Odiseo: Rumbo al Pasado, 3,
Noviembre 2001
Depósito Legal: MA-691-2002
ISSN: 1579-5705
RECOLECTORAS, DANZANTES Y CAZADORAS PINTADAS EN ESCENAS ARTÍSTICAS
PREHISTÓRICAS LEVANTINAS
RESUMEN:
El presente trabajo es una recopilación y exposición de datos y teorías que
ponen en cuestión el sexo adjudicado, en algunos manuales de arqueología
ibérica, a algunas figuras pintadas en escenas artísticas prehistóricas
levantinas, que por sus rasgos deberían ser consideradas femeninas, y aparecen
sin embargo descritas como masculinas. Este hecho se podría deber a que las visiones
del mundo de las antiguas autoridades del mundo de la arqueología influirían,
como sugestiones, sobre muchos estudiosos actuales del mundo de la Prehistoria,
de manera que, en algunas parcelas, actuarían como si tuviesen una venda en los
ojos y aceptarían la visión del mundo de las antiguas autoridades, cuando sus
enunciados estaban condicionados por los valores dominantes de su sociedad en
la que "los varones ejercían el papel preponderante". O también se
podría deber a que los estudiosos del mundo de la Prehistoria no aceptan o
desconocen los nuevos descubrimientos antropológicos, que muestran el gran
papel que tuvo la mujer en el desarrollo cultural humano desde el comienzo de
la civilización, y por tanto podía ser, la mujer igual que el varón, protagonista
de las escenas artísticas prehistóricas levantinas.
ANDROCENTRISMO
EN LA INTERPRETACIÓN DE FIGURAS ARTÍSTICAS DE LA PREHISTORIA
Ciertos
postulados y afirmaciones erróneas de las antiguas autoridades del mundo de la
arqueología, han venido minando los antiguos manuales de arqueología ibéricos y
desafortunadamente, siguen siendo aceptados por algunos historiadores, que los
toman como un "Evangelio que cuenta la verdad absoluta", sin tener en
cuenta su invalidez, por trasnochados, cuando algunos de sus postulados estaban
condicionados por la percepción del mundo de su momento histórico.
De manera, que a pesar de
los grandes cambios sobrevenidos en el conocimiento del mundo de la
Prehistoria, defendidos y aceptados por la comunidad científica en general, que
muestran el papel privilegiado y protagonista que tuvo lo femenino en el
desarrollo cultural humano, algunos catedráticos y estudiosos de la Prehistoria
en España, desconocedores de los nuevos avances científicos o influenciados por
los valores antiguamente vigentes, siguen describiendo en los manuales ibéricos
actuales, muchas figuras representadas en pinturas prehistóricas levantinas,
que podían ser consideradas femeninas, como masculinas.
Pero
afortunadamente empiezan a corregirse los estereotipos y se aceptan los nuevos
descubrimientos antropológicos.
De forma que
mientras era calificada en Historia de
España del Instituto Gallach, Edición de 1987 por Pericot como
"hombre" la figura de "Recolectora de Miel" pintada en rojo
(en un gran panel de una "escena de caza" con animales y figuras
humanas con arco y flechas, que no he dibujado) de la Cueva de Bicorp de
Valencia (Lám. 1, a) datada en el V
milenio adne, ya es calificada como "mujer" por Llull y Sanahuja en la Edición de la Historia de España. de 1994 (con
una diferencia de sólo siete años).
Recolectora que pone de
manifiesto el importante papel femenino en la sociedad prehistórica. En
palabras de Llull y Sanahuja (1994, 17): “En
la sociedad paleolítica, las mujeres tuvieron un importante papel en la
alimentación del grupo, puesto que, al parecer, fueron ellas las que lo
abastecieron de productos procedentes de la recolección...”
“Sally Linton, en 1971, es la primera antropóloga,
que basándose en la inexistencia de evidencias de caza, propone un modelo
contrapuesto al anterior, el modelo recolector. Son las homínidas las que
recolectaron, las que inventaron los primeros instrumentos (palos cavadores y
contenedores para transportar los productos vegetales y las crías) y las que,
en principio, compartieron la comida con sus crías.”
Un ejemplo
artístico prehistórico que muestran figuras con rasgos característicos que las
definen obviamente como femeninas: cuerpo triangular, cintura de avispa y
piernas gordas (aunque sin mamas) y sin embargo consideradas masculinas en
numerosos manuales ibéricos, es la pintura de "Tres Mujeres
Danzantes" de la Cueva de la Saltadora, Barranco de la Valltorta,
Castellón (Lám. 1, b) datada en el V
milenio adne.

