ROSA REGÁS

 

 

 

 

 

 

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Índice Nº5:

1.  Editorial

2.  El autor y su obra:

     Stefan Zweig

3.  Descubriendo...:

     R. García Aguilar

4.  El clásico:

     El corazón de las

     tinieblas

     de J. Conrad

5.  Historias

6.  Imagen & palabra:

     Los planetas de

     los simios

7.  Cita con...:

     Rosa Regás

8.  Top Ventas &

     Novedades

9.  Sus Favoritos:

     Jesús Arana

10. Enlaces

                                                     

  NÚMERO 5

  INVIERNO 2002/2003

Cita con...

 

“La escritora Rosa Regás estará el próximo jueves en la Biblioteca de Barañain charlando con los lectores y firmando autógrafos a todos los que estén interesados…” Algo así es lo que decía el anuncio que nos tentó a aparecer, grabadora en mano, a conocer personalmente a esta mujer singular. Con la cabeza bien alta y la mirada al frente, se define como madre, escritora, mediterránea y catalana. Transmite fuerza y una viva personalidad. Le tocó en suerte una infancia complicada en plena posguerra que ha dejado una imborrable huella en su forma de ver la vida y en sus libros. Es, en definitiva, una persona enormemente interesante. Os invitamos a conocer a esta escritora a través de sus palabras que hemos transcrito fielmente tras el encuentro que mantuvimos con ella hace unas fechas.

 

 

ROSA REGÁS

 

 

La iniciación y la consagración

de una escritora tardía

 

 

El camino a la Literatura:

las raíces

“Supongo que lo que os interesará saber es cómo he llegado a la literatura y cómo he llegado hasta aquí. Yo pertenezco a una familia de las que en Cataluña se llaman “heridos por la letra”. Es decir, esas personas que no perteneciendo al mundo de la literatura, están muy orgullosas de haber escrito unas memorias, o de haber escrito un libro.

Desde pequeña, no sé por qué, todo el mundo en mi familia sabía que yo acabaría siendo escritora y yo también lo sabía. Pero el tiempo pasa muy rápido y cuando me quise dar cuenta, habían transcurrido ya cincuenta años. Entre otras cosas porque no tengo sólo una vocación. Hay literatos que sólo tienen una vocación y desde los 15 años empiezan a escribir y escribir y escribir… Por suerte o por desgracia, éste no es mi caso.”

 

Las vocaciones y las decisiones

 “Yo he tenido muchas vocaciones, con lo cual siempre peligra mi vocación de escritora. Pero en cualquier caso, tenía vocaciones más prioritarias, no porque no me interesara escribir, sino porque pensaba que siempre tenía tiempo para hacerlo.

Tuve una vida agitada, divertida, apasionada y muy llena. Muy difícil a veces, muy fácil otras, de la que no me arrepiento. No me arrepiento ni de una sola de las cosas que he vivido. Pero llegó un momento en el que me dije: he tenido muchos hijos, he plantado muchos árboles, pero al paso que voy me acabaré muriendo sin haber escrito un libro.

Fue entonces, cuando tenía cincuenta años, cuando tomé las decisiones más importantes de mi vida. O, por lo menos, si no las más importantes, sí las más vistosas. Me separé de mi marido, salí de mi ciudad, vendí la editorial, dejé de fumar, me presenté a los exámenes de traductora de las Naciones Unidas y pasé el examen, con lo que tenía la vida asegurada y empecé un periplo por el mundo.

Mis hijos eran muy mayores. La ventaja de casarse joven es que a los cincuenta años tu hijo mayor ya tiene 32, con lo cual, ya no te necesita. Es decir, te necesita mucho menos de lo que era habitual hasta entonces. Aunque, desde luego mucho más de lo que se cree.

Y entonces empecé esta vida de traductora: unos meses en Nueva York, otros en Ginebra, otros en Nairobi, pero siempre con un pequeño ordenador machacado por el uso. Y empecé a escribir.“

 

¿Qué significa escribir para Rosa Regás?

