Diario de Zanzibar

 

  Viajes y Safaris Trekking y Escalada Viajes Alternativos Buceo Nuestros Amigos Guías de Viaje ¿Quienes Somos? Fotos Diario de Zanzibar

DIARIO DE ZANZÍBAR

20 de agosto de 2007 -        HUYENDO AL PARAÍSO.
29 de agosto de 2007-         EL AZAHAR

4 de septiembre de 2007.     MOTÍN EN ÁFRICA.

6 de septiembre de 2007.     LOS CALZONES DE NORBERT.

9 de SEPTIEMBRE 2007.     MI PRIMO SERGIO.

12 de SEPTIEMBRE 2007.    LA NIÑA SIN NOMBRE.

20 de SEPTIEMBRE 2007.   MI AMIGO; EL CANGURO AFRICANO

28 de SEPTIEMBRE 2007.    HOY HA MUERTO MI HERMANO MAYOR.

2 de OCTUBRE 2007.           MI PRIMERA NOVIA

10 de OCTUBRE                    REBELIÓN EN NAIROBI REBELIÓN EN BIRMANIA

25 de OCTUBRE                    DE LA REBELIÓN AL SEXO. 

DEL AMOR Y DE LA GUERRA.  Primera parte   (Cuando la Oruga se convierte en Mariposa)

DEL AMOR Y DE LA GUERRA. Segunda Parte. (La Sonrisa de la Mariposa).

DEL AMOR Y DE LA GUERRA. Tercera Parte.  (El Beso de la Princesa)

DEL AMOR Y DE LA GUERRA. Cuarta Parte      (Mi Última Cruzada)

25 de DICIEMBRE                 FELIZ NAVIDAD DESDE EL CONGO

8 de ENERO                            SI NO TE MATAN, FELIZ AÑO NUEVO

15 de ENERO                           LA PERRA DE MI NOVIA

21 de FEBRERO                       PAJAROS DE MAL AGÜERO EN ISRAEL Y PALESTINA

28 FEBRERO                           LA BESTIA ENJAULADA, CON ZAPATILLAS DE FELPA

4 MARZO                               ÁFRICA Y SUS HISTORIAS DE CAMA (Primera parte)

4 de MAYO                              LA MADRE QUE ME PARIÓ!

13 de MAYO.                           VIDAS CRUZADAS. EL CONGO Y PALESTINA

17 de MAYO                            LAS ENTRAÑAS DE AFRICA

13 de JUNIO                           TODO PASA Y TODO QUEDA PERO LO NUESTRO ES PASAR...

1 de AGOSTO 2008                  LOS ALREDEDORES DEL ALMA

 

13 de AGOSTO 2008               A UNA AMIGA EN EL CAMINAR DE LA VIDA

LAS LAGRIMAS DEL NILO.I
LAS LAGRIMAS DEL NILO.II
LAS LAGRIMAS DEL NILO.III
LAS LAGRIMAS DEL NILO IV

 


LAS LAGRIMAS DEL NILO 1

 

Con la llegada del fin del milenio se creía que llegaría la destrucción del mundo. Ya había transcurrió un año y este mundo seguía con sus injusticias, guerras y hambrunas…

 

Sin embargo para mucho niños, mujeres ancianos y  pastores de Afganistán, si que había llegado el fin del mundo, y de la forma más terrible y cruenta que hubieran imaginado.

 

 

Corría el 2001 y America le había declarado la Guerra a los Talibanes en Afganistán. Miles de bombas reventaban las entrañas de Tora Tora, las montañas donde se refugiaban los talibanes. Pero también el hogar donde sobrevivían miles de pastores afganos con sus paupérrimas familias.

 

Al mismo tiempo que las bombas perforadoras con Uranio enriquecido doblegaban la inmutabilidad de las majestuosas montañas Afganas, en Egipto, todas las embajadas recomendaban a los turistas abandonar el país por temor a ataques terroristas. Por represarias a la guerra contra los talibanes.

 

 

La mayoría de los viajes programados se habían cancelado y la economía egipcia se resentía. Al mismo tiempo, las arcas de América engordaban a toneladas mientras se realizaban ventas millonarias de armamento a todos los países involucrados en aquella estúpida guerra.

 

 

 Por aquellos tiempos trabajaba de corresponsal para una agencia de prensa internacional, aunque en mi tarjeta de visita rezaba un “Company Supervisor”, que sembraba todo tipo de dudas acerca de mi profesión e intenciones…

 

 

 Vivía en el Cairo, en una Suite de lujo de tres plantas situada enfrente del misterioso Nilo. Acostumbrado a malvivir en hoteluchos africanos y minúsculas tiendas de campaña, aquella suite me parecía otro planeta.

 

 

 No solo esto, mi pañuelo en la cabeza en plan pirata y mi pareo ya no formaban parte de mi atuendo habitual. Desgraciadamente debía de vestir con traje y corbata.


Las Lagrimas del Nilo- 2  

 

 

 

Todo empezó con una llamada que recibí cuando estaba en España…

 

Mi buen amigo Carlos, del que hacía muchos meses que no sabía nada de él, me llamó a Valencia. Carlos me comentó que un amigo suyo trabaja para la revista Paris Match y que viajaba mucho a Africa. Como yo trabajo en África me comentó que este amigo, Pablo, se iba a Ghana. También me dijo que le llamara porque igual me interesaba su trabajo.

 

Llamé a Pablo y me dijo que partía inmediatamente hacia África pero que no había tenido tiempo para obtener el visado de su novia, Rosana. Entonces contacté con el ministerio de asuntos exteriores y me dieron los teléfonos de los dos cónsules honorarios que existen en España. Como era fin de semana los consulados estaban cerrados así que llamé a la embajada española en Ghana y me dijeron que intentara sacárselo desde la embajada cuando llegara Pablo. Así fue, y a los dos días de haber llegado pablo a África le consiguió el visado sin problemas.

 

Pablo me dijo que le enviara mi currículum a Ghana y él lo remitiría a la central que se encuentra en Paris.

 

Cuando hablé con Pablo no me dio muchos detalles del trabajo. Simplemente me dijo que pagan muy bien, se viaja mucho y la estancia es en buenos hoteles. Me explico que es una agencia que publica reportajes y vende publicidad. En toda esta historia había algo que olía mal. En realidad no me comentó cual sería mi cometido en esa extraña agencia, pero este misterio hizo que me tomara más interés en este trabajo.

 

Le envié el currículum vitae y pasaron las semanas sin recibir noticias ni de la empresa ni de Pablo.

 

Al mes y medio recibo un e-mail de Pablo diciéndome que está de vuelta, le explique que no he recibido ninguna noticia y me dijo que lo intentaría de nuevo.

 

Dos días más tarde recibo una llamada de teléfono de una mujer diciéndome que tenía mi currículum y que llamaba para ver si estaba interesado en acudir a un training de selección de cuatro días en Madrid. Le dije que efectivamente estaba dispuesto a presentarme a la selección.

-         Bueno pues el lunes te espero.

-         Hasta el lunes.

No hubo muchas más explicaciones... Hola y adiós.

 

Me corté mi larga melena, me disfracé de ejecutivo y a los cuatro días me presenté al training sin saber a ciencia cierta a que tipo de trabajo me estaba presentando.

 

Me dirigí a la dirección de la empresa y descubrí que la empresa estaba situada en un magnífico edificio en el barrio de Salamanca, uno de los barrios con más solera de Madrid, y justo en una de las calles más destacadas de la capital.

 

Entonces pensé que tal vez me había metido en camisa de once varas. Me presentaba sin preparación alguna, con un nivel en idiomas, que a nivel empresarial dejaba mucho que desear, y sin tener ni remota idea del tipo de trabajo que tendría que desempeñar si consiguiera superar el proceso de selección…

 

El proceso de selección y formación consistía en diferentes prácticas tipo rol-play  que además eran eliminatorias, de tal manera que en cada prueba se iban eliminando uno o dos de los candidatos. En otro tipo de pruebas se competía directamente con otro candidato y eras tú quien tenías que hacer todo lo posible por eliminarle a él. El segundo día más de la mitad de los candidatos abandonaron las pruebas ellos mismos. El trabajo exigía mucho sacrificio, estar totalmente solo en países subdesarrollados y por tiempo indefinido, así que todos aquellos que tenía alguna responsabilidad, pareja, hijos etc. se echaron atrás.

 

Una de las pruebas que me hicieron fue la siguiente:

 

Mi tutora me dijo

 

_ Imaginate que te llama el presidente de Mali y te dice que estás estafando al país, y que no hemos cumplido lo que prometimos. Tienes que hacerle cambiar de opinión.

 

Yo extrañado le pregunté.

 

_¿Pero porqué me va a decir un presidente a mi que le he estafado?

 

_ Esto es un supuesto para ver como te desenvuelves en situaciones de crisis.

 

Y acto seguido, cambió de semblante como un actor antes de salir al escenario, y gritándome  como una loca me dice en Inglés.

 

_ ¿Cómo te atreves a venir a mi país después de haberme estafado?

 

 

Como pude intenté capear el temporal y al cabo de cinco minutos de conversación la tutora me sonrió y en español me dijo, ¡Muy bien!, posiblemente no hubieras acabado en la cárcel, y tras una intrigante carcajada llamó al siguiente.

 

El tercer día me dijeron que ya no hacía falta que continuará el proceso de selección.

 

El mundo se me vino abajo. Me explicaron que tenían dos vacantes, una en Chipre y otra en Egipto. Me dijeron que la de Egipto era muy complicada y que una experta en la empresa había estado tres meses en el Cairo sin conseguir resultados y que no podían enviar a un novato.

 

Yo me tomé su comentario como una especie de consolación y mientras seguía hablando mi mente divagaba acerca de lo bueno que hubiera sido trabajar en Egipto. Tenía un amigo allí y hubiera sido un buen apoyo moral y logístico.

 

De repente, tras clavar sus pupilas en mis ojos, como si quisiera encontrar algo en el interior de mi mirada, el director me dice solemnemente. Si quieres, el trabajo es tuyo, pero tienes  que ir a Chipre ya que en Egipto hay algunas “dificultades” y aún no tienes suficiente experiencia para desempeñar ese trabajo, tampoco sabemos si eres capaz de realizarlo.

 

 Aunque me sentí un poco humillado por no creerme apto para Egipto, a los pocos minutos me sentí reconfortado. El director me dijo que de todas formas el puesto  para el trabajo de Egipto quedaba vacante ya que no habían encontrado nadie merecedor de ese puesto y que de todos los candidatos sólo me habían elegido a mí.

 

Insistí a la directora de personal en que  prefería el trabajo en Egipto, me dijo que aún no estaba preparado. Yo le contesté que conozco la cultura árabe muy bien por haber vivido en países musulmanes, además que hablaba francés y tenía conocimientos de árabe (esto último era una mentira cochina…).

 

 

Me dijeron que dejarían vacante el puesto de Egipto y que si hacía en trabajo en Chipre posiblemente me concedieran el de Egipto.

 

Conteniendo mi alegría les dije que estaba seguro que estarán contentos con mi trabajo y que realizaré con todo empeño mi cometido en los dos países.

 

El director me dio un apretón de mano y me dijo: bienvenido a nuestra empresa, acompaña a Mar y te dará la documentación.


LAGRIMAS DEL NILO 3

 Mientras me dirigía al despacho de Mar seguía pensando que esa empresa no me parecía trigo limpio, y mis temores se acrecentaron con la conversación que se sucedió…

 “Bueno, Oscar, ya sabrás que  somos una empresa internacional, como la mayoría de nuestros clientes nos pagan en dólares americanos tú también cobraras en dólares.¿algún problema?”

 Me pareció muy extraño que me pagaran en dólares pero en el fondo me daba lo mismo, incluso yo tenía una cuanta abierta en dólares en un banco español.

 La siguiente pregunta cercenó el fino hilo de esperanza que sostenía la posibilidad de que todo esto fuera un negocio legal.

 _ ¿Tienes alguna cuenta bancaria abierta en Panamá?

 Tuve que concentrarme para memorizar la frase y volver a escucharla en mis adentros.

 _ Pues no. No es muy habitual tener una cuenta en Panamá. Le dije.

_ No te preocupes te abriremos una. ¿Has traído las fotos de carné?

_Si aquí están.

 De un cajón cogió unos carnés de prensa en blanco,  en los que previamente director ya había firmado él para validarlos. Puso mi nombre y mis datos y una fecha de validez para un año pegó mi foto y me lo dio.

 _Toma, ya eres periodista. Recuerda que en algunos países tendrás que acreditarte en el ministerio de información. 

_Si claro.

 Aunque en mis estudios de Comunicación había estudiado algo de  periodismo, no tenía ni remota idea de como se acreditaba un carné de prensa en un ministerio. Ya lo averiguaré me dije a mi mismo.

 _ Posiblemente más adelante te daremos otros carnés de otras agencias de Prensa.

 Con un tono excesivamente severo me dijo.

 _ Nunca, bajo ningún concepto, un cliente tiene que saber que tienes más de un carné de prensa.¿Esta claro?

 _ Si.  Le dije pensativo.

 Acto seguido me entregó mis tarjetas de visita en las que rezaba: Oscar Yuste “Company Supervisor”. Irónicamente le pregunté:

 ¿Y qué es un Company Supervisor?

 Irónicamente le espeté.

 _Te lo digo por si alguien me lo pregunta.

 _Pues como si fueras un director de cuentas y supervisas los pagos. Me contestó sin haber percibido mi tono jocoso.

_ Pero si digo que soy un supervisor de empresa, no se sabe si soy un supervisor de nuestra empresa o de la del cliente…

 Entonces eludiendo la conversación me dijo.

 _ Ese es tu trabajo, hacerles creer lo que te interese en cada ocasión. Toma firma aquí.

 Era un recibo de la recepción de mil dólares americanos. Mientras lo leía me entregó mil dólares en billetes de cien.

 _Aquí tienes la reserva para el hotel de esta noche y los billetes de avión. Mañana iras a Paris y el mismo día a Chipre, tienes una reserva en el NH de la capital. En este dossier tienes todos los detalles. Llámanos cuando llegues a Chipre.

 No me podía creer que en solo unos segundos me diera toda esta información sin darle la mínima importancia. Para demostar que semejantes órdenes no me impresionaban le dije.

 _Muy bien, ya te llamo desde Chipre.

 Me acompañó a la salida y recogí la maleta que había dejado en la recepción donde un guardia de seguridad vigilaba con semblante serio. Anteriormente ya me había parecido extraño que en unas oficinas hubiera un guarda de seguridad armado, aunque no le di demasiada importancia.

…Habían pasado solo diez días desde que me presenté al proceso de selección y me encontraba en Madrid un hotel de cinco estrellas con dos mil dólares en el bolsillo y un billete de avión con destino a Paris.

En solo cuatro días me habían embutido todo tipo de información, me han dado un carné de prensa, un montón de informes de clientes y unas tarjetas de visita.

Las tarjetas de visitas son muy curiosas. Toda tu experiencia, educación, conocimientos se reducen a un trozo de papel con las esquinas dobladas, donde en dos o tres palabras se resume “que eres”.

No tengo más remedio que leer y releer mi tarjeta para recordar que ahora ya no soy ese personaje que iba deambulando por Africa. Ya no soy guía de safaris ni un asesor logístico de expediciones como indicaba mi anterior tarjeta de visita. Ya no tengo que convencer a nadie de que no estoy un poco loco afirmando que soy una especie de aventurero y hombre de negocios. Ahora es más complicado, ahora con mi trabajo tengo que demostrar a grandes empresarios y políticos de otros países que soy el supervisor de una importante empresa de periodismo internacional.  Y lo que es peor, sigo creyendo que en  esta empresa hay gato encerrado, y eso hace que quiera seguir investigando para ver a donde va a llegar toda esta nueva aventura.

Ayer, antes de que me enviaran a hacer noche en este lujoso hotel de Madrid, me dijeron que tenía que ir a la central de Paris a recoger unas muestras de las ediciones de “Le Monde” donde habíamos publicado unas inserciones económicas.

A mi me pareció totalmente ilógico, me parecía un derroche enorme enviar a una persona a otro país solo para recoger  unos pocos periódicos que se podrían enviar  por transporte urgente y en 12 horas estar en cualquier punto de Europa.