Han sido
descritas por Menéndez Pidal en (1947, 450), citando a las autoridades
Obermaier y Wernert, como: “Tres hombres,
al parecer danzando, ...” Sin embargo eran descritas por Kuhn en (1957, 89)
(historiador que no había bebido en las mismas fuentes "científicas")
como “TRES MUJERES (Valltorta)”.
O sea que las figuras artísticas que presentan características que las definen obviamente como femeninas, han sido consideradas masculinas en numerosísimos manuales "científicos" ibéricos, basándose exclusivamente en el hecho de no tener representadas las mamas (convención usada por nuestros ancestros de la Prehistoria, para indicar que la representación femenina no es real, sino que tiene carácter simbólico y en ese caso no alude a la función nutritiva).
Estas figuras
artísticas, consideradas masculinas, presentan los mismos atributos que
presentan gran parte de las figuraciones prehistóricas levantinas, las cuales
según afirma Barandiarán (1990, 145): (son de) “...tipología de
«cestosomáticos» (figuras muy alargadas, de torso triangular y piernas robustas
y largas), «paquípodos» (representaciones cortas de proporciones muy gruesas) ...”
definiciones que enumera exactamente los rasgos estereotipados que definen
tipológicamente el cuerpo femenino y que él infiere son atributos masculinos.
Barandarián,
al igual que las antiguas autoridades, tiene la creencia generalizada de que
"la mujer estaba escasamente representada en el arte prehistórico
levantino", y dado que existe sin embargo numerosísimas obras de arte
levantinas con tales atributos, infiere machistamente que son de sexo
masculino.
Basada en
similares consideraciones machistas, acerca del papel femenino en la
Prehistoria, es la afirmación de Blasco (1992, 23): “Los protagonistas de estas escenas cinegéticas son, claramente,
figuras masculinas que, en muchas ocasiones, tiene marcado el sexo, a veces
exageradamente acusado, y en el caso de las figuras asexuadas parece lógico
identificarlas también con hombres, ya que sus atuendos, la potencia de la
musculatura de sus piernas y otros detalles son iguales a los de las figuras
masculinas.” Y similar consideración machista infiere Clottes (1995, 62): “Estas
dos interpretaciones no son incompatibles: en general, los hombres son los que
cazan.”
Los que se
manifiestan de esta manera, sólo muestran que se sienten legitimados para
pensar, que la mujer nunca haya sido capaz de cazar o realizar cualquier labor
penosa (conclusión falsa que incluso ha dejado de ser el estereotipo sexual de
la realidad circundante actual), tras manipular machistamente las
manifestaciones artísticas prehistóricas que los contradicen. O desechar los
ejemplos míticos de cazadoras, en todas las mitologías de principios de época
histórica, que las ejemplifican. O repulsar los nuevos descubrimientos
antropológicos y los de la conducta de primates que aportan, en contra de las
creencias estereotipadas, que las hembras tienen un importante papel en su
sociedad y que participan en la caza en grupos (técnica tradicional compartida
por los primeros humanos) (estudios realizados en diferentes especies primates
en la década de los 60s por Goodall, Galdikas, Fossey, Strum y en la de los 70s
por Thompson-Handler,... basados en la consideración de que la conducta humana
se deriva de la de nuestros antepasados animales, aceptada la teoría de Darwin
sobre la evolución humana a partir de los primitivos protohomínidos).
De manera que,
algunos historiadores, han logrado imponer en el mundo arqueológico español,
desafortunadamente, el androcentrismo (en palabras de Victoria Sau: enfoque
unilateral que toma al varón / hombre como medida de todas las cosas). Y no
aceptan las teorías sobre el importante papel femenino en la Prehistoria. Y han divulgado la idea de que la caza
era ejecutada exclusivamente por los varones, distorsionando la participación
femenina, cuando en el Paleolítico la caza aún cubría las necesidades
alimenticias de la sociedad y era la mujer quien proporcionaba el alimento a
sus hijos: la mujer cazaba. E igual creencia tenía Childe y otros eminentes
historiadores, como la antropóloga Sally Linton (1979, 44) que defiende que “toda la banda viajaba y cazaba junta”.
Y Julien (1986, 30) confirma: “Para N.
Tanner, no sería «el hombre cazador» sino «la mujer cazadora» quien sería
responsable de la emergencia humana.”
