Luis Mateo Diez

Fco. Aller Mtz.      www.laciana.tk

Empezó a escribir a los 12 años. Entonces llenaba cuentos que su hermano Antón encuadernaba y los vendían a los amigos. Luego, a medida que fue madurando, empezó a tener conciencia de cómo se puede construir un estilo literario personal. "Entendí a mis personajes y supe por qué necesitaban existir. La respuesta es que forman parte de mi propia vida y que he ido poco a poco vendiendo mi alma al diablo porque cada día soy más consciente de que la experiencia de lo imaginario sustituye a lo real y que ése es mi propio camino de extravío. Soy un perdedor porque estoy perdido y escribo cuentos o fábulas para encontrarme".

En Villablino, donde nació hace 62 años, una plaza lleva el nombre del narrador. No es la explanada donde de niño creía ver a los lobos bebiendo agua en la fuente, pero le encanta. 

. El escritor se define como el niño que creció en el valle de Laciana, donde había una pervivencia muy fuerte de la oralidad. Ése fue su primer aprendizaje de lo literario. Empezó a escuchar historias antes que a leerlas. "Oía relatos conectados con el mundo de la leyenda, del mito y del romancero anónimo y, a la vez, fui un niño que leyó enseguida a los clásicos griegos y latinos, gracias a la biblioteca de mi padre". Ahora, cuando lo recuerda, parece la Edad Media, pero tiene claro que ese mundo de la oralidad y de lo legendario no le hacían ser un niño lejano y ajeno al mundo, sino que fue la ventana que le abrió al universo mundo.

Aseguró que ya era "un niño escritor". Ahí comenzó un relato que, como ordenaba el título de las Jornadas, se centró en buena parte en el mar. Díez recuerda:"Los niños del valle de Laciana solíamos conocer el mar en Ribadesella". De aquellos primeros años guarda una descripción de su hermano la primera vez que se asomó al Cantábrico. "Cuando mi hermano Antón con seis años de edad regresó al valle después de ver el mar le preguntaron que le había parecido y el respondió: "es mucho, grande y suena". (De la conferencia que dio  en Candás).


Un recuerdo y un sueño infantiles fueron el punto de partida del discurso con el que el escritor Luis Mateo Díez ingresó a ocupar el sillón «I» (i mayúscula) de la Real Academia Española (RAE) el domingo 20 de mayo de 2001

«Tras el atentado del 11-M uno ya no puede volver a ser el mismo»

Luis Mateo Díez recordó en su discurso titulado «La mano del sueño», una escena de su niñez, cuando se encontró casualmente con un vagabundo que interrumpió su merienda con una frase que le dejaría huella: «En este pueblo no hay más vivos que muertos, del mismo modo que no hay más críos que crías, ni más gatos que perros. Siempre os creísteis más de lo que sois y sois muy poco. Cualquier forastero lo sabe…».

Junto a esta evocación, Mateo Díez recordó un sueño en el que un hombre se le acercaba a los pies de su cama, le acariciaba la frente y, tomándole su mano, lo llevaba hasta la ventana de su casa para que viera la calle donde, curiosamente, esta persona estaba caminado.

 

El reto
Cuando me preguntan a dónde quiero llegar, siempre digo que me gustaría escribir novelas con gran naturalidad -lo cual no quiere decir que estén escritas con sencillez, pero que se vea que lo que hay es lo necesario- y que las fábulas fueran muy complejas, que tuvieran mucho sentido, muchas significaciones, que te llanaran de sugerencias al leerlas... que no las puedieras soltar, que estuvieras prendido por lo que está pasando y que luego las recordaras.

La Real Academia
Como la Real Academia era algo que no estaba en mis pretensiones, lo primero que he sentido es una sorpresa notable, y luego la satisfacción y el honor que supone que te reclamen de tan docta casa para que vayas allí a trabajar un poco, un trabajo en el idioma me tiene que interesar siempre. También sé que la Academia está llena de sabios y me interesa que se me pegue un poco"


Sus gustos literarios son amplios, desde los narradores italianos de posguerra hasta la gran literatura crepuscular centroeuropea. "Me siento deudor de mis clásicos y pienso que Galdós, Clarín, Baroja o Valle son una referencia sólida en la tradición y la lengua en la que uno está". En la narrativa española actual se encuentra emparentado con los escritores de su generación, aunque reconoce que hay mucha variedad y son muy distintos. 

