STEFAN ZWEIG

 

 

 

 

 

 

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Índice Nº5:

1.  Editorial

2.  El autor y su obra:

     Stefan Zweig

3.  Descubriendo...:

     R. García Aguilar

4.  El clásico:

     El corazón de las

     tinieblas

     de J. Conrad

5.  Historias

6.  Imagen & palabra:

     Los planetas de

     los simios

7.  Cita con...:

     Rosa Regás

8.  Top Ventas &

     Novedades

9.  Sus Favoritos:

     Jesús Arana

10. Enlaces

                                                     

  NÚMERO 5

  INVIERNO 2002/2003

El Autor y su Obra

por Roberto Goñi

 

En los últimos años, estamos asistiendo a un proceso curioso de recuperación de escritores centroeuropeos que, por diversas razones, cayeron en el olvido y de los que nos están llegando, de forma más o menos constante, nuevas traducciones. Nos referimos a escritores como Joseph Roth, Sándor Marai, Franz Werfel, Witkiewicz. Son autores que publicaron sus obras fundamentalmente en el período de entreguerras (1918-1939) y que podrían caracterizarse por la utilización de un lenguaje elaborado y líneas argumentales de contenido altamente psicológico y emocional. Pero, si hay algo que los identifica como grupo, es su preocupación ante la pérdida de toda una forma de vida y la usurpación de un orden sociopolítico hasta poco antes considerado como óptimo. Todos estos autores se vieron afectados, de alguna u otra forma, por la caída del imperio austro húngaro. Uno de los escritores que más fama cosechó en su época, uno de los más reconocidos en su tiempo, fue el austríaco Stefan Zweig, un autor que, olvidado durante décadas, está siendo recuperado en la actualidad por Jaume Vallcorta, bajo su sello editorial “El Acantilado”. Creemos que es una buena ocasión para echar un pequeño vistazo al dramático devenir vital de este escritor genial que, por motivos sobrados, ha alcanzado un lugar de honor dentro de la literatura universal.

 

 

 

STEFAN
ZWEIG

EL FRACASO DE UN SUEÑO

 

 

No es exagerado afirmar que Stefan Zweig fue en vida uno de los escritores más célebres de Europa. Su obra fue traducida a más de cincuenta idiomas y sus escritos atrajeron la atención de un público entregado. Se convirtió en un intelectual de referencia para la época, codeándose con las grandes personalidades del momento: Freud, Einstein, Mann, Reinhardt, etc. Pero el tiempo es en ocasiones un compañero ingrato y el nombre de este brillante biógrafo y novelista se sumió en el más injusto de los olvidos, al menos en lo que a sus traducciones en lengua castellana se refiere. Hoy, gracias al esfuerzo de algunas editoriales, lectores de nuevas generaciones pueden tener acceso a sus escritos y descubrir al genio escondido tras novelas como “Carta de una desconocida”, “Veinticuatro horas en la vida de una mujer” o “La Embriaguez de la metamorfosis”.

 

HIJO DE LA EUROPA MÁS CIVILIZADA

Stefan Zweig nació en Viena, centro inspirador de toda una generación de artistas, en 1881. Hijo menor de una familia acomodada judía oriunda de Moravia, estudió en la Universidad de Viena recibiendo su formación en el ambiente más civilizado de la Europa de la época. Nació, por tanto, como súbdito del imperio austro húngaro, creció en el seno de una familia de clase alta y se formó rodeado de la más selecta intelectualidad austríaca. Esto dio como resultado una personalidad abierta y tolerante, y dotó al escritor vienés de sus arraigadas ideas pacifistas y europeístas convirtiéndolo en acérrimo defensor de la fraternidad universal.

Pero éstas no serán las ideas que triunfarán en la violenta Europa de la primera mitad del siglo XX. Dos conflagraciones mundiales arrasarán todo aquello en cuanto cree Zweig y lo conducirán hacia su trágico final. En una ocasión escribió: “Nací en 1881 en un imperio grande y poderoso, la monarquía de los Habsburgo, pero que nadie se moleste en buscarlo en un mapa; ha sido borrado sin dejar huellas”.

La vocación literaria de Stefan Zweig surge de forma precoz. Ya siendo estudiante lee con pasión los versos de Rilke, traduce los de Verhaeren y publica los propios (titulados Cuerdas de Plata). Su primera novela corta la escribe entre los años 1910 y 1911 y se titula Ardiente secreto, aunque su primera obra importante publicada será el poema dramático Jeremías, escrito en 1917, en la que denuncia la locura sin sentido de la guerra. En 1914 se casa con Friderike von Winternitz, una mujer de la que venía recibiendo correo de admiración y apoyo desde 1901. Durante la Primera Guerra Mundial, debido a sus ideas pacifistas, se ve obligado a exiliarse en Zurich. Será después de la guerra, establecido ya en Salzburgo, cuando aparezcan las biografías, ensayos, y novelas cortas que le irán creando un nombre en el mundo literario europeo. Entre todas ellas, destacan Tres maestros (1920) y La curación por el espíritu (1931). En 1928 se casa, en segundas nupcias, con su secretaria.

