STEFAN ZWEIG




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NÚMERO 5
INVIERNO 2002/2003
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El Autor y su Obra
por Roberto Goñi
En los
últimos años, estamos asistiendo a un proceso curioso de recuperación de
escritores centroeuropeos que, por diversas razones, cayeron en el olvido y
de los que nos están llegando, de forma más o menos constante, nuevas
traducciones. Nos referimos a escritores como Joseph Roth, Sándor Marai,
Franz Werfel, Witkiewicz. Son autores que publicaron sus obras
fundamentalmente en el período de entreguerras (1918-1939) y que podrían
caracterizarse por la utilización de un lenguaje elaborado y líneas
argumentales de contenido altamente psicológico y emocional. Pero, si hay
algo que los identifica como grupo, es su preocupación ante la pérdida de
toda una forma de vida y la usurpación de un orden sociopolítico hasta poco
antes considerado como óptimo. Todos estos autores se vieron afectados, de
alguna u otra forma, por la caída del imperio austro húngaro. Uno de los
escritores que más fama cosechó en su época, uno de los más reconocidos en
su tiempo, fue el austríaco Stefan Zweig, un autor que, olvidado durante
décadas, está siendo recuperado en la actualidad por Jaume Vallcorta, bajo
su sello editorial “El Acantilado”. Creemos que es una buena ocasión para
echar un pequeño vistazo al dramático devenir vital de este escritor genial
que, por motivos sobrados, ha alcanzado un lugar de honor dentro de la
literatura universal.
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STEFAN
ZWEIG
EL FRACASO DE UN
SUEÑO
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No es exagerado
afirmar que Stefan Zweig fue en vida uno de los escritores más célebres de Europa.
Su obra fue traducida a más de cincuenta idiomas y sus escritos atrajeron
la atención de un público entregado. Se convirtió en un intelectual de
referencia para la época, codeándose con las grandes personalidades del
momento: Freud, Einstein, Mann, Reinhardt, etc. Pero el tiempo es en
ocasiones un compañero ingrato y el nombre de este brillante biógrafo y
novelista se sumió en el más injusto de los olvidos, al menos en lo que a
sus traducciones en lengua castellana se refiere. Hoy, gracias al esfuerzo
de algunas editoriales, lectores de nuevas generaciones pueden tener acceso
a sus escritos y descubrir al genio escondido tras novelas como “Carta
de una desconocida”, “Veinticuatro horas en la vida de una mujer”
o “La Embriaguez de la metamorfosis”.
HIJO DE LA EUROPA MÁS CIVILIZADA
Stefan Zweig nació
en Viena, centro inspirador de toda una generación de artistas, en 1881.
Hijo menor de una familia acomodada judía oriunda de Moravia, estudió en la
Universidad de Viena recibiendo su formación en el ambiente más civilizado
de la Europa de la época. Nació, por tanto, como súbdito del imperio austro
húngaro, creció en el seno de una familia de clase alta y se formó rodeado
de la más selecta intelectualidad austríaca. Esto dio como resultado una
personalidad abierta y tolerante, y dotó al escritor vienés de sus
arraigadas ideas pacifistas y europeístas convirtiéndolo en acérrimo
defensor de la fraternidad universal.
Pero éstas no
serán las ideas que triunfarán en la violenta Europa de la primera mitad
del siglo XX. Dos conflagraciones mundiales arrasarán todo aquello en
cuanto cree Zweig y lo conducirán hacia su trágico final. En una ocasión
escribió: “Nací en 1881 en un imperio grande y poderoso, la monarquía de
los Habsburgo, pero que nadie se moleste en buscarlo en un mapa; ha sido
borrado sin dejar huellas”.
La vocación
literaria de Stefan Zweig surge de forma precoz. Ya siendo estudiante lee
con pasión los versos de Rilke, traduce los de Verhaeren y publica los
propios (titulados Cuerdas de Plata). Su primera novela corta la
escribe entre los años 1910 y 1911 y se titula Ardiente secreto,
aunque su primera obra importante publicada será el poema dramático Jeremías,
escrito en 1917, en la que denuncia la locura sin sentido de la guerra. En
1914 se casa con Friderike von Winternitz, una mujer de la que venía
recibiendo correo de admiración y apoyo desde 1901. Durante la Primera
Guerra Mundial, debido a sus ideas pacifistas, se ve obligado a exiliarse
en Zurich. Será después de la guerra, establecido ya en Salzburgo, cuando
aparezcan las biografías, ensayos, y novelas cortas que le irán creando un
nombre en el mundo literario europeo. Entre todas ellas, destacan Tres
maestros (1920) y La curación por el espíritu (1931). En 1928 se
casa, en segundas nupcias, con su secretaria.
Zweig será uno de
los primeros que intuirán el desastre que se cierne sobre el viejo
continente. Sus libros son quemados por los nazis el 10 de mayo de 1933. En
1934 la policía vienesa registra su casa. La atmósfera que rodea a Stefan
se hace cada vez más irrespirable y decide, fruto del acoso al que es
sometido, abandonar su patria, instalándose en Londres, donde conseguirá la
nacionalidad británica en 1938.
