

Hasta nosotros sube de los confines del mundo
El anhelo febril de la vida:
Con el lujo la miseria confundida,
Vaho sangre de mil fúnebres festines,
Espasmos de deleite, afanes, espantos,
Manos de criminales, de usureros, de santos,
La humanidad con sus ansias y temores,
A la vez que sus cálidos y pútridos
olores,
Transpira santidades y pasiones groseras,
Se devora ella misma y devuelve después
lo tragado,
Incuba nobles artes y bélicas quimeras,
Y adorna de ilusión la casa en llamas
del pecado;
Se retuerce y consume y degrada
En los goces de feria en su mundo infantil,
A todos les resurge radiante y renovada,
Y al final se les trueca en polvo vil
Nosotros, en cambio, vivimos las frías
Mansiones del éter cuajado de mil claridades,
Sin horas, ni días,
Ni sexos, ni edades.
Y vuestros pecados y vuestras pasiones,
Y hasta vuestros crímenes nos son distracciones,
Igual que el desfile de tantas estrellas
Por el firmamento.
Infinito y único es para nosotros el
menor momento.
Viendo silenciosos vuestras pobres vidas inquietas,
Mirando en silencio girar los planetas,
Gozamos del gélido invierno espacial.
Al dragón celeste nos une amistad perdurable;
Es nuestra existencia serena, inmutable,
Nuestra eterna risa, eterna y astral.

Esta sección está dedicada a pequeños cuentos
o relatos cortos escritos por H. Hesse en su juventud:
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Demian
La vida de todo hombre es un camino hacia sí mismo,
la tentativa de un camino, la huella de un sendero.
Ningún hombre ha sido nunca por completo él mismo;
pero todos aspiran a llegar a serlo, oscuramente unos, más
claramente otros,
cada uno como puede. Todos llevan consigo, hasta el fin,
viscosidades y cáscaras de huevo de un mundo primordial.
Alguno no llega jamás a ser hombre,
y sigue siendo rana, ardilla u hormiga.
Otro es hombre de medio cuerpo arriba, y el resto, pez.
Pero cada uno es un impulso de la Naturaleza hacia el hombre.
Todos tenemos orígenes comunes: las madres;
todos nosotros venimos de la misma sima,
pero cada uno –tentativa e impulso desde lo hondo- tiende a su propio
fin.
Podemos comprendernos unos a otros, pero sólo a sí
mismo puede interpretarse cada uno.
siempre lo modifican, lo falsifican, lo ridiculizan." La desesperación es el resultado de pretender tomarse en serio la vida con todas sus bondades, la justicia y la razón, y de cumplir con sus exigencias. La deseperación es como un río; en una orilla están los niños; en la otra los hombres maduros, los que han despertado ya de su letargo. Vivimos sólo de nuestros pobres, bellos, y magníficos sentimientos, y cada sentimiento que lastimamos es una estrella que apagamos. |