“Empecé a escribir sin saber que la escritura es un trabajo distinto del que parece. Para escribir no hace falta sólo ponerse, no hace falta sólo tener un argumento. Escribir, y, sobre todo, escribir ficción, es un ejercicio de interiorización.

Es un ejercicio de buscar dentro de uno mismo aquello que tenemos que escribir. Todos nosotros tenemos una larga experiencia, todos somos todo lo que hemos vivido. Pero casi todo lo que hemos vivido, lo hemos olvidado. Hemos olvidado, por ejemplo, el día en que abrimos los ojos a la vida y oímos a nuestra madre, a nuestro padre, a la enfermera, a la comadrona, a quien fuera. Y debió ser una experiencia extraordinaria. Sin embargo, la hemos olvidado. Hemos olvidado la primera pelea… y la segunda… y la tercera. Hemos olvidado el primer amor y el segundo y el tercero, los primeros besos, las primeras angustias, los primeros celos. Pero también los segundos y los terceros. Decimos, “yo tengo superado este amor”, el recuerdo de este amor. No lo tengo superado, lo tengo olvidado…

Sin embargo, nosotros somos todo esto, somos exactamente todo lo que hemos vivido, Pero, ¿dónde está todo esto? Todo lo que hemos vivido está, yo creo, en un cuarto oscuro, en un agujero negro. ¿Sabéis lo que es un agujero negro, verdad? El agujero negro es un lugar donde hay tal fuerza de atracción que atrae todo lo que tiene a su alrededor y lo atrae, lo condensa con tal fuerza que se va quedando en nada. Prácticamente desaparece. Esto es un agujero negro. Un agujero negro contiene todo lo que ha atraído, pero lo contiene tan, tan condensado que prácticamente no existe.

Yo creo que éste es el cuarto oscuro que todos tenemos donde se guardan todos los recuerdos, todas las cosas que hemos olvidado. Y es a este cuarto oscuro donde los escritores vamos a parar, o por lo menos donde yo voy a parar cuando quiero escribir.”

 

El cuarto oscuro

“Me sumerjo en este agujero negro, en este cuarto oscuro e intento sacar recuerdos que me servirán para hacer un personaje, alguna cara que tengo olvidada que me servirá en ese momento para un diálogo, para una situación determinada, para explicar un odio o un amor, o una apetencia de cualquier estilo. ¿Pero qué ocurre? Nosotros vamos y nos sumergimos dentro de este cuarto oscuro y lo que encontramos, que es nuestra vida, no lo reconocemos como tal porque de la misma manera en que nuestros recuerdos cambian con el tiempo, como cambian nuestras caras, como cambian los paisajes, como cambian los ríos, como cambia todo, también cambia aquello que ha ido a parar a nuestro cuarto oscuro.

Se ha ido transformando con el tiempo y cuando nosotros lo recogemos, creemos que estamos recogiendo algo original y nos vamos dando cuenta de que estamos recogiendo nuestra propia vida en unos parámetros que no somos capaces de reconocer. Por eso se dice que el escritor cuenta una y otra vez su propia historia. Lo que ocurre es que la cuenta de una manera en que ni siquiera él mismo la reconoce. Así empecé yo a escribir.”

 

Escribir: un ejercicio doloroso.

Ginebra

“Empecé a escribir así. Buceando en lo olvidado. Hasta que me di cuenta de la dificultad que esto implicaba. Por eso me costaba tanto, por eso me entretenía tanto antes de ponerme a escribir. Porque es un ejercicio doloroso hurgar dentro de uno mismo y es un ejercicio doloroso sacar de allí una situación o una experiencia sin casi reconocerla. Es un ejercicio doloroso y difícil.

Pero poco a poco lo fui haciendo y así apareció mi primer libro, una historia que se llama “Ginebra”. Fue una historia que me encargaron. De otra forma, tal vez nunca me hubiera atrevido a escribir. Porque, cuando uno se pone a escribir por primera vez, (sobre todo las personas que han empezado a escribir de muy mayores)  ocurre que la propia escritura produce cierta vergüenza. De la misma manera que nos produce cierta vergüenza oír nuestra propia voz la primera vez que la oímos en una cinta magnetofónica o que nos vemos a nosotros, a nuestra imagen en un vídeo.

