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Empezó a escribir a los 12 años. Entonces llenaba cuentos que su hermano Antón encuadernaba y los vendían a los amigos. Luego, a medida que fue madurando, empezó a tener conciencia de cómo se puede construir un estilo literario personal. "Entendí a mis personajes y supe por qué necesitaban existir. La respuesta es que forman parte de mi propia vida y que he ido poco a poco vendiendo mi alma al diablo porque cada día soy más consciente de que la experiencia de lo imaginario sustituye a lo real y que ése es mi propio camino de extravío. Soy un perdedor porque estoy perdido y escribo cuentos o fábulas para encontrarme". En Villablino, donde nació hace 62 años, una plaza lleva el nombre del narrador. No es la explanada donde de niño creía ver a los lobos bebiendo agua en la fuente, pero le encanta. . El escritor se define como el niño que creció en el valle de Laciana, donde había una pervivencia muy fuerte de la oralidad. Ése fue su primer aprendizaje de lo literario. Empezó a escuchar historias antes que a leerlas. "Oía relatos conectados con el mundo de la leyenda, del mito y del romancero anónimo y, a la vez, fui un niño que leyó enseguida a los clásicos griegos y latinos, gracias a la biblioteca de mi padre". Ahora, cuando lo recuerda, parece la Edad Media, pero tiene claro que ese mundo de la oralidad y de lo legendario no le hacían ser un niño lejano y ajeno al mundo, sino que fue la ventana que le abrió al universo mundo. Aseguró
que ya era "un niño escritor". Ahí comenzó un relato que,
como ordenaba el título de las Jornadas, se centró en buena parte en el
mar. Díez recuerda:"Los niños del valle de Laciana solíamos
conocer el mar en Ribadesella". De aquellos primeros años guarda una
descripción de su hermano la primera vez que se asomó al Cantábrico. "Cuando
mi hermano Antón con seis años de edad regresó al valle después de ver
el mar le preguntaron que le había parecido y el respondió: "es
mucho, grande y suena".
(De la conferencia que dio en Candás). Un recuerdo y un sueño infantiles fueron el punto de partida del discurso con el que el escritor Luis Mateo Díez ingresó a ocupar el sillón «I» (i mayúscula) de la Real Academia Española (RAE) el domingo 20 de mayo de 2001
Luis Mateo Díez recordó en su discurso titulado «La mano del sueño», una escena de su niñez, cuando se encontró casualmente con un vagabundo que interrumpió su merienda con una frase que le dejaría huella: «En este pueblo no hay más vivos que muertos, del mismo modo que no hay más críos que crías, ni más gatos que perros. Siempre os creísteis más de lo que sois y sois muy poco. Cualquier forastero lo sabe…». Junto
a esta evocación, Mateo Díez recordó un sueño en el que un hombre se
le acercaba a los pies de su cama, le acariciaba la frente y, tomándole
su mano, lo llevaba hasta la ventana de su casa para que viera la calle
donde, curiosamente, esta persona estaba caminado.
El reto La Real Academia
Sus gustos literarios son amplios, desde los narradores italianos de posguerra hasta la gran literatura crepuscular centroeuropea. "Me siento deudor de mis clásicos y pienso que Galdós, Clarín, Baroja o Valle son una referencia sólida en la tradición y la lengua en la que uno está". En la narrativa española actual se encuentra emparentado con los escritores de su generación, aunque reconoce que hay mucha variedad y son muy distintos. Su profesión habitualmente va asociada al gentilicio de leonés y es que Mateo Díez cree que sigue siendo costoso alzar la cabeza desde
la provincia y que los escritores que, todavía, se mueven en esa lejanía tienen pocas oportunidades de ser vistos. "Parece absurdo pero hay que seguir aterrizando en Madrid
o Barcelona", apunta.
Luis Mateo dice:
«Mi infancia coincidió con la infancia de la literatura». Con esta frase condensó Luis Mateo Díez la clave que resume toda su vida.
«El arte no es un adorno para vivir, sino un placer que se relaciona con el vivir. Lo que el arte le da a la vida es intensidad», destacó. Y puso como ejemplo: «Una cosa es el amor y la pasión, pero el erotismo lo inventó el arte».
«No me conformo sólo con mi destino. Una parte crucial de lo que yo puedo vivir no me lo va a dar la vida, pero sí la imaginación»
Una parte sustancial de las novelas está en el «descubrimiento de los secretos humanos y de nuestro lado oscuro». Es decir, la obra literaria «promueve el conocimiento de uno mismo a través del espejo de los demás». Y todo gracias a una cualidad única: la imaginación. «No estaríamal que existiera como asignatura », sugirió. Según resumió el autor leonés, además de la imaginación, son otros dos los elementos que unen a todos los escritores: la memoria y la palabra.
Sus tres obras favoritas: El extranjero de Camus, El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, y La metamorfosis de Kafka. --------------------------------------------------------- La
escritura: -¿Echa de menos una alcaldía de IU en Madrid? -Pues no estaría mal. -Porque usted está bastante vinculado a este partido. -Nunca he tenido militancia política definida, pero siempre he tenido una mirada progresista y siempre he estado más comprometido con la izquierda que con la derecha. Pero bueno, he tenido la suerte de que en mi pueblo, durante muchos años, hemos tenido alcalde de Izquierda Unida. Fue una experiencia muy interesante, que garantizaba honradez y con una mirada de criterios muy estrictos con lo que quería.
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Luis Mateo Díez Nació en
Villablino (León) el 21 de septiembre de 1942 donde transcurre la
infancia del futuro escritor hasta que en 1954 la familia se traslada a León.