No solo esto, me dijeron que para ir a Chipre, debería hacer escala en la República Checa. Les pregunté porqué, y me dijeron que porque así les salía más económico. Está forma de eludir la respuesta y cortar la conversación no hacía mas que acrecentar mis dudas sobre esta misteriosa y lujosa empresa.

Me levante por la mañana, me despedí de mi confortable suite y me dirigí al aeropuerto.

El mayor peso que acarreaba no estaba en la maleta, sino en mi conciencia. La incertidumbre de mi futuro inmediato era pesada y oscura, como una nube negra densa y cargada de frió granito.

 


LAS LAGRIMAS DEL NILO- IV

PARIS (Francia) 18 de octubre de 2001.

 

 

Una vez recogido mi equipaje decido tomar un autobús para ir al centro. Olvidado como un juguete de la infancia se hallaba mi Francés.

 

Podría asegurar, que incluso oxidado y polvoriento, como una vieja bicicleta sin pedales abandonada en el trastero de mi memoria. Pero con un par de socorridas frases di con el autobús que traslada a los aeronautas al centro de la ciudad de las luces. Luces no habían muchas, como la mayoría de las mañanas parisinas otoñales, ha amanecido con un cielo jalonado por nubes grises un tanto amenazadoras

 

El autobús me dejó en una plaza y me recibió muy hospitalariamente una descarga de agua arrojada por un millar de nubes que cubrían Paris.

 

Intenté en vano coger un taxi. Los pocos que pasaban estaban ocupados  y si alguno estaba libre simplemente se pavoneaba delante de mis bigotes alejándose mientras yo hacía bajo la lluvia todo tipo de ademanes, saltos y gritos, para que de detuviera ese maldito taxi.

 

Cambié una y otra vez de lugar pero únicamente conseguía mojarme más y más. A los 45 minutos, escurriendo mis ropas podría regar los jardines de Versalles. Decidí adoptar una estrategia más ofensiva, abandone mi Sansonite de 32 Kg. Y me abalancé sobre un taxi que paraba en un semáforo, puesto allí sin duda los mismos ángeles.

 

El taxista me miró con la simpatía y gracia que caracterizan a los asesinos en serie. Gracias a Dios, el semáforo cambió a verde y el taxista no estaba armado, así que se limitó a gruñir y decir en entre dientes que en ese sitio no podía parar. Yo dije para mis adentros: ¿Que no se puede parar aquí? ... ¡Pues ya has parado negrito! me  limité a abrir el maletero e ignorar a los conductores que gritaban y decían no se qué de la madre del taxista, efectivamente no se debía parar allí.

 

El taxista resultó no ser tan amable y simpático como yo creí. Como era de color, intente entablar una conversación comentándole que yo había vivido en África. Me pareció que África no le apasionaba ya no me dijo ni una sola palabra. Tal vez era sordo, pero me había entendido cuando le dije a donde me dirigía. Igual no me hablaba porque no entendía mi rudimentario francés.

Así que volví a preguntarle con una amplia sonrisa e intentando vocalizar lo mejor posible.

_ Yo normalmente vivo en Africa. ¿Eres de origen africano?

            Pregunta estúpida ya que era más negro que un grillo, pero esa fue la forma más diplomática que se me ocurrió para saber de su procedencia.

 

El silencio reinaba en el taxi, mientras tanto los segundos se sucedían uno tras otro. Nunca recibí ninguna respuesta a esa pregunta.

 

Para romper el hielo, y hacer más ameno el viaje, creo que le hice cinco preguntas durante los 35 minutos del trayecto. A  las dos primeras me contestó ¡NO! ¡NO¡ (el tío antipático no le puso ni acento francés). Al resto de las preguntas no se digno ni a responderme. Eso si, tengo que decir en su favor que por lo menos no me clavó en el hígado un destornillador oxidado que tenía en la guantera.

 

Me dejó en la puerta de las oficinas de mi nueva empresa y se marcho igual que había venido, negro y gruñendo.

 

Me presenté a dos chicas que trabajaban allí, una francesa Nadege y otra española Teresa. Muy amables me dieron la bienvenida y me explicaron la política de distribución de ejemplares de la empresa. Me dieron unos periódicos para entregarles a unos clientes y después de unas pocas palabras Teresa me dijo por donde podía pasearme y ver algo de Paris.

 

Curiosamente he estado en Francia en seis ocasiones, pero nunca he tenido la oportunidad de visitar Paris.

 

No esperaba ver una ciudad tan grandiosa y espectacular. Monumentos romanos y barrocos emplazados entre modernas construcciones y jardines. Una multitud elegante, ataviada con marcas de renombre deambula vertiginosamente sin parar. Sin duda Paris tiene un encanto especial y su fama merecida.   

 

¿Qué más puedo decir de Paris que no se haya dicho antes? Pues lo primero que si vas a Paris más te vale venir ya con el pipí hecho en casa. Recorrí durantes más de dos horas tantas cafeterías como pude buscando un aseo. Afortunadamente pude orinar ¡En el aeropuerto de Checoslovaquia! Deambulé cinco horas por el centro de la ciudad paseando mi saturada vejiga por la ópera, los Campos Elíseos y por varios bares sin cuarto de baño que me topé.

 

Gracias a Dios, me recogió simpático y afable taxista iraní. Comentamos el problema de los talibanes. Me comentó que los americanos deberían arrojar sus bombas a cualquier otros inocentes y dejar a los afganos que ya tienen bastante con sus guerras y pobreza como para que de postre les aticen con metralla.

 

 Desgraciadamente en el mundo hay taxistas buenos y taxistas malos. Pero al contrario que sucede con los civiles en Afganistán,  los malos son los que más “cobran”.

 

Pase un buen rato hablando con este inmigrante. Me comento que es un refugiado político y ha tenido que huir del país simplemente porque era un profesor y el padre de un alumno le acuso de tener ideas demasiado liberales. Hablamos durante una hora, le dije que desafortunadamente, con el paso de los siglos, occidente sigue pisoteando sus dos baluartes más célebres; la cultura Persa y sus alfombras.

 

 


 

A UNA AMIGA EN EL CAMINAR DE LA VIDA

Esta es la descripción que hace de mi, una amiga que me encontré en mi deambular por Africa.

 


 

“El día amanece siempre ya avanzado para él. Hombre sin oficio evidente y de beneficio azaroso al que no le apremia el tic-tac del reloj. Viajero impenitente, ciudadano del mundo de profesión.


 

De los largos caminos de este mundo, hizo su única escuela y del inmenso cielo azul su hogar.


 

Moró en los confines de la tierra, fue huésped de honor en los cielos y estuvo otrora de paso por el mismísimo infierno. Buscando refugio en el Paraíso me lo encontré yo.


 

Vivió con reyes y mendigos. Con personajes de alma oscura y más oscura profesión. Enamoró a princesas, cortesanas, mujeres exquisitas y de ligera moral, sin encontrar en ninguna la serenidad que tanto ansía su exhausto corazón… Le atormenta sin cesar el sombrío semblante de la soledad, fiel compañera de los que un día elegimos la libertad.

 


 

Como hacen tarde o temprano los navíos que, en busca de fortuna, partieron un día a ultramar, hoy seguro en puerto, despierta solo, triste y cansado, pero con las bodegas repletas de añejos recuerdos, recuerdos, que del pasado tesoros son”.


 

Amiga mía, gracias por estas letras que no merezco, pero ten presente, que desde mi retiro, sigo buscando en la noche, porque en ella, las estrellas me brillan. Y como tu me dijiste: “Las estrellas brillan para que cada uno encuentre la suya”


 

Como de dije, da gracias a Dios por ser tan bella, de lo contrario te parecerías demasiado a mi.

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 

 


 

 

LOS ALREDEDORES DEL ALMA.

 

            El infortunio suele hacerte meditar, y reflexionar del porqué de las cosas.

Tal vez sea porque durante los tiempos de bonanza nos dedicamos a disfrutar  y experimentar esos instantes de felicidad, en vez de estudiar a que se debe esa racha de felicidad para prolongarla en el tiempo.
 
Y digo todo esto, porque se fueron tiempos de pasiones e incertidumbres, dulces y amargos. Y ahora desde mi rincón, nostálgico y abatido tras la batalla aún dudo;
 
 ¿Fue una retirada, una derrota, o gané la guerra?
 
En las afueras del alma arden infiernos de rabia por el botín perdido y las mieles derramadas.
 
Y así, con al alma dolorida y el puño en alto, grito a los cuatro vientos,  ¡Estoy vivo!
 
Me esperan  terribles campos de batallas en reinos lejanos, donde tomare botines y mil princesas.
 
 

¡Sigo vivo y soy guerrero!

 

 

 

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 

 

 


TODO PASA Y TODO QUEDA PERO LO NUESTRO ES PASAR...

Bueno, bueno, bueno amigos…

 

Este blog “Diarios de Zanzíbar” empezó en septiembre 2007 aquí:

 

 En Zanzíbar, en una Isla del este de África, cuando vi en la playa a mi princesa sefardí:

 

 

----------------------------

 

Después de nueve lunas, nuestra historia ha acabado aquí:

Lanzarote, una Isla del oeste de Africa... mi princesa se desvaneció con los alisios.

 

"Una rosa nunca muere, cuando florece, florece para siempre"

 

Sigo solo, de nuevo haciendo camino.

El último viajero...

 

 

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 


 

 

 

 

 

 

TRAFICANDO CON DIAMANTES

Le Roy y Oscar, con los presuntamente robados, mapas de De Beers.

 

En 1998 me asocié con un oscuro personaje, esta vez un “blanco”. Un geólogo sudafricano de unos cincuenta años. Borracho, mujeriego y pendenciero.

 Lo encontré en un hotelucho de Arusha regentado por un mestizo árabe-africano. Este personaje se apodaba, Alibabá. Sin embargo, a mi me recordaba mucho más a los cuarenta ladrones

Si existen hermosos árabes y apuestos africanos, se lo deben a Alibabá, ya que egoístamente este  había acaparado todos los genes portadores de lo más feo de cada una de las dos razas.

Alibabá era gordo, sucio y negro, pero negro sólo por partes. Media mejilla negra como una cucaracha, y la otra mitad como si le hubiera desteñido el negro. La nariz y dos inmensas bolsas de grasa debajo de sus ojos eran mucho más negras que el resto de su cara. Su calva, también negra, mostraba manchas de todas las tonalidades que el negro puede dar.

Las mejores habitaciones del Hotel las ocupaban miembros su familia. Sus mujeres, algunos hijos y hermanos. El hotel era sucio y oscuro, al igual que los personajes que lo habitaban.

No recuerdo el nombre de aquel siniestro hotel, pero lo que si que estoy seguro, es que era el más económico que encontré.

Alibabá se le podía encontrar a cualquier hora en el bar, orondo y negro todo él, se desparramaba en un viejo sillón. Ninguna de sus prendas podía contener la furia de sus grasas,  allá por donde le mirara, alguna lorza fugitiva escapaba entre sus sucios ropajes.

Mientras disfrutaba de una cerveza con Alibabá, me comentó que había otra blanco en el hotel. Me resulto muy extraño que un blanco, que estuviera en sus cabales y  no fuera ciego, se hospedara en semejante antro. Le pedí que me lo presentara, y después de unas horas coincidimos los tres en el bar.

Efectivamente era blanco, con bigote y una gran barriga. Me dijo que se llamaba Roy y que era Geólogo, me explicó que se dedicaba a hacer prospecciones para encontrar yacimientos de Diamantes.

Yo le dije que hace unos años estuve a punto de asociarme con un Keniata para crear un a mina de rubíes. Cuando le dije que mi cometido en la empresa iba a ser proporcionar  la maquinaria necesaria para explotar la mina, a Roy se le abrieron los ojos como dos platos.

Cuando Alibabá se ausentó, de una forma sospechosa y en voz baja me pidió que le acompañara a su habitación, según él, tenía algo muy interesante que me podía interesar.

Con cautela entré en su habitación. Me sorprendí al observar que él vivía allí de continuo, ya que tenía todo dispuesto y ordenado de tal manera que parecía una pequeña vivienda, incluso me atrevería a decir, que para un personaje como Roy, aquel era su hogar.

Se colocó enfrente de un gran mapa geológico de Tanzania que había pegado a la pared. Dejo pasar unos segundos y solemnemente señaló a un punto situado prácticamente en el centro del mapa.

Me dijo, llevo ocho años, viajando por Africa, sólo, rodeado de ladrones, en hoteles sucios y peligros, buscando una mina perdida. 

Mientras me hablaba, venían a mi memoria imágenes de “Las minas del rey Salomón” y me tenía que obligar a mi mismo a prestar atención ya que de lo contrario, como por arte da magia, me veía a mi mismo protagonista de la película con una guapa rubia asida en un  brazo, y con el otro cargando un gran saco repleto de diamantes.

Alzando la voz, tal vez porque me vio inmerso en mi película, dijo: Ocho años desesperado excavando por todo Tanzania, y ahora,  la he encontrado. Aquí esta, esperándome. Y volvió a señalar con el dedo tembloroso a un alfiler que había clavado un palmo más abajo del gran lago victoria. ¡Esta es mi mina! El fruto de ocho años de duro trabajo…

Yo había llegado a Africa con muchas ideas y pocos recursos económicos, si 600 dólares pueden considerarse como recursos. Pero esto solo lo sabía yo y el Banco Sabadell. Mi idea era encontrar una buena oportunidad y posteriormente regresar a Europa a buscar inversores. Yo le dije que tenía un grupo de inversores dispuestos a invertir en un proyecto rentable. ¡Mentira cochina! pero sin padrinos y cuando el único recurso del que se dispone es el ingenio, no hay más remedio que recurrir a la picaresca.

Cerró las cortinas y se aseguró que no había nadie escuchando detrás de la puerta. Sacó de debajo del colchón una carpeta y con un misterioso tono me dijo:

En Tanzania se encuentra la legendaria Mina Willianson, una de las más grandes del mundo, y la que lleva más años explotándose de la historia, esta mina es propiedad de De Beers.

La mina se abrió hace 60 años y actualmente está prácticamente en desuso. Se han extraído la mayor parte de los diamantes y cada día es más costosa la extracción de diamantes, ya que cada vez hay que mover más cantidad de tierra.

La mina se encuentra en un pueblo llamado Mwadui, y con su dedo,  señaló en el mapa un pequeño pueblo. Está en la provincia de Sinyanga a 130 kilómetros del gran Lago Victoria.

De Beers envió en los años setenta geólogos por toda la zona a hacer prospecciones para encontrar alguna zona donde abrir otra mina.

Un geólogo encontró una zona realmente buena y según sus estudios geológicos repleta de diamantes. Cuando regresaba a informar a los directivos de la multinacional minera sufrió un accidente mortal, donde fallecieron también su capataz y el conductor. Los ladrones desvalijaron todo el vehículo dejando en mitad de la zona desértica el vehículo con los tres cadáveres. Cuando los encontraron, las hienas y buitres habían ya limpiado sus huesos.

Durante este tiempo, la mina fue Nacionalizada pasando a manos del gobierno tanzano. Cambiaron los directivos y estos no se preocuparon en investigar que prospecciones estaba realizando el geólogo fallecido, y se archivo el caso.

Me cogió fuertemente los hombros con ambas manos y me dijo mientras me miraba fijamente a los ojos:

_ He conseguido toda la documentación del geólogo. Ubicación, minerales encontrados, estudio geológico, todo. ¡Absolutamente todo!

Y no solo eso, yo, Le Roy Duprez, he comprado al gobierno de Tanzania los derechos de explotación de la mina.

Lo que aconteció a continuación fue el comienzo de una aventura que se prolongó durante seis apasionantes años. Hasta que en el año 2002, durante la guerra entre Ruanda y Congo, fui detenido, arrestado y encarcelado en una oscura prisión del Sur de Ruanda.

 Allí acabó mi sueño africano. Gracias a aquel despertar, ahora me encuentro, inmortalizando mi corta historia. A golpe de tecla, a golpe de memoria,  salvo y lejos de aquella Africa, aquella vieja Africa que un día… fue mía.

