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Francis Fukuyama
(1952) |
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Francis Fukuyama nació en el seno de una
familia de origen japonés en 1952, en la ciudad de Chicago, Estados
Unidos. Creció en Nueva York y se graduó en Harvard. Durante su
carrera escribió sobre democratización y política económica
internacional, especializándose en la política exterior de la ex Unión
Soviética. También trabajó para el Departamento de Estado de los
Estados Unidos.
En 1989 Fukuyama escribió un artículo llamado "El fin de la
historia", que luego dio origen al libro: "El fin de la
historia y el último hombre", donde se afirmaba que la caída
del comunismo y el triunfo de las democracias liberales marcaban el
comienzo de la "etapa final" en la que no había más lugar
para largas batallas ideológicas. En este sentido, la historia habría
terminado. "El fin de la historia significaría el fin de las
guerras y las revoluciones sangrientas, los hombres satisfacen sus
necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar
sus vidas en ese tipo de batallas". Fukuyama retoma uno de los
viejos temas de la filosofía política: ¿Existe una dirección en la
historia de la humanidad? Para el politólogo norteamericano la
respuesta es afirmativa: la democracia liberal es la forma ideal de
gobierno, la etapa final de la historia.
Según el autor durante este siglo
hubo sistemas de gobierno que compitieron con la democracia liberal,
como el fascismo o el comunismo, pero uno a uno fueron cayendo. Eso no
quiere decir que todos los países actualmente sean democracias
liberales; para que un sistema de gobierno sea llamado
"democracia liberal" debe cumplir con tres condiciones: que
tenga una economía de mercado, un gobierno representativo y mantener
los derechos jurídicos. Todavía existen gobiernos no democráticos y
economías que no son de mercado, pero "como idea, la democracia
liberal es el único sistema político con algún tipo de
dinamismo"
También hace notar que los países
que pudieron obtener un alto nivel de desarrollo industrial como Estados
Unidos, Japón, Europa Occidental, son los que lograron generar
democracias estables; lo que sugeriría que existe una correlación
entre el desarrollo económico de un país y la capacidad de sostener
esos sistemas representativos .
En su libro "La gran ruptura", que llegó a nuestro país
en 1999, sostiene que, al dejar de ser sociedades industriales
para convertirse en sociedades de la información, las naciones ricas
experimentaron grandes cambios debido al quiebre en sus valores:
aumentaron los crímenes, la gente perdió confianza en las
instituciones y tendió a comprometerse menos y a relacionarse en grupos
pequeños. Sin embargo, aclara que esta tendencia a la atomización de
la sociedad se está frenando debido, en última instancia, a
que "nuestros instintos más básicos nos impulsan a
crear reglas morales que nos unen en comunidades y a promover la
cooperación". Apartándose del liberalismo más ortodoxo, sostiene
que el individualismo es una "vulnerabilidad" de las
democracias modernas y la cooperación es requisito del desarrollo.
"En la sociedad de la información, ni los gobiernos ni las
corporaciones van a depender exclusivamente de reglas burocráticas
y formales. En cambio, van a descentralizar el poder y descansar en
la gente, que se autoorganizará. Para que todo esto funcione es
necesario que los individuos internalicen reglas y normas de
comportamiento informales, aquellas que provienen de negociaciones
horizontales entre ellos, más que de estructuras verticales".
Sin embargo, Fukuyama es un firme
defensor de las reformas neoliberales en lo económico y lo político.
Resulta muy importante una apertura internacional que le de
competitividad al mercado interno. En la economía el Estado debe jugar
un papel mínimo, permitiendo que el capital privado se
desenvuelva con la mayor seguridad jurídica posible: "Todo
funciona mejor si puede dar por sentado un marco jurídico estable y
efectivo, que permita la seguridad de los derechos de propiedad y
de las personas, y un sistema de asociación privada relativamente
transparente. Pero estas características no han prevalecido en
los países latinoamericanos. En muchos casos, el Estado ha sido
arbitrario y rapaz. Como consecuencia, se redujeron los radios de
confianza al nivel de la familia y los amigos y se generó una
dependencia a ellos". Pero también es fundamental que existan
libertades políticas y se eviten los gobiernos autoritarios o
represivos.
