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Fuentes del
Narcea: parque sin vecinos
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Desde hace mucho tiempo,
quizá demasiado, se están publicando opiniones, que no coinciden con
la realidad, sobre el futuro parque de las Fuentes del Narcea,
Degaña e Ibias.
Nos resulta doloroso y fuera de contexto el desconocimiento total
que vierte la mayoría de los que opinan sobre sus gentes, sus
costumbres y, en definitiva, sobre su manera de entender la vida y
de relacionarse con el medio, en este caso, con la naturaleza.
Los vecinos, los que vivimos, conocemos y amamos nuestra tierra, no
contamos para bien, sólo para mal, pues nos consideran talibanes,
depredadores o furtivos como si los políticos cuneros o los
ecologistas domingueros, que viven en las ciudades, fueran los que
hicieron que el medio presente un grado de conservación óptimo.
Salvo las explotaciones, en el límite del parque, a cielo abierto de
Vitorino Alonso en Tormaleo y otras minas de la zona, junto con el
fuerte impacto que se dio en el acondicionamiento de la AS-212, en
el que se vertieron miles de toneladas de escombros e, incluso,
quedan restos de maquinaria y red en los taludes.
No se nos informó del anteproyecto de ley. Lo que sí se hizo es
enviar a algunos pueblos a funcionarios, sin ningún escrúpulo, que
trataron de adoctrinarnos considerándonos menores de edad. Por
favor, señores de la Administración, un poco de seriedad y cuando
envíen a alguien a un pueblo que al menos no sea analfabeto
funcional, ya que eso ya lo somos muchos de nosotros, no todos.
Pensamos que nos faltó información veraz y adecuada para poder tomar
una decisión sosegada como implicados que somos teniendo en cuenta
nuestro sentido de la responsabilidad, pues afecta a nuestro futuro
y al de nuestros descendientes. Entendemos que sería bueno informar
a los vecinos de forma precisa y concisa para delimitar el problema
en sus justos términos. Decimos, muchos, que ya pasó la época de las
vacas gordas, que el monocultivo del carbón llegó a su fin, que
tenemos que buscar nuevos nichos de riqueza para poder seguir
viviendo en nuestras tierras, esas que están llenas de recuerdos y
significados que nos dicen algo.
Vemos con preocupación que en la ley se nos limitan nuestros
derechos a cambio de nada, que nos ponen una carga tan pesada que,
prácticamente, nos obligan a abandonar nuestras tierras, a emigrar,
a ser forasteros en el lugar al que nos desplacemos. Da la sensación
de que lo que el Gobierno del Principado quiere es un parque sin
vecinos para llevar a visitantes de fuera. Esto nos parece un error
porque allí donde el hombre no cuida las sendas, las tierras, los
prados... no habitan ni los pájaros más insignificantes, todo se
convierte en erial. No nos parece serio que a las alegaciones
presentadas se nos contestara de forma impersonal, en un panfleto
estereotipado y confuso. Si nos molestamos en plantear alegaciones,
se podían molestar en contestar de forma personalizada y justificar
el sueldo y el respeto que se nos debe como Administración, pues
somos ciudadanos y no súbditos ni siervos. Es curioso que la mayoría
de los que lo defienden no viva lo cotidiano en el sitio. O viven en
la ciudad o no tienen allí ningún arraigo, pues no consideran la
tierra como propia; sólo es un medio para sacar lo que se pueda y
llevarlo a la ciudad. Están de tránsito, de paso hacia ninguna
parte.
No entendemos cómo no se nos da la posibilidad de participar en su
gestión en la toma de decisiones, pues es nuestra vida la que está
en juego, no la de los burócratas y desocupados de la ciudad.
Tampoco vemos por qué no se buscan nuevas fórmulas o se cambia la
ley diciendo que los vecinos participarán en un 40 por ciento o 50
por ciento. Por otro lado, no sería nada malo buscar fórmulas
alternativas al parque, como entregar los montes a los vecinos para
que los administren como propios y por ello reciban unos beneficios.
Un sector del PP y algunos nacionalistas fueron los que supieron
detectar el problema que subyace en el fondo de la cuestión, acaso
sean los que mejor supieron entender el sentir popular. Otros
partidos y sindicatos se declararon a favor sin consultar a nadie
por real decreto dictado desde Oviedo al pie de la letra.
Tendremos que luchar todos para evitar que un grupo de bárbaros o
cabreados conviertan el parque en humo y cenizas. Con ello
perderemos todos, pero, los que más, los vecinos. Busquemos fórmulas
para que eso no ocurra y a ver si la Administración entiende que
ella es quien tiene la solución y que debe velar por los intereses
de todos. Necesitamos mayor calidad de vida, necesitamos
acercamiento de los servicios, necesitamos más visitantes,
necesitamos más dinero de la Administración, necesitamos mejores
comunicaciones, necesitamos pagar menos impuestos, necesitamos
compensaciones para poder vivir en una zona tan dura, pero lo que en
absoluto necesitamos son imposiciones como ésta. Sería bueno que se
nos escuchara, pues algo tenemos que decir y lo diríamos como
afectados. José Alipio García Menéndez es profesor y vecino de
Tablado. |
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