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 


VIDAS CRUZADAS. EL CONGO Y PALESTINA

Miri Duenias, una alta y guapa judía de origen sefardí, ha colocado en su coche una bandera de Israel. No sólo ella,  prácticamente los 5 millones de judíos que viven en Israel han colocado orgullosos alguna bandera en sus coches, o en sus balcones.

 Para que esto este sucediendo, las historia ha tenido que pasar muchas páginas…

 Sesenta años atrás, en 1948, el servicio anti-espionaje inglés capturaba a un espía judío de Palestina.  Este agente secreto fue detenido cuando intentaba transportar ilegalmente un avión de combate de Inglaterra a Palestina.

 Este espía se llamaba Mister Harry Fredkens, el abuelo de Miri.

 Harry tras vivir en el Congo Belga, había sido reclutado por un oficial de la División de Inteligencia Palestina. Su objetivo, unirse a las fuerza de la Haganah y crear secretamente un fuerza aérea de combate.

 La Haganah  (en hebreo “La defensa”) fue una organización militar "popular" ilegal. Se formó en 1920 como una fuerza armada nacional  y autorizada a emplear su potencial militar en la defensa de los intereses del pueblo judío.

Durante la revuelta árabe de 1936-1939, llamada " el levantamiento árabe" - intereses estratégicos persuadieron al gobierno británico a permitir un cierto grado de colaboración militar entre las fuerzas de seguridad, el ejercito inglés y la Haganah. Esta cooperación otorgó a la Haganah una cierta legalidad durante tres años.

La rebelión árabe fue sofocada en los años 1938-1939 por las fuerzas británicas en cooperación con la Haganah, que movilizó más de 20.000 policías suplementarios judíos, más las Tropas de Campaña y las Escuadras Nocturnas Especiales.

Como comentaba, la misión de Harry, el abuelo de Miri, era comprar aviones de combate en desuso, con el pretexto de que iban a ser destinados para fumigar campos de cultivo.

 Estos aviones procedían del excedente de la segunda guerra mundial, obviamente, el ejercito inglés previamente desmontaba las ametralladoras e inutilizaba su armamento. Una vez eran pilotados a Palestina, miembros de la Haganah, les montaban el armamento de nuevo volviendo a ser un avión de combate o un bombardero.

Harry no solo compraba en Europa viejos aviones de combate, si no que los y pilotaba él mismo arriesgado su vida continuamente. 

Cuando Dios, o el destino si lo prefieren, escribe el guión de la historia, en ocasiones debe quedarse sin recursos, repitiendo una y otra vez el mismo guión, la misma historia. ¿Por qué comento esto?

- Porque, con medio siglo de diferencia, Mister Harry Fredkens y Mister Oscar Yuste, los dos hemos vivido en el Congo, cosa que no es bastante común.

- Curiosamente, los dos trabajamos como “asesores” para el presidente del  Congo de la época. Harry para Kasavubu y yo para el General Onusumba.

- Además los dos nos dedicábamos paralelamente a extraer los recursos naturales de tan impresionante país. El trabajaba en un aserradero y yo en una mina.

- Y lo más sorprendente, que los dos hemos amado a la misma persona.

Paradójicamente en este momento, estoy ayudando a esa persona a poner una bandera de Israel en la ventana de su coche.

Para ti  Harry, donde quieras que estés, con cariño de Miri y su novio.

Oscar.

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 

 

 

 

 

 


 

!LA MADRE QUE ME PARIÓ¡

Este homenaje va por todas las madres, hasta por las pobres que tuvieron la desgracia de parir algún que otro cabrón. Si,  de esos que andan sueltos por ahí provocando guerras, y destrozando este mundo, que desgraciadamente es hijo único y da la casualidad que lo parió nuestra madre adoptiva:

LA MADRE NATURALEZA.

 

Mi madre se preocupó en enseñarme a ser honesto, bondadoso y agradecido. Y estas mismas cualidades se la enseño mi abuela a mi madre. La abuela Juliana solía decir que “Es de bien nacidos ser agradecidos”.

 

Parece ser que soy tan sumamente torpe aprendiendo, que he necesitado casi cuarenta años para decirles a mis padres que les quiero y que les estaré eternamente agradecidos por todo lo que han hecho por mí, y por todos los disgustos y sufrimientos que les he causado durante mi alocada y desordenada vida.

 

Todo empezó un Domingo cuatro de mayo, hace 39 primaveras, justamente el día de la madre. Cualquiera que me conozca seguro que no me definiría como un “regalito”, pero lo quieran o no, yo fui el “regalo” que el destino le dejo a mi madre entre dolores y fluidos.

 

Lo primero que hice fue quejarme llorando, y al poco tiempo cagarme encima, desgraciadamente después de 39 años no he cambiado mucho… sigo lloriqueando y cagándome en todo, sobre todo,  cuando  veo como seguimos fabricando armas, y misiles en vez de escuelas y hospitales, como contaminamos y desforestamos el planeta en vez de mimarlo y protegerlo, ya que será la única herencia que dejaremos a nuestros hijos.

 

Volviendo al día de la madre, como pueden comprobar el “regalito” que la casualidad dejó a mi madre, no es que fuera un chollo, pero yo era el primer hijo, y esto automáticamente ascendía a Esther Martínez al rango de madre, y eso señores si que es un regalo que nos presta la vida.

 

 

Mi madre es una mujer luchadora, con una energía a los setenta años que ya las quisieran las centrales nucleares. De esas mujeres de la ultima generación de madres sacrificadas, que solo viven para el bienestar de sus hijos.

 

¡Ay! pobres hijos estos del siglos veintiuno, que Dios les bendiga que falta les va a hacer, que bendiga a sus madres, y por favor Sr. Dios, bendice también a mi madre, y a la madre que la parió!

 

Desgraciadamente la vida ha querido que el único hijo que tiene mi madre, y que casualmente soy yo,  se pase media existencia vagando por África, y como dice ella, “andando por esos mundos de Dios”.

 

Ojalá hubiera estado más con mis padres y darles un montón de nietos, pero mis inquietudes y los derroteros de esta vida traidora me han alejado de ellos muchos años con miles de kilómetros por medio.

Hace un año, cuando ya parecía que este viejo trotamundos había sentado la cabeza, volvió a Africa de nuevo. Y de Africa sin hacer escala a Israel, atraído por un par de mágicos ojos (o tal vez por esa fuerza acientífica, la cual aseguran que “tira más que dos carretas”).

 

Un beso muy grande y feliz día de la madre.

 

A mis padres con todo mi amor y agradecimiento, desde Israel, Tierra Santa.

Paradójicamente, desde Tierra Santa…  “DESDE ESOS MUNDOS DE DIOS”.

 

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 

 


 

 

ÁFRICA Y SUS HISTORIAS DE CAMA (Primera parte)

LA CAMA SUAHILI

 

Hoy he invertido una pequeña porción, de mi abundante tiempo, en aprender a hacer algo productivo. Me han enseñado a hacer el somier de una cama “suahili”.

 

Las camas las fabrican con madera local y fibra de coco. No utilizan ni clavos ni colas, solo madera y cuerdas de fibra de coco.

 

La estructura de la cama se consigue formando un marco rectangular. Se incrustan los dos largueros de la cama en los lados de los extremos. De esta forma se crea el marco de la cama a la cual se le incrustan las patas en cada esquina.
 

Luego hay que ir trenzando con cuerda de fibra de coco un entramado que hará de somier.

 

El proceso de tranzado puede tardar tres o cuatro horas. Aunque es bastante sencillo, me hubiera resultado imposible hacerlo sin las instrucciones de mi paciente profesor.

 

Lo más curioso es como fabrican la cuerda. Lo primero que hacen es sentarse con un puñado de cocos, y sin ninguna piedad, la emprenden a bocados con los inertes cocos para despojarlos de sus fibras fuertemente adheridas a ellos. Con este rudimentario método, los artesanos bocado tras bocado van arrancando la fibra que cubre el coco hasta que queda pelado por completo.
 

 

Una vez han recogido toda la fibra la entierran en la arena en la misma orilla y les colocan piedras encina para que no se las lleve la marea. De esta forma, con la subida y bajada de las mareas se van empapando todas las fibras de agua. Las dejan enterradas bajo el agua varias semanas hasta que adquieren una consistencia un tanto esponjosa. Entonces las retiran del agua y posteriormente las lavan para quitarle la arena y sal.

 

Entonces comienza el apalemiento de las fibras para que gracias a los golpes se vayan separando unas de otras. De esta forma se obtienen las fibras, ya separadas unas de las otras en forma de hebras.

 

Cada fibra tiene unos 15 cm aproximadamente y juntado dos hebras de fibras por sus extremos, las van liando una con la otra frotándolas entre las dos manos. Cuando han conseguido dos cuerdas de un metro cada una, las trenzan con otras dos para darle mayor resistencia. Y ya tenemos la cuerda!
 

 

Muy aburrido tienes que estar si has leído hasta estas líneas. Pero para recompensarte por tan tedioso esfuerzo en el siguiente artículo voy a obsequiarte con una historia de cama, pero de las de verdad, con sudor y carne…
 

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 

 


 

LA BESTIA ENJAULADA, CON ZAPATILLAS DE FELPA

 

 La bestia enjaulada con zapatillas de felpa

 Hubo un tiempo en que a estos viejos huesos los cubrían jóvenes carnes prietas, y del sol africano, a mi cuero cabelludo le protegía una larga cabellera.

 La impetuosa juventud, que siempre fue mala consejera, me azuzaba a embarcarme en cualquier exótico destino, sobretodo si en él se percibía algún atisbo de riesgo o aventura.

 Así fue, como guiado por mi afán aventurero, los huesos de los que  hablaba anteriormente, dieron a parar a lugares tan dispares como el Círculo Polar Ártico, la cuenca amazónica, el Kilimanjaro, Yemen o  Jerusalén.

 En ocasiones encontré algunos paraísos con sosegados rincones  y encantadoras sirenas que amansaban mi ansia exploradora, pero al tiempo, lo dulce se me tornaba empalagoso.

 Una última mirada al paraíso, me calzaba las botas, mochila a espalda, y de nuevo emprendía el tortuoso camino hacia cualquier destino que la prudencia me desaconsejara.

 Rondando casi los cuarenta, y mirando atrás decidí establecerme con una bonita compañera y cambiar mis viejas botas por unas zapatillas de andar por casa. Si señores, de esas de felpa a cuadros, con esas suelas de goma que van recogiendo pelusa por toda la casa.

 Después de dos rebeliones, una guerra, varios terremotos y un par de atentados a mi querida vida, me encuentro en el sofá, aporreando teclas y con mis zapatillas de felpa.

 Eso si, hoy nos han lanzado 50 misiles Kassam.

 

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 


 

PAJAROS DE MAL AGÜERO EN ISRAEL Y PALESTINA

Mientras en la frontera de Gaza los soldados se pertrechan con chalecos antibalas y todo tipo de armamento, yo, este viejo viajero insatisfecho, desde mi cosmopolita trinchera, me preparo un café bien cargado.

 El calor del sol y el tintineo de la cucharilla que remueve el café, me van sumergiendo en un dulce sopor, incluso un hermoso pajarillo aparece en mi ventana imprimiendo a mi aletargamiento un tinte bucólico.

 Si no fuera porque me hallo  en Israel, diría que se trata de una “suimanga africana”, la cual no deja de exhibir su delicada belleza ante mi ventana. Las “suimangas” son esas pequeñas aves similares a los colibríes, las cuales también se alimentan de néctar.

 Y me pregunto… ¿En el frente, algún soldado le preocupará si este pájaro es una suimanga?

   Seguro que a estos desafortunados soldados le preocupan más otros mortíferos pajarracos, y estos sin duda son de mal agüero. Estos vuelan en nombre a Alá y nacieron en un nido de rencor.

 A pesar de que en televisión solo se ven a los palestinos armados con piedras y tirachinas, el año pasado volaron 1150 pajaritos…  Ale, volar, volar pajaritos…

 

 ¿Porqué cojones en vez de misiles no se lanzarán libros los unos a los otros?

  ¡Uummmm! Que bueno está este café…

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 

 


¡ LA PERRA DE MI NOVIA !

Este año me había dispuesto a colgar los hábitos. Adiós a mis botas, mi mochila y mi viejo pareo.

.

Aquí me hallo, viejo y cansado de tanta soledad, de esa que hiere cuando dejas atrás tantos caminos sin “polvo”, caminos sin miradas que recordar.

.

¿Soledad y libertad, o amor y estabilidad?

.

A grandes males, grandes remedios, o como dicen en Argentina “Cuando la soga viene llena de mierda, hay que agarrarla con los dientes”. Pues bien, apareció mi doncella y no solo tuve que morder la soga, sino que además me la puse al cuello…

.

Persiguiendo un sueño ajeno, y traicionando mis ideales, me enrolé en mi última cruzada. Deje mi reino, abandone mis tierras y me rendí a mi princesa sefardí.

.

La cultura, el idioma o las caricias se aliaron en contra de aquella unión. Así fue cuando me topé con ese rimbombante concepto; desavenencia conyugal.

.

A cualquiera ajeno a la diplomacia y a la buena educación como yo lo soy, le hubiera sido igual de fácil que a mi me fue, confundir esta desavenencia con una declaración de guerra. A los pocos días me vi inmerso en una extraña guerra en la que compartía lecho con mi enemigo.

.

Muchas parejas se acostumbran a su ración diaria de discusión tonta y estéril. A menudo la prolongan tanto que a la hora y media ya no se recuerda el motivo que la provocó.

.

Yo señores, no valgo para esta guerra, me retiro, si quieren me rindo.

.

Y si es preciso para sellar la paz, me humillaré ante mi novia y le regalaré una perrita.

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 

 

 


FELIZ NAVIDAD DESDE EL CONGO  

 

Hola como va la Navidad???

Espero que estéis en familia comiendo gambas (esta vez que no sean de Galicia). Hasta aquí ha llegado la marea informativa del dichoso petrolero….

Ahora estoy en el Congo con los rebeldes del General Onusumba, los enemigos de Kabila. La guerra aunque se ha reducido a algunas escaramuzas militares, siguen habiendo decenas de bajas civiles. Sin embargo parece ser que no son noticia, durante Navidad. Nadie quiere que les estropeen estas fiestas tan entrañables por puñado de negros muertos en mitad de Africa.

El volcán que arraso la ciudad lo tengo al ladito de casa, y sigue activo, y como indican las banderas que ondean por esta ciudad derruida, solo estamos en alerta amarilla (aun queda la naranja y la roja).

Al convivir con los soldados día a día se te hacen mas "revoltosos" que rebeldes, y el volcán una gran chimenea donde los reyes magos dejaran buenos presentes.

Por lo demás aquí la vida no se asemeja nada a la navidad, solo los "tantanes" que no paran día y noche te hacen pensar que estamos en una época especial.

Celebre la noche buena en Goma con un soldado, un refresco y unas galletas rancias. Afortunadamente la Navidad la pase con un grupo internacional de profesores voluntarios en Ruanda. Posiblemente Noche vieja la pase en algún avión con destino a algún país que no será el de la piel de toro.

Solo los esperados e-mails me hacen recordar que hay otro mundo donde todo funciona, hay jamón, paellas y neveras repletas.

Sin embargo, aquí aunque la vida sea dura, y la muerte no lo sea tanto, si buscas, siempre puedes encontrar alguna una buena sonrisa que alumbra mas que la lejana Navidad.

Si su majestades los reyes consideran que he sido un buen chico, tal vez vacien las alforjas de carbón y en un huequecito me dejen viajar a nuestra tierra antes del siete de enero.

Bueno, un fuerte abrazo y a pasarlo bien.

Oscar, desde un rincón del centro de África.

 

(esta carta la envié desde la Republica Democratica del Congo el 23 de diciembre de 2002)

Estas Navidades las he pasado en España, a salvo y con la nevera repleta.

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 

 


 

SI NO TE MATAN, FELIZ AÑO NUEVO

La guerra continua y por las noches la anarquía se ceba con esta caótica ciudad del centro de África. Al caer el sol, los disparos no dejan de advertirte lo obscura y cruel que puede ser esta Negra Navidad.