En 1941 se
desplaza, junto con su segunda esposa, Charlotte E. Altmann, a Brasil. Es
recibido como un verdadero héroe. Pero las noticias que llegan de Europa no
son nada halagüeñas y lo sumen en una profunda depresión. El 23 de febrero
de 1942, en Petrópolis, una ciudad cercana a Río de Janeiro, la pareja se
suicida ingiriendo veneno, después de arreglar algunos asuntos personales.
Las memorias de Zweig, El mundo de ayer, fueron publicadas
póstumamente en 1943. En ellas, el autor recuerda con nostalgia “una era
dorada de seguridad y civilización”.
Entre sus últimos
escritos, destacan por su importancia, biografías como las de Erasmo de
Rotterdam (1934) y María Estuardo (1935) y novelas como “El
juego real” publicado tras su muerte, en 1944
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ESCRITOR PSICOLÓGICO
Como escritor,
Zweig se caracterizó por su interés en la introspección psicológica,
evitando a toda costa los detalles superfluos que pudieran dotar a sus
historias de tonos melodramáticos exagerados o sin sentido. Y es aquí donde
radica uno de sus grandes aciertos. Él mismo da la clave en su propia
autobiografía:
“…el
inesperado éxito de mis escritos proviene, según creo, en última instancia
de un vicio personal: soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me
irrita todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente
morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual.
Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página sobre su
nivel y que arrastra al lector
hasta la última línea sin dejarle tomar aliento, me proporciona un deleite
perfecto. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos, los encuentro
sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras
secundarias inútiles, que les quitan tensión y les restan dinamismo”.
Zweig fue conocido
primero como poeta y traductor, para destacar después como narrador,
ensayista y escritor de novelas cortas. Pero si algo lo hizo famoso en su
tiempo fueron sus biografías:
“Mi
principal interés a la hora de escribir ha sido siempre el de la
representación psicológica de las personalidades, de su vida y esta fue la
razón que me empujó a escribir varios ensayos y estudios biográficos de
algunos hombres célebres”.
La popularidad de
sus biografías declinó gradualmente, pero todavía pueden ser consideradas como
trabajos inspiradores y precisas fuentes de información para los
interesados en determinadas figuras históricas. Su estilo depurado y
preciso está respaldado por un concienzudo trabajo de fundamentación
bibliográfica, consiguiendo Zweig algo que en pocas ocasiones es alcanzado:
que la lectura de una biografía sea tan amena como la de una novela.
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EL DRAMA Y LA DESILUSIÓN
Nos encontramos,
por tanto, ante uno de los dramas más intensos acaecidos dentro de la historia
de la literatura. Zweig, vencido por el desencanto, prefirió ser actor
principal de su propia destrucción, abandonando, rindiendo armas ante la
barbarie, el olvido y un presente sin sentido. En vida conoció los laureles
de el éxito, así como las llamas del infierno. Fue aclamado, adorado por la
más selecta sociedad europea, y terminó olvidado, exiliado en una tierra
lejana, ajena a todo cuanto en él era esencial. Y el alma del brillante
escritor no pudo soportarlo. Fue el declive de centroeuropa lo que provocó
la agonía de su propia esperanza. Vio cómo viejos amigos lo esquivaban,
amigos que poco antes habían suplicado su asistencia como conferenciante en
las reuniones de la alta sociedad vienesa.
Zweig no fue capaz
de asimilar la pérdida de un mundo perfecto, su mundo. Agotó toda su fuerza
intelectual y vital en un recuerdo, el de su querida patria, Europa. Judío
errante, viajó por todo el mundo a lo largo de su vida, sin olvidar en
ningún momento sus orígenes. No supo sino mirar hacia atrás toda su vida y
así quiso acabar con ella, agradecido y libre, pero anhelando con nostalgia
un ayer dorado:
Nota de despedida
encontrada junto al cadáver de Stefan Zweig:
“Antes de abandonar esta vida por mi
propia y libre voluntad, quiero cumplir un último deber: Quiero dar las
gracias más sinceras y emocionadas al país de Brasil por haber sido para mí
y mi trabajo un lugar de descanso tan amable y hospitalario. Cada día
transcurrido en este país he aprendido a amarlo más y en ningún otro lugar
podría con más gusto tener la esperanza de reconstruir mi vida de nuevo,
ahora que el mundo de mi lengua madre ha perecido por mí y Europa, mi hogar
espiritual, se destruye a sí misma. Pero comenzar de nuevo requeriría un
esfuerzo inmenso ahora que he alcanzado los sesenta años. Mis fuerzas están
agotadas por los largos años de peregrinación sin patria. Así, juzgo mejor
poner fin, a tiempo y sin humillación, a una vida en la que el trabajo
espiritual e intelectual ha sido fuente de gozo y la libertad personal mi
posesión más preciada.
¡Saludo a
mis amigos! Quizá ellos vivan para ver el amanecer tras la larga noche. Yo
estoy demasiado impaciente y parto solo”.
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