Su profesión habitualmente va asociada al gentilicio de leonés y es que Mateo Díez cree que sigue siendo costoso alzar la cabeza desde la provincia y que los escritores que, todavía, se mueven en esa lejanía tienen pocas oportunidades de ser vistos. "Parece absurdo pero hay que seguir aterrizando en Madrid o Barcelona", apunta. 
Personalmente se siente poseedor de un mundo imaginario que no está en las urbes pero sí en las pequeñas ciudades. 

 

Luis Mateo dice:

 

 

«Mi infancia coincidió con la infancia de la literatura». Con esta frase condensó Luis Mateo Díez la clave que resume toda su vida.

 

«El arte no es un adorno para vivir, sino un placer que se relaciona con el vivir. Lo que el arte le da a la vida es intensidad», destacó. Y puso como ejemplo: «Una cosa es el amor y la pasión, pero el erotismo lo inventó el arte».

 

«No me conformo sólo con mi destino. Una parte crucial de lo que yo puedo vivir no me lo va a dar la vida, pero sí la imaginación»

 

Una parte sustancial de las novelas está en el «descubrimiento de los secretos humanos y de nuestro lado oscuro». Es decir, la obra literaria «promueve el conocimiento de uno mismo a través del espejo de los demás».

Y todo gracias a una cualidad única: la imaginación. «No estaríamal que existiera como asignatura », sugirió. Según resumió el autor leonés, además de la imaginación, son otros dos los elementos que unen a todos los escritores: la memoria y la palabra.

 

Sus tres obras favoritas: El extranjero de Camus, El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, y La metamorfosis de Kafka.

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La escritura:

«Es un intento de contar la vida que parte de una fascinación por todo lo que a mí me relataron»

El poder de la imaginación:

«Una parte crucial de lo que yo puedo vivir no me lo va a dar la vida, pero sí la imaginación»

Un espejo al que mirarse:

«Las novelas promueven el descubrimiento de los secretos humanos y de nuestro lado oscuro»

Mejorar el ocio:

«Vivimos en un mundo exageradamente entretenido. La peor novela es mejor que la televisión»

-¿Echa de menos una alcaldía de IU en Madrid?

-Pues no estaría mal.

-Porque usted está bastante vinculado a este partido.

-Nunca he tenido militancia política definida, pero siempre he tenido una mirada progresista y siempre he estado más comprometido con la izquierda que con la derecha. Pero bueno, he tenido la suerte de que en mi pueblo, durante muchos años, hemos tenido alcalde de Izquierda Unida. Fue una experiencia muy interesante, que garantizaba honradez y con una mirada de criterios muy estrictos con lo que quería.

Luis Mateo Díez

Nació en Villablino (León) el 21 de septiembre de 1942 donde transcurre la infancia del futuro escritor hasta que en 1954 la familia se traslada a León. Estudia Derecho en Oviedo y Madrid e ingresa por oposición, en 1969, en el Cuerpo de Técnicos de Administración General del Ayuntamiento de Madrid. En esta ciudad reside desde entonces alternando la oficina con la creación literaria en un equilibrio óptimo, a juicio del escritor. Está casado y es padre de dos hijos.
  Entre 1963 y 1968, y junto con un grupo de amigos leoneses, Agustín Delgado, Antonio Llamas y Ángel Fierro, participa en la redacción de la revista poética Claraboya. Tras publicar, en 1972, el libro de poemas "Señales de humo", centró su actividad literaria en el relato y la novela, convirtiéndose en uno de los nombres relevantes de la narrativa española. Su obra literaria ha sido traducida a numerosos idiomas y, en ocasiones, adaptadas al cine. Así, el cuento "Los grajos del Sochantre" ha sido llevado al cine por J.M. Martín Sarmiento en la película El filandón y la versión cinematográfica de su novela "La fuente de la edad" ha sido rodada por Julio Sánchez Valdés para Televisión Española.

Para Luis Mateo Díez la enfermedad imaginaria y la real están ligadas, tanto literaria como prácticamente. La enfermedad imaginaria es la que llena nuestra mente y nuestra alma de aquellas enfermedades que presenciamos como observadores, o de las que —como él mismo en su infancia— nos burlamos cruelmente. Y la burla nace de la ausencia de compasión. Empero, la enfermedad imaginaria tiene tanta fuerza y virulencia como la enfermedad real. Literariamente el autor y el lector padecen las enfermedades de los personajes a cuyas vidas se asoman. Y es esto lo que confiere convicción y veracidad a la escritura y, en consecuencia, también a la lectura.

"A veces la enfermedad imaginaria es tan perturbadora como la real, del mismo modo que el amor, o la pasión que cuenta una novela, llena y trastorna nuestra vida como a lo mejor ninguna otra experiencia pasional llegó a llenarla."

