiones. Como cualquier
mortal. Aunque lo que él hace no pueda hacerlo
cualquier mortal.
Hay dos
cosas que le pierden. El mundo del motor, los
rallys, pasión que comparte con sus hermanos
Antonio (piloto) y Manuel (copiloto), que
compiten en el Gallego de Rallyes. "Me puedo
pasar horas hablando de coches, de mecánica, de
rallys, me entretiene''. Ahora que Moya (ex
copiloto de Sainz) se pasó al triatlón largo (4
km. nadando, 120 en bici y 30 corriendo), cuando
coinciden le acribilla a preguntas de rallys. Y
viceversa.
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