Aunque me esforcé, Parece ser que he sido un chico muy malo, y sus majestades los Reyes Magos no me han llevado con ellos en su gran viaje a occidente dejándome prisionero en este ciudad del antiguo Zaire, devastada por el volcán Nyarigongo y azotada por tres guerras consecutivas.

Una vez más me encuentro solo en Africa, esta vez en una zona conflictiva  tomada por los rebeldes congoleses, entre las impresionantes montañas Virunga y el gran lago Kivu.

Aquí no suenan cascabeles ni canciones navideñas, sin embargo, una palabra con una fuerza mágica se oye en cada rincón, en cada hogar, en las iglesias y en las calles;  ¡PAZ!

Ahora ya no quieren riquezas, ni regalos, solo piden tres letras.  P. A. Z  ¿No parece mucho verdad?.  Es difícil creer que una palabra tan pequeña tenga para estas gentes un significado tan grande: familias unidas, felicidad, trabajo, alegría, pero sobretodo VIDA...

Le he preguntado a mi pequeño amigo Masawe (un niño de cinco años que caminaba descalzo), ¿Qué regalo quieres por navidad?

 La respuesta me cortó la respiración, tuve entornar los ojos para contener una lágrima furtiva que escapaba de mis lagrimales. Me respondió:

"Amani na Mkate" (PAZ Y PAN)

¿Sabría este niño que es la paz? Parece ser pensaba que la paz debería ser algo buenísimo, pero por si acaso no se comía, añadió “y pan”. 

¿Y que es de la siempre eterna bicicleta navideña que ansían todos los niños europeos?  Lamentablemente, en Europa una bicicleta dura mucho más que en África la paz.

Pro para quienes han sufrido la guerra, un segundo de paz genera más felicidad que toda una vida con mil bicicletas. 

Este año yo también le voy a pedir a sus majestades pan, paz…

      ...y una bicicleta para mi amigo de cinco años.

 

PAZ, PAN y feliz 2003 a todos.

 

Oscar Yuste

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 DEL AMOR Y DE LA GUERRA.       Primera parte

 

CUANDO LA ORUGA SE CONVIERTE EN MARIPOSA

Hace un par de días me equivoqué por completo al juzgar una chica Israelí...  me equivoque “en cuerpo y alma”.

 Mi buen amigo Jordi, durante una fiesta vino emocionado, ya que según él había descubierto a una diosa. Cuando señaló hacia la presunta diosa me decepcionó tanto que creí que el alcohol  había consumido su última neurona sana.

 A primera vista, me pareció que aquella chica no poseía belleza alguna, además, neciamente pensé que su forma de ser iría pareja a la forma de ser de su gobierno.

 Nadie sabrá jamás qué es más grande, si mi ignorancia o mi miopía, lo que estaba claro aquella noche, es que no tenía interés alguno en conocer a aquella chica.

 Cuando le dije lo que pensaba de ella, Jordi comenzó a vociferar enojado como si hubiera cometido el peor de todos los sacrilegios posibles.

 Volvió a decirme que yo no apreciaba la belleza absoluta que poseía esa chica. Jordi insistía en que si ella no era un Diosa, como mínimo, era un ángel caído de las estrellas que iluminaban aquella fiesta africana.

 Debe haber un Dios muy cachondo allá arriba, y me consta que le caigo bien, pero el tío a veces se pasa con sus lecciones…

 Al día siguiente Jordi viene de nuevo entusiasmado con su Diosa y me convence de que nos tumbemos en la playa al lado de ella. En estos casos un amigo no puede hacer otra cosa que ir a apoyar a su compañero.

 Cual fue mi sorpresa al ver en bikini a la Diosa Israelí de Jordi.

 Aquella chica que en un principio no me pareció atractiva, tenía un cuerpo que quitaba el aliento. Estilizada, bien torneada, delgada y armada con dos impresionantes misiles que ya los quisieran los palestinos.

 Jordi me la presentó, ella se incorporó y me dijo “Hi, my name is Miri” desgraciadamente yo aun no me había recuperado de la impresión, y cuando por fin conseguí tragarme todo el excedente de saliva que estaba segregando, y apunto de cerrar la boca (que aun seguía abierta) la Diosa de Jordi clavó sus ojos en mi.

 Un profundo azul me abdujo al interior de ese mar turquesa que eran sus ojos.  No se si eran los ojos de una Diosa, pero sé que me hicieron soñar. No solo eso, posiblemente al verme con la boca abierta y dejando un reguero de babas, la pobre no pudo evitar que se le escapara una sonrisa. Fue entonces mi muerte, sus delicados labios se fueron deslizando mostrando generosamente aquella perfecta sonrisa que deslumbraba al mismo señor sol.

 Yo no podía creer que esa chica fuera la misma persona que el día anterior me pareció fea, era escandalosamente perfecta, sus largos cabellos azabache, su cara, el cuerpo, los ojos, la sonrisa, efectivamente Jordi tenía razón, ¡Era una toda diosa!

 Yo hice lo que haría cualquier hombre en este caso…  ¡nada!

 Ni le di conversación, ni intenté ser gracioso, simplemente quedé estupefacto, sin palabras, sufriendo al ver tanta belleza, y yo sin poder hacer nada. La palabra que me torturaba era “posesión” quería poseerla, poseerla,  poseerla… pero tuve que admitir que era una diosa y yo un simple mortal.

 No quise sufrir más y decidí marcharme a maldecid mi desdichada fortuna en un rincón tranquilo, donde mis pupilas no alcanzarán a visionar aquel maldito cuerpo que me torturaba.

 Mira que habré visto noticias e imágenes de Israel, siempre escenas de guerra en calles polvorientas, con soldados tristes y bien armados. Pero jamás mostraron en ninguna ocasión, mujer como la que tenía ante mí. Ningún reportero retrató jamás unos ojos como estos que cuando me miraban, se clavaban mi en el alma como puñales de fuego.

 ¡Que ignorantes esos militares Díos mío! Y se atreven a decir que tienen un servicio de “inteligencia”. Si esos militares de inteligencia supieran el poder de esos ojos, en vez de misiles lanzarían miradas. En vez de granadas sonrisas, y contra tanques, besos.

 

 Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 


 

(II) DEL AMOR Y DE LA GUERRA. (Segunda Parte). La Sonrisa de la Mariposa.

 

Muy a su pesar, a Jordi se le acabaron las vacaciones y el mismo día que partió de vacaciones llegó Ricardo, otro peculiar guía de Africa. Ricardo es el típico ligón profesional, de esos altos, guapos y simpáticos que cuando están a tu lado ninguna chica te mira.

 Como nunca se ha escrito nada de cobardes, antes de que llegara Ricardo, decidí  invitar a las dos chicas Israelíes a un pub de playa al que hay que ir en barco. Si aceptaban sería un buen regalo de bienvenida para Ricardo. O estaban muy aburridas o no lo debí hacer tan mal, ya que aceptaron al primer intento.

 Nada más llegar al pub mi Diosa (al ausentarse Jordi, yo ya me la había apropiado) al pedir en la barra su cóctel me hizo más daño que si me hubieran arrojado por un precipicio. El cóctel que eligió se llama “Blow Job”, en inglés suena muy fino pero la traducción en  español es; “una comida de polla”.

 Bromee y le dije que yo no sabía que las Israelitas hacían “Blow Jobs”. La diosa me dijo, que eso es la primera cosa que debía aprender de las Israelitas (con el tiempo aprendí ocho cosas más del los Israelíes).

 Cuando me dijo eso, inmediatamente dejé a mi imaginación vagar libremente por los tortuosos caminos de la lujuria, y de nuevo, me regaló otra de sus deslumbrantes sonrisas. Prueba inequívoca de que otra vez volvía a babear con la boca abierta y seguro que con alguna desagradable expresión libidinosa. Que le vamos a hacer? Quienes vivimos de sueños somos esclavos de nuestra propia perversa imaginación…

 Pero esto me hizo descubrir su debilidad, no era una diosa, era una heroína, una semidiosa con su talón de aquiles. Y comprobé, que el humor era su debilidad. En muchas ocasiones las mujeres más exuberantes y bellas sufren de aburrimiento, ya que la mayoría de los hombres las ven por encima de sus posibilidades y sus débiles egos no encuentran el coraje suficiente para darles conversación a estas diosas. Así que las pobres, solo son acosadas por apuestos galanes que en la mayoría de los casos son arrogantes y aburridos.

 Comprobé, que cada carcajada que le conseguía robar a aquella divina boca era como si derrumbara un muro de carga de aquella fortaleza que impedía acercarme a mi diosa.

  Así que empecé mi estrategia de demolición con una gracia tras otra, amartillando con mi habitual humor aquel muro maldito. Con las risas llegaron los primeros roces. Sorprendentemente, al contrario que creen muchos nativos, el tacto de un Dios no quemaba la piel, ni siquiera un rayo me fulminó por semejante osadía. Todo lo contrario, aquel dulce tacto hizo que todos mis sentidos se concentraran en los pocos milímetros en que nuestras pieles entraban en contacto. Cada milímetro me pareció un universo de sensaciones.

 Después de tantas derrotas, el aletargado amante que yacía encarcelado en mi triste corazón volvía a la vida, quedando libre de nuevo!

 En una ocasión leí que “El amor hace a los esclavos libres, y a los libres esclavos”.

 Paradójicamente, mis pasiones quedaron libres volviendo a fluir a borbotones, pero mi alma, volvía a ser esclava de aquella Diosa. Y era tan intensa esa necesidad de poseerla, que me vi prisionero en la más profunda mazmorra del deseo.

 Con mis bromas, las defensas de aquella fortaleza  se habían neutralizado, podía aproximarme sin recibir una lluvia de saetas, pero el muro seguía resistiendo.

 A los ojos de la Diosa yo ya no era ningún invasor al que temer, más bien un bufón que podía pulular por la corte haciendo gracias y entreteniendo a su majestad.

 La experiencia me ha demostrado que solo las niñas se llevan los payasos a la cama, y seguro que aquella impresionante mujer hacía ya mucho que no jugaba con payasos ni muñecas.

 Así que decidí quitarme el disfraz de bufón para que viera por primera vez que tras el gorro de colores y los cascabeles había un guerrero hispano, dispuesto no solo a asediar el castillo, sino a “tomar la plaza”.

 Tal era mi obsesión por conquistar aquel castillo que no vi el gran peligro que amenazaba mi campaña. Cuando me di cuenta, vi por el flanco derecho que otro enemigo asediaba al castillo de mi Diosa, catapultándole caricias y sonrisas.

 ¡Dios mío ¡ estaba perdido. Era el caballero Ricardo de Portugal, curtido en mil batallas y con cientos de victorias en sus espaldas…

 Su acoso era tan rotundo que por unos instantes pareció que mi Diosa se iba a rendir a sus encantos.

 España es cuna de bravos guerreros, y no iba a ser yo quien deshonrará tan noble estirpe. Decidí entrar en fiera batalla y a base de mandobles y sonrisas hice hueco entre mi doncella y el caballero don Ricardo. Proclamándome como el único caballero merecedor de la virtud de tan singular damisela.

 Gran corazón el de Don Ricardo, ya que al ver mi fiera carga contra la fortaleza, y como marcan las nobles reglas de la guerra, replegó sus fuerzas, sin interferir más en esa batalla, que por divino designio estaba predestinada a ser mía y solamente mía. 

 Aquella noche no hubo bajas ni derrotas. Mi diosa defendió la plaza dignamente, yo cesé el fuego y Ricardo fijo su objetivo en la otra Doncella llamada Shira que en hebreo significa “poesía”.

 Esa noche dormí solo, pero esbozando una sonrisa, mientras recordaba aquellos ojos que me tenían cautivo, y aquel cuerpo, que soñé era mío…

 Deja aquí tus comentarios...

 

VOLVER AL ÍNDICE


 

(III) DEL AMOR Y DE LA GUERRA. Tercera parte.

 (El Beso de la Princesa)

 

 

Con la luna llena, la oruga que conocí en las playas de Zanzíbar, se convirtió en la más preciosa de todas las mariposas. La princesa de las mariposas; mi princesa…

 La conquista de la inexpugnable fortaleza que rodeaba a mi princesa ya no parecía imposible. Había una esperanza, aquellas sonrisas que me regalaba, las cuales iluminaban mi corazón, tal vez eran una prueba de que había alguna atracción hacia este viejo guerrero.

 A esas alturas deseaba tanto tener entre mis brazos a aquella preciosa criatura, que la pasión iba tomando las riendas de mis decisiones. No podía esperar, el deseo me dominaba, mi corazón gritó tan fuerte de desesperación, que despertó al depredador que habita en él.

 Cual lobo con piel de cordero, rondé los muros de la fortaleza. Ella veía a un corderillo inocente, yo emitía graciosos balidos que entretenían a su majestad, mientras tanto, examinaba metro a metro cualquier punto flaco para lanzar mi ataque por sorpresa.

 Tal fue mi ansia de conquista, que estuve apunto de descubrir mis verdaderas intenciones. Torpemente les propuse, a las dos doncellas, que embarcáramos en un navío para observar las estrellas; mientras yo me encargaría de regar sus conciencias con una botella de vino. Esta técnica tan manida del embrujamiento etílico levantó sospechas y rápidamente se negaron a embarcarse en semejante emboscada.

 El asedio por la conquista de aquella imponente fortaleza, continuó un día y una noche más. Esa noche,  en la cual planeaba mi ataque, un fornido guerrero africano se me adelantó y comenzó un duro ataque para conquistar a mi princesa. Dios le había dotado a este buscavidas con un “gran armamento” natural, pero afortunadamente para mí, el mismo Dios le había desprovisto de ingenio y el tacto que se requiere para conquistar el lecho de una dama. Tras varios intentos de tomar la fortaleza, el africano desistió. Humillado el guerrero africano, se retiró a lamerse las heridas, y aunque me alegrara de su derrota, yo había perdido otra noche, lo cual era desesperante, ya que sabía que mi princesa solo estaría dos noches más en mi isla.

  El destino y mi persuasión, lograron que en la tercera noche, la reina de mi castillo, accediera a quedarse a solas conmigo. Sin guardia alguna, y  solamente con el amparo de la noche como protección, al final accedió a sentarse a mi vera, en la orilla del mar.

 En un juicio se me habría acusado de premeditación, nocturnidad y alevosía, pero en el amor y en la guerra, todo vale. Sin ningún escrúpulo, este viejo lobo acechó aquella presa que desvalida y ajena al peligro suspiraba bajo la noche.  

  Todo estaba a mi favor, la oscuridad de la noche como cómplice,  las estrellas de Zanzíbar como techo y un camastro suahili como lecho. Todo se había dispuesto para dar caza a mi presa. Sin embargo, ella, habiendo lidiado muchos lobos, guardaba la distancia fríamente, tanto, que yo sentía claramente que había un muro invisible entre ambos.

 Miri, la reina de mi castillo, se negaba a entregarse a mis fauces, pero cometió un gran error… Me miró fijamente con aquellos misteriosos ojos donde se reflejaban todas las estrellas del firmamento. Millones de estrellas centellantes se regocijaban en lo más profundo de aquellas pupilas, tal era aquella hermosa visión que quedé totalmente hipnotizado.

 Hasta un ciego hubiera llorado al sentir tanta belleza concentrada en un par de ojos. La bestia salvaje que custodiaba mi corazón dormido, despertó de nuevo ante tanta hermosura, y una fuerza inhumana me impulsó a perderme en sus labios, besándola como tantas veces había soñado.

 Las estrellas y el rumor del Índico fueron testigos de aquella mirada traidora que detonó nuestro primer beso en la orilla del mar.

 Nos tumbamos abrazándonos tiernamente. El tiempo discurría lento como acostumbra a hacerlo en África, pero mi corazón latía al frenético ritmo del deseo. El calor de su cuerpo me reconfortaba tanto, que amainó mi ansia, y sentí como ese calor sanaba las heridas de tantos amores perdidos, enterrados en mil campos de batalla. 

 Aquel beso sagrado selló el alto el fuego de aquella guerra que estaba librando para conquistar a mi Princesa Miri. Aunque fuego si que había, cada vez que clavaba sus pupilas en mi, ardían mil infiernos en mis entrañas. No podía sofocar estos fuegos como un guerrero se merecería, pero la ternura de sus besos helaba aquel infierno del deseo, quedado solo el calor de su cuerpo y el embrujo de su mirada.