La primera vez nos chirría todo porque no nos vemos tal y como nosotros creemos que somos. Todas estas dificultades fueron las que fui salvando antes de escribir este primer libro.”

 

Tirando del hilo se construye

el mundo de ficción

“Luego empecé a escribir mi primera novela. Y empecé a escribirla partiendo de una tontería, de una situación, de una chica que construía un gallinero.  Es realmente una tontería. Pero a partir de ahí fui tirando del hilo: y esta chica de dónde viene, quién es su padre, por qué está en este lugar, qué ha pasado con el gallinero, cómo es el paisaje… Y poco a poco se va construyendo el mundo.

Se va construyendo un mundo de ficción que para el escritor es tan real, tan absolutamente real como el mundo en que estamos inmersos.  Esta es una de las razones por las que a las mujeres que estamos casadas y tenemos hijos nos cuesta más escribir que a las personas que están solas. Hace falta un lugar libre en la mente en que construir este mundo que debe ser creíble y coherente.

Pero es muy difícil si uno tiene realmente un mundo real del que se tiene que estar ocupando día a día, como es el de los niños, el dentista, el colegio, las vacaciones, etc. Es muy difícil dejarlo en un rinconcito e irse al mundo mágico, al mundo irreal de la ficción…

Cuando ya está construido este mundo de ficción, cuando ya se ha construido poco a poco, tirando del hilo, sólo queda saber si realmente el estilo utilizado es el propio.”

 

Encontrar el estilo propio:

la música de mi prosa.

Memoria  de Almator

“Todos sabemos que un estilo determinado da una novela y otro estilo da otra. Por decirlo de una manera más simple, lo que yo digo de una forma nos da una realidad, pero si lo transmito de otra, nos da una realidad distinta. Por lo tanto, a cada historia le corresponde una realidad, a cada historia le corresponde un estilo, a cada historia le corresponde una voz, un tono determinado.

Encontrar este tono y esta voz es seguramente lo más difícil de la narrativa, lo más difícil de la ficción.

Para mí, la música de mi propia prosa es la única guía que tengo. Es lo único que me dice si aquella prosa que ya no me chirría es mi música. Si la reconozco como propia, sé que voy por buen camino. Así es como, poco a poco, fui escribiendo esta novela que se llama “Memoria de Almator”.

Una novela que yo describiría como sensual, de paisajes, una novela de tiempos y una novela de recuperación de la propia vida por parte de una mujer que ha vivido siempre protegida. Y digo “protegida” por no decir “sometida”, primero por su padre, después por su marido y después por su amante. Esta novela fue mi primera novela.

 Salió sin pena ni gloria, tuvo buenas críticas, pero desapareció enseguida como desaparecen tantos libros del mercado.”

 

Enamorada del mar. Azul

“Fue entonces cuando me puse a escribir “Azul”.

Es la historia de una mujer, pero vista a través de los ojos del hombre que está absolutamente enamorado y fascinado por ella. Esta novela me costó muchísimo trabajo, pero me dio muchas satisfacciones porque es una novela de mar. Es una novela de mar y de amor.

Yo soy una persona más que enamorada del mar. Echo de menos el mar todos los días y todas las horas de mi vida porque he nacido junto al mar y las personas que hemos nacido junto al mar olemos el mar y, cuando no lo olemos, lo echamos de menos.

Por lo tanto, en esta novela volqué todo mi amor al mar y toda mi fascinación.

Yo tuve durante unos años, los años de la infancia de mis hijos, tuve un barco, una mallorquina, un barco pequeño, de estos que hacen “chup, chup, chup”. Tuve que aprender a navegar y navegué durante todos los veranos.

Realmente conozco el mar, o conocía (porque ya va quedando lejos en el tiempo) los secretos del mar, al menos los del mar cercano a la costa. Y ésta es la historia de una pareja relacionada con el mar.”

 

Así surgió Azul

“Yo tenía un amigo muy querido, queridísimo. Él había venido a la universidad con nosotros y se había hecho muy rico, inmensamente rico. Tenía un barco muy grande y un día nos invitó a varios amigos a pasar una semana en este barco en las islas griegas y en la costa turca. Y yo quería agradecérselo, quería hacerle un regalo.