Luis Mateo Díez

Don Quijote fue el mito infantil de Mateo Díez. Miraba a su tío 
Esteban y se lo imaginaba como Alonso de Quijano luchando contra los 
molinos. Errol Flynn tardaría un poco más en llegar al pequeño cine 
de Villablino. Fue seguramente esa fijación infantil la que le ha 
dejado esa pinta de Quijote, con su perilla perfectamente recortada 
y el rostro ovalado.

Anunciación Fernández Antón, autora de una tesis doctoral sobre la obra de Mateo Díez, destacó el ritmo que caracteriza su escritura y que ha plasmado en toda su obra. «Es un escritor muy concienzudo, cuya prosa ha sido muy trabajada», aseguró la experta

Luis Mateo Díez, rinde homenaje a la pedagogía de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) -«aquellos hombres que querían hacer de la educación el arma sustancial para transformar la realidad»- en su última obra, 'Las lecciones de las cosas' (Editorial Edilesa).

En el reúne 19 relatos y artículos -algunos inéditos y otros ya publicados- en este volumen, al que da título una novela corta protagonizada por tres de los padres de la ILE, Manuel Bartolomé Cossío, Francisco Giner de los Ríos y Gumersindo de Azcárate.

Según explicó el escritor , este texto, que se erige en la columna vertebral de la obra, rememora el viaje que los tres intelectuales hicieron en noviembre de 1885 a bordo de una diligencia para inaugurar unas escuelas en la comarca leonesa de Laciana, la misma en la que nació el propio autor en 1942.

 

Tras el 11-M uno se da cuenta de que pertenece a ese rostro común que es el de todos y no el que observas en el espejo

 


Yo de niño fui millonario gracias a la literatura; tuve un cajón lleno de bolitas de anís que me costaron algo de salud

PREMIOS LITERARIOS

  • Café Gijón en 1972 por Apócrifo del clavel y la espina.
  • Ignacio Aldecoa en 1976 por Cenizas.
  • Nacional de la Crítica, en 1987 por La fuente de la edad. En ese mismo año recibe el Nacional de Literatura de narrativa por la misma obra.
  • NH de relatos "Cinco Estrellas" en 1997 por Días del desván.
  • Nacional de la Crítica y Nacional de Literatura de narrativa en el 2000 por La ruina del cielo.
  • En el año 2001 es galardonado con el Premio Castilla y León de las Letras 2000 como reconocimiento "a los relevantes valores imaginativos y formales de su intensa y extensa obra centrada en la tradición fabuladora de Castilla y León, con trascendencia a lo universal".

OBRAS

 

 

 

 

 

 

 

  

 

Celama

 

 

 

TEXTO

EL ESPÍRITU DEL PÁRAMO (1996)

Hay en Celama cinco o seis noches al año en que la Llanura alcanza la vibración extrema del vacío, cuando la quietud hace temblar la atmósfera como tiembla la nada cuando se congela. Son noches temidas e inquietas en las que es fácil sentir el desamparo o verse prisionero de un presentimiento que une lo más oscuro de lo que nos pudo suceder con lo más oscuro de lo que nos aguarda, como si el tiempo no existiera y la memoria patinase entre el presagio y el recuerdo.
En una de ellas, la de un siete de febrero, el médico de los Oscos, salió a cumplir un aviso urgente para visitar a una anciana del pueblo de las Gardas, allá por Los Confines. Este médico se llamaba Ismael Cuende y llevaba media vida en La Llanura, era un sesentón bonancible y solitario, fumador empedernido, bebedor inmoderado pero discreto, que había contado con la compañía de su madre hasta su muerte y, desde entonces, con la esporádica de alguna mujer del pueblo, afianzadas sus costumbres domésticas a una modesta supervivencia.
Salió Ismael ya montado en la mula del corral, sujeto el maletín a la montura, con la tagarnina en la boca. Iba bien pertrechado porque el camino era largo y la noche presumiblemente fría y, además de la zamarra, se había echado una manta por los hombros. La mula asomó al inmediato camino y, como era habitual en ella, se detuvo un instante, lo suficiente para que Ismael le rozara el vientre con la bota derecha para que atendiese la orden.
-A Las Gardas, Mensa... -requirió, sujetando la brida con la mano derecha y cogiendo la tagarnina entre los dedos de la izquierda- por el Podio, los Llanares y Ordalía. [...]
Fue al tener conciencia de que otra vez atravesaba las hectáreas de Podio cuando sujetó la brida para que la mula se detuviese. El fanal contenía el vacío y en el vacío la desorientación acarreaba una misma mezcla de espacio y tiempo, tal vez porque en la noche el tiempo y el espacio no existían. Las hectáreas acababa de cruzarlas hacía diez minutos o un instante. [...]
Había escupido la colilla de la tagarnina y, cuando hizo el intento de buscar la cigarrera para extraer otra, una profunda desgana acometió su ánimo, hasta el punto de que la brida se le fue de las manos y la mula, que sintió la suave libertad del tiro, acentuó ligeramente el paso, haciendo que Ismael perdiera por un momento el equilibrio.
Fue entonces cuando tuvo la sensación de que la cabeza se le iba, como si el vacío de la noche hubiese entrado en ella hasta hacer desaparecer todo atisbo de conciencia, acarreando también la emoción de un vértigo helado, el sentimiento de que todo lo que pudiera quedar en su interior eran pérdidas, huellas sin identidad que se congelaban porque no remitían a ningún recuerdo, ya que era la nada la que sustituía a la inteligencia y a la memoria.
Cabeceó con una sensación de sueño, aunque su voluntad, todavía no borrada por completo, le inclinaba a pensar que no era sueño sino desaliento, la misma desgana que le rendía como si fuera el mejor camino para aceptar una especie de derrota mental y física que la noche le infligía sin reservas, como se fuese la noche el campo de batalla de una guerra mortal y silenciosa.
Ismael Cuende cabalgó en la mula por el camino de los Llanares y la mula, de cuando en cuando, volvía al círculo ciego de la Noria, a los pasos de su juventud sojuzgada, como si esos pasos fuesen los que definitivamente habían marcado su instinto desorientado.
Brillaba la noche con más fuerza según se alejaban del interior de la Llanura, como si las hogueras frías que hacían arder el espejo mortal, estuviesen encendidas en la demarcación de Los Confines, formando también un círculo que atenazaba Celama en la desorientación del firmamento.

