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Amelia Valcarcel
(1950) |
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Doctora en Filosofía y Catedrática de Filosofía moral y política en la
Universidad de Oviedo. Ha dirigido, coordinado y presidido diversos
seminarios y congresos, y ha participado en proyectos de investigación
del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Ha formado y forma parte de jurados de
investigación nacionales e internacionales, así como de consejos de
redacción de revistas y colecciones editoriales. Es directora de la
revista Leviatán. Es directora del proyecto "Paridad" y
Vicepresidenta del Real Patronato y de la Comisión permanente del Museo del
Prado.
Además de artículos y ensayos
aparecidos en revistas especializadas y volúmenes colectivos, ha
publicado los libros Hegel y la Ética (finalista del Premio Nacional de
Ensayo 1989), Sexo y Filosofía 1991, Del miedo a la igualdad 1993
(finalista del Premio Nacional de Ensayo 1994), La política de las
mujeres 1997, Ética contra estética 1998, Rebeldes 2000. Su último
libro publicado es Ética para un mundo global. Cuenta además con
artículos y ensayos aparecidos en revistas especializadas y volúmenes
colectivos, como El discurso de la mentira, La Obscenidad, La
secularización de pecado, Historia de la Ética, Historia de la teoría
política, La misoginia romántica, y traducciones (Tras la Virtud de A.
MacIntyre). Entre sus Ediciones: El concepto de igualdad (1994), Los
desafíos del feminismo ante el siglo XXI (2000), Pensadoras del siglo XX
(2001), El sentido de la Libertad (2002).

Derecho a la maldad
Por
Mariló Hidalgo (Revista Fusión)
-El
mal ha sido el sambenito que siempre
se le ha colgado a la mujer. Usted en cambio lo plantea como un derecho.
¿Bajo qué perspectiva?
-Nuestra tradición judeocristiana ha atribuido la creación
del mal a la pobre Eva, quien además era la responsable de la muerte y
el dolor de toda la humanidad. Pero creo que nadie se cree eso a día de
hoy... espero. Quizá quede un resto de esta creencia en el sentido de
que las mujeres deben de seguir todavía un estándar moral mucho más
fuerte que el resto y que las coarta más que el estándar moral
corriente. Si esto fuera así, sería injusto. Las mujeres no estamos
hechas de una pasta distinta al resto de la humanidad y lo que está
bien, está bien para todos y todas, o no está para nadie. La medida es
la universalidad.
-¿Es Amelia Valcárcel una
mujer mala?
-No, creo junto a mis colegas filósofos que cada uno defendemos lo
contrario de lo que creemos (sonríe con ironía). Mis amigos kantianos,
muchos de ellos no tienen ningún sentido del deber. Alguna/o filósofo
utilitarista, es incapaz de saber qué es la utilidad en su vida diaria.
Yo como defiendo que hay un cierto derecho al mal, cae por su propio
peso que soy una persona bastante "buena". (Me pone cara de niña buena
para que me lo crea. Por supuesto, no caigo en la trampa).
-No obstante cuando comenta
cómo tuvo que luchar por sus ideas para sacar adelante la tesis
doctoral... aquello tenía bastantes connotaciones de maldad...
-No, pero sólo por el uso de la libertad intelectual, que es siempre una
cosa buena. El problema es que una buena mujer, por lo general no quiere
decir una buena persona. Hay gente que estima que una buena persona,
basta con que haga ciertas cosas; pero una buena mujer, no. Una buena
persona no se deja amilanar, defiende sus derechos con firmeza. Una
buena mujer, ¿se tiene que dejar amilanar? ¿Es distinto una cosa de
otra? ¿Una mujer no es una persona? Hay que cortar. A veces hay gente
muy imperialista y te marcan demasiado. ¿Qué hacer? Atreverse a decir
que tú eres tu juez o jueza.
-¿Qué papel tienen en la
sociedad estas mujeres que se erigen en juezas de su propia vida?
-Tienen un papel muy duro porque en la vanguardia no siempre se pasa
bien. Luego se crea una especie de habitáculo normativo mucho más cómodo
donde todas las personas que no lucharon en primera línea, lo habitan y
se sienten mejor. La libertad de las mujeres es una carrera de etapas.
Nosotras ahora encontramos muchas cosas hechas, no tuvimos que pelearnos
por sentarnos en un banco de la Universidad, o para depositar una
papeleta en una urna. Eso lo pelearon otras y les costó muchísimo, por
cierto. Nadie regala nada y el orden en el que nacimos es un orden de
exclusión y no es fácil socavarlo. Es importante que de vez en cuando
recordemos cómo han sido las cosas, así veremos que no son regalos sino
conquistas.
-Cito una frase suya de
cierta maldad: "Contemplemos plácidamente el experimento de ver qué
sucede con todos los individuos contribuyendo a la suma de mal de la
misma forma. A lo peor, ni el mismísimo Todo puede resistirlo".
-Si el mundo consigue su equilibrio moral dejando sólo que un sexo
perpetre todos los males que pueda y encargando al otro que cuide,
estamos ante una visión del mundo limitada, gravemente falsa y además
con ciertos tintes de ridículo. Entonces, ¿qué es lo bueno? ¿Lo de
cuidar, lo de velar y proteger, o bien hacer lo que uno quiera? Pues
nada, pongámonos todos a hacer lo que queramos, a ver hasta cuánto
aguanta este fenómeno. O pongámonos todos a cuidar, ya que el enunciado
tiene vuelta. Si no confiáis en vuestros valores lo suficiente para
decir que todos nos dediquemos a eso... ¡por algo será!