Es muy difícil hacerle un regalo a una persona muy rica, porque, si no tiene algo es porque no lo quiere tener. Si no, ya se lo habría comprado. Con lo cual, yo no sabía muy bien qué regalarle y pensé que le haría un cuento sobre nuestro viaje a la última isla que visitamos.

Y empecé a escribir esta historia a raíz de que vi a una vieja que rondaba por las ruinas. Era una isla que todavía estaba en ruinas porque había sido destruida durante la guerra mundial hacía cuarenta años. Y esta vieja iba caminando por allá. A mí me fascinó y empecé a hilar una historia a partir de esta vieja, pero se me fue complicando y complicando.

En vez de un cuento, como yo quería en un principio, salió una novela, una novela que yo dediqué a este amigo a quien yo llamaba “Estorni” porque me había introducido en la poesía de Alfonsina Estorni, una poetisa argentina que se había suicidado en los años treinta.

El libro lleva esta dedicatoria: “Para Estorni, esta historia que le pertenece”. Estorni, mi amigo, murió de un cáncer tres meses después de que saliera mi libro al mercado. Murió, pero tuvo tiempo de ver todavía que le había dedicado el libro y, por lo tanto, yo quedé, muy triste por su muerte, pero satisfecha porque, por lo menos, habíamos quedado en paz.

Este libro ganó el premio Nadal.”

 

Sobre premios y premiados

“Este premio supuso para mí realmente una gran ilusión porque me dio la oportunidad de pasar de ser conocida, de ser leída por mil personas, a ser leída por cien mil. Fue un libro que se vendió muchísimo y que me dio la oportunidad de tener un público mucho más amplio, que es lo que finalmente quiere cualquier escritor.

Lo que quiere un escritor es que le lean, de la misma manera en que un actor quiere que le vean. No tiene sentido un actor actuando en el cuarto de baño de su casa, sin público. Para nosotros, los escritores, si no hay alguien que lea lo que escribimos, aunque sea sólo una persona, tiene poco sentido. Al principio siempre estamos diciendo “yo escribo para mí sola”, pero en el fondo lo que ocurre es que no nos atrevemos a dar el salto a escribir para los demás.”

 

Otros libros de viajes,

del corazón y de los recuerdos

de la infancia

“Después de esto, estuve en Siria y escribí un libro sobre este viaje. Fue un viaje de tres meses por el territorio sirio, sobre todo con la finalidad de demostrar que este país llamado “terrorista” no sólo no era terrorista sino que fue el país más seguro que he visitado en mi vida. Viajé sola, alquilé un coche, viajé por el desierto, fui invitada por los beduinos y nunca me pasó nada. Jamás. Al contrario. Es uno de los viajes más bellos, más extraordinariamente hermosos que he hecho en mi vida. Y este fue otro de mis libros.

Tras este libro, escribí “Pobre corazón”, una serie de cuentos basados en la realidad. Cuando digo que están basados en la realidad, no quiero decir que sean cuentos reales, quiero decir que tienen una raíz real. A partir de ahí fui fabulando.

Entonces, empecé poco a poco a meterme en el mundo de la postguerra española de la que yo fui una de sus víctimas. Soy hija de padres republicanos y separados. Yo nací un par de años antes de la guerra. Mis hermanos y yo fuimos enviados al extranjero para que no nos alcanzaran las bombas fascistas. Cuando los fascistas entraron en Barcelona, mis padres salieron para el exilio, pero nosotros volvimos porque mi abuelo se había pasado a Franco, como todos los burgueses catalanes, y pudo reclamar a sus nietos antes de que llegara la guerra mundial.

Escribí una historia basada en mi propia historia. De hecho, cuando yo era muy pequeña siempre decía “cuando sea mayor seré escritora y escribiré esta historia”. Fue una historia brutal y triste en la que nosotros pasamos a depender de la Iglesia Católica. A mi madre la podíamos ver una vez al mes en el Tribunal de Menores. No la podíamos besar ni tocar. Así estuvimos desde los seis años hasta que me casé, a los dieciocho.