(De El Espíritu del Páramo, Madrid, Ollero&Ramos, 1996, pp. 101-105).


EL POZO (1993)

Mi hermano Alberto cayó al pozo cuando tenía cinco años.
Fue una de esas tragedias familiares que sólo alivian el tiempo y la circunstancia de la familia numerosa.
Veinte años después mi hermano Eloy sacaba agua un día de aquel pozo al que nadie jamás había vuelto a asomarse.
En el caldero descubrió una pequeña botella con un papel en el interior.
"Este es un mundo como otro cualquiera", decía el mensaje.

("El pozo", Los males menores, Madrid, Alfaguara, 1993, p. 140.

NUEVA NOVELA

Fantasmas del invierno( septiembre 2mil4 )
Editorial Alfaguara
368 páginas
Este mes llega a las librerías su último trabajo, Fantasmas del invierno: la historia de un invierno de posguerra en una de las "ciudades de sombra" que pueblan Celama. Luis Mateo Díez creó por necesidad el territorio imaginario de Celama. Un valle sin nombre que alberga "ciudades de sombra". Un valle que quizá se parezca demasiado al de Laciana, la zona de León en la que Mateo Díez nació hace 62 años.

En el invierno de un año de posguerra la nieve cubre la ciudad, los lobos bajan de los montes y un niño es asesinado en el hospicio. También viene el diablo, y la emisora clandestina local hace comentarios tan jocosos como desvariados, mientras las noches de insomnio se alimentan de un extraño ruido que recuerda la amenaza de los bombarderos. A esa ciudad fue Franco a despedir a la Legión Cóndor, a inaugurar una central eléctrica y a pescar la trucha más grande y mejor cebada, pero nadie podría contar el secreto de ese invierno que la sepulta sin que la conciencia de los habitantes encuentre sosiego. "Fantasmas del invierno", última novela de Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942), uno de los escritores fundamentales de la literatura española de las últimas décadas, habla de nuestra posguerra como si lo hiciera de una leyenda oscura en la que se contraponen la inocencia y el remordimiento. Es, por tanto, una obra metafórica, onírica, que remueve ese tiempo petrificado que ni la memoria ni el olvido pueden curar.

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Luis Mateo Díez ya trabaja en el que será el tercer volumen de la serie de novelas cortas Fábulas del sentimiento. La tercera de las obras se titulará Lifulgor de la pobreza. El escritor asegura que esta serie constará de cuatro libros y doce novelas cortas y será un intento de reflejar las variaciones existentes sobre la condición y el corazón humano.

«El momento actual es una fábula en la que asistimos al fusilamiento de la inocencia»

-¿Qué escribiría de los atentados del 11 M.?

