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Viernes 4 de Julio de 2003

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El deportista total: de chico sencillo a 'killer' en competición
 
 
M.E.B.\SANTIAGO
 

      Con 62 kilos de peso para 1,74 es obvio que debe cuidar su dieta "aunque no tanto como otras personas''. Reconoce que "la comida me vuelve loco y sobre todo la cocina gallega. Llegar a casa y que me tengan preparado pulpo á feira, cocido... y me entanta el jamón. Los yogures también eran un vicio para mí, me tomaba de ocho a diez al día, pero tuve que cortarme un poco y sustituirlos por fruta porque no afinaba'', relata entre risas. Eso sí, a la hora de meterse a la cocina se queda "en la pasta, que me sale al dente, también sabía hacer algún sofrito... que conste que alguna vez pasé unas semanas solo y sobreviví''.

      Encantado con 'O Bruxo'

Comparte su vida con su novia Isabel y le encanta "la tranquilidad''. Es consciente "de los sacrificios de las novias de los deportistas. Es difícil porque yo me levanto, desayuno, me voy a nadar, vuelvo, me voy en bici, llego, como, me echo una siesta (sagrada), me voy a correr, una hora de gimnasio, estiramientos, masaje o lo que sea y a dormir. Abro un libro y me quedo frito''. Hace año y medio que le trata José Luis Torrado O Bruxo y está "encantado''.

      Como amo de casa no se atreve a ponerse buena nota, "llevo broncas todos los días'', aunque "sí soy el que hago el desayuno. ¿Fregar? A veces''. Adora la familia —de deportistas, algo que les inculcó su padre. Su hermana Natalia es triatleta y está en la Blume y Lorena hace deporte como hobby— . Su otro reto es "poder hacer más felices a mis padres porque lo que hicieron por mí y mis hermanos es bastante más duro que lo que hago yo''. Recuerda cómo "de niño iba a nadar a Santa Isabel tres días a la semana (de Ordes a Santiago) con mucho esfuerzo de mis padres, pues éramos cinco hermanos y no nos lo podíamos permitir demasiado''.

      Sin comerse el coco

No lleva amuletos compitiendo y su mínima concesión a la superstición es que "no suelo estrenar cosas en carrera, aunque últimamente intento pasar de todo, que nada me suponga una comedura de coco, aunque siempre hay alguna manía''. Cuente, cuente... "Le llevo siempre las zapatillas a mi madre para que me las toque antes de la carrera. Ella igual no lo sabía''. A Lina le lleva a casa las medallas. "A mi madre le gustan mucho; a mí lo que me gusta es el momento de ganarlas, la sensación que te dejan dentro''.

      "No le puedo pedir más a la vida, que se mantenga como está, con salud y tranquilidad'', desea Iván, que es un tío cabal y cree que "mi peor decisión igual fue dejar los estudios al acabar BUP y la mejor haberle echado un par para adelante al triatlón''. Sabe que "no es fácil tirarse así al vacío, por un sueño, y nunca sabremos, porque igual ahora estaba de carpintero, o en el Telepizza... o tal vez en la universidad''. Eso sí, INEF, no. Su sueño de comprar casa en la costa gallega "está próximo''. ¿Alguien duda aún de que nuestro súper campeón es un chico sencillo?

Frío... sólo en carrera

Iván reconoce que "igual soy frío en carrera'' pero eso no es óbice para que "me guste dejarme llevar, no ser siempre calculador. Tengo buenos resultados porque en las carreras igual fui algo más frío que la gente de mi edad pues me mentalicé para eso. Y no digo que fuera sea muy maduro''. Su sentido del humor goza de buena salud y llevaba bien que "algún graciosillo'' en el mundillo le llamase frog (rana, en inglés). Él se "parte'' con "Los Tonechos, que salen en Luar, son acojonantes''.

  
Cómo ser una leyenda y el 'antidivo'
 
 

      Iván Raña es una leyenda con sólo 24 años y su trayectoria al alza indica que el mito aún crecerá. Practica un deporte —otrora desconocido para el gran público y hoy famoso por él, capaz de abrir telediarios con un deporte que no es de masas— en el que hay que nadar 1,5 kilómetros, correr 10 y recorrer 30 en bicicleta en el menor tiempo posible y para ello dedicarle el mayor tiempo posible. No escatima esfuerzos, es inmaculado y escrupuloso con los entrenos y les dedica casi 6 horas al día. Sin fallo.

      No sólo practica un deporte que suena a supermán, sino que es el mejor del mundo.

      Por su grandeza como deportista es fácil caer en la tentación de preguntarle '¿es un chico normal?'. Teniendo el privilegio de compartir charla con él te das cuenta de que la pregunta sobra. Que nadie piense encontrarse a un divo. Tiene el instinto ganador más pronunciado que pueda imaginarse. Compitiendo es letal. El tópico de 'ganador nato' con él se queda corto. Y aún así, es el antidivo. Iván es un crack del triatlón, pero igual de crack fuera del circuito. La persona supera al personaje.

      Es verdad que "hace más de dos años y medio que no salgo de fiesta, y eso a mi edad es un pecado. Pero corté en seco después de Sydney para tomarme esto en serio porque es así como se dan los resultados''. Pero igual de cierto es que no es "ningún bicho raro, porque a veces lo echo en falta. Pero me compensa el sacrificio''. Es consciente de que "dejé muchas cosas atrás por el triatlón. Pero si algo tengo claro desde que empecé en serio a los 15 años es que haría todo lo necesario para llegar arriba''.

      Ahora está lo más arriba que se puede estar. Y es agradable ver que no vive en una nube. Aparte de hacer hora y media de natación, dos o tres de bicicleta y más de una de gimnasio al día, tiene sitio para otras pasiones. Como cualquier mortal. Aunque lo que él hace no pueda hacerlo cualquier mortal.

      Hay dos cosas que le pierden. El mundo del motor, los rallys, pasión que comparte con sus hermanos Antonio (piloto) y Manuel (copiloto), que compiten en el Gallego de Rallyes. "Me puedo pasar horas hablando de coches, de mecánica, de rallys, me entretiene''. Ahora que Moya (ex copiloto de Sainz) se pasó al triatlón largo (4 km. nadando, 120 en bici y 30 corriendo), cuando coinciden le acribilla a preguntas de rallys. Y viceversa.




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