Para que un país pueda adaptarse
correctamente a un mundo globalizado, es fundamental que su gente tenga
confianza en las instituciones: "Si el presidente roba no hay
confianza en ese país; la sociedad civil debe organizarse, deben
fortalecerse los partidos políticos, las organizaciones sociales,
laborales y sindicales; la economía debe funcionar sobre valores éticos;
y debe abrírsele paso al capital social, para que la fuerza laboral
participe en forma más completa y adecuada en el proceso
productivo".
Actualmente, Fukuyama es
investigador de la Rand Corporation y mienbro de la John Hopkins
Universoty School for Advanced International Studies.

La
globalización es aún muy superficial
Por
Pavlos Papadopoulos
Cuando en 1992 apareció el libro El fin de la
historia y el último hombre, del cientista político estadounidense
Francis Fukuyama, inmediatamente se produjo un revuelo en los círculos
intelectuales de todo el mundo. Realmente provocador resultó para
muchos pensadores su tesis de que la historia habría acabado. Esto
porque, según Fukuyama, la caída del comunismo y el triunfo a escala
mundial del liberalismo político y de la economía de mercado han traído
como consecuencia el que ya no exista espacio para nuevas grandes
batallas ideológicas.
Como especialista en la relación entre democratización
y política económica internacional, desde su cátedra en la George
Manson University, Fukuyama ha centrado sus estudios en el rol de la
cultura y el capital social en la vida económica moderna. En la
siguiente entrevista el profesor de ascendencia japonesa analiza el
impacto que ha tenido sobre la economía, la cultura y la política, el
fenómeno que más ha marcado este fin de milenio: la globalización.
- ¿Hasta qué punto ha sido realizada la
globalización?.
- En muchos aspectos, la globalización es aún
muy superficial. Aunque se ha hablado mucho sobre el punto, la verdad es
que la economía global todavía es muy limitada. Creo que el verdadero
estrato de la globalización está restringido a los mercados de
capital. En la mayoría de las otras áreas, las instituciones siguen
siendo intensamente locales.
El comercio, por ejemplo, es predominantemente
regional: los asiáticos comercian mayoritariamente con asiáticos, los
latinoamericanos lo hacen mayoritariamente con latinoamericanos. Incluso
en regiones más desarrolladas. Así, el comercio intraeuropeo
representa prácticamente el 60 % de todo el comercio europeo. Esta
limitación regional es cierta en todas partes, muchas compañías son
predominantemente nacionales y los gobiernos continúan siendo muy
nacionales. Los mercados de consumo no son sólo nacionales, pero éstos
se están segmentando, yendo más allá de las regiones, en tanto la
educación de los consumidores mejora.
- ¿Existen aspectos de la globalización que
pueden llevar a un homogeneización aún mayor?.
- Creo que simultáneamente va a ocurrir una
homogeneización y una afirmación de las identidades culturales. En términos
de las instituciones económicas y políticas, las culturas son cada vez
más homogéneas, puesto que no existen muchas alternativas. Ya no es
posible tener un cierto nacionalismo económico "peronista" o
un cierto tipo de socialismo. Dada la naturaleza de la economía global,
sólo existe una cierta cantidad de maneras en que un sistema político
o económico puede ser organizado, ser viable y competitivo. Para llegar
a ser una sociedad avanzada, un país tiene que ser democrático y tiene
que estar conectado al mercado global. En relación con esto, existe una
mayor homogeneización de las instituciones y de las ideologías. En el
nivel cultural, no está claro que la homogeneización proceda tan rápido.
En cierto sentido, existe una resistencia a la homogeneización
cultural.