-Es el suceso que más me ha conmovido en mi vida. Uno ya no puede volver a ser el mismo. Yo, que estoy poco atado a la actualidad, se me han removido muchas situaciones literarias; sentimientos de solidaridad y desolación. Escribiría un relato, que se podría titular El rostro común , porque la sensación más fuerte que me ha quedado -yo que vengo a trabajar en autobús- es la de muchos seres humanos, viajando arrastrados aún por el sueño y que de pronto les machacan la vida. A esas horas de la mañana hay un rostro común y nadie ha empezado a ser quien es.

LUIS MATEO DÍEZ


 

NARRATIVA

Memorial de hierbas (1973). Cuentos.
Apócrifo del clavel y la espina (1977). Novelas cortas.
Las estaciones provinciales (1982).
La fuente de la edad (1986).
El sueño y la herida (1987)
. Cuento.
Brasas de agosto (1989). Cuentos.
Las horas completas (1990).
El expediente del náufrago (1992).
Los males menores (1993).
Cuentos y microrrelatos.
Camino de perdición (1995).
El espíritu del páramo. Un relato (1996).

La mirada del alma (1997).
Días del desván (1997).
Memorias noveladas.
El paraíso de los mortales (1998).
La ruina del cielo -Un obituario- (1999).

Antología. Las estaciones de la memoria (1999).
El árbol de los cuentos (1999).
Cuentos.
El pasado legendario (2000). Reúne El árbol de los cuentos, Apócrifo del clavel y la espina, Relato de Babia, Brasas de agosto, Los males menores y Días del desván.
El diablo meridiano (2001).


El oscurecer (un encuentro) (2002).
El reino de Celama (2003).
Reúne El espíritu del páramo, La ruina del cielo y El oscurecer.
El eco de las bodas (2003). Novelas.

  Las lecciones de la cosas(2004)

Fantasmas del invierno(Sep.2004)

POESÍA

Señales de humos (1972)  El porvenir de la ficción (1992)                        OTRAS

Relato de Babia (1981).
Con Juan Pedro Aparicio y José María Merino: Sabino Ordás, Las cenizas del Fénix (1985). Colección de artículos periodísticos.
El porvenir de la ficción (1992). Colección de artículos de reflexión literaria.
(Con Florentino Agustín Díez y Antón Díez), Valles de leyenda (1994).
La línea del espejo (Un relato de personajes) (1998).
Vista de Celama (1999).
Las palabras de la vida (2000).
Laciana. Suelo y sueño (2000).
Balcón de piedra. Visiones de la Plaza Mayor (2001).

La mano del sueño (Algunas consideraciones sobre el arte narrativo, la imaginación y la memoria) (2001).

BIBLIOGRAFIA 

ALONSO, Santos, Edición y estudio de Luis Mateo Díez, La fuente de la edad, Madrid, Cátedra, 2002.

CASTRO DÍEZ, Asunción, Sabino Ordás, una poética, León, Diputación Provincial, 2001.

CASTRO DÍEZ, Asunción y HERNÁNDEZ, Domingo-Luis (coords.), Luis Mateo Díez: los laberintos de la memoria, Tenerife, Editorial La Página, 2003.

Cuadernos de narrativa, 4 (1999): monográfico Luis Mateo Díez, Coloquio Internacional 26, 27 y 28 de octubre de 1999, Universidad de Neuchâtel.

GARCÍA, Carlos Javier, La invención del grupo leonés. Estudio y entrevistas, Júcar, Madrid, 1995.

LOUREIRO, Ángel G., "Los azares del relato: Las horas completas de Luis Mateo Díez", España Contemporánea, 1 (1992), pp. 69-78.

MARTÍNEZ, José Enrique, La ciudad inventada, Diputación de León, León, 1994.

MARTÍNEZ, José Enrique, "Decrepitud, esplendor y labia en La fuente de la edad", Estudios Humanísticos. Filología, 25 (2003), pp. 115-126.

SANZ VILLANUEVA, Santos, "Luis Mateo Díez, entre la crítica y la invención", La Página, 1 (1989), pp. 1-11. Reproducido "En la provincia de Luis Mateo Díez", en F. RICO (dir.), Historia y crítica de la literatura española, vol.9, Crítica, Barcelona, 1992, pp. 335-341.

VALLS, Fernando, Introducción a Luis Mateo DÍEZ, Los males menores. Microrrelatos, Madrid, Espasa-Calpe, 2002, pp. 9-112.

                  

      Como mejor se muere, es haciéndose a la idea de que estás solo en el mundo, que ya murieron todos… - confesaba, prevalecido de su habilidad-. Eres el último, nadie está contigo y te puedes morir sin prisa. Ni siquiera necesitas cerrar los ojos.”

       


       

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