Capilla de Nuestra Señora del Monsagro
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 (Segovia)

Capilla de Nuestra Señora del Monsagro 
(Monsacro de Morcín-Oviedo)


Capilla de Nuestra
 Señora del Monsagro

Ermita de Nuestra Señora del Monsagro
Existían en el medievo dos ramales del Camino de Santiago que desde las Asturias de Oviedo pasaban al Reino de León, y viceversa, claro. Uno cruzaba el puerta de Pajares hacia León capital, otro se aventuranba por el puerto de Ventana hacia Ponferrada. Ambos partían de Oviedo hacia el sur y, tras cruzar el río Nalón, se bifurcaban camino de sus respectivos puertos de montaña bordeando la maciza mole rocosa del Monsacro.
Tanto los peregrinos que arriban a Oviedo por los caminos de la costa, haciendo etapas hacia Compostela, como aquellos que subían expresamente desde León para visitar la Cámara Santa y el Arca de las Reliquias antes de continuar hacia Galicia, observaban con un temor reverente y supersticioso la silueta del Monsacro, elevando su cumbre a 1.057 metros como queriendo escapar al abrazo de los riachuelos Morcín y Riosa, que socavan su base lenta pero inexorablemente.

Sin embargo, tras visitar Oviedo y conocer allí la piadosa leyenda sobre Santo Toribio y el Arca Santa, muchos peregrinos emprendían la sinuosa ascensión de la Cumbre Sagrada para poder recoger los cardos milagrosos que crecen en su cima, tomar un puñado de tierra curativa extraída del pozo interior de la capilla octogonal, que corona la montaña mágica, y orar piadosamente ante Nuestra Señora del Monsacro: la Dama Negra del dolmen, custodiada en aquel entonces por unos "fratres" misteriosos.

Esta iglesia poligonal, por ser la más enigmática de todas, ya que a la tradicional ausencia de documentación se une en este caso la ausencia de investigaciones y estudios contemporáneos, producto en gran medida de la agreste situación del edificio -las nieves del invierno y los barrizales del deshielo primaveral, unidos a las lluvias otoñales, impiden durante la mayor parte del año el acceso a la capilla, que no ha permitido siquiera el conocimiento de su existencia.

"En la cumbre del Monsacro, existen dos ermitas, conocidas generalmente por las designaciones de capilla de abajo y capilla de arriba, atendiendo a su situación relativa en los extremos norte y sur respectivamente de la majada a que dan nombre". La capilla o ermita de abajo está emplazada junto al borde septentrional de la cumbre, en el extremo del sendero que asciende por el Llorera y al comienzo de la Majada de les Capilles.

Trátase de una construcción compuesta por una nave rectangular y ábside en su cabecera, orientada al Este, cuyo estilo parece denotar un romántico tardío.

"A 300 metros de la capilla de abajo, al extremo sur de la Majada de les Capilles, de la que se halla separada por una corta pendiente, está emplazada, en situación más dominante que la anterior, la ermita o capilla de arriba. Es una construcción de planta octogonal que también parece corresponder al románico tardío1."

La capilla de arriba, o de Nuestra Señora del Monsagro, es una construcción que consta de cuatro partes, añadidas en diferentes períodos, que nos permiten seguir su evolución con relativa claridad. El elemento más antiguo es la nave octogonal, de lados desiguales y mampostería irregular; con una sencilla portada sin decoración, al NO, que presenta trazas de haber sido restaurada en diferentes épocas; una pequeña ventana al O y unos curiosos huecos, dos por cada lado del octógono, en el parte superior de los muros a unos dos tercios del suelo. En su interior, el empedrado del suelo parece haber sido retocado recientemente, perdiendo su disposición primitiva, mientras que en el lado S conserva un curioso altar hueco que cubre un pozo de un metro de profundidad, el "Pozo de Santo Toribio".
Planta de la estructura primitiva del Monsacro
Planta de la estructura actual del Monsacro
En el lado E del octógono se añadió en época indeterminada, pero también en estilo románico -lo que nos hace suponer que no trascurrió mucho tiempo entre uno y otro elemento-, un pequeño ábside de dos tramos: uno rectangular y otro semicircular, que contiene algunos sillares tallados aunque en su casi totalidad esté levantado con mampostería irregular. Interiormente estuvo cubierto de pinturas, algunas de las cuales alcanzó a ver y fotografiar J.M. González en 1958 pero que hoy han desaparecido, representando escenas de la Virgen con el Niño y una curiosa vista de la ermita de abajo por su cara sur.
Junto al ábside, en el lado SE, se añadió luego un recinto trapezoidal irregular, conocido como "cueva del ermitaño", para lo cual fue preciso excavar la caliza ladera junto a la que se alza la capilla. Su cubierta y arcos son de medio punto, por lo que se deduce su origen igualmente románico.