Y teoría,
confirmada además, por diferentes manifestaciones plásticas de muchos lugares
distintos, halladas tanto al aire libre como en cuevas y abrigos pocos
profundos, que presentan a cazadoras con arco y flechas, que atestiguan de modo
inequívoco, que las mujeres cazaban en la Prehistoria, en todo el universo.
Entre ellas,
las pinturas rupestres de estilo capsiense de cazadora de Damaraland de Rodesia
/ Zimbabwe (Lám. 2, a) datada en el
IV milenio adne y la cazadora de Bramberg pintada en el Santuario de Maack,
Namibia datada entre los años 1000 al 650 adne (Lám. 2, b).

Son ejemplos
de forma análoga, las cazadoras con arco y flechas pintadas en escenas
prehistóricas en el levante español:
La cazadora del Barranco de
los Gascones, Calapatá del término de Cretas, Teruel (Lám. 3, a).
La cazadora de la Cueva
Freixet, del Perelló, Tarragona (Lám. 3,
b).
La cazadora del Abrigo de la
Vacada, Santolea, Teruel (Lám. 3, c).
La cazadora pintada en rojo
de la Cueva del Civil / Coves de Ribasals del Barranco de Valltorta, Castellón (Lám. 3, d) (está rodeada de gran número
de cazadoras de rasgos similares en posturas diferentes que no he dibujado).
La cazadora de la Cueva de
los Caballos (Lám. 3, e) [existe
calco del panel completo de Benitez Mellado y según refiere Beltrán (1968)
actualmente está arrancada].

La cazadora
desplazándose a zancadas con flechas pintada en rojo de Els Secans, Mazaleón,
Teruel (Lám. 4, a).
La cazadora en postura
similar de la Cueva del Tío Garroso de Alacón, Teruel (Lám. 4, b) (alrededor otras cazadoras, cazador fálico y animales
no dibujados).
La cazadora de la Cueva
Remigia, La Gasulla en Ares del Maestre, Castellón, datada en el V milenio adne
(Lám. 4, c).

Las cazadoras
del Val del Charco de Agua Amarga, Valdealgorfa, Teruel (Lám. 5, a) (forma parte de un gran panel no dibujado).
La cazadora de la Cueva de
Obón, Teruel (Lám. 5, b).

Las cazadoras
ibéricas, al igual que las africanas, tienen semejante melenita, atuendo y
rodilleras, aunque sin mamas, ausencia origen de que sean considerados
"arqueros", por parte de muchos autores de los manuales ibéricos.
Aunque es peor el error que cometió Vives, otra autoridad en el mundo de la
arqueología española, al considerar masculinas, varias figuras con grandes
mamas, grabadas en monedas levantinas ibero-romanas. Y considera “Tipo del jinete”, “jinete con lanza” tanto
la "Amazona con Palma" de
una moneda de Tarragona (Lám. 6, a)
como la "Amazona con Lanza" (Lám.
6, b) de la ciudad levantina denominada con el nombre inscrito en la moneda.

REPRESENTACIONES
ARTÍSTICAS DE CARÁCTER METAFÓRICO, NO REFLEJOS DE LA VIDA COTIDIANA
En realidad
las pinturas de "escenas de caza" cuyas protagonistas son cazadoras o
recolectoras, tanto africanas como levantinas, son del neolítico, época en la
que la economía estaba ya basada en el cultivo vegetal, pero en el caso de las
protagonistas cazadoras, representarían por un lado:
- Ser
herederas de la mujer en su arcaica existencia real, cuando en principio la
mujer cazadora era quien proporcionaba el alimento a sus hijos y cuando en el
Paleolítico la caza aún cubría las necesidades alimenticias de la sociedad.
- Pero dado
que las figuras artísticas de cazadoras en "escenas de caza", fueron
realizadas por pueblos que se alimentaban de la agricultura, demuestran que las
protagonistas tendrían carácter simbólico y metafórico y no reflejan escenas de
la "vida cotidiana", ya que la tarea más habitual en el neolítico era
la relacionada con la agricultura. Y por consiguiente las "escenas de
caza" no perseguían mágicamente asegurar la caza, deducción corroborada
por el hecho de que los animales representados, no eran los que les servían de
alimento (extrapolando los resultados de los estudios realizados por
Leroi-Gourhan, hace más de cuarenta años en otras regiones, de los restos de
comidas dejados por lo autores de las pinturas en "escenas de caza"
análogas).