- ¿Cree usted que la homogeneización podrá
ocurrir en un nivel más profundo?.
- Podría suceder que la cultura finalmente
se homogenice, al igual que las instituciones políticas, pero pienso
que será un proceso más lento.
Mucha gente cree que, porque tenemos una avanzada
tecnología de las comunicaciones y porque se proyecta mundialmente la
cultura global de la televisión, esto podría llevar la homogeneización
a un nivel cultural más profundo. Creo que ha ocurrido exactamente lo
contrario. Por ejemplo, actualmente es probable que exista una mayor
desconfianza y un énfasis mayor en las diferencias entre las culturas
de los Estados Unidos y Asia que hace 40 años. En los Œ50 y en los Œ60,
Asia miraba a los Estados Unidos como un modelo de modernización.
Ahora, los asiáticos observan la decadencia urbana estadounidense y el
debilitamiento de la familia y sienten que Estados Unidos ya no es un
modelo atractivo. La tecnología de las comunicaciones ha permitido,
tanto a asiáticos como estadounidenses, mirarse más claramente, y al
final resulta que tienen sistemas de valores muy distintos.
- ¿Pueden las corporaciones globales tener
un efecto de homogeneización sobre la cultura?.
- Creo que existe una cultura global del
consumidor que ha sido esparcida por compañías como McDonald's y la
Coca Cola. Sin embargo, si se mira debajo de la superficie y se le
pregunta a la gente de diferentes países en dónde tienen puestas sus
lealtades, cómo valoran sus familias o cómo evalúan a la autoridad,
uno se encuentra con enormes diferencias.
Cuando se examina una cultura determinada, se le
presta mucha atención a aspectos como el tipo de bienes de consumo que
la gente compra, pero eso es muy superficial. En realidad, una cultura
consiste en profundas normas morales que afectan la manera en cómo la
gente se vincula entre sí.
- ¿Podría aclarar un poco más el punto?.
- En mi segundo libro, Confianza: las
virtudes sociales y la creación de la prosperidad, una de las tesis
centrales dice que estas calidades profundas, las llamadas normas
morales, definen la actividad económica.
Por ejemplo, en la cultura china la familia es
central y limita las transacciones de negocios a la familia extendida.
Este hecho tiene muchas consecuencias. Significa que los negocios en
China tienden a no ser muy grandes, probablemente porque ellos se
resisten a tener "managers" que no son familiares. También
significa que es muy difícil construir instituciones que permanezcan más
allá de dos o tres generaciones. En el ejemplo de China, la cultura es
la que empuja a la economía.
- ¿Qué es lo que constituye a estas
identidades culturales más profundas?.
- Obviamente, el lenguaje, la religión y la
raza son importantes componentes de la identidad local. Mi interés
particular tiene que ver con lo que llamo redes de confianza. Creo que
para comprender realmente cómo operar en cualquier región del mundo,
se necesita conocer las redes de confianza que se dan en esa área. Una
vez que se ha establecido una relación de confianza, puede iniciarse
una relación de negocios. Por ejemplo, en muchos países de Latinoamérica,
muchas de las empresas más grandes son casi siempre controladas por un
grupo de familias.
Obviamente, las oportunidades de negocios dependerán
de la comprensión que se tenga de cómo están entretejidas esas redes
sociales. Las únicas personas que entienden bien cómo funcionan son
los autóctonos. Es por eso que los "outsiders" encuentran difícil
tener negocios en países en donde no tienen relaciones sociales
preexistentes y en donde no se tiene el grado esperado de transparencia.
- ¿Existen atributos humanos universales que
crucen las culturas y las naciones?.
- Sí. El deseo por el progreso material es
obviamente una tendencia universal. Creo que existe una cantidad de
evidencias que indica que el deseo de intercambiar en el mercado es
también un atributo universal. En aquellos lugares en que no es
practicado el intercambio mercantil, casi siempre es el Estado o alguna
otra forma de autoridad de gobierno la que lo impide.