Finalmente, la cuarta parte de la construcción son la bóvedas, realizadas en piedra porosa ligera traída de otro sitio, mientras que los muros están elevados utilizando la caliza tan abundante en el Monsacro. Además, la bóveda del octógono se sustenta internamente mediante arcos ajivales cuyos nervios se unen en el centro, solución típicamente gótica y por tanto posterior al resto de la capilla.

Esto podría carecer de importancia si no fuera por las consecuencias que de ello se derivan para la estructura general del edificio. Efectivamente, M.A. Cadrecha apunta la hipótesis de que primitivamente la cubierta del octógono fuese de madera con un apoyo central en forma de columna, bien de madera o de piedra, que encajaría en el extraño hueco del suelo en el centro del octógono. Volvemos a encontrar pues el esquema de la columna central, el "Axis Mundi" o "Arbor Vitae", en un edificio poligonal. Pero hay algo más: es muy posible que junto con la existencia de un soporte central y ligado a él debamos suponer la presencia de un segundo piso interior en la capilla, realizado en madera, que se sustentaría tanto en la supuesta columna central como en los muros laterales, en éstos mediante los curiosos huecos, ya señalados, que cual mechinales aparecen emparejados en cada lado del octógono.

Con todos los elementos citados nos remite al esquema general tantas veces citado en relación con las capillas poligonales del Temple: la cueva, el altar inferior, el árbol central, la estancia superior. Esquema que hemos visto repetido hace poco en San Baudelio de Berlanga, la Vera Cruz de Segovia y la Roronda de Tomar...

El Pozo de Santo Toribio
C. Cabal opina que la ermita octogonal del Monsacro debe su traza poligonal al hecho de haber sido construida sobre la planta de un dolmen o túmulo dolménico cuya cámara funeraria se correspondería con el Pozo de Santo Toribio, antes citado. Y el P. Carvallo nos informa que el recuerdo de Santo Toribio estaba tan enraizado en los dólmenes que la tradición popular asturiana lo consideraba a efectos devocionales, como patrón de tales monumentos prehistóricos.

En realidad no se trata más de la cristianización sincrética de antiguas piedras sagradas.

Volviendo al Monsacro podemos rastrear, en cuanto fases esquemáticas, la continuidad de los cultos religiosos que desembocaron en la construcción de la capilla de Nuestra Señora de Monsagro.
Uno. En la cima del monte y más concretamente en los alrededores de la capilla octogonal se ha descubierto un importante conjunto tumular, de origen megalítico, cuyos ajuares funerarios contenían hachas de piedra pulimentada, es decir exvotos rituales conocidos en el medievo como "piedras del rayo" y considerados talismanes. Se trataría de un culto a la Gran Madre efectuado en los santuarios dolménicos, emplazados allí porque el monte era un lugar de poder, y en cuyo contorno eran inhumados los cuerpos porque se esperaba obtener así el poder regenerador de la tierra sagrada.
Lateral de la Ermita de Nuestra Señora del Monsagro
Dos. En un momento prehistórico o primhistórico, los habitantes preromanos añadirían al culto de la Gran Madre un culto heliolátrico, cuyo rastro ha llegado hasta nosotros en la costumbre de recoger los cardos "mágicos" o "sagrados", símbolo solar por excelencia entre los pueblos norteños. Esta asimilación, símbolo solar-Gran Madre, se detectará posteriormente en la Virgen Madre del medievo.

Tres. Con la llegada de los romanos, los astures semirromanizados y los propios latinos asimilarán los cultos precedentes con el culto a Júpiter, al que estaban dedicados casi todos los montes sagrados, datando de esta época el nombre de Monte Sacrum, Monte Sagrado, Monsacro, no como una inauguración de la sacralidad del monte, sino como una confirmación de su antigüedad.

Cuatro. La cristianización pone fin a los cultos precedentes. Los concilios toledanos del 681 y 682 lanzan su "anatema sit veneratoribus lapidum"; el concilio de Rouen, el 698, condena a los que ponen velas votivas en los dólmenes y menhires o hacen promesas y oraciones ante ellos; y el concilio Cesaraugustano XII establece en su canon IV que "a nadie se permitirá ir en romería a los montes...". Pero los astures, que a duras penas soportaban una leve capa de barniz cristiano, persisten obstinadamente a subir al Monsacro con sus ofrendas y ritos para festejar a la Gran Madre en los templos de los Antiguos, los dólmenes, porque allí y sólo allí podía darse la experiencia mágica trascendente, el fenómeno místico-mistérico, el milagro. Por tanto, ante la inconveniencia "política" de suprimir totalmente el culto a la Gran Madre en el Monsacro, se optó por su "legalización", es decir, la iglesia dominante oficializó el culto allí implantando asumiéndolo como propio, por el simple y sencillo método de levantar en la cima una capilla que sacraliza legalmente el enclave, sustituyendo el culto a los dólmenes por el del Pozo de Santo Toribio y el culto a la Gran Madre Tierra por el de la imagen negra de Nuestra Señora de Monsagro.


Fotografías de D. Jorge L. Fernández Palacios


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