-El orden de valores no es
el mismo...
-Es algo para reflexionar. Pero es que yo no quiero competir con los
varones, quiero la mitad de todo. Quiero cambiar el orden completo para
que el orden completo prevea que es justo que nosotras tengamos la mitad
de todo. No quiero jugar a la figura de la hermanita o cosas por el
estilo. Me cansé, pero es que mis abuelas ya estaban cansadas. No quiero
ser excelente, ni especial. Sólo reclamo mi derecho a no ser excelente,
según ese modelo. En ese sentido reivindico el derecho al mal, un mal
que giraría el sentido actual del mundo.
-Siguiendo con la maldad.
¿Cómo acabar con el mito de que el mayor enemigo de una mujer es otra
mujer?
-Ese mito está roto. Creo que hoy ninguna mujer se cree esto. Pero sí
queda algo de ello a nivel de pensamiento, y eso es algo muy curioso.
Las mujeres, entre nosotras, aún no tenemos la confianza suficiente.
Tenemos muy pocas cosas y quien tiene poco, lo guarda celosamente. Las
mujeres aún tenemos poco poder, poco respeto, poca consideración social
y eso lleva en ocasiones a que a la hora de luchar por ello se mire
antes a la prójima que al prójimo, como si el enemigo natural a abatir
sea lo que más se parezca a cada una misma. El feminismo lo que nos ha
enseñado en todo este tiempo de lucha es a caminar juntas de la mano.
-¿Qué le llevó a bucear en
el mundo de las ideas, de la filosofía?
-Es una especie de vocación. Tiendes a ordenar las ideas, a pensar cómo
es el mundo y en un momento determinado te das cuenta de que tu forma de
verlo siempre es divergente respecto a otra. Así que cuando piensas así
y te encuentras con la filosofía, ves que ese es tu camino. Y aunque
también tiene sus exigencias, es algo magnífico porque nos ayuda a
pensar el mundo. No cambiaría de profesión por nada. Creo que la
libertad es posible y está aquí metida, en la filosofía. La libertad de
pensamiento es algo asombroso.
-Ha escrito varios libros
sobre Etica. ¿Cree que es la filosofía del futuro?
-Creo que necesitamos mucha ética porque nos enfrentamos a un mundo en
riesgo. Tenemos más riesgos de los que queremos calcular, y necesitamos
mucho saber moral y fuerza para poder manejar un mundo cada vez más
complejo que exige instrumentos cada vez más sofisticados, incluidas las
ideas. Necesitamos engrosar nuestro mundo en saber moral, tanto como lo
tenemos engrosado en saber empírico o en saber tecnológico. Si no, nos
estrellaremos. Tenemos en nuestras manos una capacidad para el bien y
para el mal como nunca la hemos tenido. La filosofía tiene que centrarse
ahora en enseñarnos a vivir.
-Esa Etica ¿es compatible
con la política?
-Yo creo que sí. La democracia es una escuela de Etica. Es el sistema
político más fuerte que hayamos sido capaces de pensar. Hay que seguir
perfeccionándolo. Tiene un compromiso ético, porque la democracia
siempre está guiada por valores, no se trata simplemente de tomar
decisiones por mayoría sino de tomar las decisiones más correctas. No
siempre lo alcanzamos, pero es importante que se desee así.
-¿Qué opinión le mereció el
discurso que dio el presidente Zapatero ante la ONU?
-Ese discurso que he visto poner en solfa por ahí, es algo que ha debido
de tener mucho impacto porque yo ya he discutido con muchas personas a
propósito de él, luego ha movido cosas. Creo que hay cuestiones
mezcladas y cada uno se ha fijado en lo que le ha resultado más fácil.
Las Naciones Unidas surgieron y se fundamentaron en una Declaración
Universal, la primera que se hizo. Si los respetamos, esos seguirán
siendo los valores que harán que este planeta siga vivo. Si no, nuestras
expectativas de mera supervivencia se verán seriamente comprometidas.
Todo esto es muy importante recordarlo. Se le podrá acusar de naïf, pero
es que eso de ser decente es muy naïf (contesta con ironía). Pero hay
que atreverse a ser decente aunque se rían de ti. Es simple, pero no
fácil.
-Con frecuencia vemos cómo
se critica a nuestras ministras en tono de sorna sobre cuestiones que
van más allá de política. ¿Qué es lo que cuesta tanto admitir?
-Creo que las mujeres por lo general, son más visibles. Aún no hemos
ganado la mitad del mundo completo, ni mucho menos, y existe todavía una
especie de doble mandato. Si una quiere estar tranquila, sabe que debe
ser invisible. Pero si estás en un puesto público, eres visible.
Entonces será más fácil tirar dardos contra ti que tirarlos contra un
varón que tiene la piel más resistente y además, no le pueden tirar los
mismos dardos. Creo que de momento, es un canon que hay que pagar.
Además, existe una curiosa actitud de aquellos que han tenido el poder
siempre y ahora observan a los recién llegados como a la espera de ¡ya
meterás la pata! Existe un poco de esta malvada vigilancia respecto a
las mujeres que ocupan lugares que antes eran masculinos. Y eso es igual
para una de un puesto importante que para otra que es jardinera. Creo
que con la paridad, esto se terminará.
-¿Esto también ocurre en el
mundo de la filosofía?
-Evidentemente, también. Hay que acostumbrarse a vivir así. No es tan
grave. Personalmente creo que siempre es mejor tener un mundo para
ganar. Me encantan los desafíos y esto hace que el mundo sea más
interesante. Ya lo es de por sí, pero si además puedes conquistar cosas,
pues mejor. |