Las tiendas de Rusia ponen a la venta grabaciones de atentados y atrocidades de la guerra caucásica Las imágenes fueron tomadas por la guerrilla y los militares
Tres policías rusos armados hasta los dientes caminan por una calle de la capital chechena, Grozni. De repente, una potente explosión rompe el silencio. Uno de los agentes echa a correr mientras sus dos compañeros yacen sin vida en el asfalto. La cámara se acerca para sacar un primer plano. Se oyen carcajadas del invisible autor del atentado, y después la cámara se apaga.
Punto y final.
La guerra en Chechenia, que en total ha durado más de 11 años, ha creado un lucrativo negocio que cuenta con una cada vez más amplia clientela. Últimamente, en los mercados de vídeo de Moscú y de otras ciudades rusas se ofrecen miles de películas de sangrientos atentados, matanzas y torturas. Estas estremecedoras imágenes son filmadas tanto por la guerrilla chechena como por los militares y servicios secretos rusos, que tienen a su disposición una amplia red de vendedores para poder comercializar la guerra caucásica en vídeo.
Por cuenta propia
"Habitualmente llevábamos una cámara al salir del cuartel, ya fuera una operación especial o una redada rutinaria. Algunos militares lo hacían por su cuenta y montaban una pequeña cámara en el casco", confía a este diario Pavel, un oficial del Servicio Federal de Seguridad ruso --FSB, heredero del KGB-- que estuvo varios meses en Chechenia en el 2005. Según Pavel, la venta de vídeos de guerra grabados por los agentes está prohibida, pero las imágenes tienen demanda. Los "individuales" --que trabajan por su cuenta y riesgo-- también sacan partido.
Para los chechenos, la venta de vídeos de atentados no solamente es una fuente de ingresos, también es una herramienta de propaganda de la "guerra santa" contra las tropas rusas. Editan miles de ejemplares de los discos compactos en varias exrepúblicas asiáticas de la URSS y los envían luego como contrabando a Moscú. Lo curioso es que a los rusos no les repugnan las imágenes filmadas por los rebeldes, que también se agotan enseguida.
Para los patrocinadores
"Originalmente, los vídeos de los atentados están destinados a los patrocinadores de los terroristas. Éstos los envían al extranjero como prueba de que el trabajo ha sido realizado", dice Konstantin Krivorotov, de la Fiscalía General rusa.
Comprar un vídeo de guerra es como ir a comprar uno pornográfico. Ningún vendedor lo pone en el escaparate, de hecho ni siquiera lo tiene en la tienda. El interesado deja el número de su móvil y explica qué cosas quiere ver. El precio de un largometraje con buena resolución y sonido supera los 200 euros. A veces, las mismas imágenes, pero de poca calidad, se ofrecen por internet a precios muy económicos.
"Tenemos clientes muy ricos que han reunido amplias colecciones de vídeos de guerra. Cada uno tiene sus preferencias. Si no podemos encontrar lo que le interesa a uno, se puede hacer un encargo", explica un vendedor del famoso mercado de vídeos de Gorbushka (oeste de Moscú). El precio de una película exclusiva y de alta resolución llega a los 1.000 euros. Éste fue el precio de un vídeo en el que aparecía un grupo de soldados rusos violando a una chechena.
Los militares rusos rechazaron la autoría de las imágenes. Aseguran que en muchas ocasiones éstas no corresponden a la realidad. "Una gran parte de las grabaciones que vienen de Chechenia, donde dicen que hay pruebas de matanzas y torturas de guerrilleros y de civiles, son falsificadas", dijo a este diario un portavoz de Defensa.
Utilizados como prueba
Sin embargo, en varias ocasiones, los vídeos confiscados por la policía han sido utilizados como pruebas para acusar de crímenes de guerra tanto a los militares rusos como a los guerrilleros chechenos. Éste fue el caso de Salautdin Temirbulatov, un comandante de guerra checheno acusado de homicidio premeditado. En un "documental" quedó grabado cómo asesinó a cuatro prisioneros rusos.
Los servicios especiales rusos también utilizan los vídeos grabados por los chechenos para atizar el ánimo vengativo de los agentes en operaciones de represalia.
LA ALEVOSÍA
"Normalmente, llevábamos una cámara al salir del cuartel", cuenta un militar
LOS ABUSOS SEXUALES
La cinta de la violación de una chechena cuesta 1.000 euros en la capital rusa