- ¿Podría dar ejemplos?.
- El libro de Hernando de Soto sobre Perú
otorga un buen ejemplo. El texto muestra el tremendo deseo de los
campesinos peruanos pobres, que se han mudado a Lima, para intercambiar.
Los campesinos no pueden establecer un negocio formal porque les lleva
hasta 25 días obtener un permiso y una gran cantidad de dinero les es
necesaria para coimear a los funcionarios.
Para poder realizar intercambios mercantiles, ellos
han creado una enorme economía informal, la cual incluso tiene su
propio sistema judicial.
- ¿Qué ocurre con el espíritu
emprendedor?.
- También se puede argumentar muy bien a
favor de la universalidad del espíritu emprendedor. Incluso, durante
los últimos años, el Banco Mundial ha abogado por el concepto de
micropréstamos. Antes, su política había sido prestarles a los bancos
centrales y a grandes instituciones. Sin embargo, un examen más cerrado
de las redes sociales reveló que la verdadera energía emprendedora se
encuentra a un nivel más bajo. Un ejemplo de esto son los servicios de
taxi y transporte informales que se han creado en muchos países. En Sudáfrica,
el gobierno garantizaba el monopolio del transporte a unas pocas compañías,
pero éstas fracasaron al satisfacer la demanda. Así, los servicios de
taxi informales se convirtieron en la fuente de ingresos más grande
para los negros durante el apartheid.
- ¿Llevará la globalización al desarrollo
de otros universales culturales?.
- Creo que existe un conjunto de atributos
culturales que deben acompañar a la modernización económica. Estos
incluyen un mayor grado de individualismo, entendido en el sentido de
que la gente debe ser evaluada más por sus logros que por su status
heredado. Lo que me preocupa de las recientes discusiones sobre la
globalización es que se piensa que ésta va a ser más homogeneizadora
de lo que es en realidad. De hecho, creo que tendrá el efecto
contrario. Québec es un ejemplo, ahí existe mucha división por el
tema de la separación. Creo que nadie habría pensado en separarse sin
la existencia del Nafta y sin la modernización económica de los Œ60.
Actualmente, Québec está más integrada a la economía estadounidense
que con el resto de Canadá. Si llegan a separarse, no les costará nada
en términos económicos. La prosperidad aparejada con la globalización
les permite a las culturas enfatizar sus rasgos propios.
- ¿Pueden las culturas mejorar al
interactuar y al adaptarse a otras?
Ciertos aspectos de la cultura de Estados Unidos fueron adoptados de
otras partes del mundo.
- La cultura estadounidense ha mejorado
gracias a la suma cultural y a la adaptación más que en otros lugares.
De alguna manera, esto distorsiona las percepciones de los
estadounidenses. Ellos suelen mirar su experiencia y creer que el
proceso será igual de fácil en otras partes. Creo que ello no será
tan simple. Incluso, en un país similar a los Estados Unidos como
Francia, esta suerte de suma cultural será más complicada. Conozco
bastante bien ese país y lo que me llama la atención es lo diferente
que es a los Estados Unidos. Durante años intentaron la privatización.
Ello generó un fuerte rechazo entre los trabajadores y el gobierno
cambió su posición. En cambio, la mayoría de los estadounidenses cree
que la privatización es la futura tendencia en las políticas públicas.
- ¿Qué rol juega la tecnología de la
información en la globalización?.
- Soy bastante escéptico respecto de la
aseveración de que la tecnología por sí sola posibilitará la
globalización. El problema es la confianza. Mi percepción es que la
confianza es esencial en las relaciones de negocios. La gente genera
confianza al interactuar y, a través de esto, se familiarizan con las
identidades del otro, con su comportamiento, honestidad y capacidad de
realizar ciertas especificaciones. Es muy difícil proveer esa información
a través de una red digital.
- ¿Por qué?.