En realidad la obras de arte
de cazadoras, además de reflejar a la mujer en su arcaica existencia real,
representarían mitos, tendrían contenidos religiosos y simbólicos. Y por tanto
las cazadoras en "escenas de caza" serían en realidad, protagonistas
de las mitologías históricas, reflejadas en escenas artísticas simbólicas.
En estos
casos, las obras de arte prehistóricas levantinas, no se diferenciarían de las
obras de arte de otros regiones primitivas, cuyas motivaciones eran simbólicas.
En palabras de Clottes (1995, 64): “En
los casos de los aborígenes australianos, de los indios de América y de los
bosquimanos de África del Sur, el arte rupestre tiene objetivos religiosos o
mágicos; el artista comunica mitos y leyendas. El arte prehistórico estaba
asociado probablemente a ritos...”
No nos ha
quedado constancia de mitos de principios de la época histórica levantina,
heredados de la Prehistoria, protagonizados por cazadoras. Pero conocemos los
similares de muchos lugares distintos, protagonizados por Diosas / heroínas
cazadoras, denominadas: Annika, Arduina, Artemisa, Atalanta, Attart-Sem, Basa
Grande, Bendis, Britomartis, Calisto, Cirene, Devana, Diana, Eucaris, Hécate,
Hippe, Kalgama, Mielikki, Minerva (Podarga, Lafria, Venatriz,... ), Mixcoac,
Phiala, Procris, Skadhi, Zenobia, Zewana,... que pone de relieve la
persistencia de la antiguas instituciones matriarcales en todo el universo.
MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS
DE CARÁCTER ASTRONÓMICO
Y tampoco las
obras de arte prehistóricas levantinas, se diferenciarían de las obras de arte
de otros regiones primitivas, cuyo significado era astronómico. Leemos en
Haynes (1997, 72) refiriéndose a una pintura del pueblo Yirrkala de Oceanía de
una "escena de caza" animalística, en la que aparece un tiburón
persiguiendo a una raya (Lám. 7, a): “A tribal bark painting representing the
Southern Cross and its Pointer Stars, Alpha and Beta Centauri. This depiction from Yirrkala
shows the stars of the Southern Cross (a stingray) being chased by the Pointers
(a shark).” (Siendo
tanto la figura del tiburón, identificado con la constelación Centauro, como la
de la raya, identificada con la constelación de la Cruz del Sur, figuras
animalísticas personificaciones de sus Divinidades).
Curiosamente
encima de las figuras aparecen una serie de dibujos radiales que forman
determinado dibujo: justamente las configuraciones de estrellas de las
constelaciones de Centauro y de la Cruz del Sur (caso artístico que no es el único
que refleja tanto la situación estelar de forma explícita y la representación
simbólica). Hemos representado en (Lám.
7, b) la configuración real de estrellas.

En este caso
la constelación Centauro sucede a la Cruz del Sur, constelaciones en sucesión,
que junto con otros hechos astronómicos, tiene lugar en determinado día del
calendario del pueblo Yirrkala, bien en su reaparición matutina o en su ocaso
crepuscular y anunciadores de fenómenos estacionales y de diferentes etapas del
crecimiento de la vegetación, al igual que otros hechos astronómicos anuncian
la recolección u otra tarea agrícola.
Añade Haynes en (1997, 73): “Like many primitive cultures, the Aborigines saw the heliacal risings
of bright stars or constellations as indicators of seasonal events.”... “Arturus appearing in the dawn sky prompted
the Aborigines of Arnhem Land to begin harvesting spikerush for fish traps and
baskets.” (O
sea que la reaparición matutina / levantamiento heliaco de la estrella Arturo
anuncia la recolección de determinado vegetal y de la misma manera el ocaso
crepuscular de otras estrellas o constelaciones, anuncia otras etapas de la
vegetación).
Y añade Haynes en (1997, 74): “Without any technological means of controlling their environment, the
Australian Aborigines depended completely on the cycles of the natural world
for survival. Not surprisingly, their interest in the stars was not in
extraordinary occurrences, such as supernovae or comets, but in regular
patterns. Aboriginal legends have “humanized” cosmic phenomena by associating
them with the behavior and motivation of the tribal group.”
De manera que
la finalidad de las pinturas de "escenas de caza" de los aborígenes
australianos era controlar y asegurar el alimento y por tanto la supervivencia,
en función del crecimiento de la vegetación a lo largo del año: tiempo de
siembra, de recolección, ... dependiente de los fenómenos cíclicos, en
coincidencia con las constelaciones cíclicas e igual finalidad tendrían las
levantinas.