 Intenté, en vano, convencer a mi princesa que entregara las armas y que se rindiera en mi alcoba. El “NO” fue rotundo e incondicional. Era de esperar, pero mi alma de guerrero no me hubiera perdonado jamás no haberlo intentado. Es bien sabido, que cualquier doncella que se precie, en la primera noche, no debe rendirse ante los encantos de ningún caballero. Sin embargo, esa noche, sin dejarme entrar en su morada, la Princesa Miri abrió tímidamente las puertas de su castillo, y yo a ella las de mi corazón.

 Nos besamos y abrazamos dulcemente hasta el amanecer, durante toda la noche las caricias y el calor de mi princesa, que se me antojaba que ya era mía, me hicieron tan dichoso que no intenté saquear el tesoro de  su castillo. Preferí cerrar los ojos y saborear aquellos preciosos instantes que nunca olvidaré.

 

“Quemarán mis cartas de amor, arrasaran mis tierras, robarán mil veces mi fortuna,  pero mi mayor tesoro: tu recuerdo, siempre será mío”.

Oscar Yuste

 

Si algún día olvidara mi pasado, Oh estrellas testigos de la noche!, os preguntaré si esta historia fue verdad.

 Si perdiera mi memoria. Oh mar de Zanzíbar!, te preguntaré si la acaricié.

 Pero si esto hubiera sido un sueño... Miénteme y dime que la besé!

 

 Deja aquí tus comentarios...

 

VOLVER AL ÍNDICE

 


 

MI ÚLTIMA CRUZADA.  EL VIAJE A TIERRA SANTA.

 

Tel Aviv Noviembre 2007...

 

Yo, el que se hacía llamar tolerante, el que se creía el azote del racismo, el luchador implacable contra la xenofobia, el amigo de los desfavorecidos, el yunque del imperialismo yanqui … todo palabras, palabras vacías, huecas y sin peso.

Como he podido ser tan necio y odiar a tanta gente, como he podido creerme mejor que millones de americanos, que millones de de Israelitas. Yo, un ser insignificante que no actúa, un ser que no hace más que pensar, y errar.

He visto tanto fantoche armado con mentiras en la boca y misiles en las mangas.

He visto tantas guerras provocadas por unos pocos que he creído que todos los suyos eran iguales.

Tal vez el pueblo judío se ha cansado de poner la otra mejilla, y han optado por dar ellos los bofetones. Seguramente se equivocan… pero quien soy yo para juzgar a tanta gente. Si a menudo me equivoco juzgando a una sola persona.

Hace un par de meses me equivoqué por completo con una Israelí que conocí... y me equivoque “en cuerpo y alma”. Al verla por primera vez y conociendo su procedencia, la prejuzgué erróneamente, llegando al punto extremo, de negar hasta su arrogante belleza.

Me equivoqué juzgando a Miri, que así se llama mi Diosa, simplemente porque que el destino había predispuesto que ella naciera en Israel.

¿Acaso juzgamos a Jesucristo de la misma forma por haber nacido en el mismo lugar?

Porqué soy tan necio descalificando a alguien, que como cualquier ser humano, por caprichos del destino, ha nacido en un determinado lugar, siendo de esta forma un esclavo encadenado a sus raíces y a la cultura de su pueblo.

Este Dios bromista, que se me antoja es el mismo para moros, cristianos y judíos, me ha regalado esta dulce lección. A quienes antes repudiaba ahora amo y  aquel país que veía hostil, ahora soy su huésped. 

Antes de equivocarme con millones de Israelíes, y aprendida la lección, me he prometido intentar comprenderles antes de juzgarlos.

Me he enrolado en mi última Cruzada, aunque no iré a tierra santa cual templario, con cruz y sable en mano. Para esta cruzada me armaré de paciencia, tolerancia y empatía. Y al igual que un viaje de mil kilómetros comienza con un solo paso, para querer a toda una nación, tal vez hay que empezar amando solo a una de sus habitantes.

Haré como hicieron tres reyes venidos de Oriente, hace 2007 años, cuando siguieron a una estrella para llegar hasta Israel, donde les esperaba su niño Dios.

Yo también he seguido mi estrella, y aquí me hallo, con mi niña Diosa. Y ahora desde aquí, desde Israel, intentaré comprender el porqué de tanto odio, e intentare aprender como evitarlo.

Y si aquí, en Tierra Santa, convenciera a un solo niño israelí de que las miradas acercan a los pueblos, pero las balas los destruyen…

Si convenciera a un solo niño palestino de que las piedras arrojadas, al final vuelven cual palomas mensajeras, pero con mensajes de odio y destrucción…

Si convenciera solo a un niño, solo  a uno…  Si convenciera a un niño, habré ganado esta guerra del amor, que empecé librando en tierras Africanas, habré ganado esta guerra entre moros, judíos y cristianos.

Si convenciera a sólo un niño habría ganado esta terrible guerra, que muy por grande que fuera, jamás la llamaría “la madre de todas la guerras”…

Si ganara esta guerra…, la llamaría:

 

ESPERANZA.

 

 Deja aquí tus comentarios...

 

VOLVER AL ÍNDICE

 


 

 

30 de OCTUBRE. MTONI (ZANZÍBAR)

LA ÚLTIMA CRUZADA. MI VIAJE A TIERRA SANTA

Hoy me embarco en una nueva aventura.

Tristemente me he despedido de todos mis amigos en este mi dulce y lánguido paraíso.

Me dispongo a viajar a Tierra Santa en mi última cruzada:

 

Mañana tomare un avión de Zanzíbar a Dar es Salaam (Tanzania).

El mismo día tomaré otro a Zurich (Suiza).

Llegaré al día siguiente, y de Suiza cogeré otro avión a Barcelona (España).

Ese mismo día cogeré otro avión a  Valencia.

En Valencia iré unas horas a casita, cogeré ropa de abrigo (solo con mi  pareo no es suficiente) y volveré al aeropuerto.

De madrugada tomaré otra avión a Madrid.

Y de Madrid el mismo día cogeré otro avión a Tel aviv (Israel).

El porqué de tanto viaje...?

continuará...

 

 


25 de OCTUBRE. Playa de Kendwa Zanzíbar.

DE LA REBELIÓN AL SEXO. 

Una agencia de publicidad holandesa tenía previsto rodar dos anuncios de cerveza en Nairobi. Uno para la televisión de Kenia con actores negros, y otro para la televisión sudafricana con actores blancos venidos de Sudáfrica.

 Los extranjeros habían salido en estampida del país debido a los asesinatos por la revuelta de Nairobi, y las embajadas habían recomendado no viajar a Kenia. Los pocos blancos que quedábamos solo salíamos lo necesario de nuestros hoteles, y a ser posible, siempre acompañados.

 Una noche de aburrimiento en el albergue donde nos reuníamos, decidimos armarnos de valor y salir de fiesta a “La Papa Loca”, una especie de restaurante mexicano con discoteca. La fiesta solo consistió en unas copas y partida de billar.

Lo sorprendente de la noche fue cuando un africano bien vestido se acercó a nosotros y nos hizo una proposición un tanto desconcertante.  

_Necesito “blancos” que quieran participar en el rodaje de un anuncio de cerveza.

­_ ¿Y porque nosotros? Le preguntó Gleen.

_ Los actores y modelos sudafricanos que habíamos contratado no se han atrevido a venir a Kenia y han rescindido el contrato. Sólo serán unas horas, os pagaremos 50 dólares, os daremos de cenar y podréis beber toda la cerveza que queráis.

 No sabíamos si fiarnos, podía ser peligroso confiar en ese tipo, nunca le habíamos visto y sólo nos había enseñado una tarjeta de visita de ayudante de producción.

 Yo le dije al grupo que soy publicista que me dejaran hablar con él. Le hice algunas preguntas técnicas y parecía que sabía bastante de publicidad. De todas formas ningún keniata iba a inventarse semejante historia para raptarnos o robarnos, así que decidimos enrolarnos en esa aventura.

 A los pocos minutos nos trajo un minibús y montamos los cinco. Nos empezamos a asustar un poco cuando vimos que salíamos de la ciudad y circulábamos por el oscuro bosque que rodea Nairobi. Pero al final llegamos a una mansión donde se veía bastante actividad.

 Al entrar nos quedamos sorprendidos por toda la parafernalia que habían montado para rodar un simple anuncio. Focos por todas partes, una carpa para vestuarios, otra carpa gigante donde habían montado un buffet un generador, etc.

 Nos recibieron unos blancos un tanto escépticos al ver nuestras pintas de turistas desaliñados. Resulta que teníamos que ponernos uno trajes de etiqueta y las chicas vestidos de noche. Esto fue lo más divertido de la noche.

 Yo bajito con melena y una gran perilla, mi amiga Katy altísima y la pobre bastante desgarbada. Una becaria de la ONU pesaba más de 100 kilos y Gleen pelirrojo con pintas de vagabundo.

 Resulta que el anuncio se desarrollaba en una fiesta de la jet. Un grupo de músicos tocaba mientras nosotros teníamos que ir bailando cerca de una gran piscina rodeada de un magnifico jardín tropical. El problema vino a la hora de ponernos el esmoquin de los modelos, ya que los tíos medirían más de un metro ochenta. Peor lo tenía la pobre becaria para ceñirse el traje de una modelo anoréxica de 40 kilos. Vinieron dos costureras y me arreglaron el traje metiendo tela hasta en las solapas. Realmente parecía un fantoche. Con la pobre becaria no pudo hacer nada ni el hechicero y tuvieron que dejarla al margen.

 Vino el director y al ver nuestras pintas se echo las manos a la cabeza. A ese quitarle la coleta, dijo vociferando. Yo en aquellos tiempos tenía una larga melena, casi siempre recogida con una goma. Lamentablemente, de aquella melena solo me queda la goma del pelo, y la calva, de donde antes nacían aquellos maravillosos cabellos....

 Me hicieron una especie de moño y con ganchillos los ocultaron como pudieron.

 Me dijeron que tenía que bailar con Kati (que me sacaba más de un palmo y medio). Y a Gleen le tocó bailar con una oronda chica holandesa que había reventado ya dos trajes de noche.

 Nos dieron unos vasos con un líquido que parecía cerveza y con espuma de plástico, para que durante todo el rodaje el vaso de cerveza se viera perfecto, y se escuchó. A bailar. ¡Acción!

 No sabía por donde agarrar a Kati, mi cabeza le llegaba a la altura de las tetas y aquello era tan ridículo y humillante que todo el personal comenzó a reír a carcajadas y tuvieron que parar el rodaje.

 Al director se le ocurrió que ella bailara descalza. Pero como todas las chicas con complejo de altas, llevan zapatos sin tacones, los dos centímetros de las suelas no solucionaban nada. Entonces tuvo otra idea, yo tenía que bailar encima de un escalón y para que no se viera semejante embuste, nuestro plano tenía que rodarse sólo de cintura hacia arriba.

 Con todos estos cambios ya llevábamos más de dos horas y aun no habíamos empezado, así que nos amotinamos y pedimos cerveza de verdad, en vez de la de plástico.

 Aquello se hacía interminable pero entre ¡CORTEN! y ¡CORTEN! No metíamos una cervecita al cuerpo.

 El resultado fue que después de dos horas más estábamos borrachos como cubas y ya no atendíamos a explicaciones. La situación se calentó mucho más cuando los actores negros que esperaban su turno para volver a rodar el anunció en versión negra, también se amotinaron exigiendo sus cervezas al igual que los blancos. Entonces llegó el caos.

 Volvimos al rodaje pero ya de lo borrachos que íbamos parecíamos un grupo payasos haciendo el mono. Acabaron el rodaje de mala gana, y gracias a Dios, estoy seguro que jamás ese anuncio saldrá a la luz. Nos dieron los cincuenta pavos y le dijimos al chofer que nos dejara en “Simba Saloon” una discoteca ubicada en el conocido restaurante “Carnivore”.

 A esas alturas de la noche en la discoteca sólo quedaban algunos blancos y un puñado de “mujeres guerreras” como yo las llamo.

 Al pisar la pista de baile, como leonas a gacela, fui acosado por estas chicas. Una vez vieron que no estaba interesado en sus sugestivas propuestas me dejaron tranquilo.

 Pero a lo lejos vi una chica diferente a las demás, muy negra eso si. Pero elegante y vestida como una europea.

 Alguien dijo que “el pudor es un sólido que solo se disuelve con alcohol o dinero”. Pues bien, las 9 cervezas que portaba mi estómago habían disuelto el poco pudor que me acompaña, así que decidí ir hablar con la chica aquella.

 Ahi, Elisabet que salvaje que eras…

 Yo aun era muy inocente, pero cuando me dijo que era alemana creí que me estaba tomando el pelo. Era más negra que un tizón! Me dijo que era de procedencia keniata pero que vivía en Alemania y estaba de vacaciones viendo a su familia. Por si acaso me mentía, le dije a un alemán que estaba bailando que le hablara en alemán. Estuvieron un rato hablando y al volver él me dijo que hablaba muy bien.

 A los pocos minutos, me sentí locamente atraído por aquella criatura. Cuando vi que ya no podía controlar mis manos, ya que parecía que tuvieran vida propia, le propuse cambiar de posición. Los dos coincidimos en que la posición horizontal sería más apropiada. Me dijo que no podíamos ir a su casa porque estaban sus padres, y yo con mi borrachera le dije que se viniera a mi habitación.

 Desgraciadamente no reparé en que estaba hospedado en un Centro para Jóvenes Cristianos. En este albergue estaba prohibido el alcohol, las mujeres y hasta llevar ropa interior a la lavandería, debería ser porque los cristianos no ensuciamos los gallumbos.

 Me presenté en el Centro para Jóvenes Cristianos borracho, a las cinco de la mañana, con una pedazo de negra de 1,75 en un brazo, y en el otro, dos cervezas de medio litro. El vigilante, que gastaba el mismo color que mi nueva novia, al vernos se puso blanco de la impresión.

 Ya se sabe que las mayores tonterías que puede hacer un hombre son debidas al alcohol o a las mujeres. La que cometí fue grande, ya que me empeñe en entrar con ella y además no quise sobornarle con un par de dólares.

 Al día siguiente esto supuso mi expulsión del albergue para cristianos. ¡Pero que diablos!, al fin tenía a alguien con quien ensuciar mis gallumbos.

 “El sexo sólo es sucio si se practica bien”

Buddy Alen.

 P.D.

Elisabet fue mi novia durante mucho tiempo, fuimos bastante felices, me enseño a hablar suahili y algunas otras cosas mucho más interesantes. Esto ya lo contaré en otra ocasión.

 La relación acabó cuando contrató a un asesino para matarme, y además pretendía pagarle con mi dinero.

 ¡Ay estas chicas que traviesas que son!

 

 Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE


 

 

 

10 de OCTUBRE            REBELIÓN EN NAIROBI REBELIÓN EN BIRMANIA

 

2007 REBELIÓN ESTUDIANTIL EN BIRMANIA

 “Diez personas han perdido la vida en la violenta represión que el Ejército ha lanzado contra las protestas pacíficas de los monjes budistas en Birmania, a las que en las últimas horas se han unido los estudiantes”.

 Realmente el mundo no cambia. Hace diez años durante el toque de queda en Nairobi escribí…

 1997 LA REBELIÓN ESTUDIANTIL DE NAIROBI.

 …corría el año 1997, en aquellas fechas, con tan solo 220 dólares en el bolsillo, un poco de inquietud y muchos sueños, me encontraba por primera vez en Kenia.

 Para las agencias de prensa de todo el mundo, en esos días, Nairobi no era más un “punto caliente” marcado en el mapa con un alfiler rojo.

 Para el español medio, lo que acontecía en esas fechas, sólo significaba un pequeño artículo en la sección Internacional de la prensa: “9 muertos en África durante una revolución estudiantil”.

 Sin embargo, para mí, aquella revuelta, era la aventura más excitante de mi vida, experimentada en directo y en primera persona.

 El preludió de una revolución había comenzado y la suerte me había brindado la oportunidad de disfrutar del espectáculo desde primera fila.