Zweig será uno de los primeros que intuirán el desastre que se cierne sobre el viejo continente. Sus libros son quemados por los nazis el 10 de mayo de 1933. En 1934 la policía vienesa registra su casa. La atmósfera que rodea a Stefan se hace cada vez más irrespirable y decide, fruto del acoso al que es sometido, abandonar su patria, instalándose en Londres, donde conseguirá la nacionalidad británica en 1938.

En 1941 se desplaza, junto con su segunda esposa, Charlotte E. Altmann, a Brasil. Es recibido como un verdadero héroe. Pero las noticias que llegan de Europa no son nada halagüeñas y lo sumen en una profunda depresión. El 23 de febrero de 1942, en Petrópolis, una ciudad cercana a Río de Janeiro, la pareja se suicida ingiriendo veneno, después de arreglar algunos asuntos personales. Las memorias de Zweig, El mundo de ayer, fueron publicadas póstumamente en 1943. En ellas, el autor recuerda con nostalgia “una era dorada de seguridad y civilización”.

Entre sus últimos escritos, destacan por su importancia, biografías como las de Erasmo de Rotterdam (1934) y María Estuardo (1935) y novelas como “El juego real” publicado tras su muerte, en 1944

 

 

 

 

ESCRITOR PSICOLÓGICO

Como escritor, Zweig se caracterizó por su interés en la introspección psicológica, evitando a toda costa los detalles superfluos que pudieran dotar a sus historias de tonos melodramáticos exagerados o sin sentido. Y es aquí donde radica uno de sus grandes aciertos. Él mismo da la clave en su propia autobiografía:

“…el inesperado éxito de mis escritos proviene, según creo, en última instancia de un vicio personal: soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me irrita todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual. Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página sobre su nivel  y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento, me proporciona un deleite perfecto. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos, los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias inútiles, que les quitan tensión y les restan dinamismo”.

Zweig fue conocido primero como poeta y traductor, para destacar después como narrador, ensayista y escritor de novelas cortas. Pero si algo lo hizo famoso en su tiempo fueron sus biografías:

“Mi principal interés a la hora de escribir ha sido siempre el de la representación psicológica de las personalidades, de su vida y esta fue la razón que me empujó a escribir varios ensayos y estudios biográficos de algunos hombres célebres”.

La popularidad de sus biografías declinó gradualmente, pero todavía pueden ser consideradas como trabajos inspiradores y precisas fuentes de información para los interesados en determinadas figuras históricas. Su estilo depurado y preciso está respaldado por un concienzudo trabajo de fundamentación bibliográfica, consiguiendo Zweig algo que en pocas ocasiones es alcanzado: que la lectura de una biografía sea tan amena como la de una novela.

 

 

 

 

EL DRAMA Y LA DESILUSIÓN

Nos encontramos, por tanto, ante uno de los dramas más intensos acaecidos dentro de la historia de la literatura. Zweig, vencido por el desencanto, prefirió ser actor principal de su propia destrucción, abandonando, rindiendo armas ante la barbarie, el olvido y un presente sin sentido. En vida conoció los laureles de el éxito, así como las llamas del infierno. Fue aclamado, adorado por la más selecta sociedad europea, y terminó olvidado, exiliado en una tierra lejana, ajena a todo cuanto en él era esencial. Y el alma del brillante escritor no pudo soportarlo. Fue el declive de centroeuropa lo que provocó la agonía de su propia esperanza. Vio cómo viejos amigos lo esquivaban, amigos que poco antes habían suplicado su asistencia como conferenciante en las reuniones de la alta sociedad vienesa.

Zweig no fue capaz de asimilar la pérdida de un mundo perfecto, su mundo. Agotó toda su fuerza intelectual y vital en un recuerdo, el de su querida patria, Europa. Judío errante, viajó por todo el mundo a lo largo de su vida, sin olvidar en ningún momento sus orígenes. No supo sino mirar hacia atrás toda su vida y así quiso acabar con ella, agradecido y libre, pero anhelando con nostalgia un ayer dorado:

 

Nota de despedida encontrada junto al cadáver de Stefan Zweig:

 “Antes de abandonar esta vida por mi propia y libre voluntad, quiero cumplir un último deber: Quiero dar las gracias más sinceras y emocionadas al país de Brasil por haber sido para mí y mi trabajo un lugar de descanso tan amable y hospitalario. Cada día transcurrido en este país he aprendido a amarlo más y en ningún otro lugar podría con más gusto tener la esperanza de reconstruir mi vida de nuevo, ahora que el mundo de mi lengua madre ha perecido por mí y Europa, mi hogar espiritual, se destruye a sí misma. Pero comenzar de nuevo requeriría un esfuerzo inmenso ahora que he alcanzado los sesenta años. Mis fuerzas están agotadas por los largos años de peregrinación sin patria. Así, juzgo mejor poner fin, a tiempo y sin humillación, a una vida en la que el trabajo espiritual e intelectual ha sido fuente de gozo y la libertad personal mi posesión más preciada.

¡Saludo a mis amigos! Quizá ellos vivan para ver el amanecer tras la larga noche. Yo estoy demasiado impaciente y parto solo”.

 

 

 

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