Estudia Derecho en Oviedo y Madrid e ingresa por oposición, en 1969, en
el Cuerpo de Técnicos de Administración General del Ayuntamiento de
Madrid. En esta ciudad reside desde entonces alternando la oficina con la
creación literaria en un equilibrio óptimo, a juicio del escritor. Está
casado y es padre de dos hijos. Para Luis Mateo Díez la enfermedad imaginaria y la real están ligadas, tanto literaria como prácticamente. La enfermedad imaginaria es la que llena nuestra mente y nuestra alma de aquellas enfermedades que presenciamos como observadores, o de las que —como él mismo en su infancia— nos burlamos cruelmente. Y la burla nace de la ausencia de compasión. Empero, la enfermedad imaginaria tiene tanta fuerza y virulencia como la enfermedad real. Literariamente el autor y el lector padecen las enfermedades de los personajes a cuyas vidas se asoman. Y es esto lo que confiere convicción y veracidad a la escritura y, en consecuencia, también a la lectura. "A veces la enfermedad imaginaria es tan perturbadora como la real, del mismo modo que el amor, o la pasión que cuenta una novela, llena y trastorna nuestra vida como a lo mejor ninguna otra experiencia pasional llegó a llenarla." Luis Mateo Díez Don Quijote fue el mito infantil de Mateo Díez. Miraba a su tío Anunciación Fernández Antón, autora de una tesis doctoral sobre la obra de Mateo Díez, destacó el ritmo que caracteriza su escritura y que ha plasmado en toda su obra. «Es un escritor muy concienzudo, cuya prosa ha sido muy trabajada», aseguró la experta Luis Mateo Díez,
rinde homenaje a la pedagogía de la Institución Libre de Enseñanza (ILE)
-«aquellos hombres que querían hacer de la educación el arma sustancial
para transformar la realidad»- en su última obra, 'Las lecciones de las
cosas' (Editorial Edilesa).
Tras
el 11-M uno se da cuenta de que pertenece a ese rostro común que es el de
todos y no el que observas en el espejo
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PREMIOS LITERARIOS
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OBRAS | |||||||||||||||
TEXTO EL ESPÍRITU DEL PÁRAMO (1996) Hay en Celama cinco o seis noches al año en que la Llanura alcanza la
vibración extrema del vacío, cuando la quietud hace temblar la atmósfera
como tiembla la nada cuando se congela. Son noches temidas e inquietas en
las que es fácil sentir el desamparo o verse prisionero de un
presentimiento que une lo más oscuro de lo que nos pudo suceder con lo más
oscuro de lo que nos aguarda, como si el tiempo no existiera y la memoria
patinase entre el presagio y el recuerdo. (De El Espíritu del Páramo, Madrid, Ollero&Ramos, 1996, pp. 101-105).
Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años. ("El pozo", Los males menores, Madrid, Alfaguara, 1993, p. 140. NUEVA NOVELA Fantasmas
del invierno( septiembre 2mil4 ) --------------------------------------------------------- Luis Mateo Díez ya trabaja en el que será el tercer volumen de la serie de novelas cortas Fábulas del sentimiento. La tercera de las obras se titulará Lifulgor de la pobreza. El escritor asegura que esta serie constará de cuatro libros y doce novelas cortas y será un intento de reflejar las variaciones existentes sobre la condición y el corazón humano. «El momento actual es una fábula en la
que asistimos al fusilamiento de la inocencia» -¿Qué escribiría de
los atentados del 11 M.?
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NARRATIVAMemorial
de hierbas (1973). Cuentos.
Las lecciones de la cosas(2004) Fantasmas del invierno(Sep.2004) POESÍASeñales de humos (1972) El porvenir de la ficción (1992) OTRAS Relato de
Babia (1981). BIBLIOGRAFIA ALONSO, Santos, Edición y estudio de Luis Mateo Díez, La fuente de la edad, Madrid, Cátedra, 2002. CASTRO DÍEZ, Asunción, Sabino Ordás, una poética, León, Diputación Provincial, 2001. CASTRO DÍEZ, Asunción y HERNÁNDEZ, Domingo-Luis (coords.), Luis Mateo Díez: los laberintos de la memoria, Tenerife, Editorial La Página, 2003. Cuadernos de narrativa, 4 (1999): monográfico Luis Mateo Díez, Coloquio Internacional 26, 27 y 28 de octubre de 1999, Universidad de Neuchâtel. GARCÍA, Carlos Javier, La invención del grupo leonés. Estudio y entrevistas, Júcar, Madrid, 1995. LOUREIRO, Ángel G., "Los azares del relato: Las horas completas de Luis Mateo Díez", España Contemporánea, 1 (1992), pp. 69-78. MARTÍNEZ, José Enrique, La ciudad inventada, Diputación de León, León, 1994. MARTÍNEZ, José Enrique, "Decrepitud, esplendor y labia en La fuente de la edad", Estudios Humanísticos. Filología, 25 (2003), pp. 115-126. SANZ VILLANUEVA, Santos, "Luis Mateo Díez, entre la crítica y la invención", La Página, 1 (1989), pp. 1-11. Reproducido "En la provincia de Luis Mateo Díez", en F. RICO (dir.), Historia y crítica de la literatura española, vol.9, Crítica, Barcelona, 1992, pp. 335-341. VALLS, Fernando, Introducción a Luis Mateo DÍEZ, Los males menores. Microrrelatos, Madrid, Espasa-Calpe, 2002, pp. 9-112.
“Como mejor se muere, es haciéndose a la idea de que estás solo en el mundo, que ya murieron todos… - confesaba, prevalecido de su habilidad-. Eres el último, nadie está contigo y te puedes morir sin prisa. Ni siquiera necesitas cerrar los ojos.”
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