 Como suele ocurrir en los países oprimidos, el germen de la insurrección se genera allí donde los pensamientos discurren con mayor libertad. Y este lugar no podía ser otro que en la universidad.

 Lo que al principio en los claustros no era más que un imperceptible gemido de dolor provocado por la férrea opresión, poco a poco se iba convirtiendo en una consigna. Y cada vez más alto, primero en las aulas y más tarde en las calles, se escuchaban las palabras mágicas que han amartillado a tantas tiranías: libertad y revolución!

 Imágenes de la Bastilla y del Che acudían a mi mente constantemente, y aunque me creía testigo neutral, algo dentro de mi gritaba ¡LIBERTAD¡ haciéndome partícipe de aquella rebelión.

 

 Sin embargo pronto acudieron a mi, nefastos recuerdos de la historia reciente de periodismo de guerra español. Recordé la suerte que corrió el corresponsal español Eduardo Flores. Este periodista del periódico “La Vanguardia”, afín a la secta Católica Opus Dei, cubría durante 1991 el conflicto de Yugoslavia.

 En Croacia, en la ciudad de Osijiek al ver el enfrentamiento entre los Católicos Croatas y los Servios Ortodoxos apoyados por el ejercito nacional yugoslavo, Eduardo Flores decidió dejar la pluma, tomar las armas para participar activamente en aquella estúpida guerra.

 En una declaración a su periódico y sus propios colegas, comunicó que no podía seguir siendo simplemente un espectador y que debía luchar para defender los ideales cristianos.  

Creyéndose un cruzado del siglo XX, este iluminado, formó un ejercito con cientos de voluntarios extranjeros y mercenarios que sin duda no hicieron más que sembrar la muerte y semilla del odio y el racismo. Al tiempo, se le asoció con el asesinato de un corresponsal suizo y tuvo que abandonar la zona de los Balcanes.

 Paradójicamente, Eduardo Flores no sufrió ninguna herida de guerra, sin embargo apareció muerto en extrañas circunstancias en un apartamento de alguna tranquila ciudad europea. 

Estos recuerdos, amainaron la tormenta revolucionaria que me enviaba a las barricadas con el puño en alto, así que decidí apartarme del tumulto y dejar al pueblo que viviera su propia revolución. 

 

          En todas las dictaduras hay personajes que maman de la opresión, familiares, militares y amigos del dictador de turno. Todos estos individuos viven en su burbuja de bienestar mientras el pueblo sufre y se desespera.

 La temible guardia privada del presidente era uno de estos organismos que chupaba constantemente de la teta de la señora tiranía. Chupaban tan fuerte que a menudo solo sacaban sangre y dolor.  

 El presidente de Kenia, estaba considerado como la segunda “persona” (cuan generoso me siento calificándolo de persona) más rica de África después del diablo de Zaire, el “señor” Mbuto, otro gran dictador con miles de asesinatos en su maquiavélico currículo.

 El presidente dio la sorprendente orden de cerrar las universidades, sacar a la fuerza a todos los estudiantes y profesores y clausurar indefinidamente cinco campus universitarios.

 Cuando los estudiantes se resistieron toda la fuerza de la barbarie cayó sobre ellos, gases lacrimógenos, porras y barras de acero acabaron en las espaldas de más de 1000 estudiantes acabando con la vida de 9 personas.

 Salieron a la calle exigiendo elecciones y un cambio de gobierno, ingenuamente pensaron que la razón y el derecho les escudarían. Pero camuflados entre ellos estaba la guardia del presidente vestida de paisano. Su plan era terrible…

 Decidieron asesinar a varios policías haciéndose pasar por universitarios, de esta forma tan cruenta demonizarían y erradicarían la rebelión por completo. ¡Fue una masacre!

 Cuando la guardia de paisano comenzó a disparar a los policías, estos reconocieron que era la guardia del presidente quien les disparaba, y por temor a las represalias decidieron disparar a los indefensos universitarios para crear el caos. Disparos, olor a pólvora y horror. La protesta se disolvió en unos segundos, dejando la calles vacías y muchos cuerpos sin vida tendidos en el asfalto.

 Las embajadas de la mayoría de países “civilizados” (maldita palabra), recomendaron a sus ciudadanos que abandonaran el país y muchas compañías aéreas suspendieron sus vuelos a Kenia. 

 Nos quedamos un reducto de “blancos”  compuesto por periodistas, corresponsales de guerra, voluntarios de ONG’s y algún viajero dispuesto a no renunciar a sus periplos por África. Cada uno de los que allí nos quedamos éramos de  procedencias distintas y acabamos hospedados en un centro para jóvenes cristianos.

 Un corresponsal de guerra japonés que estaba cubriendo la rebelión de Mombasa me invitó a acompañarle a una manifestación de protesta por el asesinato de los universitarios. Parece ser que la oposición apoyó esta manifestación presentándose muchos políticos y clérigos en el parque donde se concentraron para  la protesta.

 Llegamos un poco tarde y ya estaban reunidos muchos de los familiares de las victimas. Los pocos árboles que había en el parque no eran suficientes para  depurar el aire viciado por el dolor, podíamos respirar perfectamente el odio que emitían los manifestantes.

 Un orador, con un megáfono gritaba en suahili enalteciendo a los manifestantes. De repente un familiar de un universitario asesinado, reconoció a un policía de paisano y como si de miles de pirañas se tratara, decenas de manifestantes se abalanzaron sobre él golpeándole mientras le acusaban de asesino.

 El policía intentaba correr de un lado a otro, pero allí donde iba le recibía una comitiva de golpes y puños. La gente chillaba e incluso lloraban de rabia, algunos se golpeaban ellos mismos de la rabia que les poseía. Con el tumulto me separé de mi amigo y fue entonces cuando me di cuenta que estaba en peligro. Corrí todo lo que pude y mientras me alejaba oí perfectamente “dejarlo ya esta muerto”, me giré y vi como la gente se agolpaba para seguir golpeado al cadáver sin importarle si estaba vivo o no.

 Ya había salido del parque y mientras corría calle arriba unos trescientos metros la gente empezó a correr alejándose del cadáver entonces volví a oír el sonido de los disparos mientras la gente gritaba.  

 Al día siguiente en el periódico “The Nation”, en un reportaje de la revuelta aparecían más de seis fotos de gran tamaño, de como iban apaleando al policía hasta que cayó al suelo y murió a causa de los golpes. Con una sola foto hubiera bastado, incluso sin foto. Pero como el periódico estaba controlado por el gobierno hicieron lo posible para mostrar  la barbarie del pueblo. En ningún momento se menciono,  que el linchado era una asesino ni que fue personal del el propio gobierno quien empezó a asesinar estudiantes el día anterior.

 Los días siguientes transcurrieron con algunos comercios arrasados, lunas rotas y detenciones de sospechosos que fueran culpables o no, seguro que recibía su ración de golpes.

 

En una ocasión, un corresponsal de guerra le preguntó a un líder revolucionario de tendencia Marxista;

 ._ Señor, ¿Qué se necesita para crear una rebelión?

_ “Diez mil dólares y un teléfono satélite”

            “Con los dólares se contrata un grupo de guerrilleros para que asalten una comisaría y roben las armas de los policías. El teléfono es para llamar a las agencias de prensa de todo el mundo y comunicarles la noticia”.

 Este líder revolucionario, más tarde se convirtió en presidente del Congo, uno de los países con mayor riquezas naturales del mundo. Este revolucionario fue Joseph Desire Kabila.

 

Esta entrevista se dio lugar en el Congo hace ya más de diez años. Desgraciadamente, en 1997, más de quince años después, y antes de que se hubiera enfriado la situación de la rebelión de Nairobi, 200 personas asaltaron una comisaría en Likoni, Mombasa.

Mataron a seis policías, liberaron a los prisioneros y robaron gran cantidad de fusiles de asalto y abundante munición. Entonces la muerte y la destrucción se fueron propagando por toda la costa de Kenia, primero en Likoni y luego por otros pueblos costeros hasta llegar a Mombasa.

Pero ya basta por hoy de hablar de muerte, que acuden recuerdos a mi mente que el estómago ya no tolera. No quisiera despilfarrar el desayuno que acabo de tomar, ya que siento que el desayuno me baila en las tripas con un doloroso ritmo de réquiem.

 Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 

 


 

 2 de Octubre. Desde este lento paraíso.

 

MI PRIMERA NOVIA.

 

Dios mío haz que pase algo en esta isla o vuélveme negro de una vez!

No pasa nada, sale el sol y la vida languidece. Mientras, decenas de rubias desaparecen tras haber intentado ser poseídas por algún musculoso nativo de negra piel y blanca sonrisa.

Aquí, a los ojos de las blancas, más que blanco soy transparente. Parece que obvian mi existencia, y como si de un fantasma se tratara, vago en pena por esta isla donde nadie me ve, donde nadie me oye.

Dios, sabes que no puedo pedirte más de lo que generosamente me has dado, pero si te aburres como yo, envía a esta isla un millar de ángeles caídos con dosis de adrenalina y haz que despierten del letargo a esta gente muerta.

Pero sobre todo, diles que me guarden una gran dosis para mí. ¿Te acuerdas Dios, cuando tomé mi primera dosis de adrenalina?  ¿Fuiste tú o el diablo quien me la dio?

 

Mi primera novia.

Estábamos solos, tumbados bajo unas palmeras y en la orilla del mar.

Aquella dulce adolescente tenía 15 años y yo uno más, la luna llena brillaba en sus ojos y sus dilatadas pupilas se  clavaban en mi alma como dos soles negros.

Nunca antes había estado con ninguna chica, mi gran día había llegado, sabía que tenía que decidirme y que ese era el preciso momento en el que tenía que actuar. Mi corazón comenzó a bombear sangre a raudales y el pulso a acelerarse, me armé de valor y mientras le cogí dulcemente de la cintura cerré lo ojos, como para concentrarme más en aquella experiencia  y tímidamente junté mis labios con los suyos.

Aquel beso tan deseado no me pareció nada especial, lo que me sorprendió fue la sensación que experimentó mi cuerpo. Ese calor que corría por mi ser, esa sensación agridulce de angustia y suma felicidad que me ahogaba. Me gustó tanto, que aquella primera dosis me pareció poco y decidí aumentarla besándola una vez más.

Mientras le miraba a los ojos, mi mano se deslizó temerosa entre sus piernas. Cuanto más me acercaba a sus inexplorados rincones ella temblaba más, como un cervatillo viendo avanzar hacia él un gran incendio.

Me estaba adentrando en un terreno desconocido, fue cuando esa sensación inexplicable se apoderó de mí. En ese momento descubrí el cálido tacto de lo prohibido y todo un misterioso universo de sensaciones me habría sus puertas. Nuestros corazones latían al unísono en una improvisada orquesta de ritmos sensuales.

Nuestros cuerpos ardían, e instantáneamente quedaron desnudos el uno junto al otro. Este maravilloso contacto de la piel fue la sensación más agradable que mi joven cuerpo había percibo jamás.

Con un ritmo pausado y suave, acariciamos nuestras zonas frotándonos el uno contra el otro, fue cuando descubrí esa misteriosa y mágica humedad que iba experimentando aquella chica de 15 años.

Sabiamente, la naturaleza había grabado en mis genes lo que la educación me había vetado. Sin saber como, una instintiva necesitad me empujó al interior de aquella chica. Con decisión pero suavemente, nos acercamos el uno al otro, todo lo que nuestras anatomías y las leyes de la física nos permitieron. Me faltaban, labios para tantos besos, me faltaban manos para tantas caricias, me faltaba luz para saber que no soñaba.

Nos acelerábamos como si  rodáramos montaña abajo, los gemidos ya eran públicos y descarados y los movimientos perdieron su vergüenza siendo ahora enérgicos y acompasados. Nuestra improvisada coreografía se regaba de sensaciones y dulce sudor.

Luchaba cuerpo a cuerpo en mi primera guerra del amor, sabía que no cabían retiradas ni rendiciones y llegando el momento sentí que era hora realizar mi última carga contra mi amado enemigo. Aunque extasiado y algo confuso, hice acopio de energías y me lancé al ataque con toda mi pasión. La miré a los ojos y firmemente apreté su cuerpo contra el mío, sus pupilas se abrieron tanto que parecían otros ojos.

  En aquel momento, ella se estremeció y ahogó un profundo gemido mientras se retorcía de placer. Un fuego manó de su interior, propagándose como la pólvora por todo mi ser. A la vez, una manada de caballos desbocados,  galoparon por mis venas, hasta que estallaron como mil fuegos dentro en el inexplorado interior de aquella salvaje criatura.

Absortos y abrazados bajo la luna, nos miramos, de sus ojos brotaron unas furtivas lágrimas que me destrozaron el corazón. Con las lágrimas, sus grandes ojos resplandecían como un faro en la oscuridad. No cabían palabras, solo silencios.

Mientras nos abrazábamos dulcemente, cerré los ojos buscando una explicación a esas lágrimas, y sin una palabra más, nos dormimos desnudos bajo la luna.

 

Fue entonces cuando me enamoré, y no fue de aquella chica que perdió su virtud mientras la noche nos arropaba. Me enamoré simplemente de la sustancia que me hacía  experimentar esa sensación que aceleraba mi corazón, y me hacía vivir más rápido y más intensamente.

Con el tiempo, descubrí que esa sustancia no solo se encontraba en el sexo, sino que realmente donde se hallaba era en el RIESGO Y EL PELIGRO.

Esa sustancia, esa maldita droga, era la ADRENALINA.

La señorita Adrenalina  fue mi primera novia, y hoy, después de tantos desengaños, aún la sigo amando.

“Adrenalina maldita, de ti estoy enamorado y en el riesgo te busco desesperado”

Oscar Yuste

 

Isis, aunque te fui infiel con la adrenalina, sólo tú me hiciste vivir… y tus ojos, llorar.

 

VOLVER AL ÍNDICE


28 de SEPTIEMBRE 2007.  Playa de Kendwa, norte de Zanzíbar.

 
HOY HA MUERTO MI HERMANO MAYOR.
  
Hoy ha muerto mi hermano Abú, hoy ha muerto un rey.
 
Solo cabe tristeza, y esos pequeños recuerdos que van encontrando las fisuras de mi alma, por las que brotan estas lágrimas furtivas.
 
Me creí hombre duro capaz de cruzar el mar a nado, y sólo una pequeña gota en mi mejilla, me enseña que soy un niño frágil y desvalido.
 
No tengo ganas de escribir, ni si quiera de recordar, solo diré tu nombre una vez más para que no pase al olvido; Abubakar Towengale Kiwanga Segundo. El nombre de un Rey, pero ante todo, una gran persona y un verdadero amigo.
 
Abú, por muchas palabras que aprendiera, nunca podría describir lo que te quise, ni agradecerte lo que hiciste por mí y por tu pueblo. Si me lo permites, voy a dejar que otra gran persona, enferma de cáncer y tal vez a punto de morir se despida por mí.
 
Se llama Gabriel García Márquez, y ha escrito esta carta de despedida a sus amistades mientras lucha por su vida.
 
Gabriel, si por alguna coincidencia del destino leyeras estas letras, cuando Dios lo quiera espero que te encuentres con Abú, y verás que como decía Machín, “también hay ángeles negros”.
 
Que los dos seáis muy felices allá arriba…
 
CARTA DE DESPEDIDA.
 
Si por un instante Dios olvidara que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía este tiempo lo más que pudiera.
 
Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
 
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen.
 
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres….
 
He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
 
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.
 
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse.
 
Si supiera que estos son mis últimos minutos que te veo te diría “Te Quiero” y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
 ----------------------------
Abú, viajo con tus sueños.
Sueños que son recuerdos.
Recuerdos que son regalos.
 
Con cariño a la princesa Ngune, de su tío Oscar.

 

Deja aquí tus comentarios...

 VOLVER AL ÍNDICE


20 de SEPTIEMBRE 2007.  Playa de Kendwa, norte de Zanzíbar.

MI AMIGO; EL CANGURO AFRICANO

Ahora estoy viviendo en un hotel formado por cabañas estilo africano, en una paradisíaca playa del norte de Zanzíbar. Mi trabajo consiste principalmente en recibir a decenas de turistas insatisfechos y ocuparme de solucionar cualquier problema que surja durante su estancia.