- Existe un estudio, hecho a mediados de los
Œ60, que examinó el impacto de las telecomunicaciones en el volumen de
las transacciones comerciales y se concluyó que existía una relación
muy débil. Así, los negocios transatlánticos estaban fuertemente
correlacionados con los viajes aéreos, puesto que muchos tratos no podían
ser consumados sin establecer una relación social. Mediante el comercio
digital, la gente es técnicamente capaz de llevar a cabo transacciones,
pero sin el valor adicional de una relación de confianza. Lo que la
globalización requiere no es sólo tecnología en red, sino la creación
de una serie de servicios que posibiliten la comunicación de información
necesaria para la confianza.
- ¿Llevará la globalización a grandes
cambios políticos?.
- Existe una correlación entre el nivel de
desarrollo económico de un país y el éxito de la democracia.
Recientemente, se hizo un estudio que examinó las transiciones a la
democracia en varias naciones. Una vez que se llega a un PGB per cápita
de US$ 6. 000 -en valores de 1992-, no hay ningún país que llegue a la
democracia que haya vuelto al autoritarismo.
La globalización y el desarrollo del capital no
producen automáticamente democracias. Sin embargo, el nivel de
desarrollo económico resultante de la globalización conduce a la
creación de sociedades complejas con una poderosa clase media. Son
ellas las que facilitan la democracia.
- Pero existen casos, como China, en que, a
pesar de la fuerte modernización económica, no ocurre lo mismo en términos
de apertura política.
- Autores como Samuel Huntington han dicho
que China va a desarrollarse radicalmente durante las dos próximas
generaciones sin que sus instituciones políticas lleguen a ser
similares a las de los Estados Unidos. Huntington no cree que el
desarrollo llevará a la gente a demandar participación política,
liberalización de la prensa y otras libertades. No me compro ese
argumento. Creo que habrá importantes cambios políticos como resultado
del desarrollo económico.
- ¿Cómo cambiará la globalización la
relación entre los Estados y los ciudadanos?.
- En realidad, el área en dónde la
tecnología de la información va a tener probablemente un vasto efecto
es en las relaciones de los ciudadanos con el Estado. Existen muchos
actores no estatales y transnacionales que no existían en el pasado
-grupos ambientalistas, por ejemplo. Uno de mis colegas hizo un estudio
de este fenómeno en México, durante la rebelión de Chiapas. El
gobierno mexicano iba a responder a la manera usual, reprimiéndola
militarmente. Sin embargo, las organizaciones internacionales de
derechos humanos fueron capaces de movilizarse rápidamente, usando
faxes, correo electrónico y otras tecnologías. Estas organizaciones
fueron capaces de "meter" a los indios de Chiapas en la
televisión para que contaran su versión. El gobierno mexicano decidió
entablar negociaciones con los indígenas debido a la enorme publicidad.
A futuro, probablemente, veremos más de estos casos.
- ¿Es la globalización un eufemismo de
"americanización"?.
- Creo que lo es, y es por eso que a muchas
personas no le gusta. Creo que debe ser "americanización"
porque, en algunos aspectos, Estados Unidos es la sociedad capitalista más
avanzada del mundo, y sus instituciones representan el lógico
desarrollo de las fuerzas del mercado. Si son las fuerzas de mercado las
que empujan la globalización, es inevitable que la "americanización"
acompañe a la globalización. Sin embargo, creo que el modelo
estadounidense que otras culturas están adoptando es de los Estados
Unidos de hace dos o tres generaciones.
Cuando se piensa en globalización y modernización,
muchos piensan en los Estados Unidos de los Œ50 y Œ60. No están
pensando en los Estados Unidos de los disturbios de Los Ángeles y de O.
J. Simpson. La cultura que exportamos en los 50 y en los 60 era
idealizada. Realmente presentaba un paquete muy atractivo. La cultura
que exportamos ahora es cínica y un modelo bastante menos atractivo
para que sea seguido por otras naciones.
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