 Y si teníamos un cero en latín, pongamos por caso, o un tres o un cuatro en historia íbamos a parar al correccional porque se suponía que éramos niños que estabamos ya tocados por el mal.”

 

Luna Lunera

“La historia de estos niños es la historia de “Luna lunera”. Es una historia que yo escribí con mucha emoción, pero de la que quedé muy satisfecha porque tampoco me hería demasiado al no ser exactamente mi propia historia, sino, como ya he dicho antes, una ficción fabulada sobre algo real.

Monté este mundo de los niños de la postguerra con las voces de las mujeres de la cocina de las casas burguesas, la de la mujer que lavaba, la de la mujer que planchaba, la de la mujer que servía la mesa, etc. Todas estas mujeres que formaban parte de la familia en un segundo plano. Y estas mujeres conocían toda la historia de la familia por haberla oído a través de las puertas, por haber oído las escenas, por haber sido testigo pasivo de lo que ocurrió en la postguerra.

Este cuento me dio una gran satisfacción porque consiguió el premio “Ciudad de Barcelona”, un premio al  que uno no se presenta, sino que el jurado lo elige entre los libros publicados ese año.”

 

El premio Planeta:

La canción de Dorotea

“Ya estamos en el año 1999. Escribí una novela titulada “La canción de Dorotea”. Siempre creo que la novela que voy a escribir ha de ser un poquito mejor que la anterior. Y pensé que en esta novela que iba a escribir debía introducir elementos distintos, elementos que no pertenecieran simplemente a la memoria histórica o al interior de mí misma, sino que pertenecieran al mundo, al ambiente en el que se desarrollara la historia.

Que el ambiente estuviera mejor explicado y que fuera una historia que también, por decirlo así, tuviera un cierto ritmo de interés, de intriga. Tuve la inmensa suerte de que este libro ganara, como sabéis, el premio “Planeta” del año pasado. Con lo cual, yo conseguí muchísimo dinero, incluso después de que Hacienda se quedara más de la mitad. Pero, de todas maneras, conseguí el dinero suficiente como para poderme permitir vivir un poco más sin trabajar. Es decir, que podía disponer de más tiempo libre para escribir. Cosa que todavía no he conseguido del todo. Y me dio la oportunidad de llegar a muchísima más gente.

El premio “Planeta”, y esto no lo digo como mérito de mi novela, sino como mérito de la editorial, tiene el valor inmenso de haber llegado a muchas personas, muchas de las cuales sólo compran un libro al año. Me gustaría que no fuera así, me gustaría que todo el mundo comprara más libros, que leyera más libros, que por lo menos fuera a las bibliotecas y leyera más libros. Porque estoy convencida de que de la misma forma que hacer deporte, caminar por la calle, ejercita los músculos de nuestros brazos, de nuestras piernas, de nuestro vientre y nos hace más fuertes retrasando el camino de la vejez, también lo estoy de que la lectura ejercita las facultades de nuestra mente, de nuestra alma y también hace que de alguna manera se retrase la vejez y desarrollemos nuestra inteligencia, nuestra fantasía, nuestra memoria y nos convirtamos en personas capaces de imaginar mundos distintos, con lo que el campo de las posibilidades de nuestra felicidad se hace infinitamente mayor.

Y esta ha sido mi historia literaria.”

 

 

 

 

Breve biografía

 

Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Barcelona. Trabajó en la Editorial Seix Barral de 1964 a 1970.

En 1970 fundó la Editorial La Gaya Ciencia (publicaciones en literatura, política, economía, filosofía, poesía, arquitectura) y Ediciones Bausán dedicada a literatura infantil. Dirigió ambas hasta 1983.

Fundó y dirigió la Revista Arquitecturas Bis y la Revista Cuadernos de la Gaya Ciencia.

De 1983 a 1994 fue traductora "free lance" en las Organizaciones de las Naciones Unidas en Ginebra, Nueva York, Nairobi, Washington, París, etc.

En 1994 fue nombrada Directora del Ateneo Americano de la Casa de América de Madrid, cargo del que dimitió en mayo de 1998.

 

 

 

 

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