Desgraciadamente solo estoy con los viajeros unas horas durante tres días, por lo que nunca tengo tiempo de hacer amistades, ni siquiera de aprenderme sus nombres. Yo le llamo a Zanzíbar, “la isla de las mil caras sin nombre”.

Hace unos días narré la historia de una de estas caras sin nombre que se convirtió en una gran viajera y amiga. Docta, sosegada y discreta esta mujer ha viajado por medio mundo con sus libros y los ojos bien abiertos.

Hoy voy a contar la historia de un niño con nombre. Nervioso, travieso y ante todo un autentico espectáculo viviente. Todo lo contrario a aquella sosegada niña sin nombre.

 Esta es la historia de Henri, se remonta 53 años atrás, en Australia. Orange es la única ciudad australiana sin mar ni rió. Sin embargo bien surtida de manantiales debido a las montañas que jalonan la ciudad. En este lejano lugar nació Henri. Hijo de humildes inmigrantes polacos, quienes tuvieron que luchar duro para establecer un hogar en las fértiles e inhóspitas tierras australianas.

No se mucho más de su pasado, mencionar que a los 47 años decidió engendrar un hijo para perpetuar su curiosa “especie”. Encontró una mujer, la cual ya tenía dos hijos, y convivieron durante un tiempo. Fruto de aquella relación nació una preciosa niña que ahora tiene 6 años.

Su padre falleció y su madre ya octogenaria, que es una magnífica cocinera, espera paciente a su hijo con una tarta en el horno. Por mi parte, yo también esperaré para deleitarme muy pronto con sus guisos, ya que pienso hacerle una visita en Australia lo antes posible.

Hace un par de semanas apareció Henri en el hotel,  con una potente y sonriente voz. Para imprimirse un aire más jovial, se había afeitado el pelo, erradicando así sus canas, despiadadas delatoras de su prolongada existencia. Con el rapado, no solo evitaba que sus blancos cabellos delataran su edad, sino que disimulaba las zonas calvas, donde las últimas canas fueron extinguiéndose en una lenta agonía.

Vestía siempre bermudas, camisa hawaiana sin abrochar y una botella en mano. La vestimenta podía variar en alguna ocasión, pero la botella, a cualquier hora del día, era todo un clásico en cualquiera de sus dos extremidades.

Tengo que recalcar,  que nos encontramos en una isla 99% musulmana y en vísperas de Ramandán, uno de los cuatro pilares del Islam. Por lo tanto, se exige un recatamiento extremo, especialmente para las mujeres. No solo a los ojos del Islam un comportamiento obsceno puede verse como la mayor abominación, sino que la cultura africana en sí, es defensora del pudor y la discreción a la hora comportarse en público.

Ni que decir tengo, que como toda cultura musulmana, la mujer es propiedad del marido y tabú para los ojos de otros hombres.

Una vez hecho este inciso, vuelvo a mi amigo Henri…

 En estas dos semanas este hombre ha hecho de todo menos pasar desapercibido. Yo le conocí de la siguiente manera:

 

Todas las noches en la arena, los chicos de la playa hacen una hoguera y sentados en círculo tocan y tocan los tambores mientras hablan y bromean con alguno de los turistas que se sientan alrededor del fuego.

Esa noche apareció un matrimonio italiano un tanto peculiar. El marido alto, desgarbado y aletargado. La mujer exuberante, esbelta y extremadamente provocativa.

Ella, vestía una minifalda que era más “mini” que falda. De hecho, si el diseñador de tan inquietante prenda, pretendía cubrir alguna zona interesante de aquella mujer, erró por completo. Era obvio que o faltaba tela, o sobraba culo. Y puedo asegurar que culo, ni sobraba ni faltaba, ese si que era un diseño perfecto. 

El afortunado esposo se dejó caer torpemente en uno de los bancos que rodeaban el fuego y no pronuncio palabra en toda la noche.

Debían de ser de procedencia humilde, y no solo por la escasez de tela en su vestimenta, sino porque “por lo visto” tampoco tenía para comprar ropa interior. Esto lo descubrí a los pocos segundos de verla.

Ella, grácilmente se sentó en el banco a bastante distancia de su marido. Y al más puro estilo de la señora Sharon Stone, la muy “guarrota” se espatarró, dejando las piernas totalmente separadas. Esta ingenua criatura, mientras abría las piernas propinaba una amplia sonrisa, gesto inútil, ya que nadie la pudo ver puesto que ninguna mirada apuntaba tan alto.

Entre los atónitos africanos que allí estaban,  habían dos masais abriendo tantos los ojos que pensé que los párpados se les iban a meter hacia dentro.

Ante semejante visión, los africanos dejaron de tocar los tambores, aunque yo creo que el latido de sus corazones sonaba con mayor fuerza que cuando golpeaban aquellos tambores.

La mujer se levantó haciendo un gesto como para incitar a los muchachos a que siguieran tocando los tambores y empezó a bailar. No podría definir que estilo de baile era ese, pero parecía una mezcla entre una bailarina de la danza del vientre y la de una barra americana.

De repente apareció Henri, borracho como una cuba portando su siempre eterna sonrisa. Al verla, con su potente voz pronunció un “hai hai haiiiiiiiiiiiiiii” y se lanzó como un leopardo a bailar con aquella gacela. Todos comenzamos a reír al ver esa pareja de baile tan peculiar.

No se sabía a ciencia si el marido de la italiana esta dormido, muerto o unos extraterrestres le habían abducido, pero estaba claro, que no le importaba lo más mínimo el comportamiento obsceno de su mujer.

Mientras el marido se abstraía de aquel mundo, a Henri le poseía totalmente la lujuria. El frenético ritmo de los tambores, el calor del fuego, el alcohol y esas edades en las que deseas morder cuando faltan dientes, estaban volviendo loco al pobre Henri.

Llegó un momento que el ritmo de los tambores se aceleró enormemente y al ritmo de la música, la italiana agitaba su trasero con una especie de convulsiones que cortaban el aliento. Yo temía por el corazón de Henri, ya que estaba seguro que su caudal sanguíneo no soportaría la presión de aquel corazón que bombeaba sin control.

Henri llevado por sus instintos comenzó a escanear el cuerpo de la bailarina  y aún asiendo con una mano su botella, como si fuera una diosa hindú, a Henri le sobraban manos para semejante cometido.

En pocos minutos los allí presentes sentimos, varios tipos de deseos pero una vez descartados los más obvios, se nos antojó el deseo de reír. Al ver a Henri como le soplaba a la muchacha en los pechos, sin duda para refrigerar aquella máquina de generar deseos, estallamos todos en una carcajada general que no paró hasta bien entrada la noche.

Aunque me avergüence de ello, tengo que decir que en varias ocasiones a los muchachos les “pinchaba” con alguna frase en suahili para provocar la risa de nuevo.

Un muchacho, cuando vio a Henri manoseando a la mujer y el marido mirando sin hacer nada, me dijo que a eso en Tanzania se le llama hacer un trío. En ese precio, momento un perro se acercó y se sentó al lado de marido, entonces les dije en suahili que a eso en España se le llama “un cambio de pareja”. Estuvimos riendo toda la noche hasta que el matrimonio se fue a dormir.

A partir de esa noche todos los días conversaba con Henri, me contó que llevaba once semanas e vacaciones en Tanzania y que iba a estar dos semanas más en el hotel. Nos hicimos buenos amigos y confidentes, ya que por estos lares, escasean las amistades en las que apoyarte cuando la moral cojea.

Desgraciadamente hace dos días que partió, y ya estará dando buena cuenta del pastel de carne de su anciana madre. Pero, aunque “cuando un amigo se va algo se muere el alma”, también sé, que renacerá de nuevo y con mas fuerza cuando nos volvamos a encontrar.

 

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE


12 de SEPTIEMBRE 2007.  Playa de Kendwa, norte de Zanzíbar.

LA NIÑA SIN NOMBRE

 Cuando recibo a un nuevo grupo de viajeros, al cruzar las primeras palabras con ellos, instintivamente los clasifico como sociables o conflictivos. Y más tarde intento escoger a quien me parece más agradable e interesante, para aprender de esa persona y entablar una de mis fugaces amistades de tres días.

 Se que no debería clasificar a la personas, pero nuestra madre cultura nos ha maleducado, enseñándonos a clasificar a los humanos por razas, colores e ideales. Y aunque soy hijo bastardo de la ignorancia, poseo algunos genes de esta gran madre cultura, y estúpidamente me veo obligado por esta sociedad a clasificar a las personas aunque sea según mis propios criterios…

 Hoy en una de las hordas de viajeros que visitan Zanzíbar, ha desembarcado una persona que solo al verla la he clasificado como “personaje especial a conocer”. Esta persona ha llamado mi atención no por solo por su venerable edad, más de 60 años, sino por que en su intensa mirada tiene escrita la historia que ha vivido.

En esta vida hay muchos ancianos centenarios que apenas han vivido unas cuantas experiencias sin trascendencia alguna. Sin embargo, de vez en cuando, te topas con una de esas caras que la vida ha curtido y adornado con cabellos de plata. Y con solo con una  mirada, puedes apreciar la intensa vida han capturado las retinas de esos ojos despiertos y vivaces.

Esta es la historia de una “niña” de la España rural durante la posguerra.

En aquella época la vida era dura y lenta, el alimento escaso y el trabajo de sol a sol. Desde los siete años no tuvo otra opción que trabajar penosamente en el campo. Entre golpe y golpe de arado cual mandoble medieval,  ella soñaba que algún día iría a estudiar a la noble capital de Salamanca.

A golpes de azada fue creciendo hasta que se convirtió en toda una mujer, curtida por la disciplina y el trabajo. Pero ella seguía soñando con libros y aulas repletas de saber. Como marcaban las pautas de la sociedad de la época, sus hermanas se fueron casando y ella se vio atrapada en el hogar cuidando de la familia.

Un día, armándose de valor y con el arrojo que aun la caracteriza, le dijo a su padre que se iba a trabajar a la gran ciudad.

      _No se preocupe padre, que buscaré trabajo y le enviaré dinero para que pueda contratar a alguien para ayudarle en el campo.

Su padre, que sabía lo que le depararía la vida si se quedaba en el pueblo, le dio su bendición, esperando que la fortuna se apiadara de ella.

Una vez en Salamanca, siendo ya una mujer, tuvo que empezar a estudiar desde cero, yendo a la escuela con niñas a las que casi desdoblaba la edad.

Con el paso del tiempo, aprendiendo a pasos agigantados fue destacando en matemáticas y aritmética. Un día su profesor le incito a que se preparara para la universidad. Ingreso en la universidad y cuando se dio cuenta ya tenía la carrera de magisterio y toda una nueva vida por delante.

El trabajo de profesora le brindó la gran oportunidad de viajar. Aquella niña, que de tanto blandir la pesada azada, se curaba los callos de la manos con vinagre bajo el sol salamanquino, ahora podía ver aquel mundo que desde la polvorienta era parecía tan lejano.

Y así empezó a viajar y viajar como lo hacen los viajeros, que no los turistas. Integrándose con las gentes de los pueblos que visitaba, viajando con sus transportes locales y aprendiendo a conocer a las personas. 

Tuvo la gran oportunidad de ir a trabajar de profesora al norte de África, desempeñando su trabajo primero en Nador y posteriormente en Alucemas. Paradójicamente estuve a punto de alistarme “voluntariamente en Alucemas, aunque a última hora opte por las Islas Chafarinas.

Cuando después de estar seis años en Marruecos, regresó a España, siguió viajando y viajando hasta que un día me la encontré con su sonrisa en esta isla del Índico.

Enseguida congeniamos y con una breve conversación acerca de África y de la vida enseguida vi a una mujer rebelde, que disfruta cada momento del día. En dos o tres ocasiones más, tuve el honor de conversar con ella. Pero como me sucede en esta extraña vida mía, nunca supe su nombre, y si lo llegué a saber, se perdió en algún recoveco de mi penosa memoria.

Esta es la historia de una niña sin nombre que quería conocer el mundo. Esta la historia de una sexagenaria niña, la cual me encantaría volver a encontrar en cualquier rincón de este pequeño planeta. 

Amiga mía, espero no haberte molestado al tomarme la libertad de narrar tu historia.

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE


 

9 de SEPTIEMBRE 2007.  Playa de Kendwa, norte de Zanzíbar.

 

MI PRIMO SERGIO

 Tengo un primo, al que quiero como un hermano, que está viajando por  “esos mundos de Dios” como diría mi madre.

 Hoy me ha enviado un e-mail, desde no se sabe que país,  reprochándome, en tono de humor, mi forma de narrar mi incorporación al servicio militar.

 Según él, no tenía que haber escrito que “me alisté” en el norte de Africa, sino que “me tocó” en Melilla (ciudad española del norte de África). Sinceramente tengo que decir que si nos ceñimos a la realidad, él tiene razón.

 Mediante un sorteo me “toco” realizar el sorteo en la ciudad de Melilla, aunque posteriormente me aliste voluntario para incorporarme a un pelotón encargado de vigilar unas las islas Chafarinas, situadas enfrente de la costa Marroquí.

 Pero para salvaguardar mi reputación y credibilidad le he enviado esta epístola desde el Este de África:

 

Querido primo Sergio:

 Lo que algunos tildan de fantasmadas (aunque sin osar mencionar tan fantasmagórico calificativo) otros lo denominan "tomarse una libertad literaria parar cargar de mayor dramatismo una parte de la narración".

 Sin embargo, una vez más tienes toda la razón. Te prometo que esa desafortunada frase será cambiada por otra, que bien seguro estoy, será mucho más de tu agrado:

         ... En aquellos tiempos, había una edad en la que jurídicamente un adolescente se convertía en hombre, y por lo tanto, el recién "hombre", tenía que cumplir como tal con la nación. De este modo, al cumplir las 18 primaveras automáticamente se entraba en un fatídico sorteo.

  Lo que se sorteaba era la ciudad y regimiento en el cual, el recién "hombre", debía servir a la noble patria como soldado y defensor de sus baluartes. 

 Quien sabe si fue la suerte o el destino,  a mi me tocó en Melilla, uno de los últimos bastiones de España, ciudad militar enclavada en la costa norte de África. Tal vez, allí empezó mi "mal de África".

  Una vez destinado en aquella ciudad musulmana, debido a mi rebeldía, a modo de castigo  me enviaron a un cuerpo en vías de extinción en el que nadie quiere estar. Ese cuerpo era el Regimiento de Infantería de Regulares nº 52 de Melilla, orgullo de España y azote de el "moro" en tiempo de guerra.

 Por aquel entonces corría el año 1990 y como así quedo registrado en los anuarios de la época, otra guerra injusta se declaró en la zona del Golfo Pérsico. Y esta guerra nació con nombre y apellidos, ni más ni menos que era "La madre de todas las Guerras!. Y por si el nombre fuera poco amenazador, el señor Sadaan, proclamó que Alá bendecía esta guerra desde lo más alto y todos los musulmanes debían unirse a ella.

 Desgraciadamente, mi carácter insurgente, no casaba con las normas del ejercito y al final me topé con los barrotes del presidio militar.

  Esta guerra me brindó la oportunidad de salir del presidio, siempre y cuando me alistara "voluntariamente" a alguno de los destinos de mayor riesgo, debido a la nueva guerra santa declarada al infiel.

 No lo dudé y me alisté voluntario para proteger una isla situada enfrente de las costas de Argelia y Marruecos. Ya han pasado 17 años desde aquellos acontecimientos.

El Cabo Yuste con 21 primaveras. Islas Chafarinas 1990. Liberando a una Pardela Cenicienta

 Paradójicamente, aquí me encuentro de nuevo, otra vez en una isla de África, otra vez rodeado de mezquitas, aunque más viejo y cansado, pero también,  más seguro y sosegado.

 Un abrazo Sergio, cuídate y disfruta a tope.

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE


Jueves 6 de septiembre de 2007.   Playa de Kendwa. Zanzíbar.

LOS CALZONES DE NORBERT.

Después de tantos años en estado permanente de alerta, evitando así que me robaran hasta mi propia sombra., al llegar a la isla he bajado la guardia.