Y mientras la figura del
tiburón-constelación Cruz del Sur, que persigue una raya-constelación Centauro,
reflejada en la "escena de caza" artística, plasma una leyenda de la
mitología de Oceanía, protagonizada por animales, con las que pretendían
invocar a las Divinidades que animaban las diferentes constelaciones, que
ocupaban diferentes posiciones en días señalados de su calendario, para que
enviara los fenómenos favorecedores del crecimiento de la vegetación, en
coincidencia con los diferentes hechos astronómicos cíclicos plasmados. Y por
tanto la "escena de caza" era propiciatoria de la Fertilidad de la
cosecha. De manera similar en el Levante español, los protagonistas en
"escenas de caza", también representarían a sus Divinidades, siendo
protagonistas de la mitología arcaica, reflejada en obras de arte y
corresponderían a personificaciones Divinas / máscaras, con la que ejercían
diferentes funciones / enviaban diferentes fenómenos, coincidentes con ciertos
hechos astronómicos, sucedidos en días de fiesta del calendario astronómico arcaico.
Y según mis
estudios, las cazadoras ilustradas en los dibujos de mi exposición, se
identifican con la Divinidad que animaba la constelación Orión y el animal con
la Divinidad que animaba la constelación Híadas "Lluviosas". Y por
tanto las diferentes "escena de caza" ilustradas, serían
propiciatorias de las lluvias antes de la primavera, en coincidencia con el
ocaso de las constelaciones que plasman.
En fin, dado
que gran parte de las figuras representadas con armas como arcos y flechas,
pintadas en escenas simbólicas levantinas prehistóricas, han sido consideradas
masculinas en numerosos manuales ibéricos por condicionamientos machistas, y
sin embargo deberían ser consideradas protagonistas femeninas: Diosas /
heroínas de las mitologías históricas, acorde con el hecho de que aún a
principio de época histórica en Iberia, lo femenino predominaba en el mundo
sobrenatural y en el culto, acorde también con la evidencia arqueológica de que
las más arcaicas manifestaciones escultóricas halladas en Iberia son
prioritariamente femeninas, estando las figuras masculinas casi ausentes hasta
el siglo IV adne, y acorde asimismo con el hecho de que las mujeres arcaicas
usaban armas, según afirma Valdellano (1989, 236): “A su vez las mujeres llevaban cuchillos y puñales, puesto que
aparecen en los ajuares funerarios...”, es llegada la hora del abandono del
androcentrismo y sexismo y del abandono de las descripciones manipuladoras.
Hora es de
analizar los documentos y no las opiniones estereotipadas existentes. Hora es
de revalorizar y recuperar el importante papel ancestral femenino. De proclamar
que nunca ha sido cierta la idea imaginada por influyentes historiadores que
proyectaban sobre la Prehistoria de "los varones como seres superiores que
subordinaban a las mujeres, consideradas seres maltratados y sumisos".
Como apunta Fisher (1982, 110): “Tres
tratados más, todos de científicos sociales influyentes, remitieron el
parentesco primitivo a la mujer, a la madre. Estos estudios no atribuían, sin
embargo, ningún estatus social generoso a las mujeres primitivas. Como la
mayoría de estos pensadores concebían a los hombre y mujeres prehistóricos como
individuos similares a los que veían a su alrededor de la Inglaterra
victoriana, se imaginaron a sus ancestros masculinos como los patriarcas
agresivos, dominantes, militantes y autoritarios de aquellas familias
matrilineales. Y describieron a las hembras como seres sumisos, débiles,
inactivos...”
Hoy día no puede seguir
aceptándose estos modos machistas ni se debe actuar con inhibición frente a
tales atentados. Basta ya de amparar legalmente un código de modos y hábitos
machistas.
Los protagonistas de las
pinturas prehistóricas levantinas, tanto varones y mujeres, deben adaptarse a
los avances de la ciencia.
Sigamos
considerando como “... figuras masculinas (las) que, en muchas ocasiones, tiene marcado el
sexo, a veces exageradamente acusado.” Es decir las itifálicas.
Y empecemos a considerar,
por justicia y respeto a la ciencia, tengan mamas o no, como figuras femeninas
las abundantísimas “... figuras asexuadas”, “...tipología de «cestosomáticos» (figuras muy
alargadas, de torso triangular y piernas robustas y largas), «paquípodos»
(representaciones cortas de proporciones muy gruesas) ...”
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