¡Craso error! Hoy me siento más blanco que nunca, hoy he sufrido mi primer robo… Mi teléfono “de trinqui” seguramente en estos momentos estará pegado a alguna oreja  de algún nativo. Poco precio he pagado por preservar mi ingenuidad. Espero que esta sea mi ultima contribución al enriquecimiento tecnológico de África.

No he tenido más remedio que ir al centro de atención al cliente de “Zantel” en para recuperar mi viejo número y comprarme otro teléfono. Una vez pagada esta lección de 80 euros, tomé un taxi compartido para regresar a mi humide cabaña y lamerme las heridas como los buenos perdedores.

Cual ha sido mi sorpresa al encontrarme en un taxi compartido a mi amigo Norbert, un sonriente alemán que dirige “Subset”. Se trata de un hotel que aloja los viajeros de la empresa para la que trabajo. Bromeamos durante el trayecto de dos horas mientras nos iba parando una y otra vez la policía para recoger su “recaudación” del día. Aproximadamente el soborno consiste en un euro por trayecto, con esto será  suficiente para que a la vuelta no te vuelvan a parar.

En el taxi  charlamos con Kalina, una chica de Malasia que venia de Iringa, donde ha pasado unos días como cooperante en  orfanato.

 Iringa es la región de Tanzania donde se encuentran los Wahehe y el clan de mi buen amigo el rey Abubakar Towegale Kiwanga II. Esta tribu me acogió y gracias a mi gran amistad con el rey llegé a ser uno más de su tribu.. El día de la firma de la constitución del reino de Vakinamanga tuve que hacer juramento de lealtad a la tribu y así quedó registrado en los estatutos de la constitución, siendo yo el primer blanco miembro del parlamento del clan Vakinamanga. Pero esto es una larga historia que recordaré en otro momento, ahora me voy al restaurante,  Norbert me espera con uno de sus famosos calzones de bacon del que voy a dar buena cuenta.

Norbert y yo de camino a Kendwa.

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE


Martes 4 de septiembre de 2007.   Stone Town. Zanzíbar.

 

MOTÍN EN ÁFRICA

He pasado un par de días con Jordi, un compañero de trabajo guía y veterano viajero de los cinco continentes.

 Como todos los trotamundos que deambulan por África, Jordi es otro de esos personajes singulares con una mochila llena de anécdotas y un futuro incierto, pero seguramente intenso e interesante.

 Hoy Jordi se marcha de madrugada con un grupo de viajeros que le ha salido rana.

 A veces camuflados con uniforme de safari, entre los verdaderos viajeros se encuentran algunos turistas. Esos “turistillas” se enrolan en una aventura que les viene grande. Piensan que simplemente por el hecho de haber pagado el viaje se les va a “regalar” un Africa imaginaria, sin calor, ni polvo y con carreteras asfaltadas con pétalos de rosa.

 Sin duda existe un Africa de lujo y oropel que no deja de ser Africa, pero amigos, esto se paga, y no solo con dólares, sino que perdiéndote la esencia del Africa real, pobre hospitalaria y cálida.

 Como decía, un grupo de estos turistillas ataviados con atuendos de gran boutique, se le han amotinado al pobre Jordi.

El azar ha dispuesto que una de estas turistas fuera una letrada. Esgrimiendo a espaldas de Jordi sus doctos “saberes”, con razón o sin ella, se ha creído defensora de la pachanga viajera, exigiendo confort extremo y estándares helvéticos en esta agónica África mía. Así, en nombre la señora y ciega justicia, en vez de echarle una mano, le han arrojado el guante, exigiendo una satisfacción simplemente por ser amable, paciente y haberles guiados sanos y salvos por media Africa.

 Que Dios les bendiga y les provea muchos viajes todo incluido en un enorme complejo hostelero, con sonrientes animadores bailando “La Macarena”.

 Me voy con el tío Jordi a tomarme una cervecita bien fresca a la salud de todos los buenos viajeros y trotamundos. Y a los turistillas que les den… viajes a granel del Corte Ingles.

Jordi y Oscar superando el gran trauma de la conspiración.

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE


Domingo 2 de septiembre de 2007.   Stone Town. Zanzíbar.

 Después de superar la resaca de la fiesta de la luna llena todo vuelve a la calma.

La fiesta se saldó con un turista arrestado por consumo de estupefacientes y tres chicas que se quedaron sin sus correspondientes calzados al ser hábilmente sustraídos por algún listillo.

Lo más curioso fue ver a un grupo de Masais bailando a ritmo de Rap con sus cuchillos, machetes y sus túnicas rojas. Fue muy gracioso cuando en un salto se les cayeron a dos Masais sus respectivos teléfonos móviles.

 Ahora ya son las seis de la tarde y me voy a ver la puesta de sol en la playa del Hotel.

Puesta de sol con la marea baja. Mtoni Marine.

 

Deja aquí tus comentarios...

VOLVER AL ÍNDICE

 


29 de agosto de 2007.   Playa de Kendwa, norte de Zanzíbar . Africa de Este.

 
 

EL AZAHAR.

Sigo en esta isla donde parece ser, que el tiempo se perdió hace muchos años. Nadie tiene aquí ningún interés en recuperar el tiempo desaparecido, y todo se mueve a un ritmo desesperadamente lento. 

Que lejos quedan aquellas epopeyas de mi vida pasada.

 Esta noche todo cambiará y la locura y el frenesí se apoderará de la isla. La gran FIESTA DE LA LUNA LLENA de la playa de Kendwa. Seguramente, mañana después de la resaca, si tendré materia prima para redactar alguna líneas.

Pero los 364 días restantes en Zanzíbar nunca ocurre nada, todo va despacio y predecible, ya no hay más aventuras que narrar, el riesgo no tiene cabida en esta isla y el único peligro que se avecina es el empacho de marisco…

Os preguntareis como he llegado a estar viviendo aquí, en este paraíso.  Realmente, todo empezó en el infierno…

Recuerdo, con agria nostalgia, algunas desafortunadas memorias, como esta que relato a continuación. La escribí desde la prisión, en un sucio rincón de mi celda…

 

 
 

 

ÚLTIMO CAPITULO

 El azahar. 

 He surcado los mares del índico, he explorado el Círculo Polar Ártico, he ascendido a las nieves del Kilimanjaro, cruzado desiertos en Djibuti y  Yemen, he navegado por inmensos lagos en Kenia y Malawi,  he descendido por ríos salvajes en Zambia y Zimbabwe, he sobrevolado las selvas del Congo y el Amazonas.    

 Conviví con guerreros, asesinos, mercenarios, prostitutas, ladrones, presidentes y reyes; descubriendo las bajezas de los reyes y  la generosidad de los mendigos.  

Aprendí que la sonrisa alimenta más que la carcajada y que una mirada puede robar más que una mano. Aprendí a escuchar el silencio y a estar solo entre la multitud. 

 He sufrido enfermedades tropicales, terremotos, hambre, bombardeos. He sido robado, apaleado, humillado y encarcelado.

  Sin embargo, yo nací en otro mundo.  

Crecí como las flores de  azahar, bajo el cálido sol del Mediterráneo y acariciado por la brisa del mar, pero sobretodo, nací “blanco”, blanco como el azahar.

     En este momento temo por mi vida y me pregunto si viviré algún día más. Mientras escribo estas letras el carcelero cierra de un portazo la única entrada de aire y luz a esta putrefacta celda. Y con los ojos cerrados, para saborear con más intensidad, intento tomar, posiblemente, la última bocanada de aire fresco de mi vida.

 Estoy encarcelado en la infesta prisión de un país en guerra, en el mundo exterior nadie sabe donde me encuentro, no podrán encontrarme, de este oscuro  infierno no saldré jamás.

 En una celda de unos 30 metros cuadrados compartidos angustias unos cuarenta desgraciados, no hay  espacio físico para estar todos sentados en este barrizal de fluidos putrefactos. Nos tenemos que turnar para sentarnos apretados unos contra otros, mientras algunos permanece de pié.

 El calor es sofocante, el aire escaso y rancio. No hay luz, ni agua ni retretes, sólo somos carne en descomposición. Me pregunto una y otra vez ¡Qué coño hago yo aquÍ¡. Tendría que estar en mi casa con mi familia, con mi amigos, tomando el sol en la playa y comiendo paellas.

    Ay España mía; “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar”.  

Si hubiera sido un niño como la mayoría, ahora estaría en España. Con el tiempo me habría convertido en un hombre con el deseo de establecerme en un bonito lugar y formar una familia. Ahora tendría tres hijos, una preciosa mujer y un perro, viejo pero fiel.

 Sin embargo, ya desde muy joven los espacios se me hacían angustiosamente diminutos, quería explorar, conocer otros sitios, otras gentes. Desde que tuve edad y medios, comencé a viajar. Pero no eran los paisajes ni los monumentos lo que me atraía, era el experimentar la convivencia con otras gentes, vivir otras vidas, pero sobre todo me atraía el riesgo y el peligro.

 Me aficione a conocer a gente que vivía al límite, atracadores, putas, traficantes. Empecé en Inglaterra viviendo en una comuna con ocupas y vagabundos, luego alistándome en el ejercito en el norte de Africa. .

 Al final atraído por la intensa fuerza del África negra, acabé involucrándome en la guerra y el tráfico de diamantes.

 Viví en varios países de Africa, en lugares donde el riesgo y el peligro eran el pan de cada día. Hasta que un día decidí experimentar la guerra desde las trincheras, sin filtros ni censuras. Quería vivir la realidad de una de las guerras más cruentas y sin sentido de la historia, y he acabado aquí…

    Ahora me encuentro en esta maldita prisión, hacinado codo con codo en una putrefacta celda con andrajosos asesinos, mercenarios genocidas y sicópatas. Para acurrucarme en el suelo lleno orines y cucarachas tengo que empujar y apretarme entre varios reclusos, mientas voy respirando el hedor de sus desahuciados cuerpos.

En este corredor de la muerte no se sirve comida ni agua, sería un gasto inútil, saben que no van a sobrevivir mucho tiempo. Cuando no hay más sitio, entran los militares y eligen a un preso al azar.  Dicen que lo llevan a “comer”, no vuelve jamás… 

De vez en cuando entra otro militar y pregunta en voz alta _¿Quién quiere comer? Nadie respira, todos miramos al suelo, solo se oyen las moscas revoloteando. Entonces dice _¿Nadie? Pues hasta mañana no hay más comida.

 Si algún incauto osa decir que quiere comer, no comerá nunca más.

 Si no muero ejecutado o de alguna enfermedad, me matará cualquier otro prisionero. La única posibilidad para sobrevivir es pasar inadvertido en un rincón y que esta escoria humana no se fije en mi. Tengo que ser invisible, tengo que ser invisible me digo una y otra vez cerrando los ojos con fuerza.

 Sin embargo, se que no tengo posibilidad alguna de ocultarme, estoy siendo el maldito centro de atención de todos los presos. Por más que intento camuflarme entre esta masa humana más observado soy. Me miran con odio y los ojos inyectados en sangre, ya no hay forma de esconderme entre la multitud, ya no hay forma de sobrevivir.

 Voy a morir porque jamás pasaré inadvertido. ¡Hoy maldigo mi color!  No  puedo pasar desapercibido.

¡TODOS LOS PRESOS SON NEGROS!...   Y yo soy blanco… Blanco como el azahar. 

Oscar Yuste

Prisión Militar de Castigo. En algún lugar de Ruanda. África Central.  Abril 2003

 

 
 

 

Esta nueva etapa de mi vida empezó en el infierno. Allí me juré, que si sobrevivía dejaría atrás mi vieja Africa y volvería a mi país con mi familia. En mi tierra, sano y salvo, buscaría un trabajo estable, una casa acogedora, y una bonita mujer con la que tener una familia. Y así lo hice.

 Me compré una casa con hipoteca incluida y un vehículo.  Con una chica preciosa que me quería hicimos planes de futuro para formar una familia. Me procuré un trabajo estable y hasta un traje. Que tiempo tan feliz fue ese, pero que inquietantes fueron esas sensaciones de seguridad y estabilidad.

 Desgraciadamente, en el juramento, no me dije por cuanto tiempo… con lágrimas y gran dolor lo dejé todo. 

Ahora heme aquí, de nuevo, solo en Africa…  Haciendo caminos, caminos sobre la mar .

 

 

Deja aquí tus comentarios...

 

VOLVER AL ÍNDICE


ZANZIBAR 20 de agosto de 2007.

HUYENDO AL PARAÍSO

Tal vez huyendo, tal vez rastreando el destino, he dejado mis negocios, mi patrimonio, la familia, y aquella carne pálida que endulzaba mi paladar…

Una vez más,  volé al gran sur, sabía que me encontraría viejos fantasmas y algunas sirenas. Sabía que con sus dulces y acompasados cantos, intentarían atraerme hasta quedar varado eternamente en los contubernios de esta maldita África mía.

Pero que diablos! Hacia delante está el futuro y el pasado solo me ofrece unas pocas fotografías con tonos sepia y bordes grisáceos, desgastados por el roce de tantas nostalgias.

Quién me hubiera dicho que casi tras cuatro décadas acabaría en esta isla, en su tiempo testigo atónito del espeluznante tráfico humano, marfil y especias.

Heme aquí, en Zanzíbar, antaño paraíso tenebroso, donde tantas almas puras fueron arrancadas de aquellos cuerpos del color de la noche.

Heme aquí, dispuesto a vivir lo que otros han muerto.

Heme aquí en el paraíso.

Esta vez no se trata de guiar a una docena de turistas blancos, ávidos de experiencias por esta vieja Africa.

Tampoco de desgarrar de las entrañas de esta tierra sus tesoros petrificados, como hiciera en otros tiempos.

Ni de convivir con reyes, mercenarios o mendigos como con los que ya viví lo mío, y solo les pedí el recuerdo.

Esta es la primera vez en Africa, que para vivir solo tengo que vivir. Y mi trabajo solo consiste en “trabajar”.

Que lejos han quedado aquellos tiempos que antes que vivir debía sobrevivir, y quienes me rodeaban para vivir tenían que evitar que otros vivieran.

Y que hay de mi alimento… ya pasó esa época en la cual la comida era un puro anhelo o cuando la había, era una masa putrefacta de dudosa procedencia,

Ahora aquí, tras el trabajo, mi preocupación vital tal vez sea que la langosta esté en su punto, o que una nube no perturbe mi sopor en esta manida hamaca.

Me encuentro en la playa de Kendwa a pocos kilómetros de Ras Nunwi uno de los lugares más exquisitos de la tierra.

Heme aquí de nuevo, en el extremo norte de Zanzíbar, rodeado por el océano de las Indias, el cual fue perfilado quirúrgicamente por Vasco de Gama, en una de las mayores proezas de la Historia, la circunvalación por mar de Africa. Contando solo con el viento, quien era tanto aliado como enemigo y su arrojo, rodeó y exploró millas y millas hasta que en la última singladura el vigía volvió a gritar “estamos en casa” .

 

Sin duda yo no me encuentro en casa como aquel vigía, ni tal vez llegue a sentirme en este paraíso como en mi hogar. Pero sé, que puedo soportar con más bravura los ataques de los mosquitos que los de la monotonía de mi querida piel de toro.

 He cambiado, espero que con el divino consentimiento, el campanario de mi pueblo, por una mezquita afilada y arrogante. Y una casa perfectamente acondicionada con todas las comodidades por una cabaña sin paredes y techo de paja; humilde pero fresca y confortable. como una oronda prostituta con vocación.

 

En este mi nuevo hogar, el viento campa a sus anchas y volando trae con él bestias de toda índole, no se si amigas o enemigas pero entre ellas acuden mosquitos y lo que es peor, sus hembras portadoras del parásito de la malaria.

¡Hay Malaria, que mala leche tienes!

¡Cuantos buenos pobres te llevas teniendo tanto rico cabrón¡

Oscar Yuste.

Deja aquí tus comentarios...

 

VOLVER AL ÍNDICE


 

 

 
     
     
 

 

 

 

Viajes y Safaris Trekking y Escalada Viajes Alternativos Buceo Nuestros Amigos Guías de Viaje ¿Quienes Somos? Fotos Diario de Zanzibar

a cero desde 18-9-2007

Contador de visitas a la página